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Augusto Boal y el teatro del oprimido

c98398a5e1a5cfa9a4d20cd6fc8a53acffe07b22¿Qué es el teatro? ¿Un espacio donde unas personas, los actores, representan una obra para otras personas, los espectadores? ¿De verdad podemos pensar que es simplemente eso? No, el teatro lo es todo porque todo es teatro. Nosotros somos actores y espectadores al mismo tiempo. Actuamos en todo lo que hacemos, en cómo lo hacemos, en cuándo lo hacemos, y simultáneamente tenemos la capacidad de vernos a nosotros mismos, de ver a los demás actuando. ¿Por qué crear entonces un muro que separe al actor del espectador? Ser humano significa ser teatro, ser actor y espectador a un tiempo ¡Todo ser humano es teatro! Esta es la idea que llevó a Augusto Boal a crear hace ya cincuenta años lo que se conoce como teatro del oprimido, un concepto teatral y un conjunto de técnicas que pretenden humanizar la humanidad y que hoy practican millones de personas en más de setenta países. Augusto Boal, como muchos artistas, dedicó su vida al arte, pero no se quedó ahí, sino que fue mucho más allá porque lo que él hizo fue dedicar su arte a la vida, a mejorar la vida de los demás, y lo hizo cuando estuvo preso, torturado o exiliado, cuando recorrió el mundo compartiendo su técnica y su visión del augusto_boal__el_teatro_del_oprimidoarte y de la vida, cuando llevó el teatro a los presos, cuando lo sacó a las calles, cuando fue político haciendo que, a través del teatro, fueran los propios ciudadanos quienes propusiesen las leyes… “No hubo contradicciones entre mi actividad artística y política. Siempre hice lo que me mandó mi conciencia. Soy un hombre de teatro y lo voy a seguir siendo…Nosotros pensamos que el teatro no sólo debe ser popular, sino que también debe serlo todo lo demás: especialmente el Poder y el Estado, los alimentos, las fábricas, las playas, las universidades, la vida… No somos pobres víctimas, sino soldados que perdimos una batalla, que nos vimos obligados a replegarnos fuera de nuestros países. Seguimos viviendo, seguimos trabajando, mostraremos que estamos vivos…” Augusto Boal murió hace seis años en su Río de Janeiro natal. La leucemia y una insuficiencia pulmonar se lo llevaron. Tenía 78 años. La víspera de su muerte había dado el que fue su último taller de teatro. Hoy Julián, su hijo, mantiene vivo el espíritu de su padre mostrando por todo el mundo lo que es el teatro del oprimido.

2Augusto Boal entendió desde muy pronto que, como decía el Che Guevara, solidaridad significa correr los mismos riesgos que el otro, que no vale dar una representación teatral en una zona de conflicto animando a la gente a que defienda sus derechos y recoger el escenario y marcharse al acabar la función, como tampoco vale dar lecciones morales, éticas o respuestas a los demás, sino ayudarles a que ellos encuentren las suyas propias. En 1971 Brasil estaba gobernado por una dictadura militar que ejercía una represión brutal con miles de desaparecidos, torturados, presos… Ante la censura informativa que imponía el ejército para que la ciudadanía no se enterase de lo que en realidad pasaba, Boal creó el teatro periodismo, un teatro que, tomando como base las noticias aparecidas en la prensa, las desarrollaba teatralmente mucho más allá de lo que contaban. Fue el primer paso del teatro del oprimido.

Fue perseguido, torturado y encarcelado por ello. Marchó al exilio a Argentina, donde empezó a trabajar en otra de las modalidades del teatro del oprimido: el teatro invisible, que consiste en representar en espacios alejados de los teatros tradicionales (en la calle, en hospitales, en restaurantes, en el transporte público…) pequeñas piezas teatrales que tratan sobre un conflicto o un tema determinado en el que haya una opresión, pero haciéndolo de forma que los espectadores nunca lleguen a saber que lo que están viendo es teatro y que ellos son espectadores. Por eso Bissau4libremente, sin presión alguna, suelen intervenir tomando partido y mostrándolo en la acción que, para ellos, es real. Los actores deben adaptarse a esas intervenciones de los espectadores e improvisar sobre ellas. Mediante el teatro invisible se consigue sensibilizar a la población y hacerla reflexionar sobre lo que ha visto y sobre cómo ha reaccionado personalmente frente a lo que ha visto.

De Argentina Boal marchó a Perú donde empezó a trabajar con la que es, quizá, la modalidad más conocida del teatro del oprimido: el teatro foro, que consiste en la representación de una pequeña escena de teatro escrita de forma que plantee un conflicto que el protagonista no puede, o no sabe, resolver. Una vez representada la obra frente al público se le informa de que verán a continuación un nuevo pase y se invita a que cualquier espectador (espect-actor como los llama Boal) interrumpa la escena en el momento en el que crea que si el protagonista o de los demás personajes actuasen de otra manera podría resolverse el conflicto. Entonces, en lugar de explicar su propuesta, sube al escenario y sustituye al actor cuya acción quiera modificar y es ese espectador quien, a partir de ese 1momento, interpreta al personaje. El actor al que ha sustituido se queda en el escenario alejado de la acción y dispuesto a ayudar al espectador que le ha sustituido si lo necesitara. El resto de actores se adaptará a lo que proponga el espectador/actor desde sus personajes: los que estaban oprimiendo al protagonista, mostrando resistencia y oponiéndose a la solución que propone el espectador/actor, reflejando lo que ocurre en la vida misma, y los que estaban a su lado, permaneciendo a su lado y apoyándole. Una vez vistas las consecuencias de los cambios que proponía el espectador/actor, el moderador abre un coloquio con el público en el que se debate sobre lo que han visto. La dinámica del ejercicio se repite cuantas veces se quiera con la reanudación de la pieza teatral que es interrumpida por cualquier otro espectador que quiera proponer algo para resolver el conflicto. En esos casos no se representa íntegra, sino que se retoma en el momento en el que el nuevo espectador/actor quiere introducir su propuesta. El teatro foro implica que el personaje no le pertenece a un actor, sino a todos los que quieran meterse en su piel y, a diferencia del teatro tradicional en el que el actor, mediante su representación, lleva a los espectadores hacia una catarsis, el teatro foro lo que consigue es la dinamización de los espectadores  porque todos ellos se ven a sí mismos en cada espectador que sube al escenario a sustituir a un actor.

Otra de las modalidades del teatro del oprimido es el teatro de la imagen que, aunque puede trabajarse con múltiples variantes, en esencia consiste Janakpuren representar un conflicto a través de imágenes, sin verbalizarlo, que se componen mediante las estatuas que forman los actores siguiendo las directrices que les da el actor que propone el conflicto que se va a representar. Una vez compuesta totalmente la escultura, un moderador abrirá el coloquio con el público, que hablará sobre lo que ve. Uno de los objetivos de este teatro es mostrar que una misma realidad puede ser percibida de forma muy diferente según sea quien la ve.

Boal fue aprendiendo durante toda su vida y creando nuevas formas teatrales que respondían a su necesidad de ayudar a que las personas tomasen la iniciativa para enfrentarse a las situaciones de opresión dando sus propias respuestas. El teatro del oprimido parte de la base de que la sociedad, el mundo, se estructura en una relación basada en el diálogo libre y que los oprimidos son los individuos o los grupos que son socialmente, EncontroPraticantes3culturalmente, políticamente, o por razones de raza, de sexualidad, o de cualquier otra manera, desposeídos de su derecho al diálogo o impedidos de ejercer este derecho. Consciente de que, muchas veces, la opresión está en la propia cabeza del individuo, Boal también desarrolló lo que se conoce como el arco iris del deseo, una técnica que ayuda al individuo a enfrentarse con sus propios miedos.

En los últimos años de su vida, fuertemente comprometido como siempre había estado con la política, fue elegido concejal en Río de Janeiro por el Partido de los Trabajadores. Fue entonces cuando creó el concepto de teatro legislativo, que consiste en hacer una representación sobre un tema/conflicto determinado y moderar un debate posterior con el público que aporta ideas sobre cómo debería legislarse para solucionar el conflicto. Recogidas las sugerencias y las iniciativas del público, Boal presentaba las propuestas de cambios legales.

A lo largo de su vida Boal trabajó con los colectivos más marginados y perseguidos, como el movimiento de los sin tierra brasileños o con el programa Augusto_Boal_nyc2de teatro del oprimido que desarrolló en una treintena de cárceles brasileñas. Persona profundamente sensible e intuitiva, de los presos y de su propia experiencia como preso, aprendió que en la cárcel estás encerrado en un espacio, pero tienes todo el tiempo libre que quieras, a la inversa de lo que ocurre fuera de la cárcel, donde somos libres para movernos por donde queramos, pero solemos ser presos de las prisas por falta de tiempo. Esta reflexión es la que le llevó a orientar su trabajo con los presos sobre el eje temporal, reviviendo su pasado, viviendo su presente y preparándose para un futuro donde solo ellos serían sus propios amos. No hay muros que la imaginación no pueda traspasar. Por eso es tan importante llevar el teatro a las cárceles.

Para Boal “el teatro del oprimido es un gran árbol que tiene sus raíces en la ética y en la filosofía de humanizar la humanidad. Esa es nuestra base. Después empiezan los juegos para restaurar la capacidad creativa de las personas. En seguida vienen las primeras ramas del árbol, como el teatro invisible, el teatro foro, el teatro legislativo, el arco iris del deseo… Todas las formas de teatro son útiles, tienen una función. Lo verdaderamente extraordinario de este teatro se debe a la revelación de que el teatro no es un palco, ni las luces, ni un texto, no es nada de eso. El teatro somos nosotros, cada uno de nosotros trae en sí mismo a un actor que, al mismo tiempo, es espectador. El teatro te permite descubrir que eres mejor persona de lo que creías, que todos somos mejores personas de lo que creemos. Mi teatro es el descubrimiento de esta capacidad”.

augusto-boalEn la última entrevista que le hicieron poco antes de morir, Boal se mostraba como un chaval de 78 años con un montón de sueños. Su ideal de vida era tener sueños, que nunca le faltasen los sueños, pero también sabía que eran tantas las cosas que le quedaban por hacer que debía delegarlas y dejarlas en manos de quienes, como su hijo, pudieran continuarlas: “Yo ya he hecho muchas cosas, pero tengo intención de hacer muchas más. Estoy terminando un libro que se llama “La Estética del oprimido” Mucha gente habla de diversidad cultural, que yo defiendo. Pero cuando se piensa en estética se piensa en una sola. ¿Cómo ser diverso culturalmente con una sola estética, si la estética es producto de una cultura? Por ejemplo, al pintor norteamericano Jackson Pollock, todo el mundo le considera un genio. Pero lleva una de sus pinturas a Bangladesh y pregunta lo que les parece. Todo esto es para decir que los norteamericanos crean la estética de ellos, de la Guggenheim Foundation. Todo esto para decir que no existe una estética soberana ante la cual debemos claudicar y obedecer… En estos tiempos de globalización el teatro del oprimido es más necesario y está más actual que nunca. Es lo contrario a la globalización, es la mundialización. La globalización es una pirámide de desigualdad. En la cúspide están los ricos, las personas deshonestas, los responsables del crash económico y de la crisis mundial. La globalización es una fagotización, esos ladrones se quieren comer a los demás. Es una cuestión antropofágica. La mundialización boal-feliz-300x225no. Si tú tienes un saber, tienes que compartir ese saber. Tenemos que ser generosos y solidarios con los demás… En India existe una federación de teatro del oprimido. En 2006 reunió a doce mil personas en una plaza de Nueva Delhi. Fue precioso porque el 80% eran mujeres, vestidas con sus saris de todos los colores. Ver a aquellas mujeres resueltas, fuertes, gritando consignas y cantando himnos sobre el teatro, sobre el arte, fue inolvidable. El arte, al final, les pertenece a ellas. El teatro del oprimido está consolidado por toda la India, en Pakistán, en Sri Lanka. En Sri Lanka, cuando sufrieron el tsunami, hacían el arco iris del deseo en los campos de refugiados para intentar entender cómo quedó la cabeza de aquellas personas después de una catástrofe de aquellas proporciones. Eso es lo que queremos: crear multiplicadores creativos. Multiplicar un sistema que ya existe. Lo que importa es para quién lo haces, cómo aplico este método para estas personas en este lugar y con estos problemas”.

Boal fue, sin duda, uno de los imprescindibles. Siempre supo que debía vivir en el aquí y en el ahora, que él no tenía respuestas pero sí una forma de ayudar a que los demás se hicieran las preguntas necesarias para resolver sus problemas, que la pregunta no era qué les voy a ofrecer yo, sino qué necesitan ellos para resolver sus conflictos a su manera. Pero al mismo tiempo sabía que no debía renunciar a sus sueños, que debía seguir soñando y permitiendo que sus sueños le marcaran el camino. Augusto Boal fue un soñador, un soñador sin remedio, uno de los muchos soñadores que han cambiado el mundo…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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