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¿Usar y tirar? El criminal sinsentido de la obsolescencia programada

dia mundial sin compras - BND - Buy Nothing Day 05Nuestro sistema de vida se basa en el crecimiento por el crecimiento, en considerar que todo puede, y debe, crecer ilimitadamente. Poco o nada importa que los recursos del mundo que habitamos sean limitados. La gran trampa sobre la que se edifica este sistema es la obsolescencia programada, una obsolescencia calculada, fabricada y comercializada que nos empuja a consumir por consumir y a no reparar las cosas cuando empiezan a funcionar mal, un malfuncionamiento que va incorporado al producto desde el mismo momento en el que fue diseñado. ¿Sabes por qué las impresoras duran tan poco? Porque llevan un chip puesto en fábrica que es un contador de copias y al llegar a un número prefijado impide que la impresora siga funcionando. Todos los componentes de la impresora están bien, podrían seguir funcionando durante años, pero eso no le interesa al fabricante. Lo que quiere es que cuando vayas a cualquier tienda especializada te digan que reparar la impresora es mucho más caro que comprarte una nueva que, además, te ofrece muchas más posibilidades que la que tienes. Y entras en la rueda, tiras tu vieja impresora y te llevas una nueva a casa. Caes en su juego, ese juego que te obliga a ti a consumir, ese juego que destroza nuestro planeta con los deshechos y los residuos contaminantes de lo que tiramos, ese juego del que, si no nos salinos, acabará con nosotros. La obsolescencia programada ha llegado a tal punto de perfeccionamiento y crueldad que ya no se limita a los productos, sino que también afecta a las personas: las excluye cuando dejan de ser compradores potenciales. Son, somos, de usar y tirar. Así de sencillo, de inhumano, de duro y de sencillo.

Vivimos en la sociedad del despilfarro rodeados por los sobrantes de ese cruel mundo que creamos día a día, sobrantes que no tienen cabida en él, restos humanos de los que pocos se acuerdan y casi nadie quiere ver. Muchos han nacido en lejanas tierras, han llegado aquí buscando su salvación; a otros les han desnacido aquí, desahuciándoles, dejándoles sin trabajo… son los nadies de nuestra sociedad. Los hay de todas las edades y todos los colores. Solo tienen un único denominador común: ser pobres, no poder consumir, no poder integrarse en esa noria de los malditos en que hemos convertido el mundo en que vivimos. Duele, ¡y cómo! mirar a la cara de los nadies, pasar junto a ellos y acercarse a escucharles, conocer su historia, esa dura historia mucho más cercana a la nuestra de lo que creíamos y nos gustaría, porque en ellos nos vemos a nosotros. Son la cara de la deshumanización de nuestras ciudades, de la globalización de la miseria, del sinsentido al que, como especie, hemos llegado. Junto a ellos, y eso es blackfridaylo más duro, junto a esas personas que todo lo han perdido, vemos a los más consumiendo enfebrecidamente, vemos a miles haciendo interminables colas no para comer en un comedor social como los nadies, sino para ser el primero en entrar en cualquier tienda en ese criminal Black Friday para comprar lo que no necesitan aprovechando la irresistible oferta con la que les engañan y disfrutando de esa ganga que creen haber conseguido. ¡Maldigo el consumismo asesino, el egoísmo inhumano y homicida y maldigo todos los Blacks Fridays que ha parido madre! ¡Reivindico los White Mondays, me da igual que no existan, inventémoslos, hagamos de cualquier día un día dedicado a la solidaridad, a darnos a los demás, a compartir, a amar, a no comprar! Aunque solo sea por un día, abandonemos nuestra inquebrantable visión egocéntrica y 2390E7EB00000578-2852585-Scrum_down_Customers_push_each_other_out_of_the_way_as_the_crowd-72_1417213372623démonos a los demás, apartémonos del sistema, boicoteémoslo, ataquémoslo en su base. No compremos.

Que la estupidez humana no tiene límites es algo que, a estas alturas, ya pocos dudan. Que la capacidad de manipulación del sistema es poderosísima y omnipresente pocos lo desconocen. Que hemos crecido permitiendo que nos sorbieran el seso es una realidad de la que pocos, muy pocos, pueden escapar. Hay que deseducarse, desprogramarse, aprender a mirar las cosas con una mirada diferente. Tenemos que aprender a cuestionarnos todo, a poner en duda todos y cada uno de sus dogmas, a no dar nada por hecho, a repensar la vida y, sobre todo, a repensarnos y reconstruirnos nosotros mismos cada día. Hoy todo nuestro mundo gira alrededor del dinero, de la capacidad de compra, del crecimiento económico… Nuestras ciudades, por ejemplo, están diseñadas para los automóviles y los comercios, no para las personas, y menos aún para las personas más débiles como los ancianos o los niños. Como bien defiende Francesco Tonucci con su planteamiento de que las ciudades deben ser de las niñas y los niños, debemos atrevernos a reconsiderar absolutamente todo el funcionamiento del sistema. Y hacerlo desde lo más elemental, no dando nada por supuesto. ¿Cómo es posible que a los enfermos que están ingresados en los hospitales les despierten a las siete de la mañana para ponerles el termómetro y no les dejen dormir cuando, normalmente, tanto les ha costado conciliar el sueño? ¿Es por una razón directamente relacionada con su estado o con su enfermedad, se trata acaso de una misteriosa hora a la que la fiebre suele subir peligrosamente? No. Se les despierta a esa hora porque es el cambio de turno de las enfermeras. Esa es la razón, una razón que nada tiene que ver con la salud o el bienestar de los pacientes. Los hospitales no están orientados a los enfermos, sino a la administración, del mismo modo que la sociedad no está orientada a los ciudadanos, sino al consumo. Fijamos los horarios de los cambios de turno y, en función de esos horarios, estructuramos la vida de los pacientes. ¡Un auténtico disparate! Deberíamos adaptar los cambios de turno a los horarios más saludables para los pacientes y estructurar el funcionamiento del hospital en base a esos horarios, y no al revés. Y lo que pasa en los hospitales pasa en todas las facetas de nuestra vida, empezando por la educación.

1¿Cómo vamos a educar personas solidarias, generosas y que tengan la suficiente confianza en sí mismas como para atreverse a intentar hacer cosas nuevas, a no temerle al fracaso, si desde que nacen a nuestros niños les estamos inculcando precisamente lo contrario? No nos cansamos de prohibirles que salgan solos a la calle, que hablen con desconocidos, les advertimos una y mil veces de los peligros que hay fuera de nuestras casas inculcándoles auténtico terror hacia las personas que no conocen que, automáticamente y por el solo hecho de ser desconocidas, pasan a ser etiquetadas de peligrosas amenazas. Ven las puertas de nuestras casas protegidas por mil cerrojos y potentísimos sistemas de alarma. Hemos hecho de nuestras casas el único lugar donde pueden sentirse seguros cuando, en realidad, es precisamente dentro de nuestras casas donde los niños corren mayores peligros: las muertes de niños por accidentes domésticos superan las de los muertos por accidentes de tráfico. Pero no solo corren los mayores obsolescencia-programada-ordenadorespeligros físicos, sino que dentro de casa está su peor y más incansable enemigo: la televisión, una televisión frente a la que les abandonamos para que pasen horas y horas viendo auténticos bodrios de programas que no dejan de inculcarles por activa y por pasiva los valores que sustentan el sistema: el espíritu competitivo, la necesidad de ganar, de sobresalir, de ser siempre mejores que los demás…

Todo nuestro sistema está pensado y creado para que no nos cuestionemos su funcionamiento, para que no amenacemos sus pilares. Nos educan para que no pensemos, para que no cuestionemos las cosas, y, prácticamente desde que nacemos, nos inculcan el terror a la libertad. Que tengan que existir los jueces, los policías, los ejércitos y las cárceles es algo que nos han metido en las venas desde pequeñitos y que pocos, muy pocos, se atreven a cuestionar. Que una sociedad pueda estructurarse y existir sin jerarquías, sin la explotación del hombre por el hombre, es algo que muy pocos se atreven, incluso, a pensar. A fuerza de que nos hayan negado desde siempre y desde todos los estamentos la posibilidad de que una sociedad pueda existir sin gobierno, nos hemos acostumbrado de tal modo a los políticos y a sus partidos que no concebimos el mundo sin ellos. Modelos como la democracia directa y participativa son sistemáticamente atacados por quienes detentan el poder en la democracia representativa que tenemos. El poder económico y financiero, con sus todopoderosos medios de comunicación, ya se encarga muy mucho de que ideas como esas no lleguen al gran público. Que la propiedad privada es sinónimo de libertad y de felicidad es otra de esas verdades que nadie se atreve a cuestionar, como tampoco nadie se atreve a poner en cuestión la necesidad del capital en su relación con el trabajo. Esos fundamentos de la sociedad están implantados como chips en nuestras mentes desde que somos niños y los van alimentando y fortaleciendo conforme crecemos, no vaya a ser que nos descarriemos y nos convirtamos en unos “antisistema”

ecologiablog_no_buying_day¿Cómo es posible, sino, que por la televisión veamos a miles morir frente a nosotros y no hagamos nada?, ¿Cómo puede entenderse que admitamos día sí y día también que pisoteen nuestros valores, esos que nos hacen ser seres humanos?, ¿Cómo podemos mirar a otro lado cuando cientos de niños inocentes se ahogan en ese mar al que vamos a bañarnos en nuestras vacaciones? El sistema se ha globalizado y ha consolidado la supremacía de los países que fueron los primeros en hacer la revolución industrial. Las consecuencias del colonialismo ejercido por aquellos países están en el origen de las principales amenazas que hoy vive nuestro mundo: el desequilibrio económico, las desigualdades, la injusticia, la corrupción, el deterioro del ecosistema, las guerras, el terrorismo… Este sistema basado en el crecimiento desorbitado que está aniquilando nuestro propio planeta está dando claros síntomas de que está entrando en su fase final, una fase autodestructiva que puede llevarse, y se está llevando, todo por delante. El egoísmo, el 56Kb.-21-dic.-10.-Huelga-de-consumo.-Fuente-Ecobierzo.individualismo, la desregulación de los mercados y la desprotección de los más débiles, han hecho que una gran parte de la población mundial no tenga ya capacidad para consumir, para comprar, para poder ser considerada productiva para el sistema, y el sistema, para el que de nada valen valores o sentimientos, prescinde de ella, la aniquila. Ese es el origen del cada vez más elevado número de conflictos bélicos que hay en el mundo, de que miles de seres humanos mueran a diario de hambre, de que sean miles los que mueren huyendo de las guerras o el hambre, de que cada día sean más quienes no encuentran trabajo en nuestras ciudades, quienes no perciban prestación alguna de desempleo, quienes pierden sus casas, quienes viven en la calle… Son los “nadies”, los excluidos del sistema, todos esos millones de personas que nacieron ya con su obsolescencia programada, con sus días contados y sus cartas marcadas, todas esas personas que están en la calle y a las que pretendes no ver, todas las que dejas atrás mientras miras a otro lado, todas a las que jamás te has acercado para preguntarles cómo están o qué necesitan… es más fácil dejar tu donativo en la iglesia o mandando un sms a cualquier causa solidaria. La caridad es uno de los fundamentos del propio sistema: tranquiliza conciencias, las adormece, nos permite creer que no formamos parte de la injusticia y que ya hacemos algo para evitarla, que nosotros somos los buenos que ayudamos a los pobrecitos que sufren… El mundo no necesita caridad, necesita solidaridad y justicia, pero eso es algo que no nos enseñaron en el colegio, ni nos dicen en la tele…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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