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El corazón lleno de abrazos

el
17 mayo, 2020

Tengo el corazón lleno de caricias, de los abrazos que di, de los que me dieron, de los que quise dar y no llegaron a nacer, de los que ya nunca podré dar… Habitan en mí esas caricias y abrazos que los nuevos tiempos abominan y proscriben. Vacía vida la de un mundo que prohíbe los abrazos, inútil vivir donde están vetadas las caricias, no quiero mirar a ese gélido mundo que llama a la puerta, ese mundo que nos niega, ese inhóspito mundo de ausencias y distancias. Reniego de ese mundo de probeta y mascarilla, no lo quiero para mí ni para nadie. Reivindico el poder de la caricia y del abrazo. Si en el mundo en el que nos pudimos abrazar llegamos a matarnos unos a otros, ¿Qué no seremos capaces de hacer en este que ya asoma? Vacío mundo de zombis estúpidos y distópicos, de helados silencios y cibernéticas soledades. Vacío mundo ya de todo lo que un día fuimos. A nosotros, los viejos, nos queda el calor de los recuerdos; a los que vendrán solo el frío, el helado frío de su soledad. Las pandemias no llueven del cielo por muchas danas o galernas que soplen, necesitan que alguien las plante y las riegue con tiempo, premeditación y alevosía. Maldigo a los jardineros de pandemias que nos han robado los abrazos, a quienes las regaron recortando nuestra sanidad, a quienes las abonaron expulsando a jóvenes investigadores, científicos y sanitarios de este país, a quienes las podaron pagando menos impuestos a costa de que la sanidad universal y gratuita no llegase a todos los barrios, a quienes las cultivaron privatizando las residencias de mayores, a quienes convirtieron las residencias en negocio, a quienes miraron a otro lado, a quienes politizan la pandemia en su provecho, a quienes quieren forzar el desconfinamiento a golpe de cacerola rojigualda de Armani, a quienes consciente e intencionadamente se saltan las recomendaciones de los expertos sanitarios, a quienes pontifican como si lo fueran, y, sobre todo, a quienes criminal e irresponsablemente utilizan el dolor y la muerte para sembrar la mentira y el odio.

 

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4 Comentarios
  1. Responder

    susanna pallavicini

    17 mayo, 2020

    Carlos.
    Sòlo puedo en estas hermosas y profundas palabras dejar………… Ho capitan, my capitan…..

    Un abrazo grande.

    Lassù.

    • Responder

      Carlos Olalla

      18 mayo, 2020

      Grazzie mille Susanna! Brindemos por un mundo en el que todavía quepan los abrazos y los versos. Vuelan abrazos

  2. Responder

    Carlos Torres

    2 junio, 2020

    Hola, buen día Carlos.
    Espero me recuerdes. Soy Carlos Torres el Cuentacuentos de Perú. Siempre que te leo, aprendo, y eso vale un abrazo, así esté uno a la distancia.. Siempre que te leo me ilumino, y eso vale otra abrazo. Siempre que te leo, pues se me renueva la esperanza, y eso ya son tres abrazos.

    Yo estoy bien, y tengo la esperanza de seguir así. Yo anhelo, que más temprano que tarde, nuevamente podamos sonreírnos el uno al otro y darnos las manos y caminar juntos.

    Saludos

    Carlos Torres

    • Responder

      Carlos Olalla

      6 junio, 2020

      Ah, Carlos, cómo no recordar a una de persona que tiene esa maravillosa mirada poética de la vida y sus milagros. No sabes la alegría que me da reencontrarnos de nuevo y que estés bien. Quizá esta pandemia lo cambie todo y haya un antes y un después, no lo sé, pero lo que sí sé es que caminaremos juntos por las calles de este o de cualquier otro mundo porque, por muy escondida que pueda llegar a estar, siempre hallaremos la poesía de la vida. Vuela mi abrazo más fuerte desde este Madrid que empieza a despertar

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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