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En el nombre del padre

In_the_name_of_the_father_ver1Pocas películas como “En el nombre del padre” reflejan la crueldad y el sinsentido de la guerra sucia de un Estado. Cuenta la historia real de los “cuatro de Guilford”, cuatro jóvenes que ni siquiera estaban concienciados políticamente, que fueron condenados acusados de haber puesto una bomba en un pub que mató a cinco personas. Ocurrió en 1974, año de sueños y quimeras, de revueltas, del movimiento hippie, de la lucha del IRA por la independencia… Aquellos cuatro jóvenes eran inocentes, pero eso no le importó a unos policías sedientos de venganza, a unos jueces ansiosos por dar un castigo ejemplar y a unos políticos a los que solo les preocupaba ganar las próximas elecciones. El caso de los “cuatro de Guilford” fue un despropósito de proporciones abominables. No solo condenaron a los cuatro jóvenes, sino también a toda la familia de Gerry Conlon, uno de ellos, acusada de fabricar bombas. Ninguno de aquellos familiares había visto una bomba en su vida, pero eso, a la “justicia” no le importó: necesitaban culpables, querían dar un escarmiento público y _75711737_guilford_4_release_guilford_4-_pic_1buscaban contentar a sus votantes más fanáticos. Las cloacas del Estado, de todos los Estados, son la negación de los derechos que los sustentan. Y esas cloacas, esa guerra sucia, no solo es la creación, financiación o mantenimiento de grupos paramilitares como los GAL, que aquí se formaron con miembros de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y mercenarios y que fueron organizados desde el Gobierno. Guerra sucia es permitir la vulneración de los derechos humanos, es no investigar las torturas que se producen en las comisarías, es dispersar a los presos llevándolos a cárceles alejadas de sus lugares de origen como simple arma política cuyo afán de venganza se impone al objetivo de reinserción que marcan las leyes, es utilizar declaraciones autoinculpatorias conseguidas bajo torturas y malos tratos como única prueba incriminatoria, es saltarse la legislación internacional para alargar las penas de cárcel más allá de lo que corresponden, es someter sistemáticamente a régimen de aislamiento a los 2presos, es aceptar como única prueba el testimonio policial, es indultar sistemáticamente a los policías condenados por torturas, es manipular a la opinión pública a través de los medios de comunicación… Todas esas atrocidades que forman la guerra sucia fueron impunemente empleadas por el gobierno británico para enfrentarse al IRA y lo han sido y lo son por el gobierno español para enfrentarse a la izquierda abertzale. Son los movimientos independentistas los que desatan la furia y la irracionalidad más exacerbada de los Estados.

“En el nombre del padre” está dirigida por Jim Sheridan y producida por otro gran director norirlandés, Terry George. Ambos 9escribieron el guion. Muchos irlandeses ilustres contribuyeron a hacer posible esta película: el actor Gabriel Byrne como productor ejecutivo, Bono y U2 componiendo algunos temas que forman parte de su banda sonora…El excepcional guion, basado en la propia autobiografía de Gerry Conlon, le permite a Sheridan adentrarse durante algo más de dos horas de película en ese submundo cruel y aterrador de la guerra sucia al tiempo que, en paralelo, vivimos, como un preso más, la situación en las cárceles y la lucha de los presos por la libertad. La interpretación que Daniel Day-Lewis hace de Gerry in-the-name-of-my-fatherConlon es magistral. Estuvo nominado al Oscar por ella. A lo largo de la película nos hace ver, hasta en los más mínimos detalles, la evolución de su personaje: un joven alocado cuyo único propósito en la vida es divertirse y sobrevivir que, en el durísimo proceso que le toca vivir ante la injusticia a la que es sometido, va tomando conciencia política y decide enfrentarse a la realidad. El hecho de que en la vida real compartiera celda con su propio padre, también condenado injustamente como él, da a la historia una riqueza impresionante. Giuseppe es ese padre soberbiamente interpretado por el que para Steven Spielberg fue el mejor actor del mundo, Pete pete-postlethwaitePostlethwaite, formidable actor británico de teatro que se dio a conocer en el mundo del cine con esta película, por la que también fue nominado al Oscar. Verles a los dos encerrados en la misma celda, escuchar sus discusiones, asistir a sus muestras de respeto, de cariño y de admitirse el uno al otro, es una lección de humanidad que hace que esta historia, la historia de Gerry y Giuseppe Conlon, sea imposible de olvidar. La dirección de actores que hace Sheridan es impecable. Todos están a una altura increíble y la aparición, en la segunda parte de la película, de Emma Thompson en el papel de la abogada activista de los Conlon es un verdadero regalo para todos los que amamos la interpretación.

5Viendo como la policía oculta premeditadamente pruebas y testimonios exculpatorios, como el juez que dicta la sentencia no duda en declarar que no entiende que no hayan sido acusados del delito de traición a la patria que conlleva la pena capital que él no hubiera dudado en aplicar en este caso, como la opinión pública es sistemáticamente manipulada y engañada y comprobando que ni uno solo de los policías que ocultaron las pruebas o testificaron en falso bajo juramento fueron condenados, no puedes dejar de plantearte unas preguntas que nadie debería dejar de hacerse: ¿A quién defiende en realidad la justicia?, ¿Busca de verdad el aparato judicial hacer justicia o se pliega a otros intereses?, ¿Somos iguales ante la ley?, ¿Cuántos inocentes habrá en las cárceles cumpliendo condena 7por delitos que no cometieron, cuántos inocentes habrán sido ejecutados?, ¿Cómo es posible que un simple testimonio policial pueda condenar a una persona a ir a la cárcel?, ¿Por qué si un acusado declara algo tiene que presentar pruebas que sustenten su testimonio pero si quien hace esa declaración es un policía no?, ¿No habremos pervertido uno de los fundamentos de derecho: la presunción de inocencia?, si la policía vigila a la ciudadanía, ¿quién vigila a la policía?, ¿con qué medios cuenta?, ¿tiene atribuciones, medios y poder para hacerlo…? Es todo el sistema de justicia, el propio Estado, el que debe ser cuestionado y revisado. Creemos que por votar una vez cada cuatro años somos libres y tenemos un Estado democrático. Que a diario veamos que no hay independencia del poder judicial, que no existe separación de poderes, que nuestros derechos son 4sistemáticamente recortados en un cuidadoso y elaborado plan de criminalización de la protesta, que la justicia no es igual para ricos que para pobres, que son contados los banqueros y empresarios que nos han estafado miles de millones que han ido a prisión, y miles los pobres desgraciados que cumplen años de cárcel por haber robado para comer… que veamos todo eso nos da igual. Bien se cuidan nuestros medios de comunicación y nuestro modelo educativo de adocenarnos y vendernos las excelencias de nuestra democracia ocultando sus carencias, injusticias y miserias. Ver películas como “En el nombre del padre” es necesario porque nos hace replantear muchas, muchas, cosas y nos hace ver que las injusticias y las atrocidades que vemos en la pantalla no son algo que pertenezca a la ficción, al pasado o al conflicto irlandés, sino que siguen presentes en nuestro aquí y nuestro ahora.

En una fiesta con motivo del fin de rodaje de la película The promise tuve oportunidad de charlar un rato con Terry. Le conté que había escrito el guion de mi última novela publicada, “La taberna de los sueños”, ambientada en Viena en 1938 y que es un canto al amor y a la amistad frente al nazismo y la anexión de Austria por el III Reich. Nos reímos cuando le conté que llevé el guion a varias productoras españolas y me dijeron que les gustaba la historia pero que contaba una historia de gente “de fuera”, que pasaba “fuera”… que eso no se había hecho nunca en el cine español y que podría interesarles si la cambiaba y la llevaba a la guerra civil española. Terry, con mucha sorna y una aguda ironía me confesó que cuando llevó el guion de “En el nombre del padre” a varias productoras de Hollywood le dijeron que estaba muy bien pero que preferían que el padre se salvase y que saliera de la cárcel. Pocas anécdotas como esta definen lo que es la industria del cine. ¿Cómo podían pedirle que cambiase el final de una historia real, el eje central de toda la historia, que es precisamente la injusta muerte del padre en la cárcel? Menos mal que en esta industria hay personas como él que defienden lo que hacen y en lo que creen y son capaces de hacernos llegar películas tan duras, bellas y necesarias como “En el nombre del padre”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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