A veces esta profesión te da sorpresas que cambian tu vida. Recibir la llamada de Josevi García Herrero para colaborar en “DISTINTOS”, el corto que estaba preparando sobre síndrome de Down, ha sido una de esas sorpresas que dan sentido a todo lo que haces. Mi relación con las personas con diversidad funcional se reducía al curso sobre teatro y discapacidad que impartió hace un par de años Manu Medina en la Fundación Aisge y a las prácticas semanales que hicimos con su compañía en Segovia. Allí descubrí que no existe una sola realidad, que existen tantas realidades como personas. Rodar el corto “DISTINTOS”, conocer a Pablo Molina y Salva Albert, sus protagonistas, me ha enseñado que eso es así porque todos somos distintos. Conocía la enorme sensibilidad y expresividad de las personas con síndrome de Down, pero Salva y Pablo me invitaron, desde el primer momento, a seguirles en ese camino donde nada impide mostrar lo que sentimos, donde no existe la falsa modestia o el miedo al fracaso, donde todo es verdad, donde solo lo auténtico prevalece sobre todo lo demás. Conocerles, recibir su inmenso abrazo, ese abrazo lleno de un amor que no conoce límite, me quitó las gafas con las que todos, en mayor o menor medida, andamos por la vida, esas gafas tras las que escondemos nuestros sentimientos, nuestros miedos y nuestras emociones. Que una persona a la que te acaban de presentar te mire a los ojos, sonría de oreja a oreja y te abrace con todas sus fuerzas sin necesidad de que haya mediado palabra alguna, es una experiencia que te hace replantearte muchas cosas. ¿Por qué nos cuesta tanto mostrarnos, expresar lo que sentimos, compartir nuestras emociones? ¿Por qué son tantos los abrazos que no llegamos a dar? ¿Dónde van los besos no dados? ¿De qué tenemos miedo?

Quizá el miedo al rechazo, a no ser admitidos, a no ser queridos, nos lleve a escondernos dentro de nosotros mismos, a no mostrar nuestra vulnerabilidad, a protegernos tras las mil y una corazas con las que huimos de vivir nuestra propia vida. Nos han educado para escondernos, para que no sepan lo que sentimos, para no mostrar que somos vulnerables. Y nos sentimos más seguros tras esas corazas que construimos a diario. Pero llega la vida y te hace el mejor de los regalos, ponerte frente a un Salva o un Pablo que nada saben de escudos o corazas, que se muestran como son y comparten todo lo que llevan dentro. Y esa es la magia de la vida, la magia que hace que te des cuenta de que vivir sin mostrar lo que sientes no es vivir, de que son muchas, miles, las oportunidades que tienes ante ti de mostrar cariño, amor, alegría o ilusión. Odio los paternalismos, la cursilería de referirse a estas personas como ángeles, el mirarles con pena o mal entendida compasión. Yo lloro cuando estoy con Salva y con Pablo, no puedo evitar que me caigan las lágrimas cuando hablo de ellos, pero son lágrimas de alegría, de la inmensa alegría que siento al darme cuenta del regalo que me han hecho sin siquiera darse cuenta. Gracias a ellos veo hoy la vida de otra manera, ellos me han regalado poder mirar a las cosas y las personas con una mirada más noble y limpia, una mirada que ve luz donde antes solo había oscuridad.

Rodar el cortometraje DISTINTOS me ha permitido conocer a muchas de las personas que forman su mundo. Sus padres, sus madres, hermanos…sus cuidadores, los responsables de la Fundación Asindown que llevan años luchando para que esta sociedad conozca y acoja a todos los Salvas y Pablos que viven en nuestro mundo a los que muchas veces, las más, ni siquiera vemos, porque solo quienes han tenido la oportunidad de conocerles de cerca saben la grandeza que habita en ellos. Cuando pienso en Pablo y en Salva, pienso en todas las personas que les rodean, que forman parte de su vida, y siempre es una imagen de profunda alegría la que se apodera entonces de mí. Porque esa es la sustancia de la que está hecho el mundo en el que viven, ese mundo que, juntos, crean cada día. Pocas veces he llegado a reírme tanto como con Pablo y Salva, con sus ocurrencias, con sus sutiles y afiladísimos comentarios, con sus bromas, con esa sorna y sentido del humor con el que alegran la vida a todo el que se cruza con ellos. Poco importa que tú les conozcas o no, si te cruzas con ellos te tratarán como si te conocieran de toda la vida, te darán todo lo que llevan dentro, te sorprenderán, te enamorarán, se interesarán sinceramente por ti, te regalarán su mundo, querrán conocer el tuyo… y te enseñarán que atreverte a vivir tu aquí y tu ahora es el primer paso que debes recorrer si quieres ser feliz. Son maestros de la vida, porque vivir es sentir, es compartir, es amar, es entender que la eternidad vive en cada instante.

Cada día tengo más claro que las cosas más grandes viven en las más pequeñas. Es impresionante todo lo que ha llegado a mover la simple idea de hacer un cortometraje como DISTINTOS. De un encuentro entre dos soñadores sin remedio, Manuel Campos, director de la Fundación Asindown y Josevi García Herrero, guionista y director de cine, surge la idea de rodar un corto protagonizado por dos personas con síndrome de Down que nos acerque la realidad de su mundo desde la comedia, el sentido del humor, y, sobre todo, desde la emoción. Cuando personas así se encuentran no hay muro que aguante en pie ni dificultad que no se pueda sortear. Son personas capaces de transmitir y contagiar a los demás todo eso que bulle en su interior, y hacer que los demás hagan suyo sus proyectos. Así consiguen el apoyo de empresas colaboradoras que apoyan financieramente el proyecto, la total involucración de la Fundación Asindown y de todos los que trabajan en ella, y la involucración incondicional de profesionales del mundo del cine que, enamorados de la historia y del reto que supone rodarla, nos apuntamos sin dudarlo. El ambiente de rodaje de los cortometrajes suele ser alegre y divertido porque suelen rodarse con gente joven, alegre, idealista y dispuesta a dar lo mejor de sí misma para que el proyecto salga adelante. El ambiente de DISTINTOS, además de todo eso, nos regaló a quienes tuvimos la fortuna de participar en él la aventura de compartir con Pablo y Salva su primera experiencia ante una cámara. Para llegar a hacer estos papeles tuvieron que hacer un casting entre más de 50 aspirantes. Josevi tuvo claro, desde que les conoció, que Pablo y Salva eran esos Manu y Sergio con los que tanto había soñado. Llevo años en esta profesión, pero jamás había visto tanta ilusión ante un rodaje y jamás había sentido que alguien se enfrentara a un reto como este entendiendo de verdad que interpretar no es más que un juego, un maravilloso juego que te puede convertir en la persona más feliz del mundo.

La calidez y determinación con la que Josevi se entregó al rodaje nos contagió a todos. Nunca he participado en un rodaje con mejor rollo. Era tanta la ternura, la generosidad y la complicidad que había entre todos, que rodar cada plano se convertía en una experiencia apasionante. Fueron muchos los aciertos de la forma de dirigir de Josevi, pero para mí hubo uno que destacó por encima de todos los demás: el de haber dado a Pablo y a Salva los papeles de los personajes que más alejados estaban de ellos. Así, Pablo, más tímido y retraído en la vida real, encarnó al personaje que lleva la voz cantante y es el motor del corto, mientras Salva, probablemente la persona más alegre, extrovertida y dicharachera que he conocido en mi vida, tuvo que encarnar a un personaje que no hablaba porque, además de tener Down, era autista y tímido “Vamos, que lo tiene todo”, como dice el personaje de Pablo al hablar de él. Ver la ilusión de Salva aguardando cada día a que llegase la escena final del corto en la que, al fin, hablaba para decir una única frase (“No pasa nada”), es algo que ninguno de los que lo vivimos olvidaremos jamás.

En el corto cuatro personajes viajamos hacia Valencia: Leo, mi hijo, interpretado por Ventura Rodríguez, Sergio y Manu, dos amigos interpretados por Salva y Pablo, y yo. Lo hacemos en una deliciosa furgoneta amarilla, y se trata de una especie de viaje iniciático en el que Leo y yo intentamos superar las diferencias que hemos tenido como padre e hijo, y Manu y Sergio viajan para ver cumplido el sueño de Sergio: ir a un concierto de Alejandro Sanz. Lo que nos llegamos a reír los cuatro entre toma y toma dentro de la furgoneta con los comentarios de Salva y Pablo es algo que nos acompañará siempre.

Junto a estos personajes, intérpretes de la talla de Llum Barrera, Sandra Cervera, María de Paco y Guillermo Montesinos dan vida a otros personajes entrañables donde los haya que, con apenas unas secuencias, son capaces de llegar a lo más hondo del corazón del espectador. La colaboración de Alejandro Sanz habla bien a las claras de dos cosas: su inmensa calidad humana y la ilimitada capacidad de convertir sueños en realidad que tiene Josevi.

Participar en un corto como DISTINTOS es una de esas experiencias que te recuerda porqué has elegido esta profesión. Vivir algo así da sentido a todo. Y, además, es algo que se prolonga en el tiempo  porque permite que nos reencontremos en la promoción del corto, que, tras su estreno en la Seminci de Valladolid, se haya ahora inmerso en su periplo por Festivales de todo el mundo. El viernes pasado lo presentamos a la prensa en Valencia y tuvimos un pase para todas las personas vinculadas a Asindown que, de una u otra manera, han hecho posible que DISTINTOS exista. Allí recibimos la gran alegría de saber que DISTINTOS está ya preseleccionado para los Goya del año que viene. Con Salva y Pablo he aprendido que todos somos distintos, que eso nos hace grandes, y, por encima de todo, Pablo y Salva me han enseñado que todos, absolutamente todos, somos iguales en dignidad.

En este pequeño vídeo podrás ver cómo vivimos el rodaje de DISTINTOS, y el link de la web de Asindown es una invitación a que nos conozcas y compartas, si quieres, nuestro sueño https://www.asindown.org/

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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