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“Suffragette”, nunca te rindas, nunca dejes de luchar

450_1000Votar es un derecho que nos parece natural, algo obvio que tod@s tenemos, pero para la mitad de la población hace tan solo cien años no era así. Las mujeres no tenían derecho a votar, no podían elegir quién les representara, no podían hacerse escuchar en las instituciones que gobernaban sus vidas. Fue gracias a la lucha de muchas mujeres anónimas que entregaron sus trabajos, familias y hasta sus vidas, que fue posible conseguir para ellas ese derecho. Todavía hoy son muchos los países que se lo niegan, países con los que los de nuestra desarrollada Unión Europea hace negocios sin siquiera sonrojarse. Arabia Saudí ha prometido este año que estudiará en el futuro que las mujeres puedan votar. ¿Qué dirían aquellas mujeres que dieron su vida hace cien años viendo a nuestros políticos llenándose la boca con palabras como igualdad o derechos humanos mientras hacen negocios con monarquías absolutistas de las que hasta nuestros reyes se consideran sus hermanos? ¿Qué harían esas mujeres que fueron capaces de darlo todo por defender sus legítimos derechos viendo que los más callamos o miramos a otro lado? Desde luego no se quedaría calladas y, sin duda, pasarían a la acción porque, como ellas decían, son los hechos y no las palabras las que cuentan. Conscientes de que las sufragistas llevaban más de cincuenta años luchando de forma no violenta para defender sus derechos y exigir el voto femenino sin que siquiera las escucharan, conscientes de que el único lenguaje que los hombres y el patriarcado entienden es el de la violencia, ellas pasaron a la acción. A la desobediencia civil y las huelgas de hambre en las prisiones para que se reconociera su estatus de presas políticas, siguieron acciones violentas como volar los buzones de correos, 9cortar los cables del teléfono o dinamitar la casa de veraneo que el primer ministro se estaba construyendo. Aquellas mujeres llegaron a arrojarse bajo el caballo del rey en pleno Derby de Epsom para que los medios de comunicación dejasen de silenciar su lucha. A aquellas mujeres, a diferencia de las sufragistas, se las conoció como las “suffragette”, y es a ellas, a su impresionante y valerosa lucha, a la que está dedicada la película “Suffragette” de Sarah Gavron. El día de su estreno en Londres, un grupo de mujeres protestó contra los recortes del gobierno británico en el presupuesto contra la violencia de género tirándose al suelo sobre la alfombra roja. Su grito fue “Las muertas no votan” Helena Bonham Carter, una de las principales actrices de la película, al verlas dijo que le parecía perfecto ya que eso es precisamente lo que habrían hecho las suffragette hoy en día.

“Suffragette” Cuenta la vida de una de ellas, de una más de las miles de mujeres anónimas que se lo jugaron todo a una carta para defender sus derechos. Se 8trata de Maud, una joven que ha vivido la esclavitud del sistema desde que empezó a trabajar en una lavandería a los siete años, que ha sufrido las vejaciones de su marido y sus vecinas, que ha sido violada una y mil veces por su jefe sin que nadie hiciera nada por impedirlo. Una mujer que toma conciencia de su situación, una mujer que abre los ojos y toma partido, una mujer que está dispuesta a sacrificarlo todo para defender lo que es justo. No tiene la culpa de que las leyes sean injustas, ni siquiera las hizo ella; no es culpable de que el patriarcado se imponga desde la violencia y solo pueda ser derrotado desde la violencia; no tiene ninguna 1culpa de que los hombres se resistan a perder sus privilegios y nieguen los derechos a las mujeres, no tiene culpa, ninguna culpa, de vivir en un mundo dominado por los hombres y sustentado en la violencia, en todas las violencias. Sabe que, si permanecen unidas, si no se rinden, ganarán, y lo harán porque defienden lo que es justo, porque son la mitad de la población, porque no hay cárceles donde se pueda encerrar a todas las mujeres, y, sobre todo, porque no se puede hablar de justicia cuando la mitad de la población no la tiene.

La dignidad de su lucha y su espíritu solidario e inquebrantable irán creciendo a lo largo de la historia. Día a día vemos como, lenta pero inexorablemente, va venciendo el miedo que la paraliza y la soledad en la que se encuentra al no hallar apoyos entre sus compañeras de trabajo. Miedo y soledad son los eternos compañeros de 5viaje del que se atreve a ir contra el sistema. Qué duro es sentirse rechazado hasta por las personas a las que estás defendiendo a las que la ignorancia, el miedo o el simple egoísmo empujan a actuar, por acción u omisión, contra ti porque tú representas una amenaza, la amenaza de mostrar lo que ellas no son capaces de hacer, la amenaza de poner frente a ellas el espejo que refleja su cobardía, la amenaza de demostrar, aquí y ahora, que otro mundo es posible. Y amenazas como éstas son cruelmente atacadas por todos los estamentos del sistema, desde el más alto al más bajo, desde la jefatura del Estado hasta tu explotado compañero de trabajo precario. Todo el sistema se revuelve para defender su injusto estatus: políticos, jueces, periodistas y policías se convierten en una afinada orquesta que interpreta a las mil maravillas la sinfonía más cruel que se ha compuesto jamás: la de la injusticia y la persecución de la libertad.

La forma en que Carey Mulligan da vida a Maud es sencillamente extraordinaria. Todo está en ella, en su mirada, en sus silencios, en esa temblorosa Suffragette-800x533voz con la que verbaliza las ideas que, gota a gota, van posándose en su interior, la ternura que, pase lo que pase, siempre da a su único hijo, la determinación de quien ha empezado a caminar, la fragilidad que provoca el encarcelamiento, el terrible sufrimiento de la soledad… Todo está en ella, absolutamente todo. El resto del reparto cuenta con actrices de la talla de Anne-Marie Duff, Meryl Streep o de Helena Bonham Carter y actores como Brendan Gleeson que dan todo lo que llevan dentro. La dirección de Sarah Gavron es magistral, de una sutilidad apabullante, como lo es también la formidable fotografía de Eduard Grau. Con jóvenes como Grau o Migue Amoedo (La Novia) está garantizada la continuidad de ese monstruo de la fotografía que es Javier Aguirresarobe, que acaba de hacer uno de sus mejores trabajos en The promise.

Ya era hora de que una película no nos presentara a las mujeres como esposas, hermanas, madres, hijas o amantes de, sino con su propia 7personalidad, con su propio mundo interior, con sus sueños e ilusiones, con sus miedos e incertidumbres. Que el cine es una industria que está en manos de los hombres queda claro cuando, aún conscientes de que más de la mitad del mercado al que se dirigen es femenino, deliberadamente prescinden de hacer películas que hablen de mujeres, que estén hechas por ellas, que nos muestren todo lo que les hemos obligado a esconder durante tantos años. Sin embargo, no nos engañemos, con “Sufragette” no estamos frente a una película “de mujeres” o “para mujeres”, sino frente a un grito por la justicia y la libertad de la mitad de la población mundial, un grito universal que los hombres no solo debemos escuchar, sino al que debemos sumar nuestra voz y hacerlo con todas nuestras fuerzas, porque del camino que abrieron aquellas mujeres hace cien años aún nos queda mucho por recorrer y todos podemos y debemos hacerlo ya que lo tenemos cerca, muy cerca, dentro de nuestras propias casas.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?