Cine/Teatro General

EL JURADO, ¿es justa la justicia?

eljurado_cartel_baja-e1458973066400¡Qué fácil es hacer juicios de valor de personas a las que ni conocemos! Todas y todos lo hacemos cada día. No nos preocupa condenarlas. Pero, ¿Y si tuviéramos que juzgar verdaderamente a una persona, si nuestra decisión pudiera marcar su vida para siempre?, ¿Actuaríamos con tanta ligereza?, ¿Estamos legitimados para juzgar a alguien?, ¿Quién puede juzgar a otro?, ¿Puede, de verdad, hacerlo alguien?, ¿Deben hacerlo los jueces o los ciudadanos?, ¿Somos libres cuando formamos nuestra opinión, lo son acaso los jueces?, ¿Cómo nos influye lo que otros piensen o puedan pensar?, ¿Existe una única moral?, ¿Tiene la ética una sola cara?, ¿Qué es la justicia?, ¿Somos justos cuando nos juzgamos a nosotros mismos?, ¿Existe la justicia cuando no hay libertad?, ¿Puede existir la libertad sin justicia?, ¿Es justa la democracia?, ¿Es acaso verdad una mentira porque muchos la repitan?, ¿Soy realmente honesto y consecuente con lo que pienso y lo que siento?, ¿Nunca me he traicionado a mí mismo?, ¿Y a los demás?, ¿Pueden acaso las mil y una justificaciones que encontramos a nuestros actos convertirlos no ya en justos, sino tan solo en correctos?, ¿Quién soy yo para juzgar a otro?, ¿Seguro que, en las mismas circunstancias, no habría hecho yo lo mismo…? Preguntas, preguntas, preguntas… el buen teatro no tiene respuestas, tan solo preguntas que 1460566963_730822_1460569179_noticia_normalapuntan directamente a nuestro corazón. Por eso el montaje de El jurado que acaba de estrenarse en las naves del Matadero es TEATRO con mayúsculas. Nueve intérpretes y una mesa son el espejo diáfano y cristalino que Andrés Lima pone ante nosotros, espectadores de un poético, brutal y despiadado juego en el que no podemos evitar vernos reflejados. En este montaje, como en la vida, nada es lo que parece. Tras férreas fachadas y argumentos aparentemente incontestables habita esa realidad a la que todos nos enfrentamos cuando estamos solos.

Quizá por eso esta sociedad criminaliza la soledad, no quiere que descubramos las mentiras que sustentan las reglas de su macabro juego. Fútbol o realities son los velos con los que esconde sus espejos, con los que nos empuja a transformar el viaje de nuestra vida en simple huida de nosotros mismos. Por eso el teatro, el verdadero teatro como el que nos trae aquí AVANTI TEATRO es tan necesario, tan bello y necesario. Este montaje no nos habla de un caso de asesinato, como el de la obra original, sino del juicio a un político acusado de corrupción. La presunción de inocencia sobre la que se basa todo nuestro sistema jurídico está aquí en entredicho. Todos tenemos una opinión preformada de lo que son nuestros políticos. Para los más, son todos iguales, una panda de corruptos que se forran a nuestra costa. Qué fácil es meterles a todos en el mismo saco olvidando el sabio proverbio que dice que cree el ladrón que todos son de su condición.

elJurado_433∏LuisCastillaFotografiaCuca Escribano y Eduardo Velasco llevan años luchando por sacar adelante este proyecto. El formidable texto con el que Luis Felipe Blasco Vilches trae a nuestros días el mítico Doce hombres sin piedad de Reginald Rose, del que toma su estructura dramática, necesitaba una dirección magistral como la de Andrés Lima y un elenco de actores y actrices que fueran capaces de transmitir hasta los más mínimos matices que encierran sus personajes, unos personajes perfectamente dibujados en los que, no podía ser de otra manera, vemos mucho de lo que somos aunque nunca nos hubiera gustado ser. Es la fragilidad que habita tras su apariencia la que reconocemos, la que nos llega a lo más hondo, a ese lugar al que a muy pocos, y quizá en puntuales momentos de debilidad, dejamos asomarse. Realmente el trabajo interpretativo que hay en este Jurado es fascinante. Todos y todas están en escena prácticamente todo el tiempo, manteniendo siempre sus personajes, unos personajes que hablan más por lo que callan que por lo que dicen, por lo que sienten que por lo que piensan. En cada uno de ellos cohabitan la certeza y la duda, la mentira y la verdad, su verdad y elJurado_632∏LuisCastillaFotografianuestra mentira. Las circunstancias personales y los dramas existenciales de cada uno de ellos van apareciendo a lo largo de la obra. Les compadecemos porque les entendemos, porque nos son terriblemente familiares.

En Eduardo Velasco, presidente y portavoz electo del jurado, nos vemos intentando organizar la deliberación, respetar tiempos y opiniones, apaciguar ánimos y disolver disputas, pero también vemos la debilidad que da la inseguridad, la falta de experiencia a la que cualquier ciudadano de la calle se enfrenta cuando le toca asumir ese papel. Cuca Escribano nos deja ver como lo hacen los más grandes, sin mostrar, las contradicciones de quien, como los más, vive el desequilibrio entre la seguridad que le dan sus convicciones y la fragilidad que le dan sus sentimientos. Que no haya entregado su móvil nos muestra que es capaz de saltarse todas las reglas cuando le conviene; que se refugie en sus prejuicios nos habla de su incapacidad para juzgarse a sí misma. Luz Valdenebro encarna a ensayos_el_Juradola perfección a esa oenegera que pretende vivir por encima del bien y del mal para la que los culpables siempre son los demás, sin darse cuenta de que lo único que conseguimos al culpar a los otros de nuestros males es negarnos a nosotros mismos la posibilidad de resolverlos. Canco Rodríguez, actorazo inimitable, da vida al tan común pobre desgraciado que pasa por el mundo pensando que ha vivido cuando no ha hecho más que ir de distracción en distracción, de pasatiempo en pasatiempo, sin darse cuenta de que la vida se le escapa segundo a segundo de las manos.

Es, como tantos, capaz de renunciar a sus principios con tal de llegar a tiempo de ver un estúpido partido de fútbol. Josean Bengoetxea es un portento interpretativo que, haga el papel que haga, nos transmite la más absoluta de las verdades. Aquí encarna al aparentemente feliz padre de familia que ve, 14598805728373impotente, como todo su mundo se desmorona por haber cometido el delito, el grave e irreparable delito, de ayudar a que sus hijos puedan vivir avalándoles con su propia casa. El paro, nuestro paro, es una constante en muchos de los personajes de esta obra. Vivir la angustia de una mujer trabajadora que ve como la sociedad le cierra todas las puertas a su hijo es lo que nos trae aquí ese verdadero monstruo de la escena que es Isabel Orgaz. ¡Y cómo duele que la vida sea injusta con lo que más quieres, con tu hijo! El trabajo que Víctor Clavijo hace de su empresario emprendedor y triunfador es antológico. Son tantos los matices que es capaz de dar a sus personajes: la prepotencia, el creerse en posesión de la verdad, justificar lo injustificable escondiéndose en el bien de sus empleados, la agresividad y violencia que no duda en utilizar cuando se le cuestiona, el cinismo y la mala leche con los que esconde su propia inseguridad tras vejatorios comentarios sobre los demás en un vano intento de buscar complicidades ajenas… Y he visto tantas veces repetido ese comportamiento en la vida real, en esos prohombres que cobran salarios millonarios por rebajar a la indecencia lo que cobran los más y que se llenan la boca hablando de transparencia y competitividad… Viendo trabajar a Víctor les he visto a ellos, a todos y a cada uno de ellos… y también me he visto a mí. El papel de Usun Yoon es, sencillamente, soberbio. Tras su aparente ingenuidad habita una profunda sabiduría sobre lo que significa ser un ser humano. Ella piensa, calla, observa, saca su propias conclusiones, resiste impermeable los embates de ele0fb1webquienes la desprecian y se ríen de ella utilizando los crueles y tan hispánicos tópicos con los que nos referimos a los extranjeros, a los diferentes. Es tal la sutilidad de su interpretación que, en cada escucha, en cada aparentemente insustancial frase tras la que esconde lo que piensa, nos interpela apuntándonos directamente al corazón. Es en las distancias cortas, en el tú a tú, en los apartes que hace con los demás personajes donde nos deja ver que cuando nosotros vamos ella hace rato ya que ha vuelto. He tenido la fortuna de compartir escenas o secuencias con seis de los actores y actrices de este reparto. Es mucho lo que he aprendido de todos ellos. A Usun nunca la había visto trabajar en el teatro. Tras verla aquí, tengo claro que nunca rechazaré una propuesta donde esté ella. He dejado para el final a Pepón Nieto, a quien también he tenido oportunidad de vivir en escena. Trabajar con él es simplemente ponerte delante, escucharle y dejar que te lleve. Es tanto lo que da en escena que, sin casi enterarte, te das cuenta de que ha creado tu personaje, que le ha dado vida. Generosidad y talento en estado puro. Diga lo que diga o calle lo que calle, siempre suena a verdad. La obra se vertebra en torno a su personaje. Admiro profundamente la valentía de Pepón encarnando a ese personaje que vive en nuestra memoria encarnado por gigantes como Henry Fonda y José María Rodero. Pocos como él son capaces de jugar con el espectador sin que ni siquiera sepa que están jugando con él.

122Los giros de guion son otro de los puntos fuertes de esta obra. Nada es lo que parece, pero todo es más real que la vida misma. Cuando, como espectador, crees que te enteras de qué va la cosa, te sorprende cuestionándotelo todo de nuevo para, momentos después, interpelarte de nuevo llevándote a ese juego de espejos, de mentiras y verdades que es la vida. Formidable texto que te deja pegado al asiento de principio a fin.

Afrontar la puesta en escena de una obra que transcurre en un único espacio en el que están todos los personajes supone aceptar el riesgo de que pueda llegar a hacerse pesada. La solución de la puesta en escena de este montaje es, sencillamente, magistral. La mesa en torno a la que deliberan los jurados está sobre una plataforma giratoria que va moviéndose durante toda la obra: avanza, se detiene, gira más rápido, más lento a veces…invitando a los intérpretes a adaptarse a esa realidad cambiante que modifica constantemente el punto de vista del espectador en una preciosa metáfora de lo que es el texto. El trabajo corporal de los actores adaptándose constantemente a esta realidad cambiante es 551876024_1280x720fabuloso. Les vemos moverse a cámara lenta a veces, bajarse de la plataforma para poder avanzar en otras, buscarse unos a otros en ese espacio que gira y gira sin ir a ninguna parte, subirse incluso a esa mesa o saltarla siguiendo impulsos irrefrenables… Un juego de luces sutil y muy bien calculado en su aparente sencillez va creando esos espacios de intimidad donde los actores desnudan su alma frente a nosotros. En ningún momento rompen la cuarta pared. No les hace falta. No hay espectador que no se sienta parte de ese jurado, que no se vea a sí mismo sentado a esa mesa que, desde una sutilidad de una belleza impresionante, cambia sucesivamente de color conforme avanza la obra. Magistral la forma de hacerlo: lo hacen los propios intérpretes abriendo y cerrando sus carpetas o cambiándolas de posición. La música y el espacio sonoro juegan en este montaje un papel fundamental que, precisamente por su grandeza, parece imperceptible.

el-jurado-en-naves-del-espanol-fotos-luis-castilla-20869La obra transmite en todo momento una química muy intensa entre todos los personajes, química que, sin duda, ha trabajado con precisión ese alquimista del teatro, del gran teatro, que es Andrés Lima. Viendo el resultado uno puede imaginar lo fecundo y creativo que habrá sido su proceso de ensayo. Conociendo a los actores uno sabe que Andrés ha sido capaz de sacarles todo lo que llevaban dentro sin que siquiera se hayan dado cuenta.

El teatro, el verdadero teatro, es el que interpela profundamente al espectador, el que le jurado©AntonioCastro_2016_principalcuestiona, el que le hace tomar partido, el que hace que, una vez vista la obra, sea un ser diferente, un ser más abierto y más sabio, porque habrá dejado en su butaca los prejuicios y convicciones que traía al entrar. Pocas obras más necesarias que ésta en los momentos que nos está tocando vivir, momentos donde aferrarse a las convicciones, los convencionalismos o los tópicos no hacen más que acercarnos al abismo de una generalizada pérdida de los valores que nos hacen ser seres humanos. Pocas veces será más necesario que pongan frente a nosotros un espejo que nos haga todas esas preguntas de las que no podemos huir. No en vano, la obra acaba con una pregunta: En las próximas elecciones, ¿tú a quién vas a votar?

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?