Cine/Teatro General

Tribueñe y Zaranda, cuando el teatro es una forma de vivir

el
27 octubre, 2019

El teatro, el verdadero teatro, es más, mucho más, que mero entretenimiento y mucho más también que una herramienta de transformación social, por muy potente que ésta llegue a ser. Sin duda puede entretenernos y hacernos pasar un buen rato, alejarnos de los problemas y distraernos. Y sin duda también puede hacernos reflexionar sobre las desigualdades del mundo y todas las injusticias que hay a nuestro alrededor. Pero hay para quienes el teatro, además de todo eso, es algo más profundo, algo espiritual y sagrado. Compañías como Tribueñe o La Zaranda pertenecen a ese mágico universo de quienes no solo hacen teatro, sino que lo viven como un hecho poético y una experiencia mística. Porque el teatro, el verdadero teatro, es una puerta que, si nos atrevemos a abrir, nos lleva a un mundo totalmente diferente al que estamos acostumbrados a ver, a un mundo donde a través de las acciones y las sensaciones alcanzamos a ser, un mundo vetado a actrices y actores donde solo tienen cabida los personajes, esos personajes que, si tenemos el valor de permitírselo, nos habitan y cobran vida a través de nosotros. Quienes comprenden así el teatro saben que el teatro no pasa en los escenarios, sino en la mente y el corazón de los espectadores. Por eso cada función, cada obra y cada escena son no solo únicos por cuanto pasan una vez, sino porque ocurren de forma única e individual en la mente y el corazón de cada espectador. Cada espectador o espectadora verá una misma escena de forma diferente porque le dirá cosas diferentes, accionará resortes interiores diferentes, le hará recordar o imaginar experiencias diferentes y únicas, y las relacionará con experiencias personales diferentes y únicas. Desde esta perspectiva el juego que se establece entre personajes y espectadores, ese en el que ambos aceptan creer la verdad que vive en la mentira, les permite a ambos adentrarse en lo más hondo de sí mismos para conocer cosas que solo hasta entonces habían podido ser presentidas o intuidas. Actores y actrices porque renuncian a ser ellos mismos para ser sus personajes, y espectadores porque dejan en la puerta del teatro a la persona que son para ser un jugador más de ese juego poético y mágico que es una obra de teatro, ese juego en el que no hay ganadores o perdedores, sino simples compañeros en ese maravilloso viaje que es acercarnos un paso más a la conciencia de nuestra pertenencia a ese Todo del que formamos parte y que, desde antes de que naciéramos, nos ha estado esperando al otro lado de la puerta que abrimos al entrar en un teatro.

 

ETIQUETAS
ENTRADAS RELACIONADAS

DEJA UN COMENTARIO

Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
LikeBox
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar