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Richard Gere, ver, oír y… hacer

el
3 enero, 2016

invisibles (1)¿Qué hace que un galán de Hollywood se involucre como actor y productor en una película que habla sobre las personas sin hogar? ¿Qué le empuja a atreverse a romper públicamente su perfecta imagen de perfecto seductor para dar vida a un pobre desgraciado que deambula solitario por las calles de Nueva York sin que nadie le mire siquiera a los ojos? Posiblemente tener un corazón grande, ser una persona sensible capaz de sentir compasión, no en el sentido de sentir pena de alguien sino en el de ser capaz de sufrir con alguien, ser un ser humano que apuesta por hacer de este mundo algo mejor. Y eso es lo que es Richard Gere, una persona comprometida con las causas que considera justas, un ser solidario que defiende a quien lo necesita, que presta su voz a quien no le dejan hablar, que ofrece su imagen a los que nadie ve. Su última película, Invisibles (Time out of mind), refleja como pocas la durísima realidad de muchas personas que viven en las calles de cualquier gran ciudad del mundo.

Ellos, los nadies, los que lo han perdido todo, los que malviven en el banco de un parque, bajo un puente o en la Richard_Gere_TOOMsala de espera de cualquier gran hospital, son los protagonistas de esta película que hace que, cuando sales de verla, tu mirada hacia esas personas haya cambiado. Es terrorífico escuchar a Gere decir que uno de los mayores riesgos que afrontó al encarar este personaje era el miedo que le daba que le reconocieran por la calle y no poder rodar la película. Nadie le reconoció porque, como él mismo dice, “nadie me miró durante las tres semanas que estuvimos rodando en céntricas calles de Nueva York” Esa es la realidad de las personas sin hogar. Nadie les mira porque nadie quiere verles. Quizá porque todos sabemos que en este despiadado mundo que nos ha tocado vivir cualquiera puede acabar así algún día. Cuando te acercas a esa realidad de las calles te das cuenta de que vivías en una mentira sustentada en todos los absurdos tópicos que te han hecho creer para que te sientas a salvo: que los que viven en las calles son unos vagos, que todos son drogadictos y alcohólicos, que son gente de mal vivir, que son unos perdedores y que eso a ti, que luchas por ganarte la vida y por ser un hombre de bien, no te puede pasar. Acércate a cualquier persona sin hogar, háblale, mírale a los ojos… y verás que, en la mayoría de los casos, son personas como tú y como yo, personas con un pasado como tu presente o el mío, personas a las que la vida les dio una patada, personas a las que muchos, los más, les cerraron la puerta…

Las personas sin hogar tienen su ley, la ley de la calle, una ley que les permite sobrevivir al margen de esta sociedad que les niega y les expulsa, una 11ley que tiene sus valores y que no ha olvidado lo que significa la palabra solidaridad. Su deterioro, en muchos casos, es enorme. Lo primero que se suele perder cuando te ves abocado a vivir en la calle es la autoestima, una autoestima que se corroe por el odio, incluso a ti mismo, que te invade. La dilución de la frontera que separa la ficción de la realidad es otro de los pasos que, la mayoría, siguen tarde o temprano. Cuando vives en la calle tu única preocupación pasa a ser encontrar recursos, recursos con los que alimentarte, con los que vestirte, con los que sobrevivir… Cuando todos los que formaban parte de tu mundo te han dado la espalda vives con la permanente compañía de la soledad. Te agrupas para dormir bajo un puente con otros que están como tú. Es una forma de protegerse. En ciudades como Madrid un sin hogar muere en la calle cada veinte días. Muchos duermen en albergues. Otros no quieren hacerlo porque no quieren verse sometidos a unas estrictas reglas que ni entienden ni comparten. Cuando vives en la calle el tiempo no existe, solo el hambre o el frío te recuerdan la hora que es o la temporada en la que estás viviendo. Tu vida se convierte en un simple no morir. Quienes desconocen su realidad les critican por negarse a someterse a la disciplina de los albergues ¡Qué sabrán de albergues!

Tuve oportunidad de conocer el mundo de los sin hogar cuando, hace tres años, dirigí el taller “Caídos del cielo” para personas en riesgo de exclusión 20090414061702social creado por Paloma Pedrero. En sus inicios la Fundación Rais ayudó a crear ese taller, la misma fundación a la que Gere ha venido a apoyar en Madrid con su película y recaudando fondos interviniendo en programas de televisión como El Hormiguero. Su paso por él fue, sin duda, inolvidable, como inolvidable será para él la experiencia de haber rodado Invisibles: “Pocas veces trabajas en una película como esta, de la que te sientes orgulloso y a la vez que pueda influir en todo el mundo. Tengo que recordar que Invisibles ha costado muy poco y desde luego no va a hacer rico a nadie. Soy el productor y cedo los derechos a iniciativas locales para que la usen para recaudar fondos… alejar la cámara y rodar con teleobjetivos fue una feliz decisión artística que me recordó a lo que hacía Kurosawa. El maestro me explicó que esa era la única manera de que los actores solo se concentraran en una cosa, ser naturales. Y es verdad. Tanto primer plano te hace, como actor y como público, ser demasiado consciente de que en pantalla hay una interpretación. Con la lejanía creamos una sensación de libertad y de realidad, un aroma a documental. Y eso nos llevó a vivir felices accidentes cinematográficos, como que una turista francesa me confundiera con un sin hogar de verdad y me regalase la pizza que se estaba comiendo… Me sorprende que a mi edad aún encuentre guiones que me enganchen. Me interesan libretos bien escritos, algo mágicos, que no planteen respuestas sino preguntas. Siempre me ha interesado, y más a esta edad, la huella que dejamos, que significa de verdad ser un humano. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Cómo estamos conectados?”

1263491239_0En la rueda de prensa que dio en Madrid para presentar su película alguien le preguntó sobre lo que opinaba de la gente que, como Esperanza Aguirre, cree que la mendicidad es mala para el turismo y que hay que esconderla: “Es estúpido. Que busquen a gente como los de la Fundación Rais. En realidad, el problema de la sociedad es la mentalidad. En vez de empujar a la gente, esconderla —algo que por ejemplo hizo en Nueva York el alcalde Giuliani, republicano de extrema derecha—, hay que acercarla, abrazarla. Eso solucionaría ese problema… y muchos otros. Por cierto, me han dicho que ahora tenéis aquí una muy buena alcaldesa, que quiere solucionar esos problemas de forma inteligente, dedicando el dinero a lo que hay que dedicarlo. La aplaudo”

En el taller de “Caídos del cielo” convivías con personas que han vivido años en las calles, personas que todo lo tuvieron y todo lo perdieron, personas teatro_alma_02que nunca tuvieron nada, personas que aprendieron a vivir sin ser siquiera miradas, siendo invisibles, siendo nadies que no existen porque no tienen un hogar, un papel, un referente… Los participantes en el taller, en 2008, le habían pedido a Paloma que escribiera una obra de teatro que hablase de ellos, de sus vidas, de sus sueños, porque esas personas, aunque te cueste creerlo, nunca pierden sus sueños. Y Paloma escribió la obra “Caídos del cielo”, un homenaje a Rosario Endrinal, la mujer sin hogar que murió quemada viva en un cajero de Barcelona por unos niñatos que simplemente querían divertirse. “Caídos del cielo” se estrenó en el teatro Fernán Gómez dentro del Festival de Otoño. Estructurada a partir de diferentes monólogos en los que se contaba la historia de estas personas, y representada por personas sin hogar participantes en el taller y por actores profesionales dando vida a personas sin hogar, era impresionante ver como el público era incapaz de decir quiénes eran los actores profesionales y quienes las personas sin hogar al acabar la función. En aquella época muchos sin hogar vivían con sus mantas y cartones en los pasillos del Fernán Gómez. Acabada la función, muchos de los que la habían presenciado, las miraron por primera vez, se acercaron a ellos sabiendo que, por encima de sin hogar, eran personas. Esa fue la demostración del poder que tiene el teatro, o el cine, para cambiar el mundo.

Jamás olvidaré lo que me pasó cuando tuve que sustituir a uno de los actores del montaje de “Caídos del cielo” Tenía que ensayar un monólogo que Homeless-Vietnam-Vet-480x365formaba parte de la obra. No necesitaba que nadie me ayudase porque no necesitaba ninguna réplica, tan solo tenía que trabajar el texto y buscar mi personaje. Cada mañana iba al salón de actos del centro cultural donde íbamos a representar la obra a ensayar, y cada día me encontraba con que una de las personas sin hogar del taller estaba allí cuando yo llegaba. Intenté explicarle que le agradecía mucho que estuviese allí pero que no necesitaba que me diese ninguna réplica, que no se preocupara. Y él, desde lo más profundo de su corazón, me contestó. “Ya sé que no puedo ayudarte, pero estoy aquí para que no te sientas solo” Esa es la verdadera realidad, el código, de las personas sin hogar con el que yo me he encontrado.

¡Qué fácil es vivir protegidos por nuestros tópicos! ¡Qué fácil criticar a los que han caído! Nadie que no haya pasado por esa situación puede entender lo que es que la vida se transforme en una simple e inacabable búsqueda de recursos. Muchos son los que critican a los gitanos por gastarse la prestación que les dan comprándose una televisión de plasma en lugar de dedicar esos recursos a que sus hijos coman o vistan mejor. La lógica de la calle es otra. Si te acercas y hablas con ellos entenderás que la realidad en la que tú vives no tiene nada que ver con la suya. Su respuesta, que no justificación porque ellos no malgastan el tiempo intentando justificarse ante nadie, es que gastan ese dinero en comprar el televisor de plasma porque no hay ningún sitio donde regalen televisores de plasma, pero sí hay lugares e instituciones que den ropa o comida para sus hijos.

Admiro mucho a Gere por haber tenido la valentía de jugarse su imagen de galán triunfador para encarnar a un nadie. Y también le admiro 9profundamente por su compromiso político y social con otra causa que me es muy cercana: la del pueblo tibetano. En 2005 tuve oportunidad de viajar a Dharamsala, en el norte de la India, la capital de los tibetanos en el exilio, con un grupo de abogados y periodistas para conocer su realidad y trabajar en el tema de los derechos humanos. Conocer al pueblo tibetano es algo que marcó mi vida para siempre. Son personas que lo han perdido todo, personas que no es que hayan perdido su hogar, sino que por no tener no tienen ni la tierra en la que nacieron. Y, sin embargo, te reciben con los brazos abiertos y la sonrisa más bella que he visto jamás. Su milenaria cultura y su resistencia no violenta son el mejor patrimonio que un pueblo puede regalarle a la humanidad. Recuerdo que allí, tras varios días de entrevistarnos con activistas tibetanos y organizaciones de derechos humanos, la última tarde antes de nuestro regreso me senté a una mesa en una terraza que daba a la calle principal. Desde allí se divisaba la maravilla del Kangra Valley abajo, con sus verdes y sus azules, y la inmensidad blanca de los Himalayas a mi espalda. Son cientos, miles, los monjes budistas que pasan a diario por aquella calle, y más en aquella época del año, marzo, cuando el Dalai Lama da sus enseñanzas públicas gratuitas sobre filosofía budista. Son charlas de cuatro horas que él da en tibetano y que puedes seguir por la radio mediante traducción simultánea al inglés. Dos o tres mil personas acuden cada día a

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2 Comentarios
  1. Responder

    Marta Pomés

    6 enero, 2016

    Admirable que un hombre como Gere con un cuerpo tan atractivo, tenga un interior igualmente bello.

    Y como siempre tú, dando voz a estos seres silenciados, que habitan nuestras calles y duermen en cajeros de Bancos, desdeel buitreo financiero español.

    Hablando de ellos, mencionas a los gitanos y pones un ejemplo de incomprensión hacia estos últimos cuando se les cuestiona que compren Tv. de Plasma con las prestaciones económicas facilitadas por los Servicios Sociales. Refiriéndote a los gitanos dices: “Su respuesta, que no justificación porque ellos no malgastan el tiempo intentando justificarse ante
    nadie, es que gastan ese dinero en la TV. de plasma porque no hay ningún sitio donde las regalen; pero si hay lugares e instituciones que den ropa y comida
    para sus hijos”.

    Esta respuesta, tal vez merece la pena hacer una reflexión ¿Qué nos están diciendo?..¿Desde qué compromiso como ciudadanos hablan, o son ciudadanos distintos sin compromisos como tales y les mantenemos sus diferencias?.

    Esa prestación económica que ellos desde su libertad eligen donde invertirla, procede de los impuestos que pagamos todos;
    los que trabajan, los precarios, los parados de larga duración; y están destinados a cubrir importantes necesidades.
    ¿Tan mal se les está ayudando que se les hace sentir la Tv. de plasma como necesaria?. “…pero sí hay lugares e instituciones que den ropa y comida para sus hijos”…?
    Y nadie se pregunta: entonces…¿A qué se reduce la responsabilidad del padre?. No trabaja porque no hay trabajo.
    La madre bastante tiene la pobre con parir . Las niñas serán retiradas de la Escuela para cuidar a los sucesivos hermanitos que van llegando. ¿Y no crees Carlos que esas niñas a las que se les roba la posibilidad de dejar de ser siervas de ese mundo patriarcal, y ser libres y dignas a través de la educación; si se merecen se
    les justifique por parte de su familia el por qué de ese robo?.

    Un fuerte abrazo, por este 2016 sin robos de libertades.

    • Responder

      Carlos Olalla

      8 enero, 2016

      Querida Marta, tú siempre tan puntual y certera con tus comentarios. Comparto lo que dices sobre la vida que se les roba a esas niñas y que merecen no una sino todas las explicaciones que, no solo sus padres, sino todos estamos obligados a darles. No hay derecho y es totalmente injusto, en eso estamos perfectamente de acuerdo. Ahora bien, eso no tiene nada que ver con el uso que sus padres le dan a la prestación para comprar la tv de plasma ya que si reciben la prestación no es porque se la regalen, sino porque cumplen los requisitos que se exigen a todo el mundo, y no solo a ellos, para recibirla y cada cual es libre de hacer con ella lo que quiera. Si ellos encuentran otras fuentes de recursos de donde consiguen ropa y comida para sus hijos considero que nadie tiene derecho a juzgarles por lo que hagan con la prestación. La vida de esas personas y las de sus hijos e hijas cambiará cuando esta sociedad pueda ofrecerles un trabajo digno y eso es algo que a su colectivo, y especialmente al de los jóvenes, no ofrece hoy.
      El pueblo gitano se enfrenta en estos tiempos a una transformación que amenaza con llevarse por delante incluso cosas por las que todos les debíamos admirar, como el respeto que tradicionalmente han guardado a sus mayores. Hoy, la informática es una amenaza para ellos porque les ha marginado del mundo en el que viven los jóvenes y por eso están perdiendo su peso e influencia en su modelo social.
      Es en la educación de los pequeños donde debemos trabajar con ell@s para que, sin que tengan que renunciar a sus raíces, puedan adaptarse a esta sociedad que les cierra muchas más puertas que las que les cierra, y son muchas, a los payos. Dentro de la cultura gitana la educación escolar se identifica como sinónimo de “apapayarse” porque el modelo educativo no conoce, y por tanto tampoco respeta, sus tradiciones, sino que las ignora o las tacha, sencillamente, de incultura cuando no de barbarie. Dentro de la férrea estructura patriarcal del mundo gitano las mujeres son las transmisoras de la cultura y los valores. Es a través de ellas y con ellas desde donde podemos y debemos trabajar para romper la imagen de apapayamiento de nuestro modelo educativo. Desde Secretariado gitano, por ejemplo, están trabajando muy duro en eso y van consiguiendo que se avance, paso a paso y poco a poco, pero que se avance. En Cañada Real llevan años trabajando en este sentido y en las próximas semanas se pondrá en marcha un taller de teatro para mujeres gitanas orientado a que incentiven la asistencia a la escuela de sus hijos y, especialmente, hijas. Dentro de este colectivo son muchos más los niños que van al cole que las niñas, reflejando la cruda realidad que mencionas, pero también son muchas más las niñas que acaban los estudios que los niños, y es ahí donde podemos avanzar mucho en este tema. Tienen el ejemplo más claro frene a sus ojos: si las dejan continuar, si no las obligan a abandonar los estudios, hay muchas más posibilidades de que sean sus hijas y no sus hijos quienes, en el futuro, puedan encontrar un trabajo digno con el que ayudar a sus familias. Es un camino largo, lento y duro, pero que se hace paso a paso y somos much@s l@s que en ello estamos. Vuela mi abrazo más fuerte

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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