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Javier de Pedro, sempiterno vencedor de mil derrotas

IMG_7351Humanista, inconformista, activista y, sobre todo, artista que dedicó su vida a derribar el muro que en este segundo milenio separa al arte del ser humano. Apegado a su tierra y a sus raíces como pocos, su vida fue una lucha incansable por poner a su Aragón en el mapa del arte. Incomprendido a veces y ninguneado las más por esos poderes fácticos contra los que siempre luchó, Javier de Pedro nos dejó el pasado dieciséis de agosto, y lo hizo como había vivido su vida: luchando hasta el final. ¿Qué debía sentir un ser renacentista como él al verse ninguneado por la mediocridad política que le rodeaba?, ¿Qué pensar cuando, tras exponer en las principales capitales del mundo del arte, esos políticos que nunca le entendieron le cerraban sistemáticamente las puertas de su ciudad? ¿Rendirse? TomoXIV263No, eso nunca fue con él. Apegado a su tierra y sus gentes como estaba, se enfrascó en una lucha sin cuartel para demostrar que la razón estaba con él. En Añón, ese diminuto pueblo del Moncayo al que tanto amaba, creo un centro multidisciplinar de arte donde crear y exponer todo lo que llevaba dentro. Javier se ha ido como vivió, sin que nadie, incluso la muerte, le venciera: la derrota no iba con él, su obra sigue viva, más viva que nunca, entre nosotros. Y ahí están sus hijos para demostrarlo siguiendo con su lucha inaugurando el 6 de septiembre una exposición “Autorretrospectiva” en Imaginañón, ese espacio donde conviven la imaginación y lo infinito y que fue una de sus últimas creaciones.

Nacido en Zaragoza en 1942, Javier sintió desde muy pronto la necesidad 01de expresarse a través del arte. Las vanguardias norteamericanas le deslumbraron, eran los fecundos sesenta en los que creímos que podríamos cambiar el mundo. Él lo creyó, y lo hizo hasta el final. Los políticos de turno se empeñaron una y otra vez en construir muros cada vez más altos para cerrar el paso del arte al pueblo. Pobres ilusos, de nada les sirvió porque nunca entendieron que Javier, con su arte, era capaz de volar. Esculturas, dibujos, pinturas, grabados o poemas no han nacido para ser encerrados sino para vivir en libertad y para traer la 013-54x81-1024x691libertad. Su incansable imaginación le hizo perseguir sus sueños, todos sus sueños, esos sueños que quiso compartir con todos los que le conocieron. Creó una editorial prodigiosa donde los libros eran amorosamente acunados como lo que son: niños recién traídos al mundo; ideó y construyó un espacio único dentro de una cueva donde hallar la contemplación de la belleza y dialogar con el silencio; y, consciente de que crear no es averiguar un cómo o un dónde sino destruir un porqué, compartió su experiencia vital de las más diversas formas con todos los que quisieron acercarse a él: creando talleres de 31569cerámica que se convertían en centros de encuentro y diálogo comunitario, llevando sus exposiciones más allá de los museos y galerías donde pretenden encerrar al arte, o haciendo sorprendentes y espectaculares performances reivindicativas como la que hizo en 2004 frente al museo Pablo Serrano de Zaragoza poniendo en evidencia a los gestores culturales que nunca entenderán que el arte, el verdadero arte, no puede ni debe contabilizarse en una cuenta de resultados.

Imposible reseñar la prolífica, original e inclasificable obra de un artista tan polifacético que, harto ya de estar harto, optó por retratar a la familia real en uno de sus últimos cuadros, un retrato cargado de ironía y simbolismo donde podemos apreciar una visión sarcástica y ácida de la realeza española rodeada por los poderes fácticos representados por la iglesia, la guardia civil y un torero, o a los yernos marginados, uno con la cara oscurecida a fuer de haber sido expulsado de la Casa Real y el otro con la cara velada por los barrotes tras los que puede acabar tras sus
el-autor-junto-a-su-obraolímpicos desfalcos. La presencia de la maja desnuda de Goya, claro símbolo de la tradicional y desmedida afición mujeriega de los borbones, nos habla de todo lo que la prensa ha callado durante tantos años. Destaca lo emperifollado que va Froilán, denuncia clara de una ley injusta y machista que le ha impedido ser aspirante a la Corona. Y, no podía ser de otra manera, el autorretrato del propio Javier en el cuadro que supone su particular homenaje a ese Velázquez que tanto le enseñó. Pocas obras pueden condensar el espíritu indomable de un artista como este retrato del sinsentido que vive y sufre la España de hoy, una España dominada por la gris mediocridad de nuestros demócratas “de toda la vida” y la negra herencia de una dictadura que no cesa.

¿Qué se puede esperar de un país que niega su cultura, que la persigue, la criminaliza, la ningunea y la CorralInterior-1024x348maltrata?, ¿Cómo sobrevivir en un país donde los poetas están enterrados en cunetas y los dictadores en mausoleos?, ¿Cómo en un país donde se vota al corrupto y se desprecia al idealista? Solo hay una forma de hacerlo: 02-a-195x162-1024x828optar por la resistencia, por el inconformismo, por la revuelta permanente, por abrir conciencias a golpe de verso o de pincel, por acercar el arte y la cultura a cuantos se la han negado, por vivir tendiendo siempre la mano a quien la pueda necesitar y hacerlo con la cabeza alta, siempre alta, a la altura de Javier, último hidalgo que cabalgó por nuestras moribundas tierras derribando a los gigantes que se esconden tras los molinos, todos los molinos que, con nuestra ignorancia o nuestra indiferencia, hemos dejado que construyan para negarnos nuestro horizonte, ese horizonte donde ahora está Javier carcajeándose de risa.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?