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De placentas e Ítacas

el
12 julio, 2020

Esta es la última entrada de este blog, una placenta del universo que nació hace ya once años y que ha acudido puntual cada domingo durante 575 semanas ininterrumpidas a encontrarse con quien quisiera leerla. Ha habido entradas de teatro, de poesía, de pintura, de derechos humanos, de cine, de escultura, de ciencia, de música… Es mucho lo que este blog me ha dado. Momentos de gran alegría, personas que, desde los confines más insospechados del mundo, me han sorprendido con sus comentarios y sus visiones de la vida. Me alegra saber que este blog , como a mí, les ha hecho soñar.
Quiero cerrar este blog rindiendo, en primer lugar, un homenaje a la poesía sin la que esta vida y este mundo carecerían de sentido. Por ello he querido que sea la voz de Fabrizio Bentivoglio en una de las escenas de La eternidad y un día, de Theo Angelopoulos, quien inicie esta despedida. Lo hace recitando un poema de Dionisios Solomos, el poeta nacional de Grecia que, por desgracia, ni siquiera está traducido al castellano. Se trata del poema “Domingo de primavera”, que formaba parte de una de las primeras entradas que subí, y que viene a decir:
“La última estrella resplandeciente de la mañana
anunció la llegada del sol,
ninguna niebla, o sombra, se atrevió a enturbiar
la transparente perfección del cielo nublado
desde donde una suave brisa
podría soplar acariciando los callados rostros
como si murmurase en el corazón de las tumbas
vida es caricia, vida es caricia”
Vuelan estos versos para una de las almas más bellas que he conocido en este mundo, Tony Madigan, cuyo cansado corazón, ayer, se negó a seguir adelante y nos dijo adiós. Queda un puñado de sueños por compartir, compañero del alma, compañero… Vuela mi abrazo más fuerte, Tony, estás donde estés.

Escribir este blog ha sido vivir un viaje que me ha llevado por maravillosos no lugares donde os he encontrado y también, cómo no, me he encontrado a mí mismo, o con lo que hoy creo que soy. Ha sido un viaje lleno de regalos y sorpresas, un viaje que me ha enseñado mucho y me lo ha dado todo. Vosotras y vosotros, sin siquiera saberlo, habéis sido la Ítaca que me empujó a levar anclas y partir a la aventura. Creo que los viajes nos empujan a conocernos a nosotros mismos, que cada etapa no es sino un velo más que descorremos para llegar a encontrarnos frente a ese espejo de almas que es la vida. Siempre he creído que los viajes no tienen ni tienen por qué tener punto de partida o de destino final, que los viajes somos lo que somos sin careta ni cartón. Por eso he escogido a otro de mis poetas favoritos, también griego, no puedo ni quiero ocultar mi fascinación por donde todo nació, Kavafis, para que nos acompañe en este canto de despedida, de arribada a Ítaca, y he querido que lo escuchemos en tres voces, castellano, inglés y griego, para que podamos saborear que la poesía, la verdadera poesía, nada sabe de lenguas o idiomas.

Y quiero que sean estas escenas llenas de poesía las que pongan el punto y final al blog. Me contento con haber sido el acordeón o el piano que acompaña la aventura del chaval y su globo, vuestra aventura, y me gustaría creer que, tras más de once años acompañándoos cada semana, he podido llegar a ser, quizá, uno de esos globos, por pequeño que sea, que, como a él, os ha hecho volar. Vuela mi abrazo más fuerte. No dejéis nunca de soñar. Nos vemos en los sueños.

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2 Comentarios
  1. Responder

    susanna pallavicini

    12 julio, 2020

    Carlos,
    llegue tarde , sin saber nada, llegue tarde a este maravilloso viaje, quizás nunca pueda darte un abrazo , pero quiero que sepas, como este blog y tu poesía y aquello que eres tu, ha viajado por este increíble mundo en mi. Quiero que en esta parte de mi calendario vivir intensamente mi poesía , espero poder compartirla contigo. Me has regalado el globo rojo y las palabras que nos unen . Tampoco abandones tus sueños, aún la vida sea turbulenta por favor, de aquí en este fin de mundo, te lo pide una amiga que quiere como Ulises, regresar a su Itaca.
    Dime como puede guardar tu blog, para volver a leerlo.
    Vuelas de vuelta los abrazos para ti y toda mi bendición de este fantástico universo. Amigo querido. Gracias por existir!!!!.
    Susanna.

    • Responder

      Carlos Olalla

      12 julio, 2020

      Hola Susanna;
      Gracias de nuevo por tus cariñosas palabras. El blog seguirá estando disponible en donde está ahora, la página de clandestino de actores, y próximamente en mi web personal que pronto estará actualizada. Ahí puedes leer las 575 entradas. La razón por la que dejo de seguir subiendo entradas semanales después de 575 semanas es porque en este momento necesito todo el tiempo disponible para dedicárselo a la nueva novela. Gracias, de verdad, por tu apoyo. Ayuda mucho saber que has podido llegar a alguien con tus sueños. Vuelan abrazos enormes

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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