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Aminata Traoré, el grito del desierto

Aminata-Traore2En estos tiempos de abyección e ignominia en los que asistimos, atónitos, al reparto por cuotas que los países de la Unión Europea hacen de las personas que huyen de sus países buscando asilo político tratándolas como si fueran cabezas de ganado, cuando no gaseándolas y encerrándolas como hace el ultraderechista gobierno húngaro sin que por ello reciba la menor sanción o apercibimiento por parte de sus socios europeos, conviene escuchar la voz de los sin voz, de los que huyen, de los explotados, de los perseguidos, de todos esos “nadies” que huyen de la muerte. Si resulta indignante ver a nuestros políticos discutir para intentar acoger al menor número de refugiados posible, mucho más grave es que manifiesten públicamente sin ni siquiera nos sorprenda que están dispuestos a esforzarse para acoger a refugiados pero en ningún caso a inmigrantes económicos, como si hubiera diferencia entre morir por una bala o morir de hambre, y como si los causantes de las guerras de las que huyen y de la hambruna de la que escapan no sean los mismos: nosotros y nuestro neoliberal sistema que globaliza el crimen, la pobreza y la injusticia. Es nuestro sistema económico y político el que crea esas guerras que vemos en la televisión; el que financia la creación de enemigos públicos como Al Qaeda, Bin Laden o el propio Estado islámico; el que derroca los regímenes extranjeros, sean democráticos o dictatoriales, eso nunca importa, que no defienden sus intereses; el que obliga a los países pobres a endeudarse para que tengan que esclavos-de-nuestras-opinionesceder sus riquezas naturales a precio de saldo; el que controla los mercados mundiales; el que maneja a su antojo las instituciones internacionales; el que impide que la educación y la cultura se desarrollen libremente en cada país; el que impone su modelo sociocultural basado exclusivamente en el consumo y el crecimiento económico olvidando a las personas; el que crea ONGs y organizaciones “humanitarias” que no hacen más que consolidar la propia injusticia sin cuestionar nunca las causas que la producen; el que tranquiliza nuestras conciencias con la existencia de esas ONGs, con los donativos periódicos o a causas puntuales que han herido gravemente nuestra sensibilidad apareciendo en nuestras televisiones, con los “apadrinamientos” de niños y con macroconciertos solidarios que recorren el mundo mostrando el buen corazón que tienen algunos de nuestros “famosos”… Sí, en un mundo así, es imprescindible escuchar la voz de los sin voz, esa voz que nunca ocupa nuestros telediarios, la voz de mujeres como Aminata Traoré, incansable luchadora por los derechos de su pueblo que fue ministra de cultura en su país, Malí, y que dedica su vida a explicar por todo el mundo la realidad en la que vivimos y que ignoramos, esa realidad basada en la injusticia y los tópicos que esconden lo que somos y las razones por las que lo somos.

AminataTraorePara Aminata el origen de la situación que hoy vive en África hay que buscarlo en lo que los países occidentales hemos hecho con ella: “descubrirla”, como si hasta nuestra llegada nunca hubiera existido; “esclavizarla”, llevándonos como esclavos a sus jóvenes durante trescientos años; “colonizarla”, imponiéndoles nuestra cultura, nuestra lengua y nuestro sistema de vida; “explotarla”, apropiándonos de sus riquezas naturales bien mediante su propiedad o controlando sus precios en el mercado internacional; “endeudarla”, a través de la deuda internacional que nunca podrán pagar y que les obliga a recortar derechos tan esenciales como su propia sanidad o educación… Aminata tiene muy claras todas esas causas y también lo que hay que hacer para solucionarlas: “Hay que mirar al sur. Y para eso, para que estas relaciones cambien, hace falta que el europeo medio, en su apreciación del estado del mundo, se pregunte: “¿Por qué yo soy rico y el otro no? Si no somos arrogantes y pensamos que todos somos semejantes pese al color de la piel, ¿cómo puede ser que nosotros sigamos siendo ricos? ¿Acaso trabajo más? ¿Se debe a que nací con suerte?”. Esas son las preguntas que hay que plantearse. Y hoy la esperanza viene del hecho de que no hay una Europa, sino varias. Está la Europa de los intereses multinacionales y está la de los pueblos. Creo que el pueblo es perfectamente capaz de comprender que el planeta es un único barco. Y que si hay una primera clase que tiene derecho a todo mientras que otras personas están en la bodega, el barco terminará hundiéndose… El éxodo es el síntoma más elocuente y doloroso del nivel de desestructuración y de desmantelamiento de las economías de la sociedad africana. España conoce la humillación ligada a la emigración.

España sabe, como cualquier pueblo africano, que la gente sólo sale de su pesar. No se nace con la necesidad de ir a Occidente, vamos a Occidente porque ya no tenemos la posibilidad de vivir dignamente en nuestros países. La reproducción social de África está en peligro. Los brazos se van, los cerebros se van y los que han estudiado en el norte no quieren volver. Pero a la vez que se produce esta fuga de jóvenes, Occidente nos manda a miles de europeos por el canal de la cooperación, médicos, maestros o ingenieros, que están 20 veces mejor policestate24pagados que los africanos si aceptaran trabajar en sus propios países. Paradojas de la globalización… La solución pasa por cancelar la deuda. Y no decimos que sin condiciones, pero hay que cancelar la deuda favoreciendo que aparezca una nueva conciencia social y política en África para que localmente la gente, en vez de emigrar, tenga el derecho y la posibilidad de interrogar a sus dirigentes. La deuda se produce cuando un país no puede comprar con sus divisas y necesita dólares para subsistir. Cuando las administraciones coloniales abandonaron África, nos hicieron creer que la única forma de desarrollo posible era producir para la exportación. Pero las potencias dejaron de comprar nuestros productos a un precio justo. Durante una época sí lo hicieron, y por eso un país como Costa de Marfil pudo conocer el desarrollo y una cierta prosperidad. Con la nueva situación nos vemos obligados a pedir préstamos a los mismos que nos vendían fábricas obsoletas a sabiendas de que dentro de pocos años no encontraremos repuestos. No eran los africanos los que iban en busca de dinero, sino los vendedores de dinero los que llegaban con sus ’cheques en blanco’. Así nos hicieron tres veces dependientes: de los capitales, de la tecnología y de los expertos. Y con la crisis de los países latinoamericanos, en los 80 la deuda entra en la danza de unas políticas impuestas a todos los países. Los llamados ’programas de reajuste estructural’, que consisten en decirnos: “Vuestro nivel de independencia ya no os permite seguir haciendo esto. Vamos a explicaros lo que hay que hacer”. A partir de este momento, invertir en el ser humano se volvió secundario y África quedó arrinconada. Cada dirigente africano tiene que hacer frente a la deuda con reformas económicas. No hay políticas económicas nacionales autónomas. El FMI, el Banco Mundial y la comunidad internacional se han puesto de acuerdo para que se privaticen todas las fábricas en nombre de la globalización. Las empresas públicas, que se vendieron a precio de saldo, se han convertido en empresas privadas con unos modos de funcionamiento que no permiten dar trabajo a los jóvenes. esclavitud_modernaPero el sector privado no existe porque no tenemos mercado. Un caso paradigmático es el de mi país, Malí: Hace años Francia decide que mi país va a dedicarse al algodón. Así que no nos prestan dinero para desarrollar nuestro nivel de vida, pero sí para lo que interesa al mercado mundial: el algodón. Malí lo apostó todo pensando que iba a tener divisas para reembolsar la deuda y se convirtió en el mayor productor del mundo. Pero Malí no decide el precio y Europa y Estados Unidos subvencionan su algodón para no tener problemas con sus propios agricultores. No podemos competir. Y mientras Europa habla de globalización y subvenciona a su agricultura, Malí dejó de cultivar mangos y tomates para satisfacer las necesidades de la población y se introdujo la lógica mercantil en el tejido social. Dedicamos todos nuestros recursos al desarrollo de los cultivos comerciales que interesan a los países ricos. Y al cabo del tiempo, Occidente se lamenta: “¡Oh, África, tiene hambre! Debemos enviarles comida”… La cuestión no es la pobreza en sí, sino el mecanismo que la crea y la hace crecer. Si la cooperación internacional, la ayuda, significa crear una estructura mundial para que Europa y EE UU puedan ir a cualquier país y tomar lo que les venga en gana, entonces nunca se resolverá el problema, porque, en realidad, no es ese su objetivo. Arrebatarle la riqueza a la gente y después fingir que se le quiere ayudar…, si no fuera tan triste, sería como para morirse de risa. inmigrantes-sahara-488x216De hambre, en este caso. ¿por qué habrían de cambiar su modo de actuar? Nos roban de un lado, nos devuelven unas migajas y lo llaman “cooperación”. La globalización, su globalización, no es más que una guerra: El objetivo de una guerra es dominar a los demás, otro país, el mundo…

Las armas de la globalización son nuevas. Sin embargo, ésta no es una contienda honesta. Se libra contra personas que no son conscientes de esa dominación. La globalización no es otra cosa que occidentalización. Occidente quiere ser el centro del mundo. Los datos son muy claros: el 50 por ciento de las víctimas de las guerras está allí, la mayoría de los refugiados del mundo son africanos; nuestros niños son carne de cañón, pobreza, epidemias… Si hay una región en el mundo que paga un pesado tributo al mundo actual es África. ¿Lo merecemos? ¿Somos unos inútiles? No, la prosperidad del Norte está asentada en la explotación de otros lugares del planeta y éste contribuye enormemente. Los occidentales no ven el mundo al completo. En los países ricos, el debate gira alrededor del tipo de liberalización, el ritmo de la misma que la gente puede soportar… En África, los medios de comunicación dicen: “Ya que la globalización está ahí hemos de adaptarnos”. Pero no es para nosotros, sino contra nosotros. Tenemos que organizarnos para que no nos destruya”

Traore_aminata_expressTambién su posición sobre lo que está pasando con las personas migrantes es muy clara: “España ha sido tradicionalmente un país de emigrantes y por razones parecidas a las que tenemos en África: buscar mejores horizontes, dinero. A todos les gustaría quedarse donde han nacido, con su familia, sus amigos, sus referencias culturales. No se emigra por placer, sino por necesidad. Nuestros gobiernos sólo rinden cuentas a los países ricos. Así que los europeos no deberían sorprenderse si, como resultado de más crisis y más desempleo en África, ven llegar mucha más inmigración ilegal a Europa. Si los líderes demagogos consiguen organizar sus milicias en los países en guerra, es porque los jóvenes no tienen perspectivas. En África somos tres veces dependientes: dependemos de los capitales, de la tecnología y de los expertos. Y ni siquiera podemos competir. Los países ricos subvencionan su algodón para contentar a sus agricultores o ponen aranceles al nuestro para que no sea competitivo. Y como debemos tanto, viene el Fondo Monetario Internacional y nos impone un programa de ajuste estructural (reducir el gasto público, aumentar impuestos, abrir las aduanas y el mercado interior…) comprometiendo las inversiones en educación y salud. En África, el ser humano es secundario.

Por esto Aminata Traoré es tremendamente escéptica en todo lo que se refiere a la “ayuda” que África recibe de Occidente. Como ella bien dice, “si de verdad quieres ayudar a África primero tienes que conocerla”. Sus opiniones modifican por completo la visión de esas “ayudas” que tenemos aquí: “No creo en las ONG caritativas. El problema es que las asociaciones y ONG que trabajan con fondos públicos se niegan a preguntarse por las malas acciones de la globalización. Cooperar significa trabajar juntos. Ese es lo que nosotros aceptamos. No se puede llegar e imponer sin contar con la gente a la que, dicen, quieren ayudar. No ayudarás a África con dinero si no la comprendes primero. Y luego vienen los de los conciertos solidarios. Es demasiado ver a Tony Blair junto con Bob Geldof lamentarse por África y organizar un acto con grandes celebridades. Todo esto de los conciertos reivindicativos sólo contribuye a agravar el asunto de la falsa ayuda, limpiando la conciencia de la gente. Es una ceremonia de catarsis colectiva y nada más. Geldof se ha convertido en un instrumento del sistema, aunque no creo que él sea consciente de ello. No queremos que nadie piense por nosotros…”

Nuestros medios de comunicación se ocupan muy mucho de extender las ideas que consolidan el sistema neoliberal. Nos adormecen hablándonos de la corrupción que hay en los países africanos como si esa fuera la causa real de su pobreza, como también pretenden hacernos sentir bien divulgando las campañas que hay en contra de las barbaridades machistas que hay en esos países como la ablación. Escuchar la voz de Aminata sobre estos temas hace que te replantees muchos de los clichés que tienes tan asumidos: “Occidente ha conseguido que los africanos se enfrenten aminata-traorc3a9-janvier-2014entre sí: No podemos debatir asuntos políticos sin que las elecciones se conviertan en una oportunidad para matarnos los unos a los otros. Nadie cuestiona a los que toman las decisiones. Los políticos recurren al fraude, el soborno o las armas para no dar explicaciones. Las elites los apoyan con dinero, muchas veces procedente de la cooperación internacional, para aplicar políticas que se deciden en Washington, Bruselas y París. La realidad demuestra que las elecciones en África sólo han servido para legitimar la depauperación de nuestros países. En el Tercer Mundo, para Occidente, “democracia” significa organizar elecciones y elegir a unos representantes. Al final, los elegidos representan los intereses de los países ricos. Es más, Occidente sólo promueve elecciones donde sabe que ganarán quienes les interesan a ellos. Y si no, le harán la vida imposible al ganador, como en Venezuela. A los políticos no les preocupa la dimensión cultural, porque obtienen financiación de las instituciones multilaterales, que sólo confían en su propio concepto de desarrollo. Todos estos sujetos van por ahí desesperados por atraer inversión extranjera. El inversor extranjero lo es todo, la gente no es nada. De su llegada se benefician todos, salvo el pueblo de Malí. Y cuando aparecen, traen la corrupción, contaminan nuestros ríos, nuestros ecosistemas, pagan salarios más bajos que en su país de origen a nuestra gente… ¡Dios mío, si tuviéramos un solo gobernante con valor para intentar cambiar las cosas! Desde los primeros días de la independencia, todos los líderes africanos que se atrevieron a decir: “Queremos ser nosotros mismos”, fueron considerados una amenaza para Occidente. Y, por consiguiente, eliminados o derrocados. África no tiene el monopolio de la corrupción, pero es fácil esconderse detrás de ella para no liberar recursos que los pueblos necesitan. Cuando yo era niña la mayoría de los dirigentes no eran corruptos.

Procedían de la docencia y tenían un verdadero interés por su país. Pero fueron ferozmente combatidos por los europeos porque pensaban que eran satélites de la Unión Soviética y premiaron a los militares golpistas que les sustituyeron. Hoy los dirigentes son corruptos porque Washington y Bruselas les dan instrucciones y les piden cuentas para que no permitan al pueblo africano organizarse y gestionarse. Occidente mira al resto del mundo en términos 1de tener o no tener. Lo peor que le puede ocurrir a alguien es carecer de cosas materiales: “¡Oh!, ¿cómo alguien puede ser tan pobre?”. Sus valores y referentes se basan en el consumo. Se supone que es el mejor modo de vida conocido. Este es su imaginario y el que aplican para juzgar a todos los demás. Y nos han hecho una especie de lavado de cerebro. La imagen que alimentas de ti mismo se ha creado en el exterior. Todo pasa por las palabras. La mayor parte de ellas no tiene traducción en nuestras lenguas. Los derechos del hombre, por ejemplo, son una invención del Norte. No pongo en duda la importancia de los valores, sólo digo que el Norte se ha apropiado del derecho a definir el mundo. La rehabilitación de nuestro imaginario violado es un reto económico, político y cultural. El orden neoliberal quiere transformar nuestras economías y sociedades por encima de nosotros, destruyendo nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. No digo que el pasado fuera un paraíso; trato sólo de recordar a África que debe saber extraer lo mejor de su patrimonio cultural y socio-religioso. Nuestro futuro pasa por defender nuestra propia cultura y nuestra educación, la integración social de la mujer, la dignidad de nuestros pueblos… Cada vez hay más mujeres apoyando todas estas ideas de cambio de las que hablo. Pero sus preocupaciones siguen siendo no enfermar, sobrevivir al parto y que el marido tenga trabajo. Les gustaría ir a la escuela, pero, en los 80, el Banco Mundial dinamitó las iniciativas de algunos países para implantar la educación universal. Hay que preguntarle al Banco Mundial cuál es su responsabilidad. Los occidentales hablan de la ablación, pero ese es un problema interno Ablacio_n_de_cli_torisde África y África es la que debe resolverlo. La ablación se ha convertido en un negocio para algunos africanos porque Occidente está dispuesto a invertir en esas campañas sin preocuparse de que nada cambie tras ellas. El día en que se ofrezca a las mujeres la posibilidad de instruirse y de tener otras referencias culturales, esta práctica desaparecerá. Hoy sólo se añade desprecio por nuestro pueblo. Es un verdadero insulto para las mujeres africanas el que se las persiga para saber si les han practicado la ablación o no. El machaque económico de África es una ablación que nos duele más que la del clítoris. Que dejen la posibilidad a las mujeres africanas de organizarse, de llevar a cabo su combate, porque se están muriendo de tanto desprecio cultural. La ablación es un problema grave, pero los que dicen luchar “por la dignidad de la mujer africana” ignoran el entorno en que se produce. Las mujeres mueren de hambre, de sed, por falta de asistencia médica.., pero están más interesados en su clítoris que en conocer sus verdaderos problemas. La destrucción de África es mucho peor que la ablación. Si se hiciera algo para evitar la primera, sería más fácil combatir la segunda”

La mirada de Aminata no es pesimista, es una mirada que ve el futuro, el suyo y el nuestro, con esperanza: Hoy el debate sobre la cultura es esencial. Hay que relanzar la producción, la de bienes, pero también la del sentido común, los valores morales, responsabilizar a nuestros dirigentes… Debemos luchar por la reapropiación de nuestro destino. África no es pobre y tiene su dignidad. Los occidentales saben que pueden saquear, acusar y ridiculizar a los africanos. No les cuesta nada. Tienen medios de comunicación poderosos que difunden la imagen de una África decrépita que no sale adelante. Y la verdad es que podría si le tendiera la mano. La creatividad es nuestra esperanza, incluida la creatividad política. Cuando vemos los desastres de hoy, las proezas tecnológicas, pero también los daños que producen las tecnologías, nos damos cuenta, una vez más, de que África posee unos valores sociales y culturales que pueden salvar el mundo. Pero con la condición de que dejen de machacarnos, de humillarnos”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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