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“Hablar”, el maravilloso teatro de la vida

hablar-cartelSolo puedo calificar a “HABLAR”, de Joaquín Oristrell, como obra maestra. Experimento arriesgado donde los haya, rodar una película coral con una veintena de personajes, en la calle, con sonido directo y en un único plano secuencia de una hora y veinte minutos solo está al alcance de muy pocos. Son muchos los elementos que se necesitan para hacerlo: el compromiso total de quienes se embarcan en un proyecto así, confianza plena de todos en todos, generosidad a raudales, talento a prueba de bomba y, sobre todo, un profundo amor al cine y al teatro, porque “HABLAR”, desde su misma concepción, es cine, es teatro y es la vida misma. Un reparto de lujo con actores y actrices que se conocen dentro y fuera de los rodajes, un reducidísimo equipo técnico absolutamente compenetrado con un Teo Delgado en estado de gracia al frente de la fotografía y portando la cámara en su hombro, un guion excepcional escrito por el propio Oristrell junto a Cristina Rota, que encabeza ese prodigioso clan Rota del que aquí trabajan todos sus miembros: María y Juan Diego Botto y Nur Levi… son tantas y tan buenas las cosas que tiene esta película.

La idea parte de la búsqueda, de la necesidad de experimentar y de abrir nuevos horizontes. El proyecto se gestó durante más de seis años y se creó a partir de las propuestas que cada actor y cada actriz hacía sobre el personaje que le gustaría interpretar y lo que quería contar. Amalgamar en un 3sólido guion todos esos anhelos no debió ser tarea fácil, y condensarlo en tiempo real, la historia transcurre en el tiempo que dura la película, y en apenas quinientos metros de las calles del barrio de Lavapiés, me parece algo realmente excepcional. Solo los que conocemos este mundillo por dentro podemos llegar a darnos cuenta de las dificultades que entraña abordar algo así. Y solo quienes hemos rodado planos secuencia largos sabemos la presión que se siente conforme va avanzando la toma y te das cuenta de que si te equivocas no sirve nada de lo rodado hasta ese momento y se tiene que repetir absolutamente todo desde el principio. Pero a las dificultades de un plano secuencia de esta envergadura hay que añadir que se realizara en exteriores naturales, con gente de la calle alrededor. Cuenta María Botto, por ejemplo, que, estando en personaje esperando a que llegase la cámara, tenía que llorar abrazando al muñeco que llevaba en brazos como si fuera su hijo y que una mujer que pasaba por allí, viéndola tan desesperada, se le acercó para consolarla y darle un abrazo. Faltaban escasos segundos para que llegase la cámara y su disyuntiva no era fácil: 1contarle a la buena mujer que aquello era una película y que no había razón para que se preocupara, o aceptar la generosidad de aquel abrazo, que fue finalmente lo que María hizo.

La clave para rodar un plano secuencia está en su exquisita planificación y en los ensayos que se hacen previamente. En este caso fue una semana de ensayos lo que tuvieron el equipo técnico y el equipo artístico para levantar esta película, y dos las noches en las que se rodó: se realizaron dos tomas cada noche y, al final, se eligió la segunda del segundo día, que es la que se ve en el cine tal y como salió, porque una película rodada en plano secuencia no tiene montaje, aparece todo lo que se rueda. Ninguna de las cuatro tomas que se hicieron se interrumpió, todas llegaron hasta el final, lo que habla del talento y el compromiso de todos los que intervinieron.


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El espíritu y la camaradería que provoca rodar algo así es lo más parecido que puede ofrecer el cine a lo que los actores sentimos cuando estamos en un escenario frente al público y somos conscientes de que, en cualquier instante, puede ocurrir la más maravillosa de las magias o el más esplendoroso de los desastres. Y eso une, vaya si une.

hablar-rodaje-d1En principio no estaba planificado rodar “HABLAR” en un único plano secuencia, sino que fue resultado de la dificultad de juntar a todos aquellos actores y actrices. Tenía que hacerse en cuatro días, no había fechas disponibles para más. Todos tenían otros compromisos. Y se hizo, juntos hicieron esta obra maestra llena de poesía, que refleja lo que es la vida misma en cualquier ciudad de nuestro país en esta dura época que nos ha tocado vivir. Capaz de llevar al espectador de la carcajada hasta la lágrima para mantenerle durante toda la película con una sonrisa permanente, “HABLAR” no es una apuesta sencilla ni en cuanto a forma, por su concepción como plano único y en continuidad, ni en cuanto a su fondo porque, más allá del maravilloso sentido del humor que rezuma todo el rato, invita al espectador a replantearse muchas cosas con las que, inevitablemente, se siente identificado porque “HABLAR” es una 4película de lo que pasa en la calle, en cualquier calle, y de lo que le ocurre a la gente, a ti y a mí. Y esa es su grandeza: ser capaz de transmitir lo que pasa cualquier noche de verano en cualquiera de nuestras ciudades y hacerlo con un lenguaje claro, directo y sencillo que nos llega a lo más hondo.

Ver a una madre tiene que robar para poder comer, a una joven que no encuentra trabajo por estar demasiado preparada y tener un CV excesivamente brillante, a un hijo de su madre explotando a los inmigrantes, a una hermana enfrentándose a quien haga falta para defender a su hermano, a dos actores dando lo mejor de sí mismos sin saber si habrá público viéndoles, a la prensa se cebándose en las desgracias ajenas, a una mujer que se refugia en la bebida 2porque lo ha perdido todo, a una madre hablar por primera vez en su vida de sexo con su hijo ya treintañero, a una joven suplicar amistad para huir de su soledad o, también por qué no, encontrar esa mano amiga que nos puede ayudar, es algo que pasa a nuestro alrededor, que a veces no vemos o no queremos ver, pero que está aquí y ahora, formando parte de nuestra realidad más cotidiana. Y todo, absolutamente todo, está tratado con una sensibilidad, un sentido del humor y una poesía que hacen que “HABLAR” sea una maravillosa película y una lección magistral de lo que es el verdadero cine, una lección que nadie debería dejar de ver. El intenso y emocionado aplauso que el público que abarrotaba la sala dio al final de la proyección es la muestra más clara de lo que es esta película.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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