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Marta Sibina, gracias por representarme

Gracias, Marta, por haber alzado tu voz contra el crimen que el gobierno de Pedro Sánchez está cometiendo contra las personas migrantes a las que deja morir en el mar bloqueando la salida de puerto de los barcos Aita Mari y Open Arms. Desde que el 8 de enero el gobierno les prohibiera zarpar a salvar vidas en el Mediterráneo son 500 las personas que han muerto ahogadas por culpa de esta prohibición. Que una diputada anteponga el respeto a los derechos humanos, la coherencia y la dignidad a todo lo demás negándose a votar cualquier resolución presentada por el Gobierno en tanto no permita que esos barcos zarpen me hace pensar que no todo está perdido, que en este mundo de barbarie y abyección todavía quedan personas en las que puedo creer y confiar. Sin duda tú eres una de ellas, Marta. Tú sí me representas.
La coherencia y el compromiso forman parte de tu ADN y lo has demostrado en todo lo que has hecho: desde la revista café amb llet denunciando el robo del que ha sido objeto la sanidad pública, desde tu firme defensa de los derechos civiles en cuantos parlamentos o tribunas has tenido, desde tu inquebrantable defensa del derecho a decidir y tantas y tantas otras causas que la mayoría considera perdidas pero que, gracias a personas como tú, todavía no lo están.
Es imprescindible que voces como la tuya se levanten contra nuestra política de fronteras, una política de fronteras que mata inocentes al prohibir que barcos que podrían salvar vidas puedan salir de nuestros puertos; que incumple la legislación y los tratados internacionales al practicar devoluciones “en caliente” por las que nuestros sucesivos gobiernos han sido repetidamente denunciados por Naciones Unidas y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos; una política que crea una zona sin ley junto a la valla de Ceuta o Melilla donde los derechos humanos son pisoteados a diario; una política que inunda de millones de euros a países de tránsito de la emigración para que nos hagan el “trabajo sucio” y que los cadáveres de quienes intentan entrar a Europa no lleguen a nuestras costas para que no los veamos; una política que criminaliza a quienes salvan vidas, como Helena Maleno y tantos otros, acusándoles de traficar con personas; una política que deja sin radares a los barcos de salvamento marítimo para que no puedan localizar las pateras que están a la deriva con riesgo de hundirse; una política que acaba de aprobar la devolución de las personas rescatadas por Salvamento Marítimo a Marruecos; una política que financia un Estado fallido como Libia donde se practica la compraventa de personas; una política que ha militarizado los buques de Salvamento Marítimo obligándoles a que Guardias Civiles naveguen en ellos; una política que construye nuevos Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) donde encierran a personas que no han cometido delito alguno en tanto tramitan su expulsión; una política que practica las expulsiones “express” de personas que llevan años viviendo en nuestro país para llenar los “vuelos de la vergüenza” en los que son deportadas; una política que expulsa a los MENAs (menores extranjeros no acompañados) que llegaron a nuestro país siendo niños y son deportadas a países a los que ya nada les une; una política, en suma, que aplaude entusiastamente el neofascista Salvini. A eso ha llegado la cobardía de un Pedro Sánchez que cínicamente se vanagloria en su best seller de haber salvado la vida de los 630 migrantes del Aquarius.
No es casualidad que el ministro que practica esta política sea precisamente el juez que más denuncias recibió de los tribunales europeos por no investigar las denuncias de casos de tortura de detenidos. Viendo en lo que se ha convertido nuestra política de fronteras, tampoco lo es que Pedro Sánchez le eligiera precisamente a él como ministro del Interior.
Gracias, Marta, por denunciar todo lo que está pasando, por saltarte la disciplina de voto de un partido que cada día se aleja más de lo que podría haber sido y que nos ilusionó a tantos cuando nació; gracias por no mirar a otro lado ni callar cuando los demás lo hacen; gracias por recordarnos con tu ejemplo que todavía hay políticos en los que creer; gracias por ser algo cada vez más escaso aunque más necesario en este país: comprometida, coherente, digna y valiente; gracias, Marta, por recordarnos que, como decía José Bergamín, existir es pensar y pensar es comprometerse.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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