Cine/Teatro General

Transeúntes

4¿Es posible rodar una película durante 23 años?, ¿Cómo la percibiremos si, en lugar de mil quinientos o dos mil planos, tiene siete mil en los 90 minutos que dura?, ¿Estamos preparados para captar un lenguaje audiovisual tan radicalmente nuevo?, ¿Seremos capaces de dejarnos llevar, de no ofrecer resistencia, y embarcarnos en ese viaje sin rumbo al que nos invita Luis Aller en su película TRANSEÚNTES? Si te atreves a seguirle, si, sentado en la butaca del cine, te abandonas a lo que ves si pretender encontrarle un significado o un sentido convencional, te verás inmerso en un fascinante viaje más allá de todo lo que has visto, un viaje que te llevará por lugares que conoces y por otros que te son totalmente ajenos para, finalmente ponerte frente a ese espejo de almas que es el arte y que hará que cuando abandones la sala seas una persona diferente, una persona mucho más abierta y despierta a la vida que pasa a tu alrededor. Porque eso es TRANSEÚNTES, la vida que pasa alrededor, toda esa vida que transcurre junto a nosotros y que, cegados por nuestro egocentrismo, ni siquiera vemos. La película transcurre en la Barcelona del 93, esa ciudad resacosa de sus olímpicas Olimpiadas que se enfrentaba a una de las mayores crisis de su historia. Es Barcelona, esa Barcelona tan lejana y sin embargo tan próxima, la verdadera protagonista de esta película. Y en esa Barcelona están todas las Barcelonas del mundo, todas esas inmensas urbes en las que luchamos a diario por sobrevivir. Si paseas por cualquiera de ellas te cruzarás con alguien a quien nunca volverás a ver que habla por teléfono, escucharás un fragmento aislado de su conversación, quizá algo muy importante para esa persona pero totalmente banal para ti, como lo es tu vida para esa persona. Y tras ella vendrá otra, y otra más. Son cientos las personas con las que nos cruzamos cada día, cientos las vidas que pasan a 11nuestro lado de las que no sabemos absolutamente nada y para las que no significamos absolutamente nada. Es del caos de estos momentos, de estos instantes únicos que a fuer de ser tantos acabamos por olvidar, del que se nutre esta película para tejer una urdimbre que, como la vida, nos atrapa irremisiblemente. De eso va TRANSEÚNTES, del caos de la vida. Y sus protagonistas somos todos; somos tú, yo y el otro, el de más allá; la que no ha pasado por aquí esta mañana; el que está sentado en aquel banco; la que no se ha levantado de la cama; el que golosamente come un bocadillo; el que está sentado en la acera sin nada que llevarse a la boca; el que corre; la que hace fotos; aquel que simplemente mira; la otra, que camina decidida hacia ninguna parte; la de más allá que espera bajo aquel semáforo que parpadea; el que está plantado frente al escaparate de lo que jamás podrá comprar; la que pasea al perro; el que da de comer a las palomas; el que lleva corriendo a los niños al colegio; los niños que lloran por ser llevados; el coche que pasa; la incansable luz de neón que grita nuestro nombre; el insoportable hedor del perfume que le han regalado en Navidad al que camina frente a nosotros…Los protagonistas somos el caos de cualquier gran ciudad. Y, dentro de ese caos, Aller dibuja unas cuantas historias universales a fuerza de ser tan locales, historias que nos llegan dentro, muy dentro, historias que hablan de lo que somos, de la mentira que hay detrás de lo que creemos que son, de la verdad que vive escondida tras la puerta del vecino, de todas esas verdades y mentiras que somos todos los que, a diario, deambulamos por cualquier calle, de cualquier ciudad, de cualquier país…

Quizá las palabras de Aller nos permitan vislumbrar lo que fue la génesis y es la grandeza de esta película: “El primer día de rodaje fue el 1 de 8diciembre de 1993. En aquel momento, pensamos que tres años no nos los quitaba nadie de cara a terminar la película. Pero lo que ocurrió es que, tratándose de un proyecto abierto, se fue extendiendo a medida que lo íbamos desarrollando. Y a partir de un momento determinado, ya vimos que iba para muy largo, pero no nos preocupaba porque teníamos claro lo que queríamos conseguir. En lugar de hacer 12 películas en todo este tiempo, nos queríamos dedicar a esta… En cuanto a la singularidad del proyecto, creo que la clave está en nuestro interés por solapar las diferentes fases de la creación de la película. Son fases que suelen estar muy ordenadas: el guion y la preproducción primero, el rodaje después y finalmente el montaje. Pero a mí me atraía mucho el modo en que trabajaban algunos cineastas del periodo mudo como Chaplin, Griffith o incluso Eisenstein. Tomaban una pequeña situación, la rodaban y una vez tenían aquello montado decidían hacia dónde seguir. Pero con la creación del sistema de estudios de Hollywood y el deseo de optimizar los recursos, aquella fórmula se abandonó. Hay que decir que se han hecho muchas películas extraordinarias con una planificación ordenada, tradicional, pero yo tenía ganas de probar esto otro. Rodábamos una parte, montábamos y decidíamos qué desarrollar. A veces, por la mañana iba a rodar una escena, por la tarde me dedicaba a montar un bloque anterior, y por la noche escribía algo que íbamos a rodar dentro de un año. Este método tiene sentido en cuanto Transeúntes es una película que habla sobre el 5caos, sobre las mezclas, sobre lo que aparece y desaparece rápidamente… La coyuntura histórica de la película queda bastante definida por los cortes de radio que se van escuchando y que hacen referencia a los conflictos armados de Ruanda y de Bosnia. La “trama” de la película empieza en septiembre del 93 y teóricamente acaba en septiembre del 94. No es una película rodada durante dos décadas con personajes que van haciéndose mayores. El tiempo de la ficción lo determinó la propia película. Gozamos de mucha libertad y, en contra de lo que pueda parecer, el método nos permitió trabajar con un coste muy bajo: rodábamos en pequeños bloques, con equipos muy pequeños. Además, teniendo clara desde el principio la forma del proyecto, hubo varios momentos en los que pensé que estábamos a punto de terminar. En 2003, sentí que estaba cerca. Me equivoqué porque aún quedaban once años (risas), pero fue cuando di con la estructura definitiva de la película… Al ser una producción independiente, no me he visto obligado a pasar cuentas con ninguna televisión o productora. He podido tomarme el tiempo que creía necesario… Desde el origen del proyecto, planteábamos una fricción entre el documental y la ficción, que para mí no se 1diferencian demasiado. Al final, de lo que se trata es de encuadrar, decidir el ángulo de cámara, la composición, cuánto dura el plano, si va a haber sonido, música o silencio… En este sentido, hay partes de Transeúntes que parecen apuntar a lo documental pero que en realidad están ficcionadas. A veces veía algo que me interesaba en algún lugar y volvía allí con el equipo y lo escenificábamos. También hay escenas de ficción impregnadas por el azar. Hay de todo. La clave está en que la ciudad, Barcelona, es la verdadera protagonista de la película. No se trata de contar la historia de un personaje, sino de capturar la vida de una ciudad. En este sentido, he contado con referentes no solo cinematográficos, sino también literarios, como Manhattan Transfer de John Dos Passos. Y, claro, también están las sinfonías urbanas del final del periodo mudo: El hombre de la cámara de Dziga Vértov o Berlín, sinfonía de una ciudad de Walter Ruttmann. Pero también una película-isla en la historia del cine como Octubre de Eisenstein. En el cine, seguimos en su totalidad la vía abierta por Griffith, cuyo cine era maravilloso, y no otros 3posibles caminos. Como decía un personaje de Godard, algo que podría ayudar mucho al cine sería “volver a los orígenes y tomar otro camino”. El cine de los años 60 también fue una referencia importante, la época de los nuevos cines y su espíritu de vanguardia, sobre todo en el acercamiento al montaje… La influencia de Godard está en mí como en todo el cine, incluso en aquellos que no son conscientes de ello. Todos los artistas tenemos nuestros modelos y negar las influencias no tiene sentido. Uno es la suma de todo lo que ha visto, leído, vivido. Este mismo momento que estamos compartiendo me está influyendo de algún modo. En el momento de la creación, uno pasa todos esos estímulos por una batidora personal y surge algo, siempre intentando que no se quede en la simple mímesis… Respecto al primitivismo y la modernidad, hay una gran película de Godard de principios del siglo XXI, Elogio del amor, donde hay un personaje que dice algo extraordinario: hablando de la Bretaña, dice “aquí vemos una vez más que la originalidad de la Francia moderna viene definida por sus orígenes”. Si se quiere ser original, hay que volver al origen, siempre. Es lo que pasó con Pasolini, que parecía que reinventaba el cine pero era muy primitivo. 6Con los cineastas de la nouvelle vague pasó algo similar. En cierta manera, parecía que no sabían hacer cine porque se desmarcaban de la línea estilizada oficial. En este sentido, también hay que tener en cuenta que, en materia cinematográfica, aquello que nos parece más clásico, muchas veces surgió como algo muy original. Está el caso paradigmático de Alfred Hitchcock, un creador tremendamente original, al que mucha gente considera clásico o antiguo porque lo descubre después de ver un sinfín de películas influenciadas por el propio Hitchcock. La revolución está en la vuelta al origen”

Recuerdo que TRANSEÚNTES fue la segunda película en la que participé. Fue en 2006. Por aquel entonces yo llevaba tres años trabajando en series de televisión, pero en cine solo había hecho un pequeño papel, de médico para variar, en “El próximo Oriente”, de Fernando Colomo. Recuerdo que había rodado varios cortos con el Centre d´Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC) y alguien me habló de un alocado proyecto que llevaban rodando desde hacía más de diez años y que dirigía uno de los profesores del Centro. Me sentí intrigado y 12fascinado y, sin dudarlo, fui a conocer a Luis. Me encontré con un enamorado del cine, un sabio inclasificable que lo sabía todo y más sobre todo y más. No dudé ni un instante en aceptar trabajar en su película. Mi papel fue el de un profesor pederasta en una de esas historias que se van cruzando a lo largo de la película. Me impresionó la meticulosidad con la que Luis había planificado el rodaje. Todos mis planos, absolutamente todos, iban a ser indirectos, tomados a través de una ventana, del reflejo de un cristal, a través del retrovisor de un coche… Tenía muy claro que quería transmitir la imagen de alguien que escondía algo, que no era limpio, que no era más que un reflejo de algo que subyace en la sociedad. Nunca olvidaré cuando rodamos uno de aquellos planos en una céntrica calle barcelonesa. Era de noche y el coche en el que yo estaba intentando seducir a mi alumna estaba aparcado en la acera. Una luz de neón parpadeaba sobre nuestros rostros. Era la del sex shop de la esquina que, con sus rojos y azules, daba un tono especialmente turbio a la escena. Tras rodar el plano frontal a través del parabrisas del coche, 10rodamos uno en el que la sombra del espejo retrovisor tapaba mis ojos como si fuera un rectángulo oscuro. Yo tenía que hacer mi acción sin moverme para no perder aquel efecto. “Es un plano de una película de James Cagney de 1939” me dijo Luis. Ahí entendí cómo había visualizado y preparado cada uno de los siete mil planos que conforman el montaje final de TRANSEÚNTES. ¡Es tanto lo que hay detrás de cada plano de esta película! ¡Un verdadero homenaje a la historia del cine! Cuando, hace unas semanas, asistí al preestreno de la película lo comenté en el coloquio que Luis tuvo con el público y, con la humildad y el sentido del humor que le caracterizan, contestó: “No, no, eso no era un homenaje, simplemente te lo dije para que te metieras en situación…”

TRANSEÚNTES es un canto al montaje, esa fase de la creación que la industria ha sacrificado tantas veces en pos de la comercialidad de las Transeuntes-Luis-Allerpelículas. Para Aller el montaje es una de las fases más creativas del proceso de creación de una película: “ He rodado en planos cortos alrededor del 25 o 30% de la película. El resto está rodado en planos muy largos que después fui hiper-troceando. Quería utilizar algunos planos cortos no de tres segundos, sino de tres o seis fotogramas. Si parpadeas te los puedes perder. Y, claro, no puedes pedirle a un actor que haga algo en ese lapso tan breve de tiempo. Así que opté por dejarles tiempo para que se movieran siguiendo unas pautas definidas. Había un gran cineasta, ahora no recuerdo cuál, que decía que lo más interesante era rodar contra el guion y montar contra el rodaje. El resultado eran tres procesos creativos y no solo uno. Existe la idea de que el rodaje es una ilustración del guion, y luego el montaje una simple selección de tomas buenas. Pero eso empobrece el proceso de creación… La clave para mí era el proceso de vaciado. En una película como Transeúntes, la idea de continuidad no era tan importante. Podíamos centrarnos en los puntos que conformaban el corazón de lo que queríamos contar, y luego vaciábamos 7todo lo intermedio. Así se generaba un espacio extraordinario para introducir tanto contrapuntos como negaciones o potenciaciones de significado. En una sinfonía, hay veces que toda la orquesta toca al unísono para potenciar algo, pero hay otros momentos en los que la orquesta queda en segundo plano y dos instrumentos toman el rol solista durante unos compases y juegan a contrapuntearse, como en un diálogo que niega o reafirma. Quería explorar esas estructuras que están muy presentes en el lenguaje musical pero que en cine no tuvieron continuidad después del trabajo de Eisenstein”

TRANSEÚNTES es un revolucionario canto de amor al cine, al verdadero cine y a la vida, a la verdadera vida. Es una invitación a que abramos los ojos frente a la belleza que nos rodea, que no 13huyamos del misterio que nos envuelve, de ese caos que nos hace sentir vivos. Por eso es una película para verla una y mil veces. Puede que los no avezados en el mundo del cine puedan caer en el tremendo error de pensar que TRANSEÚNTES es una película para iniciados, un rollo de frikies del celuloide, pero nada hay más lejos de la realidad. TRANSEÚNTES es una película que te atrapa, que te lleva por distintas emociones, que te sacude, que te sorprende, que te fascina, una película que nadie, absolutamente nadie, debería dejar de ver.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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