General Otros temas

Volver a los diecisiete

1Diecisiete años, edad de sueños, de despertar a la vida, de creer que todo es posible, de andar perdido, de inseguridades y miedos, de soledades y de amores, de enfrentarse al abismo de lo que seremos, de empezar a entender lo que nunca podremos llegar a ser, de mirar solo adelante y nunca atrás, de creer que la vida no acabará, de lento paso de los días y las horas, de incansable búsqueda de refugio en grupos, modas o marcas, de forjar amistades con otros tan perdidos como nosotros, de haber dejado de ser niño sin ser aún adulto, de avergonzarnos de nosotros mismos, de que los espejos solo reflejen nuestros defectos, de definirnos por lo que no somos, de no saber lo que seremos, de creer que lo haremos diferente, de libido exaltada y hormonas revolucionadas, de besos no dados, de frustraciones y preguntas, de no respuestas, de pensar que no le importamos a nadie, de solitarias puestas de sol en las que dejar vagar nuestra alma, de poemas y canciones que nos acompañarán siempre, de los últimos granos, de caminos desconocidos, de promesas más que eternas que nunca llegaremos cumplir, tiempo de ideales, de búsquedas y requiebros, edad de páginas aún por escribir,  de todas las vidas por vivir…

5006_la_soledadLos diecisiete son ese limbo en el que hemos dejado de ser pero aún no somos, la edad en la que aún creemos que el primer amor será el último y en la que estamos convencidos de lo que nunca seremos ni haremos. Es la edad del miedo frente a un futuro cada vez más próximo y más incierto, la edad en la que solo en los demás vemos lo que querríamos ser. A esa edad has tenido que decidir lo que querrás ser “de mayor”. Y te has decidido, o dejado que otros lo hagan por ti, en una decisión que crees será irreversible, una decisión normalmente tomada más por lo que no quieres que por lo que quieres, porque no tienes ni idea de lo que verdaderamente quieres. Es la época en la que tienes que elegir, elegir entre optar por una vida convencional o apostarlo todo por romper las cadenas que te atan a un mundo que ni entiendes ni quieres entender, la edad en la que menos medios tienes para apostar por lo que verdaderamente te gustaría hacer, en la que muchos, los más, se pliegan al castrante sentido 5común, a ese puñetero “seny” que ha segado tantas vidas. Hay que tener valor, mucho valor, para romper con la vida que programaron para ti, para atreverte a trazar tu propio camino, y te coge justo en el peor momento, en ese momento en el que tu experiencia poco puede decirte y la de los demás no te sirve, en la que eres un montón de sueños que no ves cómo realizar en ese entorno en el que te tocó nacer. A esa edad ya te das cuenta de que nunca llegarás a ser los Messi o Ronaldo con los que habías soñado de pequeño, empiezas a darte cuenta de que a tus propias limitaciones la vida se empeñará en añadirte muchas más.

Pero a tu alrededor ves un sinfín de mentiras corporizadas en ejemplos de “triunfadores”, de “famosos”, de gentes que salen en la tele y que viven de eso. Te engañan con sus mentiras y te hacen creer que eso es 2la felicidad. A generaciones anteriores nos engañaron con aquello de que si trabajas duro triunfarás, de que si estudias tendrás un maravilloso trabajo. A las de ahora mostrándoles como un puñado de mediocres ocupan todas las televisiones en idiotizantes programas que muestran que palabras como dignidad han perdido todo su sentido en el mundo de hoy. Yo tuve suerte, a mis diecisiete nuestro referente era el Che Guevara. Hoy lo tienen más crudo, son todas las Belenes Esteban que inundan nuestras vidas. Pero hay un denominador común que tienen los diecisiete de todas las épocas: que te sientes frustrado, y solo. Te encierras en ti mismo, huyes de comentar tus sentimientos y pensamientos más íntimos porque sabes que serán pocos quienes los entiendan y menos quienes los compartan. Y dejar pasar los días, porque eso es lo único que sabes que tienes: un interminable montón de días por vivir.

3Marcado de por vida por una “educación” castradora que criminaliza la libertad y la imaginación, una “educación” adocentante orientada a crear callados súbditos y fieles consumidores, todavía no sabes que tarde o temprano, si quieres ser feliz, tendrás que aprender a “deseducarte”, a atreverte a ser tú mismo y a entender que cada día que amanece es una oportunidad para empezar a vivir de nuevo, a comprobar que aquellas decisiones que te dijeron que eran irrevocables no lo eran, a que si tienes el suficiente valor y determinación para hacerlo puedes perseguir tus sueños, no renunciar a que ellos guíen tu propio camino, un camino que solo tú tienes derecho a trazar porque es tuyo y de nadie más. Y, si te atreves, podrás enamorarte mil veces y amar muchas más, porque, por primera vez, estarás en paz contigo mismo, porque habrás aceptado que eres lo que ves reflejado en el espejo de tu vida, con todas sus virtudes y defectos. Somos lo que hemos ido encontrando por el camino, lo que hemos dado y hemos compartido con los demás. Cada instante, por pequeño o insignificante que parezca, nos hace ser como somos, cada persona a la que conocemos, cada canción que escuchamos, Camino-polvoriento-316886cada poema que leemos, cada abrazo que damos, forman parte de nosotros. Pero eso no lo sabemos a los diecisiete. De poder elegir, creo yo no volvería a los diecisiete. Ni a los veintisiete ni a los treinta y siete. Me contentaría con seguir viviendo mi aquí y mi ahora, con ser consciente de que la felicidad no está en un pasado que no volverá ni en un futuro que no existe. Soy el camino que he recorrido, las personas con las que me he encontrado, las que he amado y las que me han amado, las que me han comprendido y las que no, todos los instantes que viví, los buenos momentos y también los duros, de todos aprendí. No sé cuántas vidas me quedarán por vivir, intuyo que ya no muchas, pero lo que sí sé es que no me arrepiento de ninguna de las que viví. Todas me dieron algo, todas me ayudaron a entender que la vida no es más que lo que nosotros nos atrevemos a hacer de ella, que los sueños, aunque no se cumplan, nos empujan a caminar, que serán muchas, miles, las vidas que no viviré. Me fascinan las canciones de Violeta Parra, todas han formado parte de la banda sonora de mi vida, pero, por todo eso, de tener que elegir, sin duda no elegiría “Volver a los diecisiete”, sino “Gracias a la vida”

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar