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Alambradas

el
8 marzo, 2020

Huis de la guerra, de la sinrazón de la barbarie. Atrás lo habéis dejado todo. Ni siquiera lleváis maletas. Vuestra vida cabe en una humilde mochila. En vuestros brazos van vuestros hijos, hijos e hijas miran con ojos abiertos un mundo que no entienden, un mundo que les niega y les golpea, un mundo para el que no existen. Y frente a vosotros nuestras alambradas, brillantes alambradas de espinos y vergüenza; nos defienden de vosotros, de lo que representáis, cientos de policías armados con chalecos, escudos y mascarillas por si además de pobreza traéis el coronavirus en la mochila. Necesitamos protegernos de vosotros, de vuestra pobreza, de vuestra desesperación. No podemos dejar que lleguéis a nuestras ciudades, que piséis nuestras calles. Venís a robarnos lo nuestro nos dicen algunos políticos mientras los demás callan o miran a otro lado. Nos hemos acostumbrado a veros sufrir, estamos cansados de ver vuestro sufrimiento en nuestras televisiones. Sois miles, millones, pero todavía no suficientes para abrir nuestros telediarios. Nos preocupa más ese extraño virus con el que nos adocenan y aterrorizan. Al virus no podemos pararlo con alambradas y gases lacrimógenos, con policías y leyes.

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2 Comentarios
  1. Responder

    Miriam Tejedor

    11 marzo, 2020

    ¡Qué vergüenza de país y de esta Europa Carlos, qué vergüenza! Que pena también que olvidemos tan pronto que en otra época, y no hace tanto, fuimos ellos, y que quizá, pronto, volvamos a serlo. Y mientras eso, sembrando el pánico para poder amansarnos y que dejemos a un lado todo esto, con ese virus…

    • Responder

      Carlos Olalla

      19 abril, 2020

      Hola Miriam! Soy un despistado! No había visto tu comentario. Realmente pertenecer a esta Europa da cada día más asco. Y este virus no hace más que mostrar lo mejor y o peor de nosotros, pero no olvidemos que si lo muestra es porque es lo que llevamos dentro. Vuelan abrazos enormes

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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