General Otros temas

¿Envejecer?

el
15 marzo, 2020

El espejo no nos dice la verdad. Vemos en él siempre a la misma persona, seguimos reconociéndola aunque somos conscientes de que ya no se parece a la que fue. Pero vernos a diario, ser lo primero que vemos cada mañana, nos impide apreciar los sutiles y casi imperceptibles cambios que se van produciendo en nosotros. Las viejas fotografías son las que nos muestran, y sin piedad, el imparable paso del tiempo. Es en ellas donde vemos lo que fuimos, en la mayoría de los casos recordamos incluso cuándo y cómo nos las hicimos, trae a nuestro hoy aquello que se fue para siempre. Pero ¿cuándo envejecemos?, ¿Cuándo dejamos de ser lo que fuimos para convertirnos en lo que somos?, y ¿por qué hay quienes envejecen antes y quienes lo hacen después, quienes lo hacen muy rápido, quienes aparentan no hacerlo y quienes parece que nunca han sido jóvenes? Puede que los años no sean el mejor parámetro para medir la edad que tenemos. A fin de cuentas, ¿qué importa la cantidad de veces que la tierra da la vuelta al sol girando sobre sí misma para decirnos cuánto hemos vivido? Quizá la respuesta a todas esas preguntas esté en el amor, en nuestra capacidad de amar. Marcel Prévost decía que nuestro corazón tiene la edad de aquello que ama y Erich Fromm que no es el corazón el que envejece, sino la piel la que se arruga. No sé quién de los dos tendrá razón, y la verdad es que tampoco me importa demasiado, porque al pensar en la relación que sin duda hay entre el amor y la edad, entre el corazón y las arrugas, sin duda me quedo con lo que dijo la Magnani: “Dejadme todas las arrugas, no me quitéis ninguna. Me ha costado toda una vida conseguirlas”

ETIQUETAS
ENTRADAS RELACIONADAS

DEJA UN COMENTARIO

Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
LikeBox
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar