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Violeta Parra

VioletaParra2209Eras demasiado bella para un mundo como éste. Tu necesidad de expresarte te llevó a hacerlo con la música, la cerámica, o la poesía… siempre supiste que todo sirve cuando un corazón quiere darse. Viviste intensamente, rápida e intensamente. Tu Chile natal acunó tu encuentro con la música y te dio sus raíces. A los nueve empezaste a tocar la guitarra y a los doce ya componías. Fueron muchas las veces que te llevaron a la escuela y más las que la abandonaste para dedicarte a lo que siempre supiste que sería tu vida: la música. Tus canciones han sido cantadas por muchos y ahora nos pertenecen a tod@s, porque han formado parte de nuestra vida. Ese espíritu inquieto que siempre te acompañó te llevó a derribar fronteras, a conocer mundos nuevos, a visitar y vivir en Europa, a empaparte de otras culturas sin abandonar jamás tu sangre chilena. Violeta ParraRevolucionaste tu mundo cuando decidiste poner en el centro la cultura popular, las realidades andinas, las penas de los pobres, la sangre de los que sufren, las secas lágrimas de los que luchan… Pronto viste la injustica de este mundo, y pronto tomaste partido. Tu espíritu libre te llevó a denunciar las injusticias, todas las injusticias. Y tus canciones, implacables dianas, resuenan en el corazón de todos los que aman y en la infeliz conciencia de los que odian. Abriste caminos que muchos siguieron. Y lo hiciste con la única compañía de tus hijos y tus amores, siempre tus amores, esos que te dieron la vida.

las-ultimas-composicionesNadie como tú conoce lo que es la soledad de la creación, ese intenso diálogo con lo más íntimo de nosotros mismos donde nacen todas las musas y los dioses, siempre los dioses. Es un diálogo que nace del silencio de los caminos, del susurro del viento en los bosques, del silencio de la luna o de la callada caricia del sol… Es un diálogo que surge cuando menos lo esperas, cuando no lo buscas, cuando ves el sufrimiento del amigo, cuando le tiendes tu mano abierta al desconocido… Tú conocías bien esa soledad, Violeta, esa soledad que es capaz de llevarte al infierno o al éxtasis sin apenas darte cuenta. Cómo sufre el que crea, y cómo disfruta también… Dice Manuel Gutiérrez Aragón refiriéndose al mundo de los actores que interpretar lo que somos produce dolor e interpretar lo que no somos nos da placer. Sin duda, Violeta, tú elegiste interpretarte a ti misma, a esa Violeta que veías en los ojos del campesino que llora, en los de la mujer que ha perdido a su hijo, como lo perdiste tú, en los del preso, en los del condenado a muerte como nuestro Julián Grimao a quien le dedicaste ese desgarrado grito que es “¿Qué dirá el Santo Padre?” Y lo hiciste porque tú estabas, y siempre estarás, en los ojos de todos ellos.

3Cuando compusiste “Gracias a la vida” fueron muchos los que escucharon en ella un alegre canto al milagro de vivir, al prodigio de estar vivo. Pocos fueron los que entendieron que aquel no era otra cosa que tu canto de despedida. Un año después, sin siquiera cumplir los cincuenta, te quitaste la vida. Moriste de amor, Violeta, moriste de tanto amar a un mundo que nunca te mereció… Tus canciones siguen volando en el viento, que es para quien las escribiste, y siguen dando vida a muchos, muchos corazones… Por eso te recuerdo hoy aquí, Violeta, porque recordar no es pensar en o no olvidar, sino volver a pasar por el corazón y ahí, en lo más hondo, tú siempre seguirás viviendo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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