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Todas somos Carola

La detención de Carola Rickete, la capitana del barco de la ONG alemana Sea Watch es una muestra, una más, de la criminal política de fronteras que está llevando a cabo la Unión Europea. No es una salvajada, una más, de Matteo Salvini sino la ejecución de un plan minuciosamente diseñado e implementado por todos los países miembros de la UE que, por activa o por pasiva, han renunciado a los valores que debían regir una unión de países justa, humanitaria, solidaria y democrática. Es fascismo, puro y duro fascismo que en poco o nada se diferencia de los de Hitler, Franco o Mussolini. Dividiéndonos en ese “nosotros” contra “ellos” que está en el origen de todos los conflictos y las violencias, criminalizando a esos “demás” por ser negros, musulmanes, o simplemente pobres a quienes culpa de todos nuestros males y autopresentándose como la solución salvadora del problema, es el nuevo fascismo que, como el que ya vimos hace 80 años, está invadiendo Europa y el mundo entero. Nuestra política en poco o nada se diferencia de la de Trump y su mortal frontera con México o de la ideología retrógrada y ultra del Brasil de Bolsonaro. Estamos permitiendo, con nuestros votos o nuestra abstención, y financiando con nuestros impuestos, que el Mediterráneo se convierta no ya en un cementerio, sino en un patíbulo de personas inocentes cuyo único delito es huir de la miseria, la guerra o la desesperación, miseria, guerra o desesperación que, además, hemos alimentado, cuando no creado, nosotros. Y nuestro país, con Pedro Sánchez a la cabeza, no es una excepción. Ahí están los casos de la persecución a Helena Maleno por intentar salvar vidas o el sistemático hostigamiento al Open Arms o al Aita Mari a los que retuvo en puerto en lugar de permitirles zarpar a salvar vidas durante meses mientras diez inocentes morían, y mueren, cada día en el Mediterráneo. ¿Qué queda del Pedro Sánchez que tanto nos ilusionó con el gesto del Aquarius? Nada. Absolutamente nada. Lo mismo que de los valores que tanto se vanagloria en defender.
Que intenten justificar las muertes que su política está provocando achacándolas a las mafias que trafican con personas y que consideren cómplices de esas mafias a los barcos de las ONGs que luchan por salvar vidas en el Mediterráneo es uno de los mayores ejemplos de cinismo que se han visto en años además de un insulto a la inteligencia y al sentido común. Que existen mafias nadie lo niega, pero la pregunta que hay que hacerse es ¿por qué? ¿qué las alimenta realmente? Y la respuesta, invariablemente, conduce al origen de esta tragedia: la no existencia de rutas seguras de migración a causa de las políticas de fronteras de nuestros gobiernos: que no se permita solicitar asilo o acogida en nuestras embajadas en el exterior y se obligue a hacerlo una vez cruzada nuestra frontera; las obscenas cantidades de dinero que pagamos a gobiernos de países de tránsito para que impidan que las personas migrantes puedan llegar a nuestras fronteras haciéndonos el trabajo “sucio” para que aquí no lo veamos; el sistemático desmantelamiento de los cuerpos de rescate marítimo; la reducción de funcionarios que provoca que las solicitudes de asilo o acogida se prolonguen durante meses y años; la escasez de recursos para la acogida que provoca que decenas de familias, con niños de pocos meses y mujeres embarazadas, tengan que dormir hoy en la calle porque no hay plazas para la acogida a la que la ley obliga a nuestro Estado; la aplicación del tratado de Dublín por el que los países europeos del norte están deportando a las personas migrantes a los del sur, por donde entraron en Europa… Si a eso añadimos la interesada manipulación de muchos medios de comunicación y partidos políticos que, falseando las cifras reales de llegadas a nuestras fronteras y criminalizando a las personas migrantes tildándolas de vagos que vienen a aprovecharse de nuestro país cuando no de delincuentes o incluso terroristas, nos dicen día sí y día también que estamos sufriendo una invasión sin precedentes que va a acabar con nuestro sistema y con nuestro modelo de vida, puede entenderse qué es lo que hay detrás de que cerca de un 40% de los italianos voten o estén a favor de las políticas asesinas de Salvini.

Que una mujer, Carola Rickete, haya sido capaz de enfrentarse sola a todo un vicepresidente y ministro de interior italiano como Salvini desafiándolo al hacer entrar su barco en el puerto de Lampedusa para desembarcar a los 40 rescatados que llevaba a bordo es algo que nos debe ayudar a mantener la esperanza de que no todo está perdido. Le podían haber caído hasta diez años de cárcel, si no más. Ella lo sabía pero frente al dilema de cumplir una ley injusta o hacer caso a su conciencia, ha elegido su conciencia. Y, al hacerlo, también ha elegido la nuestra porque hoy no podemos callar o mirar a otro lado ante lo que está pasando. Ninguna ley puede condenar a inocentes a la muerte. Carola ha tenido la suerte de que su caso cayera en manos de una jueza que ha aplicado justicia y ha desestimado la causa dejándola en libertad sin medidas cautelares. Pero el gobierno de Salvini ha conseguido transmitir su mensaje de miedo a quienes están dispuestos a salvar vidas. En los últimos 4 años son 158 las personas investigadas o encausadas por hacerlo. Si los italianos están cabreados con los europeos del norte porque no les ayudan a resolver el tema de la frontera sur que se revuelvan contra los europeos del norte y luchen por cambiar sus leyes, pero que no renuncien a defender los valores que nos hacen ser seres humanos dejando que les conviertan en cómplices de asesinato. El juego de la Unión Europea no es nuevo, es el de siempre: enfrentar a pobres contra pobres. No caigamos en el error de seguirles. Lo que verdaderamente está en juego aquí y ahora es la vida o la muerte de inocentes. Hace 70 años esas políticas quemaban a los judíos en hornos, hoy ahogan a los negros en el Mediterráneo. No hemos cambiado nada. El juego, su juego, es siempre el mismo.
Otra capitana de barco alemana, Pia Klemp, se ha enfrentado hasta a 20 años de cárcel en Italia por haber salvado a más de mil personas con su barco, el Iuventus. Un caso más en el que salvar vidas es considerado un crimen por la ley. El Open Arms también ha dado un paso al frente desobedeciendo las órdenes que le impedían salir del puerto para ir a rescatar a esas personas que están muriendo cada día ante nuestros ojos. Oscar Camps, director de esta ONG, ha señalado que la foto de Valeria, la pequeña ahogada en brazos de su padre al intentar cruzar a nado el río Bravo para solicitar asilo en los EEUU, le ha hecho revivir la imagen de Aylán, el pequeño sirio muerto hace cuatro años en la costa turca, que fue la que le empujó a crear PROACTIVA OPEN ARMS. Y ha dado instrucciones a su barco de zarpar en contra de las amenazas de Salvini porque, como bien ha dicho: “De la cárcel se puede salir, del fondo del mar no”. Para Camps la misión de los barcos de las ONGs no es el rescate, sino la denuncia de los incumplimientos de la legislación internacional y marítima que se están produciendo: “la misión del Open Arms es proteger con su presencia y denunciar las vulneraciones del derecho marítimo y de los Derechos Humanos que se están cometiendo en el Mediterráneo por parte de las administraciones responsables, empezando por Libia, que es un estado fallido, y siguiendo por Malta e Italia, que son los Estados de la zona. El rescate no es un objetivo en sí mismo. Es una obligación moral que tiene que hacer cualquier barco. Nosotros no vamos a rescatar, vamos a proteger con nuestra presencia y a obligar a las administraciones a que hagan lo que tienen que hacer. Pero si nos encontramos en una situación de naufragio no vamos a dudar y vamos a salvar todas las vidas que estén en nuestras manos. En caso de que se produzca un rescate pediremos ir a un puerto seguro, no tiene por qué ser el más cercano. Llamaremos a todas las autoridades y contaremos todo lo que está ocurriendo y lo documentaremos gráficamente. Por eso llevamos a periodistas a bordo y por eso somos tan peligrosos. Somos la resistencia y vamos a resistir como se pueda”
El paso al frente dado por Carola Rackete, su decidida opción por la desobediencia civil afrontando todas sus consecuencias, puede, y debe, convertirse en un aldabonazo que sacuda nuestras aletargadas conciencias y que nos haga dar también un paso al frente denunciando lo que ocurre, exigiendo a nuestros políticos que cambien la política de fronteras, viendo a las personas migrantes como las personas que son y no como la peligrosa amenaza con la que nos los pintan, negándonos a financiar con nuestros impuestos la política de fronteras a través de campañas de insumisión fiscal, dejando de votar a quienes no anteponen los derechos humanos a todo lo demás, participando en cuantos actos o encuentros tengamos a nuestro alcance para denunciar esta situación, hablándolo con familiares, amigas y amigos, exigiendo el cierre de los CIEs y el fin de las deportaciones… Lo que se está hundiendo en el Mediterráneo junto a miles de seres inocentes, son los valores que permiten nuestra propia existencia como sociedad y civilización. Por eso hoy todas somos Carola.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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