Cine/Teatro General

Lolita Flores, una colometa nacida para hacernos volar

La-Plaza-del-Diamante-cartelEl monólogo de Lolita Flores del formidable texto de Mercè Rodoreda “La plaça del diamant” te llega a lo más hondo. La ves sola en el escenario sentada en un ajado banco por el que han pasado todas las vidas. Parece que solo la acompañan las bombillas de colores de lo que pudo haber sido cualquier verbena. Pero las apariencias engañan. La ves sola, sí, pero no lo está porque todos los habitantes de esa plaza y de esa época la acompañan en ese sobrecogedor canto a la vida que es La plaça del Diamant. Y digo que todos la acompañan porque Lolita hace lo más difícil que puede hacer una actriz sobre un escenario: desaparecer para que, a través de ella, como si fuera una ventana, les veamos a todos. Hay que ser generoso, muy generoso, para renunciar a uno mismo y ceder tu cuerpo, tu voz y tu alma a los demás, renunciar a ti para iluminarles a ellos. Y ahí Lolita es luz, pura luz, una luz que ilumina y calienta los corazones de Quimet, Antoni, Rita y Toni, de Cintet, de Mateu… y de todos los espectadores de la sala que, como si estuviésemos sentados junto a ella en el desvencijado banco, revivimos esos momentos perdidos en el tiempo en los que soñábamos, en los que amábamos…todos esos pequeños instantes de la vida que nos han hecho ser quienes somos.

14114765068148 (1)Todo en Lolita es verdad porque, como ella dice: “yo no soy actriz de método, cuando lloro simplemente lloro de verdad porque me emociono , y espero que si ustedes también se han emocionado lloren conmigo, porque las lágrimas limpian el alma” La sobriedad del montaje y la impresionante presencia escénica de Lolita obran el milagro de transportarnos a todos esos mundos que vivimos o intuimos alguna vez. Nunca estamos solos cuando nuestra soledad nos acompaña. Todos esos seres puede que ya lejanos en el tiempo a los que amamos o con los que soñamos, nos acompañan siempre. A veces, como un fogonazo, aparecen desde lo más hondo de nosotros para recordarnos que, alguna vez, vivimos. Otras, lo hacen como esas tímidas luces de verbena que se encienden lentamente y titilan invitándonos a bailar con nuestros recuerdos. Nuestros recuerdos, nuestros sueños y nuestras vivencias son como esas luces que acompañan a Lolita en la soledad nunca sola del escenario.
A lo largo del monólogo vemos a esa frágil Natalia convertirse en Colometa, sentimos en carne propia el asfixiante machismo de Quimet, el marido que le prometió todos los sueños y le robó hasta el último, vivimos la inmensa alegría de la República, salimos a las calles para festejar lo que pudo haber sido pero nunca maxresdefault (2)dejaron ser, nos sentimos uno más de los hijos de Colometa jugando en el suelo rodeados de palomas, dejamos nuestra imaginación volar en hombros de ese Mateu que rezuma vida, de la mano de Colometa, bajamos al infierno en vida que es la pobreza y la desesperación de quien todo lo ha perdido, y reconocemos también en el humilde Antoni a ese tendero de toda la vida al que, a fuer de verle tantas veces, tantas veces ni siquiera vemos… Toda la vida está ahí, en los ojos de esa Lolita convertida a la fuerza en Colometa, en esas manos que hablan cuando se aferran a los pliegues de su vestido o de su pañuelo, en esos pies que apenas tocan el suelo aunque nunca han podido volar, en ese pelo recogido que nos habla de lo que pudo haber sido y no fue.
510607540 (1)Como catalán que soy aprecio mucho el juego de tonos y acentos con el que Lolita va regando de imágenes el escenario. Sin duda domina los secretos y los requiebros de esa lengua, conoce a su gente, su forma de hablar, de pensar, de sentir… Por eso no me extrañó cuando, acabada la función, le pregunté por su dominio del acento y me dijo con una voz que le salía de lo más hondo del corazón: “Es que mi padre era catalán” Y por eso no me ha extrañado que haya tenido el colosal éxito que ha tenido en Cataluña donde Colometa vuela libre en el corazón de todo un pueblo.
Lleva dos años metida en la piel de Colometa, siendo Colometa, en los escenarios. Y no le fue fácil hacerlo. Cuando Joan Ollé le propuso este reto buscó a Colometa en lo más profundo de sí misma. Pero, a pesar de encontrar tantos lugares y espacios que la unían a ella, tantas lágrimas compartidas, no acababa de encontrarla. 510607586Fue precisamente el día en que decidió rendirse y abandonar el proyecto cuando, como una de esas pequeñas bombillas, Colometa se encendió para entrar en ella recordándole que eran muchas las cosas que tenían que vivir juntas, muchas las vivencias que compartir con la gente, muchos los sueños que vivir…
La valentía que ha tenido Lolita al subirse sola a un escenario con un reto como este solo puede entenderse desde la generosidad más absoluta. Y esa generosidad ha inundado todos los escenarios y ha hecho volar alto, muy alto, a todos los públicos. Ella es de las que sabe que solo somos lo que damos a los demás, y es una de esas contadas personas que, además de saberlo, decide vivirlo. Como actor sé lo difícil que es estar solo en un escenario durante más de una hora 1428505399_887584_1428505538_noticia_normaldando vida a un personaje, viviendo ese personaje, siendo ese personaje. Y más aún, hacerlo como lo hace ella, día sí y día también, dejando atrás sinsabores y penas, hastíos y cansancios para, cuando se apagan las luces, darlo todo, absolutamente todo. Es algo que solo puede hacerse desde la verdad más profunda, desde tus mismas entrañas, viviendo intensamente desde la primera palabra al último silencio, sintiendo en tu piel la emoción que inunda la sala, la absoluta complicidad con todos los que, tras ese oscuro abismo que te separa del público, te miran fijamente y te tienden su mano para que les ayudes a volar. Y eso es lo que hace Lolita con su Colometa, invitarnos a salir de nuestra pequeña jaula para llevarnos a volar alto, muy alto, recorriendo los olvidados paisajes de lo que somos, de lo que fuimos y de lo que nunca dejaremos de ser.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?