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Cuando la vida acelera ya su paso…

el
12 enero, 2020

Cuando la vida acelera ya su paso, cuando sabes que es más lo que queda atrás que lo que hay por delante, cuando los meses caen como hojas de otoño del calendario de la pared y los años pasan tan rápido que los confundes, son muchos los recuerdos y las imágenes que acuden a la mente: aquella primera cita que resultó ser un plantón, un primer amor que prefirió serlo de un amigo, el primer beso, la primera caricia…sí, son muchos los primeros y primeras experiencias que recuerdas. Y en todas hallas ternura, inocencia y calidez, sobre todo calidez. También recuerdas los amores que vinieron después que, uno tras otro, acuden a tu memoria aunque no los llames. Y de todos recuerdas momentos llenos de pasión, de magia y de poesía, siempre de poesía. Y, cómo no, el que fue tu gran amor no podía faltar a esa fiesta en la que se convierten tus solitarias tardes de ahora reviviendo todo aquello que, alguna vez, dio sentido a tu vida… y fueron tantas cosas, tantos sentimientos, tantas emociones…

Echando la vista atrás te das cuenta de que has vivido mucho, de que has procurado ir por la vida sin hacer daño a los demás, de que casi todo lo que te parecía importante nunca lo fue y de que, al final, lo que verdaderamente recuerdas son esos instantes aparentemente insignificantes en los que amaste, en los que te amaron, en los que compartiste todo eso que llevas dentro… También recuerdas, porque nunca las olvidas, todas las vidas que no viviste, los sueños que anhelaste, los besos y los abrazos que no diste, las pasiones que no llegaste a compartir, los amores que pudieron haber sido… al final son esos momentos soñados o vividos los que te han hecho como eres y te han enseñado a mirar la vida como tú la miras.

La vida se acelera a tu alrededor, todo pasa cada vez más rápido, pero tú has aprendido a disfrutar el presente. Sabes que el pasado es recuerdo, que el futuro nunca ha existido y que solo vives tu aquí y tu ahora. ¡Y lo disfrutas! Saboreas cada instante, cada cosa aparentemente sin importancia que te hace sentir, el calor del sol en tu piel, la luz del atardecer, la caricia de la brisa en tu cara, el aroma de aquella flor, el susurro de las hojas que te saludan desde el árbol cuando pasas… y esa mano que, cada día, te ayuda a levantar y te recuerda que estás vivo, intensa y maravillosamente vivo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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