Cine/Teatro General

De podcasts y radioteatro

Tengo que reconocer que cuando me llamaron para dar vida a un personaje de ficción en un podcast me quedé muy sorprendido. No tenía ninguna experiencia en esas lides ni vínculo alguno con la cadena de radio que me lo proponía. Sin embargo, tres motivos me hicieron aceptar la propuesta en aquella misma conversación telefónica: el entusiasmo de mi interlocutor hacia el proyecto del que me hablaba, la posibilidad de probar un nuevo medio de interpretación y, sobre todo, el reto que suponía crear un personaje únicamente desde un papel y un micrófono. Quien me hablaba era Andoni Orrantia. No le conocía y no tenía ni idea de quién le había dado mi teléfono, pero era tanta la ilusión que él tenía en su proyecto que era imposible decirle que no. Serían unas horas de grabación haciendo algo totalmente desconocido para mí. Era una forma de probarme y adquirir una experiencia nueva, así que me lo tomé como una oportunidad espléndida de formarme en algo que siempre me había atraído, y cuando digo siempre estoy pensando en el radioteatro y las radionovelas que escuchaba de pequeño en casa, aquellas lejanas radionovelas que me transportaban a universos fascinantes en los que todo podía ocurrir. Porque de eso se trataba. Tras el extraño nombre de podcast lo que hay es el radioteatro de toda la vida.

Con muchos y mejores medios, sin duda, pero el radioteatro de toda la vida. Quizá conviene señalar que la diferencia entre la radionovela y el radioteatro es la misma que entre la novela y el teatro: mientras en la novela te cuentan lo que pasa, en el teatro ves, en este caso escuchas, lo que pasa. Por eso los podcasts de hoy son el radioteatro que algunos mamamos de pequeños y que prácticamente había desaparecido de nuestras emisoras.
Andoni me pasó el guion del que iba a ser mi personaje. Recuerdo que estaba fantásticamente escrito. No había muchas acotaciones. Sobraban. Todo estaba en el texto, en lo que decía y en lo que callaba, en lo que los demás decían de él o callaban, en cómo lo decían… Sin duda esa es la clave de todo buen guion.

Quedamos en que pocos días después me acercaría a la cadena para conocer personalmente a Andoni y grabar mis textos. Pero no fue así porque varios imprevistos de última hora retrasaron el lanzamiento del proyecto. Para mi sorpresa me telefoneó semanas después para proponerme un cambio de personaje. No iba a ser el que originariamente había pensado para mí, sino uno de los protagonistas de la historia, el comisario Beraluce, un hombre castigado por la vida y el cáncer que oculta tras su férrea fachada de tipo duro un alma sensible y solitaria. El whisky y la música clásica son sus pasiones no confesadas. ¿Cómo resistirse a un personaje así?
Poco después empezamos la grabación. Andoni, hombre orquesta donde los haya, no solo había escrito el texto sino que lo dirigía y me daba las réplicas de los demás personajes dándoles a cada uno una voz propia. La sensación de estar solo frente a un micro y un pedazo de papel es de las que no se olvidan. Es una invitación a jugar, a descubrir tus límites, a arriesgar sin miedo al fracaso. Ahí tener a Andoni al lado dando el aprobado o haciéndome repetir los párrafos fue un auténtico chaleco salvavidas que me ayudó a no hundirme en la fascinante aventura que tenía frente a mí.

Mientras grababa los textos descubrí que el radioteatro es hoy más necesario que nunca porque está a medio camino de la sociedad de la palabra que dejamos atrás, aquella sociedad que requería una actitud activa, ponerte delante del libro, abstraerte, conceptualizar, analizar, relacionar conceptos y formarte tu propia opinión, y la sociedad de la imagen de hoy, esa sociedad que nos quiere pasivos, superficiales e inmediatos, una sociedad que por robar nos roba hasta la imaginación y en la que cada vez es más difícil encontrar a alguien con voz propia, con opinión propia. A través del radioteatro, de unas voces, viajas a mundos nuevos y desconocidos que, como los de los libros, son únicos e irrepetibles porque son tuyos, exclusivamente tuyos. Sin duda te recomiendo escucharlo a través de unos cascos que te protegen de cualquier distracción y te transportan a ese mundo imaginario que tú, como oyente o escuchador, estás creando. Serán miles, millones las personas que escuchen lo que tú estás escuchando, pero nadie, absolutamente nadie, verá los paisajes que verás tú, porque los habrás creado tú, con tu imaginación y tu capacidad de soñar.

Tener un personaje con recorrido, como el de Beraluce, te permite conocerlo a fondo, meterte dentro de él, buscarle uno y mil matices, hacerle pasar por experiencias y sensaciones tremendamente enriquecedoras… Para construir personajes de recorrido los actores trazamos lo que llamamos el arco del personaje, un esquema donde reflejamos lo que vive y siente el personaje en las diversas experiencias por las que va pasando a lo largo de la historia. Eso nos permite llegar cada día al set de rodaje sabiendo dónde está nuestro personaje y cómo se encuentra en cualquier momento. Es fundamental trabajar a fondo ese arco porque ni en cine ni en televisión se graba cronológicamente y, de no tener claro nuestro arco, podremos cargarnos la continuidad emocional de nuestro personaje con una facilidad asombrosa. Recuerdo que cuando Jude Law vino a presentar a España su serie “The Young Pope” le pregunté en la rueda de prensa cómo había creado el personaje de un Papa joven, norteamericano y que fumaba, sin que exista precedente alguno. Me respondió que todo estaba en el texto (nuestros personajes viven en los buenos textos y languidecen y mueren en los malos) y que, como no podía imaginar la figura de un Papa tan joven y fumador, se imaginó como simple cardenal, de los que sí tenía algún referente, un cardenal al que después hacían Papa, nombramiento que él vivió en la serie desde su cardenal. También comentó que, además del arco de su personaje, había dibujado un diagrama que colgó en su camerino en el que se había representado a sí mismo en el centro y a todos los personajes con los que interactuaba a su alrededor, unidos por flechas de diferentes colores que indicaban cómo era su relación con ellos, buena, mala, indiferente… Eso le permitía grabar cualquiera de las secuencias sabiendo perfectamente cómo se iba a comportar su joven Papa. Viendo la serie te das cuenta de que clava todas las secuencias en las que aparece, y cuando digo todas me refiero a la práctica totalidad de las secuencias de la serie porque está presente en casi todas. Por supuesto, abordar un personaje como Beraluce no exigía todo ese trabajo previo, pero sí preparar su arco porque, aunque lo grabamos cronológicamente, necesitaba saber desde qué estado debía encarar cada escena y cada texto y, lo que nunca debemos olvidar, desde qué estado lo encara el espectador, oyente en este caso. Eso, y tener a un profesional como Andoni y su equipo técnico a mi lado, me permitió disfrutar tanto grabando “SIN MI IDENTIDAD” que hizo que fuera una de las experiencias más enriquecedoras e interesantes que he tenido en mi vida como actor.

Aquí tienes el podcast, el radioteatro de toda la vida vamos, de “SIN MI IDENTIDAD” por si quieres escucharlo. Son ocho capítulos cortos, de poco más de 15 o 20 minutos de duración. Te recomiendo, por favor, que lo hagas con auriculares porque te transportará a ese mundo que tú, y solo tú, puedes crear.

http://sinmiidentidad.cope.es/nunca-sucedio/todos-los-episodios

 

 

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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