General Otros temas

El camino de la vergüenza

1“El camino de la vergüenza”, realmente no podía tener mejor título una exposición fotográfica sobre los refugiados, la impresionante exposición que ha hecho la fotógrafa Mai Saki que nadie debería dejar de ver. Son fotografías tomadas desde la única mirada que permite ver la realidad que nos rodea: la mirada del corazón. En ellas vemos rostros de refugiados llenos de dolor, de incomprensión ante el inhumano e injusto trato de que son objeto, de esperanza a veces, de desolación las más… Hay en ellas personas de todas las edades: adultos, ancianos, jóvenes… y niños, siempre niños. Quienes no aparecen en esas desgarradoras fotos son los culpables de su tragedia: nosotros, todos nosotros, y esos políticos a los que votamos y permitimos crear nuevos campos de concentración donde los derechos humanos y la dignidad son pisoteados impunemente. Nos basta con mirar a otro 8lado, con no querer ver, para permitir, desde nuestro egoísmo y nuestra cobardía, que ellos hagan el trabajo sucio que nos permite mantener impoluto nuestro falso estado del “bienestar”, esa mentira repetida una y mil veces con la que adormecemos nuestra conciencia. Ese es nuestro crimen: haber renunciado a nuestro “bienser” por un injusto, falso e inhumano “bienestar”. La Historia nos juzgará. Poco o nada podrán hacer nuestros abogados defensores y nuestras bien educadas conciencias que entienden la solidaridad como caridad y no como justicia. Cuando, dentro de unos años, nuestros hijos o nietos lean en el colegio lo que pasó nos mirarán a los ojos y 12932873_10154139557122112_7152325722553076938_nnos preguntarán “¿Tú qué hiciste?” Y no tendremos respuesta, tan solo silencio y vergüenza, una terrible y desolada vergüenza. ¿En qué sociedad vivimos cuando permitimos el sufrimiento de millones de inocentes sin hacer nada para evitarlo?, ¿En qué nos hemos convertido?, ¿Tanto nos ciegan nuestras hipotecas y esas migajas de pan y el mucho fútbol con el que nos embrutecen a diario? ¿Cuándo fue que permitimos que miedo y egoísmo gobernasen nuestras vidas? ¿Cómo es posible que, viendo, porque es imposible no verlo, lo que está pasando aquí y ahora en nuestra Europa sean cada vez más los europeos que votan a partidos xenófobos y neonazis?, ¿Cómo es posible que permitamos que griten en nuestras propias calles “Españoles sí, refugiados no”?, ¿Hasta dónde llegará nuestra barbarie?, ¿Qué queda de lo que un día, lejano ya, fuimos?

6Nuestros gobiernos, los que nosotros hemos elegido y eso es algo que jamás debemos olvidar, levantan muros, concertinas y campos de concentración donde encierran y gasean a seres inocentes que lo único que hacen es huir de la muerte, una muerte que nuestros propios gobernantes han creado con su criminal política exterior que prima la defensa de los intereses económicos sobre todo lo demás, una muerte que nuestros propios gobernantes, sí esos a los que hemos votado, alimentan cada día vendiendo armas a los contendientes de una guerra a la que no quieren poner fin. Son cinco los millones de personas que han huido de Siria, un 25% de su población. Están hacinados en campos de refugiados en Líbano, Turquía, Grecia… pasan hambre y frío, llueve sobre 9ellos, esperan empapados en el barro a que alguien decida su destino. Pero nosotros hablamos de fútbol, lo importante es quién gana la Champions este año, e incluso salimos a manifestarnos en la calle para defender algo tan a todas luces importante y necesario como a quién expulsan de Gran Hermano VIP. Pocos, muy pocos, los de siempre, son los que salen a la calle a exigir justicia con los refugiados. Siento asco, un profundo asco, al ver en lo que hemos sido capaces de convertirnos. Las imágenes de Idomeni y de todos los campamentos de refugiados son las mismas que ilustran los períodos más tristes de la humanidad: las del holocausto, las de nuestros compatriotas huyendo de la barbarie franquista, las de la hambruna en Sudán o en Somalia, las de las víctimas de la 2guerra de la antigua Yugoeslavia, las de los miles de ahogados en las aguas de nuestro azul Mediterráneo… ¿Qué queda de todos los buenos propósitos que nos hicimos cuando vimos la foto de Aylan, aquel pequeño niño sirio ahogado cuando intentaba llegar a nuestras costas?, ¿Cómo podemos condenar a la indiferencia y al olvido a los miles de Aylanes que mueren ante nuestros ojos?
Viendo la mirada de esos niños, la desesperación de esos padres y madres que solo intentan que sus hijos no mueran, veo que no solo son ellos los que mueren en este criminal camino de la vergüenza. Es nuestra conciencia la que muere a diario bajo la 3lluvia y el barrizal de dolor y sangre en que hemos convertido nuestro mundo. Ver el cinismo de nuestros ministros vanagloriándose de cumplir sus compromisos y de ser el cuarto país de la Unión Europea en el realojo de refugiados cuando solo hemos acogido a unas pocas decenas es algo que no podré olvidar mientras viva. ¿Qué forma tiene de entender el cristianismo, el amor a los demás, ese ultracatólico ministro que pone concertinas y condecora a guardias civiles a los que hemos visto apalizar brutal e impunemente a inmigrantes indefensos?, ¿Qué respeto a la verdad tiene quien afirma que no se dispararon balas de goma en la playa del Tarajal donde murieron quince inocentes cuando todos hemos visto lo que realmente ocurrió?, ¿Cómo pueden 14hablar de derechos humanos quienes levantan muros y firman tratados de la vergüenza como el de la UE con Turquía?, ¿Cómo puede alguien seguir votándoles y pretender no ser cómplice de lo que está pasando?
Duele oír a muchos decir que aquí en España ya tenemos dramas suficientes como para tener que soportar el de los refugiados, que primero deben ser los de aquí… y duele porque son precisamente quienes dicen esto los que no hacen absolutamente nada por las personas que aquí tienen necesidades, por las que sufren, por los nadies, o los que utilizan ese peligroso argumento para 16propagar una ideología racista y xenófoba creando un comedor social donde solo se da de comer a españoles blancos… Que tantos utilicen un argumento así para esconder su egoísmo y su falta de compromiso o, peor aún, para crear más división y odio criminalizando a los refugiados, es un claro indicio de que no estamos lejos de repetir la Historia, esa nefasta Historia en la que, defendiendo la supremacía de la raza, millones de personas fueron asesinadas en esta Europa tan nuestra.
Estos días están trabajando en los campamentos de refugiados muchos jóvenes venidos de todo el mundo que, horrorizados por las imágenes que veían en la televisión, han ido para allí. Muchos lo han hecho solos, como Héctor Melgares. Escribe un diario de su 13experiencia allí. Estas son las primeras palabras que escribió al llegar a Idomeni:
“Primer día en Idomeni.
Sentir la manita de una nena de 5 años que me coge la mano, me mira, me sonríe y camina junto a mí. Cuando le he preguntado por su Papá o Mamá, me ha respondido “Finish”. El corazón me ha dado un vuelco, ese ha sido el primer contacto con el campamento de Idomeni que he tenido a la mañana, nada más llegar.
Después he caminado entre miles de familias que viven desde hace meses en medio de la nada. Esperando la oportunidad de ser ayudados por una Europa que les ignora, les rechaza, les olvida.
Cientos y cientos de niños y niñas deambulando por el campamento… solos muchos de ellos, sin familia”
Mai Saki no se recrea en el dolor, solo nos lo muestra para que reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, sobre esa realidad a la que, tarde o temprano, no tendremos más remedio que mirar. Son fotos en el blanco y negro de la vida cotidiana que les ha tocado vivir, fotos en las que se oye 4el blanco silencio de su destino y el grito negro de nuestra conciencia, fotos que interpelan, que nos llegan a lo más hondo, porque esas fotografías no son simples fotografías, son espejos de almas. El texto con las que Mai las acompaña también está escrito desde el corazón: “Cada mirada es una historia triste que desea un final feliz. Y sobre todo la de los niños y niñas. Muchos vagan solos. Llegan a las orillas de Europa solos. Han perdido todo lo que conocían por el camino. Y no tienen recursos ni capacidades para recuperarlo. Hay niños y niñas que nacieron en guerra y no conocen más que la destrucción y las bombas. Los más mayores te dicen que quieren volver al colegio. A casa. A un techo seguro. Quieren y necesitan una cotidianidad. Hay muchos que han 12desaparecido al llegar a la frontera. Es un caos y se pierden de sus padres. O llegan huérfanos en el cruce del Mediterráneo. Llegan a una orilla desconocida. Tenemos que recuperar esa generación. Ya han perdido demasiado y no podemos dejarlos caer en el olvido. La infancia es un territorio que no debería cuestionarse. Y debemos protegerlo. De la guerra, de las mafias, del tráfico de personas….Ves a los niños y niñas rompiendo su infancia. Yendo a por leña para calentarse, a no llorar después de horas de caminos sin final. No saben de nuestras locuras y no las entienden. Necesitan todo. Llueve desolación y vergüenza. Es muy triste ver a la gente huyendo de una guerra y siendo recibidos… con un rechazo. Están siendo expulsados. Bloqueados entre barro y esperanza. Y no entienden por qué. Muchos de los migrantes que huyen de la guerra en Siria son clase media. Son profesionales. Familias de un poder adquisitivo que han dejado atrás nada, porque ya no tenían nada, para poder 19tener un futuro. Quieren continuar con sus vidas. Echan de menos sus trabajos, su rutina de vida, que era la misma que tenemos nosotros aquí. Hasta que llegó la guerra y todo se destruyó. Cuando las casas se derrumban y las calles no son seguras, hay pocas opciones. La desesperanza es terrible para meter a tu familia en una balsa y cruzar un mar oscuro hacia un futuro incierto. Pero eso es mejor que quedarse y seguir viendo como las bombas y la sinrazón del terror te borran la vida que tenías. Y a los tuyos. Tus vecinos y amigos. Todo y todos. Tenemos un problema de memoria en Europa. Y tenemos acuerdos y tratados que no se cumplen. Nos llueven muchas muertes y tenemos un gran paraguas de olvido”
Las fotografías de Mai Saki son un acto de resistencia, un acto que llega al fondo de nuestras conciencias porque nos 10muestra los rostros y las historias de las personas refugiadas (somos cínicos hasta nombrándolas porque precisamente lo que les negamos es el refugio y el asilo). El sistema despersonaliza a estas personas, las convierte en números, quiere que no las veamos como seres humanos, seres como tú y como yo, con nombres y apellidos, con sueños y esperanzas. Por eso hoy cualquier iniciativa que les devuelva la identidad que les roban es un acto de resistencia. La campaña de Amnistía Internacional de sentar a solas a un ciudadano de la Unión Europea frente a una persona refugiada a la que 15no conoce y dejarlas solas durante cuatro minutos hace que nos demos cuenta de que entre nosotras no hay tantas diferencias, que su sufrimiento no nos es ajeno, que son personas que sueñan, ríen o lloran como tú y como yo. Y, cuando te das cuenta de eso, cuando te acercas a su realidad, tomas partido por ellas, las apoyas. Por eso no quieren que las veamos, que las conozcamos, por eso vierten todo tipo de mentiras sobre ellas, por eso nos ocultan sus nombres, silenciándolas, encerrándolas, convirtiéndolas en nadies. Por eso exposiciones como “El camino de la vergüenza” son imprescindibles

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?