Cine/Teatro General

Mandarinas

mandarinas_36022Una guerra aislada y tan aparentemente insignificante como para no aparecer en nuestros telediarios le sirve a Zaza Urushadze para contarnos una historia universal, un poético y hermoso canto a la amistad, la solidaridad, el perdón y la paz. Ubicada en 1992 en la pequeña región de Abjasia, dentro de lo que es Georgia, la exrepública soviética, MANDARINAS, nos adentra en el sinsentido de una guerra, la guerra por la independencia de Abjasia, en la que abjasios apoyados por chechenos musulmanes se enfrentan a georgianos cristianos. Como en tantas guerras, política y religión andan de por medio; como en todas las guerras las víctimas son los seres humanos, de uno y otro lado. Vista a través de los ojos de Ivo, un viejo estonio que lleva toda su vida viviendo en su diminuta aldea, y que pretende seguir haciéndolo a pesar de la guerra, que ya ha arrasado lo que había sido su mundo. Vive solo, su familia se fue en cuanto empezó la guerra. Pero él sigue allí. No quiere irse. No quiere abandonar su mundo. No quiere rendirse. Comparte su soledad con un único vecino, Margus, tan perdido y solitario como él. Margus no quiere abandonar su tierra hasta haber cosechado su campo de mandarinas, lo único que tiene. Ivo le ayuda en la tarea construyendo las cajas con las que lo hará. Ese reducto de paz en el que viven, ajenos a la mandarinas-microcritica-L-_jlDjgguerra que todo lo invade, se ve cada día más amenazado. Por el camino que une sus casas a diario pasan soldados de uno y otro bando persiguiéndose unos a otros en una abyecta carrera hacia ninguna parte. Guiados por el odio, esos soldados son incapaces de ver el sinsentido de su guerra, de todas las guerras. Margus e Ivo intentan seguir con su apacible vida hasta que se produce un enfrentamiento frente a su casa. Mueren varios soldados pero un checheno y un georgiano quedan Mandarinas-Fotogramamalheridos. Ivo no duda en llevarlos a su casa. Quiere curar sus heridas, apagar su odio. Lo que nos cuenta MANDARINAS, una película que rebosa humanidad en cada fotograma, es la convivencia entre cuatro paredes de esos dos viejos llenos de paz con dos jóvenes armados de odio que juran matarse el uno al otro en cuanto se recuperen. La convivencia no es fácil, el odio acumulado y la desconfianza son enemigos muy poderosos. Solo la convivencia, el conocerse el uno al otro, el entender que el otro es como yo y, sobre todo, aceptar que otro mundo es posible, harán que, lenta e inexorablemente, otros sentimientos afloren.

Mandarinas.-Foto-grandeMANDARINAS es un alegato en favor de la paz, un profundo grito antibelicista que nos recuerda que nada puede construirse desde la violencia y que todos los mundos pueden llegar a edificarse si nos atrevemos a vencer nuestros miedos y a superar lo que nos diferencia. Es una película pequeña, sencilla, humilde, y por eso enorme. Rodada con apenas 650.000 euros, llegó a estar nominada a los Oscars a la mejor película de habla no inglesa del año pasado. Y, lo más sorprendente, contando una historia ambientada en un país que casi nadie conoce, protagonizada por actores desconocidos para el gran público y 5hablando de un conflicto totalmente ignorado para los más. Urushadze escribió el guion en apenas dos semanas y rodó la película en cuatro. Su cine es un cine nuevo, fresco, libre, reposado… Prescindiendo de la palabra cuanto puede para dejar que sea la imagen la que hable, es capaz de llevarnos a lo más profundo que sienten sus personajes, a ese lugar donde solo hablan los sentimientos. No se trata de una película política, no es un cine con moraleja, pero sí un cine que invita al espectador a reflexionar sobre el sinsentido del mundo que le rodea, como bien dice su director: “Con Mandarinas no pretendo cambiar el pensamiento mundial, pero sí creo que puede influir a ciertos sectores concretos a tomar decisiones, independientemente de sus valores culturales o religiosos. Es verdad que en algunos casos habrá ciertas restricciones, y es imposible pretender que una película cambie el orden del pensamiento 6mundial, pero lo de lo que sí estoy seguro es de que puede hacer reflexionar a todos aquellos que la vean. El mensaje es que la vida es corta y que por encima de cualquier religión o de la propia política está el ser humano. Tenemos que aprender a convivir y dejar de lado nuestras diferencias” Ambientar la película en un espacio tan cerrado, incluso claustrofóbico, fue una opción absolutamente deliberada y es uno de sus mayores aciertos: “Una historia se vuelve mucho más interesante de esta manera. Hay una serie de personas que se encuentran en un sitio y en un momento determinados. Ellos no eligen que sea así, pero Mandariinid-Tangerines-02el azar los ha reunido en un punto concreto y eso es algo inevitable. La película no está centrada en las escenas de guerra porque ese entorno tan pequeño y reducido de los personajes, como puede ser una casa destartalada o un campo de mandarinas, expresa mucho mejor el conflicto que una batalla sangrienta. Es un conflicto interior, una tragedia personal. La humanidad crea sus propias tragedias. Sin embargo cada uno se toma su tragedia desde una perspectiva diferente y reacciona de un modo u otro. El instinto de supervivencia varía mucho dependiendo de la situación: mientras unos son agresivos otros simplemente se limitan a sobrevivir moralmente”

mandarinas-cartel-bEl peso de la película recae en la soberbia interpretación que Lembit Ulfsak hace del personaje de Ivo. En un registro totalmente naturalista y sobrio, es capaz de transmitir todo lo que el viejo Ivo lleva dentro. Su amor a su tierra, su profundo apego a ese terruño donde siempre ha vivido, la inquebrantable convicción de sus valores y forma de vida, su amor a la soledad, su no dejar nunca de llevar a su familia en lo más hondo pese a vivir distanciado de ella, su constante predisposición a ayudar a quien lo necesite… La dirección de actores es exquisita, meticulosa, atenta a los detalles, por nimios que parezcan, como lo es también la forma de dirigir de Urushadze, de una sutilidad extrema, adecuando, por ejemplo, los suaves y lentos movimientos de la cámara al lento, viejo y pausado paso de su protagonista. Son tantos los detalles que tiene esta película… Uno de ellos me llegó al alma: el protagonismo que Mary, la nieta de Ivo, va adquiriendo conforme pasa la película, a pesar de que su aparición se limita a un retrato, el que Ivo tiene en la cómoda del comedor de su casa. El mercenario checheno no puede evitar fijarse en ella en cuanto empieza a recuperarse de sus heridas y a salir de su habitación. Lo mismo le pasa al soldado georgiano que, inevitablemente, se siente incapaz de apartar sus ojos de la foto, una foto de una mujer frases-pelicula-tangerines-2desconocida, feliz, alegre y llena de vida, quizá como esa mujer que ambos han dejado atrás o que sueñan llegar a encontrar algún día. Las evasivas de Ivo a las preguntas de ambos y el profundo amor con que la mira en sus momentos de soledad hacen que la ausencia de esa mujer ilumine por completo el corazón de todos los que habitan la casa. A veces una simple fotografía, incluso la de una persona desconocida, es capaz de calentar el corazón más helado… Y si esa fugaz presencia se convierte en un personaje más de la película, qué decir de la portentosa música compuesta por Niaz Diasamidze, esa música cargada de fuerza y melancolía que, como ninguna otra, es capaz de transmitirnos la atmósfera de ese mundo de valores universales que se resiste a morir.

2La acogida que tuvo MANDARINAS en Georgia, y después en su paso por diversos festivales, sorprendió al director. La noche de su premiere en Tiflis el público, puesto en pie, la aplaudió durante quince minutos. Que un canto a la paz en esa región perdida a medio camino entre Asia y Europa, rodeada de guerras y constantes amenazas, cosechara ese éxito es algo que debería llenarnos de esperanza a tod@s l@s que creemos que otro mundo es posible. Como lo es también ver que una película humilde y sencilla traspasa todas las fronteras para llevar ese profundo y bello mensaje de paz a todo el mundo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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