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PROACTIVA OPEN ARMS, porque salvar vidas no es un crimen

Se llamaba Aylan, no tenía ni tres años. Su cuerpo apareció ahogado en una playa turca el 2 de septiembre de 2015. Era sirio. El nunca llegará a saberlo, pero su muerte ha salvado decenas de miles de vidas. Verle en aquella playa sacudió nuestras conciencias de tal forma que ya nada ha sido igual para muchas personas. Una de ellas entendió que debía hacer algo para luchar contra aquel crimen que estaba provocando que miles de refugiados sirios murieran ahogados intentando alcanzar las costas griegas. Era socorrista marítimo de profesión. Cogió todos sus ahorros y se fue a la isla griega de Lesbos con algunos de sus colaboradores para intentar ayudar en lo que pudieran. En aquel mes de septiembre de 2015 ya estaba en las playas griegas ayudando a que los refugiados sirios que llegaban en embarcaciones precarias pudieran alcanzar la costa. Prácticamente solo tenían trajes de neopreno, aletas y gafas de buceo, pero allí fueron. Su labor empezó a conocerse y los donativos que recibieron de particulares apoyando la ONG que habían constituido les permitieron alquilar un barco con el que realizar las labores de salvamento más lejos de la costa. A aquel barco le siguieron otros que cada vez se adentraban más en el mar para salvar más vidas. El nombre de aquel socorrista al que Aylán cambió la vida es Òscar Camps. El de la ONG que creó PROACTIVA OPEN ARMS.

El vergonzoso acuerdo de la Unión Europea con Turquía hizo que los refugiados sirios tuviesen que utilizar otra ruta mucho más peligrosa para intentar llegar a Europa: la de Libia. Desde entonces cada año son más de tres mil las personas que mueren ahogadas intentando llegar a nuestras costas. Viendo que las muertes se estaban produciendo en las aguas que separan Libia de Italia, OPEN ARMS desplazó su barco a aguas internacionales frente a la costa Libia. Con sus lanchas de salvamento la labor de los voluntarios de OPEN ARMS consistía en localizar pateras a la deriva, acercarse a ellas con las lanchas de salvamento y trasladar a los refugiados a bordo del barco que les lleva a puertos italianos. Han sido más de 50.000 las vidas que han salvado en los últimos dos años.

La política de fronteras de la UE no pretende evitar muertes o salvar vidas, sino impedir que los refugiados lleguen irregularmente a Europa. Ese es su único objetivo. Poco o nada importa que la consecuencia directa sea la muerte de miles de inocentes. Para lograr su objetivo, la UE financia al estado fallido de Libia, dominado por mafias y grupos de delincuencia organizada que incumplen impunemente los derechos humanos cometiendo todo tipo de atrocidades. Violaciones y asesinatos son moneda común en un país donde se han llegado a crear auténticos mercados de esclavos en los que se compran y venden personas cuyo único delito ha sido intentar llegar a Europa.

Financiar a esas mafias y poner todo tipo de trabas a las ONGs que, como PROACTIVA OPEN ARMS, intentan salvar vidas inocentes en aguas internacionales no ha sido suficiente para esa Unión Europea que cada día se aleja más de los valores que la fundaron. No solo abandona a los barcos de las ONGs a su suerte frente a las patrulleras libias que no dudan en salir de sus aguas jurisdiccionales para intentar imponer su fuerza en aguas internacionales, sino que ha llegado a bloquear en espera de juicio los barcos de las ONGs en puertos italianos para que no puedan continuar con su labor humanitaria. Eso es precisamente lo que le está pasando en estos momentos a PROACTIVA OPEN ARMS, cuyo barco está retenido en el puerto italiano de Pozallo y su tripulación es acusada de favorecer la inmigración clandestina y de asociación criminal. Esta política del miedo de la UE está dando sus frutos. Hace un año eran más de quince los barcos de diversas ONGs que se dedicaban a salvar vidas en el Mediterráneo. Hoy, entre los que están retenidos o han tenido que abandonar su labor, ya solo queda uno.

La mal llamada crisis de los refugiados, puesto que ni es crisis ni a estas personas se les puede llamar refugiados pues refugio es precisamente lo que se les niega, ha puesto en evidencia lo peor de esta Unión Europea que, entre todos, hemos creado. Nuestros políticos, esos que cada cierto tiempo elegimos nosotros no lo olvidemos, no solo no hicieron lo que el más mínimo sentimiento humanitario obligaba a hacer, socorrer y salvar las vidas de estas personas que tienen derecho a ser acogidas de acuerdo a la legislación internacional, sino que ni siquiera se sonrojaron cuando vieron que simples ciudadanos hacían lo que ellos deberían haber hecho. Y no contentos con ello, han firmado vergonzosos acuerdos con países donde democracia o derechos humanos no significan nada, como Libia y Turquía para que les hagan el trabajo sucio e impidan que los refugiados puedan llegar a Europa. Pero es que, en el ejercicio más cínico y criminal que esta Europa ha visto desde los tiempos de la Alemania nazi,  la Unión Europea ahora se dedica a perseguir a quienes salvan vidas que pueden ser condenados por ello a años de cárcel.

¿Cómo hemos permitido que Europa alcance tal grado de ignominia?, ¿Cómo es posible que salgan más personas a la calle en una manifestación animalista que en una en defensa de las personas refugiadas?, ¿Cómo hemos podido llegar a esto?, ¿Qué queda de los valores como solidaridad, generosidad, entrega, o justicia que nos hacen ser seres humanos?, ¿Dónde va esta Europa que asesina con su política de fronteras y permite que el fascismo renazca de sus cenizas? Como bien ha dicho Òscar Camps en más de una ocasión: “Hemos visto morir a familias enteras. La Europa de la libertad y los valores ha naufragado”

Casos como el de OPEN ARMS no son casos aislados. Activistas como José Palazón o Helena Maleno, que luchan a diario en Melilla y en Tánger por los derechos de quienes huyen de la muerte, también son perseguidos por nuestras autoridades. Estamos frente a la mayor ola de movimientos migratorios que ha conocido la Historia. Y no debe extrañarnos ya que esos movimientos son consecuencia directa de la política que nosotros, desde nuestro civilizado y democrático mundo, estamos llevando a cabo. Son consecuencia de las guerras que provocamos en otros países para conseguir materias primas a bajo precio o para vender armas a alto; son consecuencia de las hambrunas que provocamos con la desigualdad producto de las políticas neoliberales que imponemos al globalizar la pobreza, la violencia y la miseria; son consecuencia del cambio climático que provocamos a diario por la doble razón de ser los máximos contaminadores del planeta y de ser los únicos que podríamos implementar políticas contra el cambio climático; son consecuencia de los muros que construimos para impedir que entren en nuestras casas…

No podemos mirar a otro lado. Callar nos hace cómplices y votar a quienes aprueban e implementan estas políticas asesinas nos hace cómplices necesarios. Sin nuestros votos estas políticas jamás se habrían aprobado ni esos muros se habrían construido. Ha llegado el momento en el que, juntos, debemos acabar con esta atrocidad. Son muchas las formas que tenemos de hacerlo: conocer la realidad de lo que está pasando, compartirla con nuestros amigos y conocidos, hablar del tema, sensibilizar a otras personas, ayudar a las ONGs que, como PROACTIVA OPEN ARMS, están en primera línea salvando vidas dando a conocer su labor, apoyándolas económicamente, ofreciéndote a colaborar voluntariamente con ellas… Visita su web https://www.proactivaopenarms.org/es  Allí encontrarás muchas cosas que te ayudarán a ver la realidad como realmente es y, sobre todo, a comprender que solo somos lo que hacemos.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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