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Greetings from Peralejos

Peralejos de las truchas es un pequeño pueblo paradisíaco de Guadalajara en el que, en invierno, apenas viven cuarenta personas. Es víctima, como tantos otros, de eso que ha dado en llamarse la España vaciada y que está acabando con los pueblos de nuestro interior que día a día se quedan desiertos y acaban abandonados. Pero, sin siquiera saberlo, hete aquí que Bruce Springsteen está contribuyendo a su salvación. Desde hace 5 años Peralejos celebra un homenaje al Boss que trae a miles de personas de toda la península, miles de amantes del Boss que, cada primer fin de semana de agosto, acuden puntuales a la cita que tienen con él. Todo empezó cuando, hace más de treinta años, Víctor, un joven idealista enamorado de las canciones de Bruce, llegó al pueblo y, en el bar de la plaza, ponía una y otra vez sus discos. Poco a poco los más jóvenes fueron dejando que aquella música entrara en sus vidas y, uno a uno, se fueron sumando a un grupo que acudía a todos los conciertos que el Boss daba en España.

La temprana muerte de Víctor sacudió a todo el pueblo pero su impronta, esa impronta springstiniana que él había sembrado, había echado raíces en Peralejos. En el concierto del dos mil doce en el Bernabéu, los fans de Peralejos no podían faltar y, como siempre, desde horas antes del inicio ya esperaban en pie junto al escenario. A veces las cosas suceden porque tienen que suceder o porque están escritas en las estrellas, y aquella noche sucedió el milagro. Los incondicionales de Springsteen siempre llevan a los conciertos pancartas con los títulos de las canciones que quieren que cante esa noche. El Boss se acerca a ellos y, una a una, las va seleccionando para improvisar cada noche un set list de canciones que está hecho a la medida del público de cada concierto. Aquella noche dos vecinas de Peralejos llevaban una pequeña pancarta en la que no estaba escrito el nombre de ninguna canción porque nada le pedían a su ídolo. Tan solo llevaban escrito el nombre de ese Peralejos del que se sentían tan orgullosas. Las estrellas debían estar bailando con Víctor aquella noche porque, en una leve pausa que Bruce hizo en medio de una canción, en las pantallas del estadio apareció su figura con un cartel delante que decía: “PERALEJOS DE LAS TRUCHAS” Al ver el nombre de su pueblo proyectado para la eternidad en aquellas pantallas junto a la imagen de su ídolo, aprovecharon el silencio que todavía guardaba el Boss para gritar más fuerte que nunca: ¡Peralejos, Peralejos! El grito cuajó y cientos de personas se pusieron a gritar también con ellas ¡Peralejos, Peralejos! La cara de sorpresa de Bruce fue la demostración de que lo que estaba ocurriendo allí aquella noche era algo que nadie había previsto ni soñado, bueno, quizá nadie excepto Víctor que, donde quiera que esté, seguro que se unió a ese grito que fue el del parto del nuevo hijo que iba a nacerle a Peralejos: Bruce Springsteen.

Al día siguiente en el Ayuntamiento de Peralejos se recibió una llamada de los responsables del equipo de Bruce que querían saber qué era aquello de Peralejos porque su jefe, el Boss, se lo había preguntado al finalizar el concierto. Unos meses después, Chema otro vecino de Peralejos enamorado sin remedio de Bruce, pensó que aquella historia de amor entre su pueblo y su dios debía tener continuidad y le contó a Teo, el alcalde del diminuto pueblo, que había tenido un sueño: nombrar a Bruce Springsteen hijo adoptivo de Peralejos de las truchas. La idea entusiasmo a todos los vecinos que, juntos, se pusieron a trabajar en el tema. Puede que Springsteen tenga millones de seguidores en todo el mundo, pero nadie le había nombrado hijo adoptivo de su ciudad, y menos aún de su pueblo. Crearon una placa y Chema, avezado en su trabajo de producción que desarrolla en la Barcelona donde vive actualmente, contactó con Sony, la discográfica de Bruce, para hablarles del sueño que su pueblo había hecho suyo. En Sony alucinaron y les encantó la idea por lo que aceptaron hacerle llegar al mismísimo Boss el diploma que habían parido en Peralejos.

Jose Luis Sampedro ya habló de Peralejos y de los pueblos de esta comarca en su libro “El río que nos lleva” para describir la vida de los gancheros, aquellos seres casi mitológicos que descendían el Tajo hasta Aranjuez subidos a los troncos que habían cortado en estas montañas. Descendientes de aquellos gancheros cuyo oficio ya desapareció hace décadas, los vecinos de Peralejos no se contentaron con el silencio por respuesta y, en la siguiente visita de Bruce a España, contactaron con la organizadora de sus conciertos para que le hiciera llegar, por si no le había llegado el primero, el diploma que le confirmaba como hijo adoptivo de Peralejos. Los peralejanos son gente imaginativa que no se detiene ante nada, así que, por si acaso, idearon un plan “B” que consistía en hacer guardia en el hotel donde Bruce iba a hospedarse en Madrid para, adelantándose a los de seguridad si llegaba la ocasión, acercarse al Boss y hacerle entrega de la placa. Y así fue como Teo, el alcalde de Peralejos, y algunos vecinos y vecinas se la pudieron entregar a Bruce en persona. El sueño se había hecho realidad. Seguro que Víctor durmió tranquilo aquella noche.

Para cerrar un año tan especial como aquel Chema propuso a Teo organizar un concierto tributo a Bruce en Peralejos. Así fue como nació, hace cinco años, el Greetings from Peralejos, todo un guiño al primer álbum del Boss que se llamaba Greetings from Asbury Park. El éxito del concierto fue apoteósico y fueron muchas las personas que preguntaron cuándo se iba a realizar la segunda edición. Chema y Teo fueron incapaces de negarse a aquello y, desde entonces, casi sin medios pero con un entusiasmo solo al alcance de la sensibilidad y el empuje de los peralejanos, organizan cada año este festival. Los conciertos tributo al Boss se suceden a lo largo de todo el fin de semana en el que gentes venidas de toda España se unen para cantar y bailar a Bruce.

Pero la imaginación de los vecinos de Peralejos no tiene límite y, este año, han propuesto a Freehold, el pueblo natal de Bruce, hermanarse con Peralejos. De nuevo Chema ha sido el hacedor de este sueño que ha acabado también por convertirse en realidad. Los del ayuntamiento de Freehold no podían creer que en un diminuto pueblo de esa España que nunca sale en los telediarios y en el que pocos son los que hablan inglés, su ciudadano más ilustre hubiera cambiado la vida de tanta gente. Sin dudarlo un instante contestaron que sí por unanimidad y hoy se ha inaugurado la placa conmemorativa del hermanamiento de Freehold con Peralejos. Sin duda queda otro sueño por cumplir: la visita de Bruce a Peralejos. No está fácil, desde luego, pero también sin duda, si hay alguien capaz de conseguirlo son los vecinos y las vecinas de Peralejos de las truchas.

He tenido la oportunidad de vivir el Greetings from Peralejos de este año. Es emocionante compartir con gentes a las que no conoces esa pasión por el Boss que, como a ellos, te ha acompañado toda la vida, ha estado a tu lado cuando venían mal dadas y cuando venían bien, en los momentos tristes y en los alegres, en los de dolor y en los de esa sensación tan especial que te da escuchar a alguien como Bruce y sentir que esas canciones que ha escrito las ha escrito para ti. Gracias, Peralejos, por haber convertido vuestros sueños en realidad, gracias porque al hacerlo también habéis convertido los nuestros, gracias Peralejos, por existir y por recordarnos con vuestro ejemplo que no hay sueño que no se pueda cumplir. Se preguntaba Bruce en The river si eran mentira los sueños por no convertirse en realidad o si eran algo peor. Viendo a las gentes de Peralejos tengo claro que la mentira no está en los sueños que no llegan a convertirse en realidad, sino en la realidad que no nos atrevemos a vivir con la intensidad de un sueño y también que, aunque él no lo sepa, quizá ese River del que hablaba no era otro que el Tajo y que ese pequeño valle en el que, cuando eras joven te criaban para que hicieras lo mismo que tu padre, era cualquiera de los que forman esa maravilla de bosques, ríos y gentes que es el Alto Tajo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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