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Eskerrik asko Ion Arretxe

Tras una adorable cara de bruto de la que podías imaginar cualquier cosa, vivía un hombre de una sensibilidad y una generosidad exquisitas. Fue director de arte, humorista, escritor, actor… Su sentido del humor era legendario, siempre estaba alegre, dispuesto a escucharte y echarse unas risas contigo. La vida le había enseñado a reír ante cualquier adversidad. Sus análisis, siempre lúcidos y profundos, sobre la realidad en la que vivía siempre estaban salpicados de una nota de humor y de esperanza. A los 21 años había vivido una de las experiencias más duras y aterradoras que una persona puede vivir: la tortura. Su ideología abertzale y su compromiso político le llevaron a que, en noviembre 1985, la Guardia Civil le detuviera en su casa acusándole de pertenecer a ETA. Le metieron en plena noche en un coche. Le taparon la cabeza y empezaron a darle golpes y a insultarle. Ion estaba convencido de que iban a llevarle al cuartel de Intxaurrondo, donde solían llevar a todos los que eran detenidos en Guipúzcoa. Le extrañó que el viaje en coche durase tanto porque, conocedor de su tierra, sabía que Intxaurrondo no estaba tan lejos. Tras un rato que se le hizo eterno, le bajaron del coche en un monte. Por su cabeza pasaron todas las hipótesis: Me van a dejar aquí, atado para que me muera de frío, me van a pegar un tiro, me van a… Le sorprendió que le pusieran una bolsa de basura por la cabeza y otra por los pies y que rodearan su cuerpo con cinta adhesiva. Sintió como, entre varios, le levantaban y le llevaban hacia un río. El ruido del agua era inconfundible. Allí le sumergieron tantas veces como quisieron para hacerle “hablar”. Pero Ion no hablaba porque no tenía nada que ver con ETA y no podía darles ninguna de las informaciones que esperaban. Fueron horas las que Ion pasó en aquel río aterido de frío y miedo. A las inmersiones en el agua le seguían infinidad de golpes en todos lados. Notó que, de tanto en tanto, le miraban las uñas de los dedos de las manos, que habían dejado fuera de las bolsas, y oyó a uno de los guardias civiles gritar, “Basta, que este se nos va”. Luego supo que por el tono azulado de las uñas pueden llegar a saber si una persona puede aguantar más inmersiones en el agua o va a morir. Tras otra tanda de golpes le metieron en el coche y, esta vez sí, le llevaron a Intxaurrondo. Dos guardias civiles le cogieron para entrarle a rastras en el cuartel. Ion tenía los pantalones bajados, estaba cubierto de barro y no podía tenerse ni en pie. El guardia civil de la garita de acceso les dijo a sus compañeros: “Hay que ver, cómo traéis a éste” Ion esperaba que le llevaran a un calabozo donde podría descansar y recuperarse de todo lo sufrido, pero no fue así. Le llevaron a un piso (Intxaurrondo no es un cuartel al uso, sino un complejo de diversos bloques de viviendas donde viven los guardias civiles con sus familias) donde siguieron torturándole.


La tortura continuó durante tres días. Escuchar a Ion relatar su encuentro con el general Rodríguez Galindo, máximo responsable de la lucha contra ETA, es estremecedor. Pasados tres días le trasladaron a Madrid, a las dependencias que la Guardia Civil tiene en Guzmán el Bueno hasta cumplir el plazo de diez días de incomunicación de los detenidos que marcaba la ley antiterrorista. Conscientes de que se habían equivocado y de que Ion no tenía nada que ver con ETA, siete días más tarde, le trasladaron a la cárcel de Carabanchel y unas semanas después le soltaron libre de cargos. Fue entonces cuando se enteró de que aquella noche no había sido el único detenido: “Me llevaron a un río, me pusieron dos sacos plastificados que cerraron con cinta aislante y durante horas me sumergieron en el agua. Me trasladaron inconsciente a la casa cuartel de Intxaurrondo, y durante tres días me torturaron de diversas formas. Estaba desnudo, con un capirote que me tapaba la cabeza, en un piso vacío donde no me dejaron dormir y me siguieron pegando. Incluso apareció Galindo, que me quitó la capucha, me dijo si le conocía, que dijera lo que sabía y me retorció los testículos. Más tarde me enteré de que eran la novia y el primo de Mikel Zabaltza, a quien tampoco conocía. Estuve siete días en las dependencias de Guzmán el Bueno y allí las torturas fueron psicológicas, aunque noté que algo había pasado, porque el trato mejoró mucho y los guardias civiles estaban muy nerviosos. Finalmente, me llevaron a la cárcel de Carabanchel, y allí los presos me preguntaron qué había ocurrido con Mikel Zabaltza, detenido el mismo día que yo; yo no me había enterado de nada, ni sabía quién era”.

Fue a través de los presos como se enteró de que Mikel Zabaltza era un joven que, como él, había sido detenido aquella noche. Su crimen, ser de ideología abertzale. Su cadáver apareció en el río Bidasoa en diciembre. Estaba esposado. La versión oficial, contra la que Ion siempre se rebeló, dice que era un etarra que, tras ser detenido por la Guardia Civil, se escapó y murió ahogado al intentar cruzar el río con las manos esposadas para llegar a Francia. Nadie fue juzgado por su muerte, nadie fue condenado, nadie asumió responsabilidad política alguna, como tampoco por todo lo que le hicieron a Ion. De nada le sirvió presentar una denuncia por torturas. Los jueces no la admitieron por falta de pruebas. Los días pasados en Carabanchel y la depurada técnica con la que se emplearon quienes le torturaron borraron toda huella de tortura. Eso, unido al testimonio de los guardias civiles y a la práctica sistemática de negar la tortura para no investigarla que se ha seguido en este país durante décadas, pese a las reiteradas advertencias internacionales en contra de organismos como la propia Naciones Unidas o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, hizo que el caso de Ion nunca llegase a ser juzgado. El informe sobre la tortura elaborado por el forense Francisco Etxeberría a instancia del Gobierno vasco ha constatado la existencia de más de cinco mil casos de tortura en el País Vasco entre 1960 y 2013. El número de sentencias condenatorias en esos más de cincuenta ha sido de 21.


Euskal Herria afronta un período fundamental en su historia: el de la construcción de la paz y la convivencia. La violencia ejercida por ETA es ampliamente conocida por todos, pero no es la única. La violencia del Estado ha sido sistemáticamente negada excepto cuando, en contadas situaciones, ha podido ser probada. Todos y todas estamos llamados a construir esa paz y esa convivencia, todos y todas debemos asumir que la valentía y la generosidad deben marcar los pasos a seguir a partir de ahora, que todas las violencias deben ser reconocidas y todas las responsabilidades asumidas y que todas las víctimas, absolutamente todas, merecen verdad, justicia y reparación.

A ello dedicó los últimos años de su vida Ion Arretxe. Intervino en cuantos actos y conferencias pudo para contar su historia, para abrir los ojos de quienes niegan una negra realidad que ha existido en nuestro país, la de la tortura. Por eso publicó un libro en el que relataba todo lo que le pasó cuando le detuvieron: “Intxaurrondo: la sombra del nogal”, un libro que toda persona interesada por la paz y el respeto a los derechos humanos debería leer. El título hace referencia a un árbol, el nogal (Intxaurrondo en euskera) y a su sombra, una sombra bajo la que, según la tradición popular, no es bueno tumbarse a descansar ya que quien lo hace se levanta con el cuerpo dolorido.

Tuve oportunidad de charlar varias veces con Ion. Siempre me transmitió una profunda sensación de luz y de esperanza. Siempre me hizo reír, incluso cuando me contaba, con la manera tan personal que tenía de hacerlo, el sufrimiento de aquellos días de 1985. Tan solo unas semanas antes de que un malnacido cáncer de pulmón le matase iba a intervenir en un acto por la paz en Madrid. No pudo hacerlo. Aquel día le habían ingresado en el hospital. Personas como Ion, testimonios como el suyo, son hoy más necesarios que nunca. Que su voz no quede, como la de tantos, en el olvido, depende de nosotros y nosotras. Gracias, de corazón, Ion, por haber existido. Eskerrik asko.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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