Cine/Teatro General Otros temas

¿Dónde han ido los héroes?

6En estos tiempos en los que, paralizados por nuestro miedo o por nuestro egoísmo, exclamamos impasibles un políticamente correcto “Qué horror” o “Pobrecillos” cuando vemos en los noticiarios que miles y miles de personas mueren intentando llegar a nuestras fronteras huyendo de la guerra y del hambre que nuestra todopoderosa Unión Europea ha ayudado a crear, cuando vemos que la UE financia la construcción de vallas para que esos inmigrantes pobres no puedan entrar, cuando vemos que el monstruo del nazismo vuelve a resurgir en Europa quemando hogares para inmigrantes en Alemania o apaleando a mendigos y homosexuales en España, cuando asistimos impasibles al resurgir de los partidos de la extrema derecha en Alemania, Grecia, Francia, Reino Unido, Finlandia y tantos y tantos países… adquiere una fuerza imponente la figura de personas que fueron, y son, capaces de dedicar su vida a luchar contra la injusticia, a jugarse la vida por ayudar a los demás, a entregarse por completo a defender lo que creen, a tener siempre su mano abierta a quien la pueda necesitar. Ejemplos hay muchos, tanto aquí como fuera de nuestro país. Hoy quiero hablar de uno de ellos, Hugh O´Flaherty, un humilde cura irlandés que, jugándose la vida, salvó a seis mil quinientas personas en la Roma ocupada por los nazis. Su vida fue una vida de película, una permanente aventura y, sobre todo, una lección de humanidad. Por eso fue llevada al cine en la inolvidable “Escarlata y negro” que protagonizaron Gregory Peck, en el papel de O´Flaherty, y Christopher Plummer, en el de Kapler, el teniente coronel de las SS que estaba al mando de la ciudad de Roma y que persiguió y asesinó a cientos de personas.

Nacido en 1898 en la pequeña localidad irlandesa de Cahersiveen, donde su padre era camarero en un club de golf, deporte que llegó a convertirse 2en una verdadera pasión para él y en el que llegó a ganar varios torneos amateurs, se ordenó sacerdote en Roma a los 27 años y fue destinado como diplomático del Vaticano en Egipto, Haití, Santo Domingo y Checoeslovaquia. Su habilidad con el golf le abrió puertas que a otros les estaban vedadas ya que fueron muchas las veces que salió a jugar con personalidades como Alfonso XIII, que por aquel entonces vivía su exilio en Roma. Durante su juventud O´Flaherty había vivido la represión política en Irlanda. Varios de sus amigos fueron asesinados por las tropas británicas. Por eso, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, pensó que los nazis alemanes no serían muy diferentes de los soldados británicos. Aunque le habían llegado rumores de la existencia de campos de exterminio nazis, O´Flaherty no acabó de creérselos hasta que las tropas alemanas invadieron Roma. Pensó que, simplemente, eran propaganda aliada. Pero ver en persona la persecución y la represión que los nazis ejercían sobre todos los que ellos consideraban enemigos del Reich le hizo cambiar de opinión y tomar partido: empezó a ayudar a judíos y a anti fascistas.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial O´Flaherty había ido a los campos de prisioneros aliados para intentar encontrar a los que habían sido declarados como desaparecidos e informaba a sus familiares a 1través de radio Vaticano. Cuando, ya avanzada la guerra, miles de esos prisioneros fueron liberados y se dirigían al Vaticano, Estado que seguía siendo neutral, buscando refugio, Kappler y sus SS recibieron la orden de no dejarles entrar. Sitiaron la ciudad del Vaticano pintando una gruesa línea blanca para delimitar no tanto hasta dónde podían llegar los soldados alemanes, como para recordar al Papa y a la Iglesia dónde acababan su neutralidad y sus privilegios. La ciudad del Vaticano había acogido ya a muchos refugiados durante la guerra y si quería evitar un encontronazo diplomático con Hitler, no debía acoger a más. Y es entonces cuando O´Flaherty monta, junto a varios colaboradores entre los que destaca Sam Derry, un coronel británico, una organización clandestina dedicada a acoger, esconder y trasladar a los refugiados que llegaban.

Aquella organización se apoyó en diplomáticos extranjeros residentes en Roma y, sobre todo, en anónimos ciudadanos italianos que escondían a los kappler_herbertrefugiados en sus propias casas jugándose literalmente la vida porque, como todos sabían, si los alemanes encontraban a los refugiados los enviaban a campos de concentración, pero a quienes les habían dado refugio los fusilaban acusados de traición. La audacia de aquella organización era impresionante. Tenían pisos clandestinos en los lugares más insospechados de Roma: junto al cuartel de las SS, en el Instituto Alemán… Kappler, ansioso por hacer méritos ante sus superiores, no dudó en estrechar el cerco a la organización convirtiendo Roma en una ciudad sitiada en la que había controles por todas partes y se había establecido el toque de queda. Las detenciones indiscriminadas y las torturas era práctica habitual de las SS. Se estableció entonces un peligroso juego del gato y el ratón: Kappler sabía que O´Flaherty era el cabecilla de la organización, pero no podía detenerle dentro de la ciudad del Vaticano ya que allí disfrutaba de inmunidad diplomática. De nada le sirvió entrevistarse personalmente con el Papa pidiendo la cabeza del cura irlandés. El equilibrio entre las altas instancias vaticanas y las SS era muy precario por lo que O´Flaherty se vio sometido a muchas presiones para que, con su actividad clandestina, no pusiera en peligro la inmunidad de la Santa Sede.

7Consciente del riesgo que mantener aquella actividad suponía siguió ejerciéndola intentando tomar medidas de seguridad de lo más imaginativo: salía del Vaticano, donde era intocable para los alemanes, disfrazado de vendedor ambulante, de monja, de carbonero, incluso de oficial de las SS. Por eso en Roma se le conocía como la Pimpinela del Vaticano. Sus golpes eran cada vez más audaces y el odio que la impotencia hacía crecer en Kappler alcanzó niveles enfermizos. Su rivalidad había llegado a convertirse para él en un duelo, un duelo a muerte. Puso precio a su cabeza y pagó a mercenarios para que entrasen en el Vaticano y asesinasen a O´Flaherty que, desafiándole abiertamente, seguía acudiendo puntual a su cita diaria en las escaleras vaticanas donde recibía a los refugiados que llegaban buscando cobijo. La represión alemana era atroz. A cada atentado contra sus tropas respondían fusilando a ciudadanos inocentes, y lo hacían en una proporción de diez ciudadanos por cada alemán muerto. Tras un atentado de la resistencia en el que murieron 33 soldados alemanes, Kappler fusiló el 24 de marzo de 1944 a 335 prisioneros en la matanza conocida como la masacre de las fosas Adeatinas.

8El desembarco aliado en Italia obligó a los alemanes a evacuar Roma. Las tropas alemanas se batían en retirada en todos los frentes. Sus oficiales sabían que aquello era el principio del fin. Kappler no dudó entonces en jugar su última baza con O´Flaherty: pedirle que ayudara a huir a su mujer y a sus hijos. Él, que había perseguido, torturado y asesinado a cientos de personas y que había combatido con todas sus fuerzas a O´Flaherty, le pedía ayuda. Y O´Flaherty se la dio. Utilizó su organización para evacuar clandestinamente a la familia de Kappler hasta Suiza.

Acabada la guerra Kappler fue capturado y condenado a cadena perpetua. Cumplió su condena en la prisión italiana de Gaeta. Solo una persona iba a visitarle. Lo hacía cada mes: Monseñor O´Flaherty. Años más tarde Kappler se convirtió al catolicismo. Cuando le preguntaron por ello a O´Flaherty, simplemente respondió: “De eso hace ya mucho tiempo y dudo que le interese a nadie…” O´Flaherty sufrió un ataque al corazón en 1960 y se fue vivir con su hermana a su pueblo natal, donde murió tres años después. Pese a los intentos de que pusieran a Kappler en libertad, la justicia italiana nunca accedió. En 1977, estando gravemente enfermo fue trasladado a un hospital. Las autoridades italianas permitieron que su esposa, que era enfermera, fuese a cuidarlo. Aprovechando la libertad que tenía para moverse por el hospital, metió a Kappler en un baúl (el deterioro de su salud le había llevado a pesar poco más de 40 kilos), y se fugó con él. Las autoridades alemanas se negaron a extraditarle a Italia. Murió pocos meses después.

BBC_OFlahertyLa historia de Monseñor O´Flaherty no es una historia aislada. Son muchos los que se la jugaron por salvar a los demás. Son muchos también los que se la siguen jugando ahora. Pero, como entonces, son las excepciones. Lo que duele es pensar que, ante la injusticia y el horror, la mayoría sigue callando y mirando a otro lado. Hace 80 años Hitler criminalizó a los judíos y los encerró en campos de concentración donde los exterminó. Hoy la Unión Europea no criminaliza a los judíos, sino a los inmigrantes pobres, a los que piden refugio, a los que pasan hambre, a los “nadies” de este mundo. No les condenan por ser de una raza u otra, por seguir esta religión o la de más allá. Se les condena simplemente por ser pobres, por no tener nada. Y 5esos pobres son tantos que no caben en campos de concentración por grandes que los construyan. Por eso la UE está vallando sus fronteras construyendo un paraíso inexpugnable para todos esos seres humanos que huyen de las guerras y las hambrunas que la propia UE ha ayudado a crear. Les condenan a no poder entrar, quedarse fuera, les niegan el refugio que podría salvarles de la muerte. Y, a pesar de esa execrable muestra de egoísmo y de absoluta falta de respeto a los derechos humanos y a valores como solidaridad o justicia, cada día son más los neonazis que queman hogares para inmigrantes en Alemania o apalean a mendigos y homosexuales en España. Cada día son más los ciudadanos europeos que votan a partidos de extrema derecha en Francia, en Hungría, en Finlandia, en Reino Unido, en Grecia, en Alemania… ¿No hemos aprendido nada de la Historia? ¿Es esta la Europa de tod@s que nos prometieron? ¿De verdad queremos pertenecer a esto? ¿Qué queda de los valores que nos hacen ser seres humanos? ¿Tan barato nos vendemos? Cada día siento un asco más profundo por este nuevo monstruo que, entre tod@s, con nuestra palabra o nuestro silencio, estamos creando. Hoy, más que nunca, necesitamos héroes como Hugh O´Flaherty pero ¿dónde han ido todos los héroes?

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar