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Arte y ¿discapacidad?

2015-10-05_143445Organizados por la FUNDACIÓN AISGE, se han desarrollado diversos talleres bajo el lema de “ARTE Y DISCAPACIDAD” impartidos por reconocidos profesionales que tenían por objetivo, entre otros, acercarnos la realidad y las inmensas posibilidades artísticas de las personas con diversidad funcional a los actores y actrices profesionales. Son talleres eminentemente prácticos en los que tienes la oportunidad de conocer lo que es trabajar con y para personas que presentan lo que en la calle se conoce como discapacidad intelectual y que, tras el taller, no te cabe duda de que ese concepto no es justo con estas personas porque se centra en lo que les falta, capacidad intelectual, en lugar de hacerlo en lo que tienen más desarrollado. A nivel emocional, imaginativo, artístico o expresivo nos dan mil vueltas a todos los que convencionalmente somos considerados como artistas. Tuve la oportunidad de asistir a uno de esos talleres, en concreto al que impartió Manu Medina, director artístico de Paladio teatro. Sin duda esa experiencia ha sido uno de los mejores regalos que me han hecho en la vida. No solo me permitió conocer un mundo absolutamente nuevo y desconocido para mí, sino que me ayudó a replantearme muchas de las bases que creía inamovibles de la condición de actor. Gracias a este taller intuí lo que, en palabras de Manu Medina, su creador, es el TEATRO BRUT, el teatro de la esencia, un teatro que va al fondo mismo de la creación, a lo más esencial, a lo que no tiene límite, un teatro donde lo único que no cabe es el miedo a fracasar.

Acabado el taller tienes la oportunidad, si quieres, de colaborar como voluntario en los talleres que Manu imparte en Paladio Arte, en Segovia, y de 01-Grupal-1024x675trabajar con la compañía de teatro Paladio que, ya con dos décadas de experiencia, es uno de los referentes dentro de este mundo tan fascinante como desconocido para el gran público.

Con una metodología que rechaza todo atisbo de paternalismo y asistencialismo, aprendes a tratar a estas personas como lo que son: personas. ¿Por qué ese generalizado empeño en tratarlas como si fueran niños? Nada hay que les moleste más que ser tratados como niños. Son personas adultas, con unas características que les hacen apartarse de lo que la convención social considera “normal”, pero personas adultas al fin y al cabo. Pretender sistematizar la forma de trabajar con estas personas agrupándolas por su sintomatología o diagnóstico es inútil. Cada una es como es y es irrepetible. Y eso, lejos de ser una limitación, es una oportunidad maravillosa sobre la que trabajar. Si quieres trabajar con una persona con diversidad funcional te tienes que adaptar a ella, a sus posibilidades, a sus motivaciones, a su forma de ser. Esa es una lección que aprendes en cuanto empiezas a trabajar con ellas: aquí no sirven los trajes de confección, solo vale el traje a medida y hecho con todo el cariño y la pasión con el que se hace la artesanía.

Fotos-Laura-Festival-015En el mundo de la interpretación todos sabemos que el proceso de creación de un personaje es el amplio abanico de posibilidades que va desde el actor al personaje y desde el personaje al actor. Puedes crear acercándote al personaje o haciendo que el personaje se acerque a ti. Cada actor tiene su método, y cada personaje también. En el caso de las personas con diversidad funcional, el método que mejor funciona es la de acercar los personajes a los actores, trabajar los personajes desde lo más real y auténtico de los actores. Otra de las diferencias que hay a la hora de crear personajes es que el proceso que empleamos habitualmente (trabajo de mesa, acción, emoción), tampoco funciona aquí. Lo que más les ayuda a crear personajes es la acción, sobre la acción construyen la emoción y sobre la emoción el razonamiento que buscamos en el trabajo de mesa. De nada sirve perderse en grandes introducciones teóricas sobre antecedentes, motivaciones, objetivos, etc. cuando trabajas con personas con diversidad funcional. Hay que ir a lo más directo, a lo más simple y esencial: a la acción. Es desde allí desde donde se puede construir todo los demás. Jamás olvidaré la tarde en la que trabajamos Romeo y Julieta con Manu en el taller. Le pidió a Merce, una joven con diversidad funcional que tiene que moverse en silla de ruedas, que fuera Julieta. Le preguntó ¿cómo es Julieta? “Muy guapa”, contestó Merce y empezó a acariciarse el pelo. La sensualidad que había en aquella caricia es la que llevó a Manu a profundizar en aquella línea de trabajo para crear a Julieta. Merce continuó acariciándose el pelo que, como era largo, le SAM_0377-576x1024llevó a acariciarse también su cuerpo: su pecho, sus brazos… Estaba claro que la silla de ruedas era un impedimento para la creatividad de aquel momento así que Manu le puso una silla delante y le pidió a Merce que bajara de la silla y se tumbara en el suelo. Lo hizo sin hacer el más mínimo

gesto asistencialista de querer ayudarla precisamente para potenciar su independencia y su autoestima. Ayudándose de la silla Merce se tumbó en el suelo. Manu le pidió que siguiera acariciándose como lo había hecho en la silla de ruedas. Los movimientos de Merce rezumaban una sensibilidad y una sensualidad impresionantes. Le pidió entonces que llamara a Romeo. Ella lo hizo. Él le pidió que volviera a hacerlo pero esta vez pensando que nadie más que Romeo debía oírla. El “Romeo” que susurró entonces Merce nos llegó a todos a lo más hondo. Entonces Manu se giró y nos dijo: “Ahí lo tenéis: en esta propuesta Julieta será una sirena, sin piernas, irá subida a una plataforma con pequeñas ruedas que arrastrará uno de sus compañeros. También podremos colgar telas de colores para aéreos que ella cogerá desde su plataforma para incorporarse y decir sus textos…” En ese momento entendí lo que Manu quería decir cuando nos hablaba de Teatro Brut, de la esencia, de la necesidad de adaptarnos a las personas con las que trabajamos…

El taller de Manu Medina, la experiencia de Teatro Paladio, no son hechos aislados. El trabajo con personas con diversidad funcional en el mundo del arte es un universo que ofrece unas posibilidades creativas ilimitadas y que, en Funcion-benefica-en-favor-de-ninos-con-enfermedades-mitocondriales,-Leganes,-23-de-diciembre-de-2014_b75fi31umuchos casos, están aún por explorar. Otra de las experiencias que me llegaron muy dentro fue la que un maravilloso grupo de jóvenes locos que van por la vida con su música intentando hacer de este mundo algo mejor. Con su musicoterapia a cuestas trabajan en hospitales y en domicilios particulares en el área de cuidados paliativos pediátricos, con niños con enfermedades mitocondriales, con personas con diversidad funcional… Tagore González, María Martínez-Gil, Bianca Albezzano, Carla Navarro o Isis de Coura, entre otros, son esos nuevos quijotes que, cada mañana, salen a cabalgar para compartir una sonrisa, alegrar un corazón o ayudar a alguien. La música es un lenguaje que nada sabe de fronteras y que es capaz de abrir las puertas, todas las puertas con las que podemos encontrarnos. Tuve el privilegio de trabajar con ellos en “Allegro”, un montaje para niños con enfermedades mitocondriales, una experiencia que no olvidaré jamás. Uno de sus últimos montajes ha sido, precisamente, con personas con diversidad funcional. Es un encuentro de la música y el teatro basado en cuadros de una exposición de Mussorgsky.

MG_5537Ver trabajar, y trabajar, con personas con diversidad funcional es una de las experiencias que más han cambiado mi forma de ver la realidad. El suyo es un universo de sentimientos y emociones absolutamente libre de los prejuicios y convencionalismos con los que tendemos a limitarnos. Su universo es puro y auténtico porque no sabe de inhibiciones o miedos, sino de dar, de compartir y de vivir. La facilidad que tienen para vivir su imaginario con total libertad les dota de eso que la mayoría de los actores buscamos durante toda nuestra vida: la capacidad de sorprendernos y, sobre todo, de sorprender desde la más absoluta autenticidad. Conocer ese universo ha sido el mejor regalo que me han podido hacer.

Una de las cosas que más me ha impresionado de esta experiencia ha sido la de sentir la entrega total de las personas con diversidad funcional hacia lo que les propones. Si en un taller de interpretación planteas hacer una improvisación, lo primero que recibes de los actores y actrices profesionales es un sinfín de preguntas sobre SAM_0684-3-1024x576objetivo, antecedente, etc. etc. etc. En cambio, cuando propones cualquier cosa a personas con diversidad funcional, se lanzan a hacerla. No te preguntan por qué les pides que lo hagan, ni les preocupan las razones por las que lo van a hacer, no tienen miedo al fracaso, ni necesitan pensar cómo van a hacerlo, simplemente siguen su instinto, lo hacen y ya está.
Vivir personalmente en el taller la experiencia de esta entrega incondicional ha supuesto para mí una doble revelación: por un lado comprobar lo libres, lo desinhibidas y carentes de prejuicios que son estas personas, y por otro, entender que esa reacción, esa entrega total y sin barreras, es un acto de amor, de confianza y generosidad absolutas. ¿Se le puede pedir a un actor algo más que ser libre y que ame lo que hace?

foto_2_copia-7453161En la relación con las personas con diversidad funcional se crean unos vínculos muy especiales, directos y duraderos. Su capacidad para transmitirte su entusiasmo, lo felices que son en este aquí y en este ahora, su total desinhibición para comentar lo satisfechos que se sienten por lo bien que lo han hecho, huyendo de todo atisbo de falsa modestia, es algo que te llega al alma y que sustenta esa entrega incondicional que te regalan en cada gesto, en cada mirada, en cada abrazo…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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