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Tócala otra vez, Mark

Golden_Heart_Tour_PosterCuando era un mocoso se quedaba paralizado frente al escaparate de una tienda de guitarras del barrio. No tenía ni idea de cómo se tocaban, pero él se quedaba allí, parado, como si escuchase su llamada. Un día se atrevió a entrar y descolgó una. Desde entonces las guitarras han sido su vida. Mark Knopfler es, probablemente, uno de los músicos más grandes de la historia de la música. Sus canciones han acompañado a generaciones y siguen haciéndolo. Desde pequeño sintió una atracción irresistible por la música, por componer canciones, por interpretarlas, por vivirlas, y a eso ha dedicado toda su vida. Empezó tocando con amigos, los pubs británicos fueron su escuela, y con unos cuantos de ellos formó uno de los grupos más emblemáticos de la música de los 70 y los 80: los Dire Straits. Su primer disco los catapultó a la fama a nivel mundial, aquel Sultans of swing se convirtió en un himno para los jóvenes de todos los continentes. Era 1978 cuando el éxito llamó a su puerta. Durante veinte años estuvieron en la cresta de la ola vendiendo millones de discos en todo el mundo y dando giras de más de doscientos cincuenta conciertos al año. Y, sin embargo, en 1991, cuando estaban en lo más alto con su 26Brothers in arms, dejaron de tocar y se retiraron para siempre. El espíritu independiente de Knopfler y su indomable necesidad de libertad le llevaron a disolver el grupo para seguir dedicándose por entero a la música, pero como a él le gustaba: sin compromisos, sin obligaciones, solo por el placer de componer y tocar. Reconoce que es un tipo con suerte porque le apasiona todo el ciclo de la música: desde la composición a los ensayos, desde la grabación a los directos, y adora ir de gira, especialmente cuando lo hace como hizo un par de veces con Bob Dylan, en autobús. Su música bebe de muchas fuentes, fundamentalmente del folk tradicional, del rock y del blues, y tiene, como su forma de tocar la guitarra, un sonido único que reconoces en cuanto empieza a sonar. Es su atípica forma de tocar, con tres dedos en lugar de utilizar la púa, la que le da ese sonido tan personal. Puede que nunca hayas escuchado una canción suya, pero cuando los primeros acordes empiezan a sonar sientes que algo dentro de ti conoce esa melodía, que es algo que forma parte de ti… esa es la grandeza de un hombre que lo dejó todo, incluso el éxito, para dedicarse a seguir su pasión: simplemente disfrutar con la música.

DireStraitsHijo de un arquitecto húngaro de origen judío que había tenido que abandonar su país en 1939 por sus ideas socialistas y que se exilió en el Reino Unido y de una maestra británica, Knopfler estudió un año de periodismo y llegó a trabajar varios años en un periódico local de Leeds como crítico musical. Su último artículo fue, precisamente, la necrológica del que había sido uno de sus grandes mitos: Jimmy Hendrix. Acaba sus estudios de filología inglesa y decide irse a Londres a probar suerte con la música. Las cosas no le van bien. Para poder vivir se contrata como profesor de literatura en Essex, donde compagina su trabajo durante el día con la música por las noches. Cuatro años después decide intentarlo de nuevo y se va a vivir a Londres con su hermano y un amigo que toca el bajo: John Illsley. A ellos se les une Pick Whiters, batería con el que Knopfler ya había tocado antes, y deciden formar un grupo que, en homenaje a los tremendos apuros económicos que pasan bautizan como Dire Straits (grandes apuros). Grabaron una maqueta con cinco canciones que tuvieron la suerte de que emitiera un conocido programa de radio y que les contratasen como teloneros de los Talking Heads. Ahí empezó todo.

8Su época de Dire Straits fue frenética. Giras interminables y grabaciones le apartaban de lo que a él verdaderamente le gustaba: componer. El estilo al que le llevaba su etapa vital se iba alejando del de Dire Straits y eso le apartaba de lo que él verdaderamente buscaba: disfrutar de la música en pequeños formatos y sin obligaciones. El éxito era impresionante. Nunca olvidaré el concierto que dieron en el velódromo de Horta en 1985. Fue memorable aunque, quizá porque alguien se lo dijo o porque sentían inclinación a defender a los más débiles, lo cierto es que empezaron el concierto enfundados con camisetas del R.C.D. Español y eso no fue muy bien recibido por un público mayoritariamente del Barça. Avanzado el concierto se las quitaron, pero su salida al escenario fue toda una declaración de intenciones.

Para sobrevivir al ajetreo de lo que era Dire Straits Knopfler lanzó algunos discos colaborando con otros músicos como el guitarrista Chet Atkins, en un intento de 17dar salida a la música que le pedía su corazón, que cada día se orientaba más hacia el folk y la música tradicional. Es a esa época a la que pertenecen las primeras bandas sonoras que compone para películas como Local Hero o La princesa prometida. Su música se va orientando cada vez más hacia lo celta, hacia el country, hacia sus raíces, y eso hace que acabe por tomar la decisión de disolver Dire Straits. Cuando le preguntan la razón por la que lo hizo reconoce que necesitaba refugiarse en un universo más íntimo, y si le preguntan si volverán a reunirse afirma tajantemente que nunca lo harán porque sabe que el público les pediría tocar las viejas canciones de siempre y eso es algo que él hace actualmente en sus conciertos, pero solo cuando le apetece. Siempre ha tenido claro lo que buscaba y no ha permitido que nada ni nadie le apartara de ello. Es una persona sencilla y humilde que defiende su intimidad y su forma de vivir por encima de todo. Su humildad le lleva a contestar cuando le consideran uno de los mejores guitarristas del mundo: “No, qué va, esos son los que tocan flamenco, esos sí que son buenos”

10A lo largo de su carrera ha tocado con los mejores: Clapton, Dylan, Sting… y lo ha hecho simplemente porque le apetecía hacerlo. No es dado a dejarse entrevistar y a perder esa porción de intimidad y vida privada que tanto necesita. Quizá por eso los medios no suelen hablar mucho de él. Pero eso, a él, no le importa. Sigue con lo suyo, que es disfrutar de la música. Se define como un observador de la vida, para él eso es lo que hace un compositor, un hacedor de canciones, y es capaz de encontrarlas en los lugares y las circunstancias más insospechadas. Money for nothing, el que fue uno de sus grandes éxitos y que habla de los comentarios que hace el repartidor de una tienda de electrodomésticos al llegar de trabajar a la 24tienda y ver, en todas las pantallas de televisión imágenes de músicos en un nuevo canal que acababa de aparecer: MTV. El buen hombre pone a los músicos a parir con todos los tópicos que uno puede imaginarse: esos son unos mantas, una panda de maricas, repartiendo electrodomésticos me gustaría verlos a mí… Knopfler estaba en aquel momento en la tienda y no puedo evitar escuchar todos aquellos improperios. Lejos de presentarse o discutir con aquel hombre, pidió un papel y un bolígrafo en el mostrador y se sentó en el suelo en una esquina. Allí escribió toda la letra de la canción que, pocos después, se convertiría en una de las más conocidas de Knopfler. “Aquel hombre me regaló la canción” dice cuando recuerda la anécdota.

Knopfler es una persona muy dada a buscar nuevos caminos, a explorar, a no dejarse encasillar repitiendo siempre lo mismo. Pero lo hace teniendo 18muy claro siempre cuál es su esencia y qué es lo que busca. Y, cuando lo encuentra, trabaja sobre ello para darle vida en forma de canción. Considera que, una vez grabada, la canción ya no le pertenece, sino que es de todos los que la escuchan y la hacen suya añadiendo sus recuerdos y vivencias. Para él, observador imparcial de la realidad que a diario lee siempre un periódico de izquierdas y otro de derechas para formarse su propia opinión, la canción, esa música que lleva dentro, puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar. Una de sus canciones, If this is goodbye, (si esto es el adiós) nace cuando lee la transcripción de los mensajes que víctimas de los atentados de las torres gemelas dejaron en los buzones de voz de sus seres queridos. Esa es su forma de entender la vida: convertirla en canción.
https://youtu.be/ca84ePED_4I

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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