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Internet, ¿Democracia o dictadura?

6¿De verdad creemos que internet es gratuito, que acceder a cualquier información no tiene ningún coste, que buscar algo en Google o colgar una foto nuestra en Facebook no nos va a costar nada? Utilizamos alegremente la red sin pensar en lo que hay detrás. ¿Cómo es posible que si no pagamos nada cuando usamos Google tenga unos ingresos de 50.000 millones de euros al año? ¿De dónde vienen sus ingresos?, ¿Quién lo paga?, ¿Qué es lo que vende? La respuesta es muy clara: nos vende a nosotros. Así es, su negocio no es suministrarnos información a nosotros, sino dar nuestra información personal a empresas y agencias de publicidad que están dispuestas a pagar lo que sea por conocer información tan detallada del mercado. El negocio de internet, llámese Google, Facebook o Twitter es siempre el mismo: nosotros, sus usuarios que, cándidamente, volcamos información muy precisa sobre quiénes somos, cómo somos, dónde vivimos, lo que nos gusta y lo que no, cuándo y dónde pasamos las vacaciones, lo que pensamos, con quién estamos… Eso es lo que venden Google, Facebook, Twitter y todos los demás: nuestra información, una información que, una vez subida a la red, ya no se puede bajar. Internet es una especie de flautista de Hamelin al que alegremente seguimos todos los usuarios sin saber adónde vamos. ¿Dónde nos lleva? Eso es algo que todavía es pronto para saber, como también lo es qué y quiénes están manejando nuestra información más personal. Que nuestro historial digital es algo que las empresas tienen cada vez más en cuenta al realizar un proceso de selección es algo que no se le escapa a nadie. Que la influencia que los actores podemos tener en la red puede llegar a ser uno de los factores que más pesan a la hora de contratarnos o no, también. Y si cosas tan fundamentales como que tengamos un trabajo o no, que nos contraten o no, dependen de lo que subimos a la red, ¿podemos considerarnos realmente libres al navegar por internet, al hacer cualquier comentario, al compartir tal o cual noticia, al etiquetar esta o aquella foto?

tc3a9cnicas-de-manipulacic3b3n-mental-de-masas-12Las ventas on line tienen poco más de veinte años de vida, y en ese corto espacio de tiempo han revolucionado por completo el mundo en el que vivimos. Cada búsqueda que hacemos, cada compra, cada comentario, incluso cada email que enviamos, es sistemáticamente controlado y vigilado por los enormes motores de búsqueda que manejan la red. Estamos siendo constantemente vigilados a través de las búsquedas que hacemos on line. Saben lo que nos interesa en cada momento, lo que consumimos, lo que no nos gusta, saben incluso de qué hablamos en nuestros mails por medio de la identificación de palabras clave que almacenan sus ordenadores. Y si damos toda esa información involuntariamente tan solo al buscar algo en Google o al mandar un mail, ¿qué no estaremos dando cuando utilizamos las redes sociales?

7Nos han vendido que cuando no nos cobran dinero por algo es gratis, pero eso no es cierto. En internet el producto que se vende no es el que ofrecen Amazon o Ebay, sino nosotros, los usuarios, y ni siquiera nos damos cuenta. La utilización de cookies o la simple visita a una página deja una huella que los motores de los buscadores almacenan y gestionan para venderla a sus verdaderos clientes, que no somos nosotros, sino sus anunciantes. Hay quien dice que mientras no le cobren por usar internet no le importa que le inunden con publicidad y se cree que el precio que ha pagado por usar internet es la publicidad que va a recibir. No, el precio ha sido dar tu información. ¿Qué pueden hacer con esa información? ¿Quién la manejará en el futuro? ¿Con qué fines? Eso es algo que, hoy, nadie puede saber.

Acciones tan aparentemente inocentes como comprar una película en Netflix tienen unas 5consecuencias de las que no somos conscientes. Conocen nuestros gustos, por lo que estamos dispuestos a pagar, nos agrupan con otros usuarios de gustos similares homogeneizando el mercado con sus recomendaciones, influyen en nuestros gustos y en lo que elegimos ver a través de sus recomendaciones y ofertas, apoyan un tipo de cine u otro, un tipo de películas u otro homogeneizando todavía más el mercado en un proceso que, poco a poco, nos aleja cada vez más de nosotros mismos para convertirnos en un simple tipo demográfico sistematizado del que pueden llegar, incluso, a anticipar sus gustos futuros. De ahí a la homogeneización de la cultura solo hay un paso. La manipulación del individuo es un proceso mucho más sencillo de lo que pensamos, sobre todo cuando ese individuo cree que es libre y no es consciente de la manipulación a la que está siendo sometido. ¿Ciencia ficción? No, es la pura realidad de hoy en día.

8A la hora de analizar cualquier cuestión es importante ponernos en los ojos del otro, cambiar de mirada. Nosotros vemos internet desde la perspectiva de usuarios. Como no nos cobran nada pensamos que es gratuito y con eso nos basta. Además tenemos la impresión de que estamos solos frente a un ordenador al que nadie más que nosotros tiene acceso, y eso nos hace ser confiados. Pero ni estamos solos, ni somos los únicos que podemos entrar en nuestro ordenador y, lo que es más grave, ni siquiera hace falta que entren en él porque nosotros mismos y voluntariamente estamos volcando en la red toda la información que quieren. Pongámonos ahora en los ojos de Google, Facebook, Twitter y demás y veamos cuál es la situación: tenemos frente a nosotros un universo de miles de millones de personas a las que nuestros potenciales anunciantes quieren acceder. ¿Qué quieren esos anunciantes? Información de ese universo tratada de forma que les permita dirigirse precisamente a quienes están dispuestos a comprar sus productos. Dirigirse a quien no le interese o no pueda pagarlos en un despilfarro. Lo que internet ofrece en el mundo de la publicidad son trajes a medida, no trajes de confección, y eso es por lo que el cliente está dispuesto a pagar. ¿Qué hacer pues si eres Google, Facebook o Twitter? Ofrecer nuevas posibilidades a tus usuarios para que se enganchen más y sigan volcando toda la información que tus clientes necesitan. ¿Cómo hacerlo? Simplemente ofreciéndolas gratuitamente.

imagesEse universo del que tod@s formamos parte es, además, en gran medida, “reddependiente”. Así es, en solo unos pocos años de utilización masiva de la red y de las redes sociales nos hemos hecho adictos a ellas. El desarrollo de los teléfonos móviles ha multiplicado exponencialmente esta dependencia. Conectamos más de 150 veces diarias de promedio para saber lo que está pasando en la red. Existe un síndrome, el FOMO (Fear of missing out, o miedo a perdernos lo que pasa cuando estamos desconectados), que ya ha sido identificado a nivel clínico. No hace mucho me comentaron la experiencia de un campamento de verano para chavales en el que les quitaron todos los aparatos electrónicos. La idea era que disfrutasen de todas las excelencias que les ofrece la naturaleza. Tuvieron que devolvérselos enseguida porque en menos de tres días habían tenido que 1ingresar a varios de ellos en el hospital por trastornos de ansiedad. Puede parecer terrorífico lo que estoy exponiendo, pero es una realidad que está ya aquí, entre nosotros, y tenemos que ser conscientes de ella. La red, como el automóvil, no es buena o mala en sí, sino por la utilización que se hace de ella. Son miles las víctimas mortales de los accidentes de tráfico que ocurren cada año, pero no por ello vamos a dejar de usar los automóviles. La clave en el mundo de internet está pues en ser conscientes de lo que es, de quién y cómo la está utilizando, de los peligros que conlleva un mundo Orwelliano en el que estamos permanentemente vigilados y, sobre todo, en lo que nosotros mismos hacemos con la red, en las cosas que comentamos, las que subimos, los me gustas que damos o los retuits que hacemos.

politicas-de-uso-redes-sociales-en-el-area-laboral-3-728La pérdida de privacidad de nuestras vidas a la que, voluntariamente, nos sometemos es sobrecogedora. Simplemente viendo nuestro perfil de facebook pueden llegar a saber quiénes somos, dónde estamos, cómo estamos, por qué estamos, dónde y a qué hora vamos a ir a cualquier evento…una herramienta de control tremenda si cae en manos indeseadas. El ciberacoso es algo que prácticamente está al alcance de tod@s, todos podemos ser controlados, vigilados y acosados en las redes. Nuestro espacio personal prácticamente ha desaparecido en el mundo digital, como está desapareciendo también la costumbre de tener una conversación en profundidad cara a cara con alguien. Hoy con las smart tv, los móviles y las tablets, la comunicación se está transformando a pasos agigantados. Conversaciones simultáneas con varios interlocutores a través de skype, chats, tv interactivas, etc. están haciendo que los más jóvenes crezcan sin tener una sola referencia de lo que es una conversación cara a cara entre dos personas. Además, la inmediatez y la velocidad de la información imposibilitan tener tiempo para analizar las cosas, para tener pensamiento propio, y eso favorece una cultura de la superficialidad carente de todo atisbo de profundidad y de espiritualidad ya que temas intensos, como puedan ser los espirituales por ejemplo, no son tratados y se limitan a una burda representación a nivel de imágenes de tontolculusfrases de Paulo Coelho o similares. Cada vez es más difícil ver a dos personas hablando tranquilamente en el metro, que se ha convertido en un universo de ciberautistas pegados a sus tablets y a sus móviles totalmente ajenos a lo que pasa a su alrededor.

Pero no todo es malo, desde luego. Gracias a internet tenemos al alcance información de todo cuanto sucede en el mundo en tiempo real y acceso a información a la que difícilmente accederíamos en los medios de comunicación convencionales. Si nos fijamos en la oferta periodística, veremos que hay muchos más medios alternativos y de izquierda en el mundo digital que en el de los medios de comunicación tradicionales. El hecho de que las barreras de entrada al mundo digital sean bajas facilita la aparición de esta oferta alternativa. No hace falta disponer de sumas multimillonarias para crear un medio digital. Eso hace que la información deje de estar en manos de un grupo reducido de personas y es una herramienta fundamental para enfrentarse a la concentración en unos pocos Con Luis Eduardo, grabando el programa en su estudiogrupos de comunicación que padecemos a nivel mundial. Es por ello que personas con una mente tan clara como la de Federico Mayor Zaragoza vean en internet la mayor oportunidad que ha tenido la humanidad para tomar las riendas de su destino. Sin embargo, otras mentes también muy lúcidas como la de Luis Eduardo Aute ven en internet una siniestra maniobra de manipulación de la población a la que se la controla y teledirige en este universo de superficialidad e inmediatez en el que, gracias a la red, nos han condenado a vivir.

No puedo acabar esta reflexión sin hacer una mención expresa a mi profesión, la de actor, y a la influencia que la red está teniendo en ella. La fuerza imparable de las redes sociales ha hecho que las marcas se fijen en los actores y las actrices para anunciar sus productos. Es lo que se conoce como “personal branding” (marca personal) a la que una marca o un producto quieren asociarse y están dispuestos a pagar por ello. Son muchos los compañeros y compañeras de profesión que son codiciados objetos de deseo por parte de las marcas y una parte sustancial de los ingresos que consiguen es gracias a ello. La presencia en redes sociales y la influencia que seamos capaces de tener es la que determinará nuestro mayor o menor atractivo en redes. Conscientes de ello, las productoras y las cadenas de televisión también apuestan por este concepto y nuestra presencia en redes ha pasado a ser uno de los valores que más se tienen en cuenta en los castings de series y películas. Hablando en términos de empresa, estamos frente a un nuevo modelo de negocio: ya no somos actores, sino canales de venta, “personal branding”

10371512_783691011682960_5586235303936144219_nSin duda esta situación va a revolucionar nuestra profesión, y sin duda los perfiles digitales más “blancos”, menos comprometidos o conflictivos, serán los que triunfen. En otras palabras, habrá bofetadas por actores que no se hayan significado mucho en temas políticos o sociales y serán marginados los que sí se hayan significado. Todos conocemos a actores a los que se les veta por su posicionamiento político público. Esto no es algo nuevo, pero sí el alcance que puede llegar a tener. Si de que no nos comprometamos públicamente, de que no expresemos nuestras opiniones libremente, de que no tomemos partido, dependen no solo nuestros ingresos, sino que nos contraten o no, que podamos seguir en la profesión o no, la tentación a callar, a la autocensura, será cada vez mayor y la sociedad perderá referentes y oportunidades de ver expresadas sus propias opiniones. Hay quienes Con Pilar Bardem, 10 de julio de 2014siempre han tenido claro que nunca hay que mezclar churras con merinas, lo que somos con lo que hacemos. Los que creemos que somos lo que hacemos y siempre tomamos partido y nos tiramos a la piscina sin importarnos si hay agua o no, lo tenemos más crudo en este contexto. Lo que está en juego no es si ganamos más o menos dinero o si tenemos trabajo o no, sino si nos atrevemos a ser libres y consecuentes, si somos capaces de ser nosotros mismos, o nos vendemos y no nos atrevemos a ser más que lo que otros quieren que seamos. Duro dilema, sin duda, pero también clarificador, muy clarificador, y necesario.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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