Cine/Teatro General Pintura

FAIR SATURDAY, un necesario grito de esperanza

el
30 junio, 2019

Todo camino, incluso el más largo, comienza por un primer paso. La clave está en quién lo da, en quién es capaz de dar ese paso que lleve a transformar la realidad que nos rodea. Para que eso pueda llegar a producirse no solo hace falta suerte y estar en el lugar y momento adecuados, sino tener un sueño y ser capaz de convertirlo en realidad gracias a tu entusiasmo, tu capacidad, tu talento y tu voluntad. Sobre esas cuatro patas se puede construir absolutamente todo. Eso es lo que nos demuestra FAIR SATURDAY, un movimiento que surge de la mente de un soñador sin remedio y además bilbaíno, Jordi Albareda que, hace apenas cuatro años, viendo el sinsentido del consumismo por el consumismo del institucionalizado a nivel mundial Black Friday dejó su trabajo en una multinacional para crear este movimiento alternativo que, bajo el paraguas de “sábado justo” (Fair Saturday), opusiera a la fiesta consumista la acción de las gentes del arte y la cultura en acciones de transformación social. Así, el último sábado de noviembre, día inmediatamente posterior al Black Friday, propuso que se hicieran eventos culturales directamente relacionados con acciones sociales que transmitieran valores como equidad, justicia, integración o solidaridad con los colectivos más desfavorecidos.
Aquella idea, que podía no haber pasado jamás de ser un sueño, se ha convertido hoy en una realidad que mueve a miles de personas en todo el mundo y que está hermanando a naciones y ciudades de diferentes continentes que se identifican plenamente con ella y la hacen suya. Y Jordi lo hizo llamando a puerta fría a aquellas personas o instituciones que creía que podrían identificarse con su proyecto y podrían ayudarle a sacarlo adelante, como lo hizo con el abogado, escritor y humanista Antonio Garrigues Walker, a quien sin conocer de nada envió un correo explicando cuatro ideas de su sueño y recibió una respuesta inmediata que decía: “perfecto, Jordi ¿en qué te puedo ayudar?” Hoy Antonio Garrigues Walker es el Presidente de Honor de la Fundación Fair Saturday y está totalmente involucrado en el desarrollo del proyecto. Y Jordi hizo exactamente lo mismo a nivel institucional: a través del consulado británico en Bilbao contactó con representantes del gobierno de Escocia que, en cuanto analizaron la iniciativa, decidieron apoyarla incondicionalmente, haciendo incluso que coincidiera con el día nacional de Escocia, el día de Saint Andrew.
La idea de FAIR SATURDAY es sencilla: utilizar el arte y la cultura como herramienta de transformación social luchando para que todo el mundo tenga posibilidad de acceder a la cultura, empujando a la cultura a salir a la calle, a acercarse a la realidad en la que vive, compartiendo experiencias con personas marginadas o excluidas por su condición social, su raza, religión, ideología, género, diversidad funcional, etc… El arte y la cultura son hoy más necesarios que nunca si de verdad queremos transformar el mundo porque el verdadero arte y la verdadera cultura nada tienen que ver con esas anquilosadas concepciones elitistas y colonizadoras con las que por tanto tiempo se les ha asociado. No, el arte tiene que vivir en la calle, ser accesible a todo el mundo. Solo si lo es puede ayudarnos a solucionar los graves problemas a los que se enfrenta el mundo de hoy: el renacer de la barbarie, de la intransigencia, el levantamiento de muros, la aporofobia, la xenofobia, el racismo, la siempre creciente desigualdad, la injusticia globalizada, el hambre, la pobreza, la violencia, el egoísmo, la ignorancia, la destrucción del planeta…

Solo teniendo una mentalidad abierta y empática con lo que nos rodea, siendo sensibles a las desigualdades e injusticias que dominan nuestro mundo, siendo conscientes de las causas que las provocan, perdiendo el miedo a lo que desconocemos y superando nuestra ignorancia, podremos afrontar todos esos retos que necesariamente implican un cambio en nuestra forma de vivir y de relacionarnos con los demás y con el medio. Un cambio del que depende nuestra propia existencia. Y eso, sin el arte y la cultura, es algo imposible de alcanzar. Como bien dice Antonio Garrigues, todo el mundo debería poder practicar alguna actividad creativa porque todo ser humano tiene capacidad para hacerlo. Pintar, escribir, dibujar, cantar, silbar… todos podemos disfrutar con alguna actividad creativa que nos permita desarrollar la parte creativa de nuestro cerebro, empatizar con el “otro”, ser más sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor, reordenar nuestra escala de valores, comunicarnos con los demás, conocerles… Los conflictos solo se resuelven cuando conseguimos superar el “nosotros” y el “ellos” y ahí el papel del arte y la cultura es fundamental.
El lunes pasado la fundación FAIR SATURDAY otorgó sus premios anuales a personas e instituciones cuyos valores y actividades entroncan con la filosofía FAIR SATURDAY. Al foro social en el que los galardonados expusieron sus proyectos y los comentaron con el público, siguió la ceremonia de la entrega de premios en el Guggenheim de Bilbao. Fue un acto tremendamente emotivo y cargado de ilusión y esperanza. Sin duda el denominador común de los premiados, premiadas en la abrumadora mayoría de los casos, era la ilusión que transmitían al hablar de sus proyectos. Como sin duda tampoco es casualidad que fueran mujeres las que han liderado esos proyectos emancipadores porque el futuro, nuestro futuro, solo será si prevalecen valores como cooperación y no competición, equidad y no desigualdad, valores que, tras interminables y duras décadas de lucha del movimiento feminista, por fin se están abriendo paso.
Entre los proyectos premiados este año estaban la West-Eastern Divan Orchestra, orquesta creada por Daniel Barenboim y Edward Said compuesta por músicos judíos y palestinos unidos en este proyecto común; el proyecto Musical Bridges Around the World, que organiza conciertos de músicas del mundo en Texas acercando otras culturas para sensibilizar positivamente a la población que vive cerca de la frontera con México y del inhumano muro que les separa; el Festival de Cine Invisible, que lleva más de diez años trayendo cine social al corazón de Bilbao; “Ingoma Nshya” escuela de mujeres ruandesas percusionistas pertenecientes a las etnias Hutu y Tutsi; y el Artscape Theatre de Ciudad del Cabo que, de la mano de su directora, Marlene Le Roux, pasó de ser el teatro que simbolizaba el apartheid sudafricano al que solo los blancos podían acceder, a ser hoy un centro multicultural integrador de todas las razas, etnias, religiones, colectivos LGTBIQ+… Los métodos que esta mujer empleó para romper las reticencias iniciales de blancos y negros a juntarse en un mismo espacio para asistir a un concierto fueron expeditivos: cuando venían grupos de un colegio o de otro, en taquilla mezclaban las entradas para que no tuviesen más remedio que sentarse mezclados. El arte, compartir la belleza de un concierto o de una obra de teatro, hizo el resto.
La artista Lita Cabellut ha recibido este año el premio honorífico de la fundación por su infatigable labor y compromiso social. Lita, de origen gitano y que pasó su infancia en la calle hasta que, a los doce años, fue adoptada, es hoy la pintora española más reconocida internacionalmente. Escucharla hablar de la importancia del arte en su vida es la demostración más clara de la necesidad de que proyectos como FAIR SATURDAY existan: “Yo venía de un mundo oscuro donde el arte no existía y tuve la suerte de que me adoptaran. Pero lo que me transformó fue el arte, que me dio el poder para expresar sentimientos y dibujar ventanas donde no había salidas…Por eso es tan importante educar a los niños en el arte, que desarrolla los sentimientos y la inteligencia… La gente se queja de los grafiteros y no se da cuenta de que allí hay amor y poesía, que son un grito de los jóvenes para que les escuchemos. Tendríamos que estar contentos de que ellos hayan ganado y ocupado las ciudades. El arte está por encima de la política, es lo que nos hace humanos…”
Que “16 Kms. Festival de Cine de Cañada Real” haya sido uno de los premiados este año ha supuesto una de las satisfacciones más grandes que he tenido en mi vida. Haber colaborado con este festival, haber ayudado a su puesta en marcha y ver cómo los vecinos y vecinas de Cañada lo van haciendo cada día más suyo aportando sus ideas, compromiso y esfuerzo, es algo que llevo muy dentro. Ver ahí en la pantalla de la ceremonia de entrega de los premios FAIR SATURDAY en el Guggenheim a Mariam, Marius, Andrea, Mohamed y tantos y tantos chavalines a los que les di talleres audiovisuales, es algo que no olvidaré jamás.
Decía Gabriel Celaya que la poesía no puede ser sin pecado un adorno. En un mundo que levanta muros y derriba puentes, en el que hemos convertido el Mediterráneo no ya en un cementerio, sino en un patíbulo de inocentes, en el que la desigualdad es la ley y los derechos humanos un souvenir, en el que estamos robando el planeta de nuestros hijos y quizá la misma existencia a nuestros nietos, en el que la intransigencia y la barbarie resurgen amenazadoras en todo el mundo, son el arte y la cultura las que no pueden ser sin pecado un adorno. Porque, como decía León Felipe, si no es ahora que la vida vale menos que el orín de los perros ¿cuándo dará un paso al frente? ¿Cuándo tomará partido? ¿cuándo saldrá a la calle a defender codo con codo a los débiles, a los marginados, a los nadies… a nosotros? ¿cuándo dejará de callar y mirar a otro lado?, ¿cuándo si no es ahora?, ¿cuándo?

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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