General Otros temas

Recuerdos sin memoria, los cinceles invisibles

el
24 noviembre, 2019

A veces las estrofas de una canción nos hacen revivir momentos que, intuidos, vividos o soñados, nos han hecho como somos, quizá sin que ni siquiera ellos lo sepan. Son muchas las cosas que vivimos que nos hacen ser como somos. La mayoría van dejando su poso y nos modelan poco a poco, pero hay otras que son esos cinceles invisibles que van esculpiendo nuestro yo más profundo. Los amores, los verdaderos amores, nos marcan, algunos lo hacen para siempre. Son amores que no nos abandonan aunque haga ya tiempo que se fueron, que nos acompañan y reaparecen cuando menos lo esperamos. Sólo son recuerdos sin memoria, nubes solitarias o simples hojas al viento, recuerdos que creíamos olvidados que, al calor de esos versos o de esa vieja canción, renacen de unas cenizas que creíamos apagadas aunque calladas, dormidas o quietas, siempre han estado ahí. A veces un acorde, un solitario acorde o el callado susurro de una palabra, nos trae de no sabemos qué lejano recuerdo, la imagen de unos ojos o de una sonrisa que, desde su intocable silencio, nos habla de un tiempo que se fue aunque sigue vivo en lo más hondo de nosotros. Puede que en esos recuerdos solo ardan los rescoldos de lo que fue, de lo que jamás fue o de lo que hubiera podido ser, pero lo cierto es que siguen ahí, cobijados en lo más profundo de nuestro ser porque, a veces, como dice la canción del sabio Cohen, nos encontramos pensando cosas del pasado y, por sus ojos y su sonrisa, sabemos que esta noche todo estará bien, todo estará bien… aunque solo sea por un rato.

ETIQUETAS
ENTRADAS RELACIONADAS

DEJA UN COMENTARIO

Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
LikeBox
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar