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Berta vive, la lucha sigue, sigue

7Querida Berta;

Apenas pasados tres días desde que recibí la noticia de tu asesinato te escribo estas líneas para decirte lo que no pude decirte en persona. No tuve la suerte de conocerte aunque, como para tantas y tantos en este bello planeta que habitamos, te llevo dentro, muy dentro. Fuiste capaz de levantarte frente al opresor, de denunciar los atropellos y los abusos de los poderosos, de defender los bosques y los ríos de la tierra de los Lencas, de la tierra de todos, te enfrentaste a multinacionales y a organismos internacionales que, disfrazados de economías verdes, quisieron privatizar lo que es vuestro, de todos: vuestra tierra. Impediste que China y el Banco Mundial destrozasen vuestros ríos con sus proyectos hidrológicos. Defendiste a las mujeres, a los pobres, a los desheredados, estuviste con los campesinos y con los nadies que sobreviven en las barriadas. Nunca te dejaste 15comprar ni engañar y nunca callaste. Siempre diste un paso al frente, y lo hiciste donde pocos, muy pocos, se atreven a hacerlo: en Honduras, tu Honduras, esa Honduras maltrecha por gobiernos golpistas al servicio del capitalismo que no han dudado en hacerse con el poder disfrazados de demócratas. Por aquí conocemos muy bien a esos “demócratas de toda la vida” Son los que asesinan, los que promulgan leyes que criminalizan la pobreza y la protesta, que llaman terroristas a todos los que no están de acuerdo con su forma de pensar. Ellos tienen los jueces, la policía, el ejército y los medios de comunicación. Nosotras y nosotros solo la razón y el corazón. Por eso somos invencibles.

La sangre indígena que corría por tus venas hablaba de los bosques y de los ríos, de sus espíritus, y susurraba, con ellos, que otro mundo es posible. Vosotras, la mujeres, sois las guardianas 8de esos bosques y esos ríos, sois la madre tierra, habitáis en cada recodo del camino, en los remansos de los ríos, de todos los ríos, vosotras sabéis que es en los bosques y en los ríos donde vive la vida, donde crecen las plantas que curan, donde nace el arte que crea. El capitalismo salvaje que asola nuestro planeta no quiere entenderlo. No le interesa. Bosques y ríos no son para él más que obscenos negocios y posibilidades de enriquecerse. Y qué decir de esos políticos vendidos que defienden sus intereses negando incluso la evidencia del cambio climático, de la destrucción del planeta. Nunca entenderán que estamos aquí de paso y que la Tierra, esta Tierra que habitamos, no nos pertenece, es un préstamo de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.

Berta Caceres, center, a Honduran indigenous rights activist, looks toward Pope Francis during the pope's meeting with grassroots social activists at the Vatican Oct. 28, 2014. On April 20, Caceres was awarded the Goldman Environmental Prize, an international award given annually to grassroots environmental activists from each continent. (CNS photo/L'Osservatore Romano) See HONDURAS-DAMS April 22, 2015.Tu figura, tu ejemplo de lucha, tu integridad, tu dignidad y tu forma inquebrantable de mantener la esperanza eran una amenaza para ellos. Curioso que te hayan asesinado precisamente en un lugar llamado La esperanza. No te dejaron cumplir siquiera los 43, te asesinaron la víspera del día de tu cumpleaños. Sabías que te iban a matar. Eran muchas las amenazas recibidas, los compañeros y compañeras asesinados impune y salvajemente. Quizá por eso hace un par de meses dejaste la casa de tu madre para irte a vivir por tu cuenta. No querías que estuvieran en peligro. Sabías que la amenaza era real. Cuando el jueves por la noche los sicarios entraron en tu casa no te sorprendió. Sabías que vendrían. Como lo sabía también un gobierno que incumplió las órdenes internacionales de protección que debían haber garantizado tu vida. El jueves no había policías protegiéndote. Te dejaron sola.

Maldigo a quienes empuñaron las armas, maldigo a quienes te retiraron la protección, maldigo a quienes ordenaron tu muerte, a quienes la financiaron, a quienes la permitieron, maldigo a los políticos corruptos, maldigo a quienes dirigen las multinacionales que asesinan nuestro planeta, que impunemente explotan a los niños, a las mujeres y a los desheredados, y maldigo a 12quienes financian y apoyan desde los organismos internacionales la destrucción de nuestro planeta. Su cinismo ha alcanzado cotas impensables. Bautizándolos como proyectos de “economía verde”, privatizan ríos y bosques, esquilman los recursos naturales, aniquilan las culturas indígenas y milenarias… y lo hacen con el dinero que todos pagamos con nuestros impuestos convirtiéndonos en cómplices pasivos de su barbarie. Y también maldigo, y sobre todo, a quienes callan y miran a otro lado, a quienes creen que darle al “me gusta” es hacer la revolución, a quienes sueltan una lágrima o hacen un comentario misericordioso cuando ven en las noticias cómo te han asesinado o cómo asesinan cada día condenándoles a la muerte a los miles y miles de refugiados que huyen de 3guerras que ellos no provocaron, a quienes lavan sus conciencias haciendo donativos, a quienes dicen que no entienden de política para esconder su cobardía, a quienes dicen que apoyarían este o aquel acto pero nunca lo hacen porque siempre tienen demasiado trabajo y están muy ocupados… Ha llegado un momento en el que el silencio, nuestro silencio, asesina. Te ha asesinado a ti, Berta, asesina a esos refugiados y refugiadas, asesina a nuestro planeta y al que deberíamos dejar a nuestros hijos. El individualismo y la estupidez se están apoderando, si no lo han hecho ya del todo, de la humanidad. ¿Cómo es posible que callemos y miremos a otro 6lado frente a lo que está pasando? ¿Cómo podemos admitir que clasifiquen a las personas migrantes como refugiados o migrantes económicos para decidir quién tiene derecho a vivir y quién no? ¿Cómo podemos seguir negándonos a ver la realidad de que quien ha provocado las guerras y también el hambre, la injusticia y el esquilmamiento de los recursos naturales de los países llamados pobres, son nuestras empresas y nuestras políticas? ¿Cómo puede explicarse que viendo la injusticia que la Unión Europea está cometiendo con los refugiados, los europeos cada día voten más a partidos que defienden el racismo, la aporofobia y la xenofobia? Siento asco, un sincero y profundo asco por quienes permiten que ocurra todo lo que está pasando.

Ha llegado la hora en la que ciudadanos y ciudadanas de este mundo tienen que decir ¡Basta! Y no por generosidad, 2solidaridad o compasión. Deben hacerlo incluso por egoísmo, porque les va, nos va, la vida en ello. Tú, Berta, sabías bien que el futuro de la humanidad será femenino y anarquista o no será. Tú, que fuiste madre, que fuiste hija y que fuiste mujer, te alzaste para defender los derechos de todos. Tú, que jamás permitiste que el movimiento indígena se plegase a partidos y falsas promesas… Tu denuncia constante de las mentiras y los engaños con los que adormecen nuestra capacidad de ver, de analizar, de pensar y actuar, forman parte de los cimientos de ese mundo nuevo, posible y necesario que entre todos y todas debemos construir. Tu vida y tu muerte han sido un ejemplo, Berta, un ejemplo y una esperanza, porque, como tú decías “Nada de lo que hemos logrado ha sido regalo de los gobiernos. Llevamos más de 500 años aguantando sus invasiones, pero nunca, nunca, hemos abandonado nuestra tierra”

Querida Berta, gracias por haber sembrado la esperanza y la dignidad en tantos corazones. La lucha continúa. Nos vemos en los ríos, en las calles y en los bosques.

Hasta entonces, vuela mi abrazo más fuerte

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?