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Pandemia de pirómanos

el
24 mayo, 2020

Estos tiempos de coronavirus nos han traído otra pandemia tanto o más peligrosa que la propia enfermedad: la de los pirómanos que proliferan indiscriminadamente alentando el odio y la crispación no con el objetivo de combatir al COVID-19 sino de hacer caer al Gobierno. Ese es el único objetivo que tienen los periodistas y los medios que hacen de altavox de los planteamientos más retrógrados impulsados por la extrema derecha y por ese Partido Popular al que no le preocupa lo más mínimo hacer una política de tierra quemada con tal de que los gobiernos que no son suyos caigan. Todo vale con tal de hacer tambalear al Gobierno. Al acoso y derribo que vemos en las sesiones parlamentarias que se repite y agrava en cada renovación del estado de alarma, a las inaceptables y explosivas declaraciones de los principales responsables de un partido del que, por haber gobernado, cabría esperar un mínimo sentido de Estado, a las sistemáticas provocaciones de una presidenta de la Comunidad de Madrid cuya irresponsabilidad incitando al enfrentamiento y el odio ciudadano es merecedora de acabar en los tribunales, a los exabruptos de los voxeros de bandera y cacerola, se unen los titubeos y la tibieza de un Gobierno débil excesivamente timorato a la hora de liderar una situación excepcionalmente grave, su falta de visión política y de generosidad a la hora de cuidar las relaciones con los partidos que permitieron su investidura, sus permanentes  dudas, sus excesivas contradicciones y sus absurdos oscurantismos, y también los devaneos y peligrosos juegos de algunos partidos minoritarios que creen que hacer política es echar órdagos por sistema.

Esa situación de inestabilidad política extrema es el peor caldo de cultivo para afrontar una situación de crisis como la que plantea el COVID-19 porque permite que se antepongan intereses partidistas y particulares al interés general que debería ser acabar con la enfermedad y proteger a los más desfavorecidos social y económicamente. Y es en este estado de cosas cuando el papel de los medios de comunicación es más importante que nunca y cuando más clara se ve la falta de libertad e independencia de la mayor parte de los medios españoles. Que los Herrera, Expósito, Losantos, Claver, San Sebastián, Horcajo, Jiménez, Inda y demás adalides de la extrema derecha más rancia incendien el país con sus soflamas, mentiras, medias verdades e insultos es algo a lo que desgraciadamente ya estamos acostumbrados pero, en estos momentos, es especialmente peligroso que lo hagan porque la chispa del odio y la crispación que encienden nunca se sabe dónde puede acabar y cuántas hectáreas puede quemar. Pero lo más grave es que, además, buena parte del resto de medios y especialmente de periodistas que, en otras circunstancias, no alardeaban de faltar al respeto a la verdad ni a sus entrevistados, ni lucían una agresividad desconocida hasta ahora, ni eran entusiásticamente jaleados por las cabeceras de los medios más rancios y retrógrados del país, han cogido el estoque y, al son de un castizo pasodoble han salido a rematar la faena. Ver a Vicente Vallés referirse una y otra vez a EH BILDU como los “herederos de Batasuna” evitando citarle ni una sola vez por su nombre al “informar” del triple acuerdo entre PSOE, PODEMOS y EHBILDU sobre la derogación de la reforma laboral fue repulsivo. Eso no es informar, señor Vallés, es manipular y usted lo sabe. O ver el tono violento y agresivo que, desde la primera pregunta, empleó Matías Prats para entrevistar a Pablo Iglesias en directo en el informativo de Antena3 al que llegó incluso a culpar personalmente de las muertes de los ancianos en las residencias sabiendo que la gestión que las causó era responsabilidad directa de la Comunidad de Madrid y no suya, fue vomitivo. Sin duda los periodistas, los buenos periodistas, deben ser incisivos con sus preguntas a los políticos y ponerles en situaciones en las que no puedan defenderse tras el guion que llevan escrito de antemano, pero siempre y cuando ese tono sea aplicado siempre y con todos los entrevistados, no solo en las entrevistas que se hacen a los que tu cadena considera no afines a sus posicionamientos políticos. Eso no es informar, señor Prats, es manipular y usted lo sabe.

Entrevista completa de Matías Prats a Pablo Iglesias:

https://www.antena3.com/noticias/espana/pablo-iglesias-el-gobierno-ha-hecho-cosas-mal-en-la-gestion-del-coronavirus-porque-somos-humanos-pero-tambien-hemos-hecho-muchas-cosas-bien_202005175ec14263ee59440001c36703.html

 

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2 Comentarios
  1. Responder

    Francisco

    3 junio, 2020

    En España no hay Democracia. Hay una Partitocracia (Estado de Partidos) sin representación del elector y sin separación de poderes. VOX, PSOE, PODEMOS, PP, CIUDADANOS, PNV… son partidos ESTATALES.
    https://www.youtube.com/watch?v=JDuXGSBOxsE

    • Responder

      Carlos Olalla

      6 junio, 2020

      Totalmente de acuerdo contigo, Francisco, ese es el drama de nuestro mundo de hoy, confundir democracia representativa con verdadera democracia y anteponer los partidos a todo lo demás. Cuando, en muchas manifestaciones, escucho el grito de “¡Esto nos pasa por un gobierno facha!”, siempre recuerdo el grito de los anarquistas que era mucho más profundo y certero: “¡Esto nos pasa por tener gobierno!” Vuelan abrazos. Salud

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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