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¿Qué vendrá?

el
10 mayo, 2020

Corren tiempos de soledades y pandemias, tiempos de lágrimas y aplausos, tiempos de egoísmo, tiempos de insulto, tiempos de solidaridad, tiempos de mirada. Es descorazonador salir hoy a las calles, hasta ayer bellas, desiertas y calladas, llenas hoy de gentes que sudan y corren, que corren y sudan, gentes que no van a ninguna parte, gentes que tan solo huyen de sí mismas. Sus jadeos han fusilado el silencio, sus patines la poesía y sus chillones colores la belleza. ¿Qué será de un mundo que reniega del silencio, la poesía y la belleza?, ¿Qué, de quienes ya solo viven en pantallas y para las pantallas? ¿Qué esperar de quienes solo aspiran matar el tiempo, destruir la soledad y asesinar el silencio? ¿Aprenderemos algo de todo esto?, ¿Seremos capaces de hacerlo?, ¿Nos daremos cuenta de lo que está pasando? ¿De verdad asumiremos nuestra responsabilidad?
Temo que los tiempos que vengan nazcan ya viejos y enfermos, que sean tiempos de sueños desahuciados y esperanzas destrozadas, cibernéticos tiempos de miedo y control, tiempos de excelencias y big datas, tiempos de insoportables y vacías superficialidades, tiempos geolocalizados, tiempos low cost de mentiras, falsas promesas y engaños, tiempos de fake loves, tiempos sin besos ni abrazos, tiempos sintéticos, tiempos contaminados y nauseabundos, tiempos podridos, tiempos de desigualdades en probeta, de hambre, miseria, dolor y lágrimas, tiempos de libertades secuestradas y democracias castradas, tiempos de realidades ficcionadas, tiempos donde no quepan la imaginación ni el deseo, tiempos sin pasión, tiempos de mediocridad monocolor, tiempos de gigantes y molinos, tiempos de fronteras, banderas y patrias, tiempos sin tiempo, tiempos de catástrofes atrasadas y distopías insaciables y hambrientas.
Quisiera pensar otra cosa, imaginar o soñar en que lo que vendrá será mejor que lo que dejamos atrás, que lo que irremisiblemente nos trajo hasta aquí, que no volveremos a la normalidad de un mundo que desde su más absoluta normalidad asesinó lo natural y robó los recursos de generaciones que ya no vendrán. Quisiera pensar que lo que vendrá será diferente, que nos permitirá cambiar, que nos ayudará a encontrar el rumbo que perdimos, a volver a la naturaleza, a lo que deberíamos haber hecho, a lo que debería haber sido… A veces, en estas sempiternas noches de insomnio confinado sueño que eso será posible, que lo que vendrá nos redimirá de nuestros errores pasados y presentes, que nos hará recuperar la confianza en que aún no es demasiado tarde. A veces, en estas sempiternas noches de insomnio confinado sueño que… pero me despierto, siempre me despierto, trágica e inevitablemente me despierto. Menos mal que todavía hay poesía, que aún no han ahogado los versos, que al despertar todavía nos queda algún poema al que aferrarnos.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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