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So long, Marianne

mariannebotEran los principios de los años sesenta, aquellos años de flores y revoluciones en los que creímos que podíamos cambiar el mundo. Él era un joven poeta canadiense que había decidido dejar su vida atrás para irse a vivir a una perdida isla griega donde habitaban la bohemia y la contracultura y donde no había agua corriente ni luz eléctrica. Ella era una joven noruega casada con un escritor de fama en su país que también había ido a parar a aquella pequeña isla. En aquella época él estaba solo y veía con envidia al joven matrimonio noruego que paseaba su amor por las diminutas calles blancas de Hydra. Él no la conocía personalmente, pero sabía que se llamaba Marianne. Tiempo después, el escritor noruego abandonó a su esposa y al pequeño hijo que tenían para irse con una joven norteamericana. El joven poeta se quedó impresionado al ver llorar a aquella joven en una pequeña tienda de ultramarinos y la invitó a sentarse a una mesa en la que estaba con algunos amigos. Ella aceptó y allí empezó una relación que les unió durante diez años, los más prolíficos de la carrera de aquel joven poeta llamado Leonard Cohen.

width_650.height_300.mode_FillAreaWithCrop.pos_Default.color_WhiteLa abuela de Marianne le había profetizado cuando era una niña que encontraría a un hombre con una voz de oro, así que mucho no debió sorprenderle que Cohen se cruzase en su vida. Su relación no fue perfecta pero sí muy profunda y sincera. La constante búsqueda de su lugar en el mundo de Cohen y su proverbial atracción por las mujeres no eran la mejor base sobre la que construir su relación. Más de una debieron ser las infidelidades del joven poeta durante aquellos años a juzgar por los textos de las desgarradas canciones que compuso en las que, una y otra vez, pedía perdón a Marianne. De todas las canciones que compuso en aquella época solo una está dedicada explícitamente a ella: “So long, Marianne”, una canción que viene a decir:

“¿Puedes asomarte a la ventana, cariño?

Quisiera intentar leerte la mano.

Solía pensar que era una especie de gitano,

antes de dejar que me llevaras a casa.
leonard-hydra

Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos

a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo.

Sabes que me gusta vivir contigo,

pero haces que me olvide de todo.

Olvido rezar a los ángeles

y luego ellos se olvidan de rezar por nosotros.

Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos

a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo.

Nos conocimos cuando éramos jóvenes.

marianne-cat-hyrdraFue en el parque lila y verde.

Me cogiste como si fuera un crucifijo

mientras nos adentrábamos de rodillas en la oscuridad.

Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos

a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo.

Todas tus cartas me dicen que ahora estás a mi lado

entonces ¿Por qué me siento tan solo?

Estoy en una cornisa

y es tu fina tela de araña la que sujeta mi tobillo a la piedra.

Ahora, necesito tu amor oculto.

Estoy frío como la hoja nueva de una maquinilla de afeitar

Te fuiste cuando te dije que era una persona curiosa.
mariane-backsongsroom

nunca te dije que yo fuera valiente.

Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos

a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo.

Realmente, eres preciosa.

Veo que te has ido y has cambiado de nombre otra vez.

justo cuando he alcanzado la cima de ese lado de la montaña

para lavar mis párpados con la lluvia.

Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos

a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo”

El hecho de que en algún borrador de la canción su título no fuese “So long, Marianne” (Hasta la vista, Marianne), sino “Come on, Marianne” (Vamos, Marianne) demuestra que las rupturas y las reconciliaciones no debían ser algo extraordinario en su relación. En estos vídeos vemos a Cohen revisitando Hydra casi treinta años más tarde reencontrándose con viejos amigos, recordando lo que fue su relación con Marianne y mostrando la que fue su casa y la mesa donde escribió tantas y tantas canciones…

dou-800“Bird on the wire” es otra canción de las que Cohen compuso durante sus años en Hydra con Marianne. Es una de las canciones más desgarradoras de Cohen y, nuevamente, dedicada a la que fue su gran amor, Marianne. Él la canta en todos sus conciertos. Porque sus conciertos son su reencuentro con sus antiguos amores. Durante muchos años siempre los empezaba con “Chelsea Hotel”, la canción que le dedicó a Janis Joplin, con quien vivió una breve pero intensa historia de amor, y los suele acabar con “So long, Marianne”, recordando a su gran amor.

En 1972 la relación con Marianne acababa de terminar y Cohen pasaba por malos momentos que, en alguna ocasión, Adamhle acompañaron hasta el escenario. En un concierto que dio en 1972 en Jerusalén, consciente de que no estaba en condiciones de ofrecer al público el concierto que él quería, en el descanso le pidió a su manager que suspendiera el concierto y les devolviese el dinero de las entradas. La reacción del público, que conocía las letras de todas sus canciones fue increíble. Le dijeron al manager que Cohen saliese al escenario y que ellos le cantarían sus canciones. Cohen reanudó el concierto, un concierto en el que, al cantar “So long, Marianne”, no pudo evitar que se le cayesen las lágrimas.

 

https://youtu.be/LVDUTAn6Ttg

cohen01-600x348Cohen y Marianne mantuvieron su amistad durante décadas. En una entrevista, él afirmó: “La gente cambia y sus cuerpos cambian, su cabello se vuelve gris y se cae y sus cuerpos envejecen y mueren… pero hay algo que no cambia sobre el amor y los sentimientos que sentimos por la gente. Cuando escuché al teléfono la voz de Marianne supe que algo seguía completamente intacto a pesar de que nuestras vidas habían seguido caminos separados. Creo que el amor nunca muere…” En Agosto de 2008 la BBC emitió esta entrevista que les hicieron a ambos recordando lo que fue su historia y los profundos momentos vividos en Hydra.

marEscuchar a Cohen cantar “So long, Marianne” en escenarios de todo el mundo cumplidos ya los ochenta y ver como su historia con Marianne traspasa generaciones y sigue viva en los que vienen detrás es algo que todos, de una u otra manera, debemos agradecerles. Marianne ya no está con nosotros, murió el pasado 28 de julio después de luchar contra una leucemia que tenía mucha prisa por llevársela. Jan Christian Mollestad, realizador de cine noruego que había hecho un documental sobre Marianne, a quien la unía una gran amistad, fue quien avisó a Cohen de que ella se estaba muriendo. Y Cohen le escribió esta carta de despedida: “Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino.”
Mollestad fue quien contestó a la carta de Cohen contándole cómo fue la muerte de Marianne:
“Estimado Leonard
Marianne cayó en un sueño muy lentamente que la sacó de esta vida ayer por la noche. En total tranquilidad, rodeada por amigos cercanos.
mar-hattieTu carta llegó cuando todavía podía hablar y reír con completa conciencia. Cuando la leímos en voz alta, sonrió de la manera como sólo Marianne puede hacerlo. Elevó su mano, cuando mencionaste que estabas justo detrás de ella, tan cerca como para alcanzarla.
Le causó una tranquilidad profunda saber que conocías su estado. Y tu bendición para su viaje le dio una fortaleza extra. Jan y sus amigos, que vieron lo que este mensaje significó para ella, te agradecerán profundamente por responder tan rápidamente y con tanto amor y compasión.
Durante su última hora, tomé su mano y tarareé “Bird on the wire”, mientras ella respiraba tan ligeramente. Y cuando abandonamos la habitación, después de que su alma hubiese volado por la ventana en busca de nuevas aventuras, besamos su rostro y susurramos tus eternas palabras
So long, Marianne.”

lchydra2Personas como Marianne y Cohen, historias tan bellas como la suya, son las que hacen de este mundo algo mejor. No sé si Cohen querrá ahora seguir acabando sus conciertos con “So long, Marianne”. Pero lo que sí sé es que, la cante en el lugar del mundo donde la cante, todos nos pondremos en pie para cantarla sonriendo con él.
He buscado vídeos de Marianne y he encontrado uno que, sin duda, debe ser el que despida esta entrada. Es un vídeo hecho en verano del 324508-400-516año pasado cuando ella celebró su 80 cumpleaños. Empieza con una interpretación de “So long, Marianne” en Oslo hecha por Adam, el hijo de Cohen, y luego sigue un delicioso mano a mano de Marianne con Judie Collins cantando a capella el “Famous Blue Raincoat” que Cohen compuso cuando vivía con Marianne. No he sabido insertar el vídeo por lo que, para verlo, tendrás que clicar el link o copiarlo y pegarlo. Lo siento. Vale la pena, te lo aseguro, y además así conocerás el perfil de facebook de Jan Christian Mollestad, una de las personas que más cerca estuvieron de Marianne en sus últimos años y que fue quien le leyó la carta de Cohen, sin saber que también iba firmada por todas y todos los que amamos su historia.
So long, Marianne o, porqué no, Come on, Marianne. Gracias, y larga vida allí donde estés.

www.facebook.com/janchristian.mollestad/videos/410665542439847/

 

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?