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Alfon somos tod@s

alfon-libertadAlfon es un joven de Vallecas que acaba de ingresar en la prisión de Soto del Real para cumplir una sentencia ratificada por el Supremo de cuatro años de cárcel por tenencia de explosivos. Todo, desde su detención a su paso por comisarías y cárceles y a la farsa de juicio que tuvo, no es más que un montaje policial encaminado a criminalizar la protesta de los jóvenes de los barrios que defienden sus derechos. La injusticia que se ha cometido con Alfon demuestra que el régimen que vivimos en este país no es democrático, que vivimos en una país donde el testimonio de un policía vale más que el de un ciudadano, que basta con que un policía te acuse de algo, sin necesidad de probarlo, para que seas condenado, que la presunción de inocencia ha pasado a la historia y que todo, absolutamente todo, en este país huele a podrido. Conocer la realidad de este caso es algo que te pone los pelos de punta. Te cuesta creer que esto pueda estar pasando aquí y ahora, hasta que lo ves con tus propios ojos. Repasar los pasos de este proceso, la injusticia y el crimen que se ha cometido con este chaval, te hace replantearte muchas, muchas cosas…

3Fue detenido en la calle en la mañana del 14 de noviembre de 2012, día de la huelga general. Acababa de salir de su casa para ir a participar activamente en las protestas de aquel día. De repente, y sin que hubiese hecho nada, tres policías salieron a su encuentro y, tras identificarle, le acusaron de portar una bolsa que, misteriosamente, apareció en ese momento. De inmediato le acusaron de portar explosivos en esa bolsa. Sorprendente la rapidez con que aquellos policías se dieron cuenta del contenido de la bolsa y sorprendente que en la bolsa no hubiera ni una sola huella dactilar de Alfon, que tampoco portaba guantes. Pero más sorprendente y repugnante es saber que Alfon pasó 56 días en la cárcel en prisión preventiva y en régimen FIES 5 de aislamiento acusado de haber portado explosivos sin que nadie, repito, nadie, hubiera analizado el contenido de la bolsa. Es decir que, en este país, basta con que un policía diga que llevas una bolsa con explosivos para que, sin ninguna prueba, vayas a dar con tus huesos en la cárcel.

Las protestas en la calle exigiendo su libertad y el fin de aquel montaje policial se generalizaron cuando Alfon estaba encerrado, un montaje cuidadosamente planificado y urdido para inculpar a un chaval comprometido políticamente, un joven que toma partido por su clase, la clase obrera a la que, aunque no lo creas, hoy pertenecemos tod@s l@s que no somos millonarios o banqueros. La jugada era muy sencilla: forzar a Alfon a identificar y delatar a compañeros suyos de los Bukaneros, seguidores del Rayo Vallecano de ideología anarquista. Negarse a hacerlo fue el delito, el único delito, que cometió Alfon. Por eso fueron a por él. Mientras estaba en la cárcel le dijeron que si seguían las protestas en la calle, amparándose en la injusta política de dispersión de presos, podrían destinarle a una prisión en Canarias. Tras esos interminables 56 días salió en libertad en espera de juicio.

5El juicio en la Audiencia Provincial fue una farsa en toda regla. Para empezar, la vista se suspendió el día que estaba prevista porque los tres policías sobre cuyos testimonios se basaba la acusación estaban aquel día de vacaciones. ¿En qué país autoproclamado democrático puede entenderse que un juicio se suspenda porque tres funcionarios públicos, a los que pagamos tú y yo, estén de vacaciones? ¿No es sospechoso acaso que justamente ese día, que había sido anunciado con meses de antelación, los tres estuvieran de vacaciones? ¿Qué podía haber detrás de todo aquello? La respuesta no tardó en llegar. Nadie había analizado el contenido de los supuestos explosivos de la bolsa. Semanas después, y sin que 31nadie se lo hubiera pedido, la policía presentó los resultados del análisis: dijeron que contenía gas y gasolina. Sorprendente que durante dos años no se hubiera hecho aquel análisis que parecía ser fundamental para probar o no la existencia del delito. Y hecho también sorprendente, y sobre todo sospechoso, que se presentara en la forma en que se hizo: habiendo roto la cadena de custodia de la bolsa en, por lo menos, tres ocasiones; no admitiendo la juez la prueba pericial de identificación de las huellas dactilares de, por lo menos, tres personas que había en la bolsa, ninguna de ellas de Alfon; que no se probara que el material analizado fuera el que había en la bolsa, sino el análisis de unas probetas que nadie demostró de dónde habían salido…

1Y si sorprendente fue aquello, más lo fue ver cómo la policía presentó en el juicio un exhaustivo informe del seguimiento policial del que Alfon había sido objeto desde el año 2009, cuando era menor de edad, seguimiento que se hizo sin mandato judicial alguno, demostrando claramente que en este país la policía puede seguir y vigilar a cualquier ciudadano sin autorización judicial alguna y presentar el informe de ese seguimiento en un juicio como prueba de la ideología y la actividad política de ese ciudadano sin que el juez, la juez en este caso, se sorprenda siquiera de tan flagrante ilegalidad. Lo que buscaban con ese informe era demostrar que Alfon era, y es, una persona comprometida ideológicamente, una persona que defiende sus intereses, un joven concienciado políticamente que se organiza y lucha por defender sus, nuestros, derechos. Y la juez permitió que aquel informe formara parte de la acusación de Alfon al que, más allá de lo que pudiera o no haber hecho, le condenaban por su ideología política. Esa es la realidad que el caso Alfon pone de manifiesto: que en la España del siglo XXI un ciudadano puede ser condenado e ir a la cárcel por tener ideas políticas. Patético fue ver como en el juicio la policía esgrimió como prueba de la peligrosísima ideología de Alfon el hecho de que tuviera camisetas de marcado carácter político en su casa, como si tener o llevar una camiseta fuese un delito.

iu_andalucia_alfonPero el atropello del que Alfon ha sido objeto no acaba ahí. Hábilmente la policía filtró a la prensa desde el momento de su detención todos los antecedentes policiales que tenía en su poder induciendo a los medios de comunicación, vergonzosos cómplices en su mayoría de este atropello, a publicar esos informes de antecedentes policiales como si fuesen antecedentes penales. La diferencia entre unos y otros es abismal: unos son meros informes policiales, mientras los otros son condenas firmadas por jueces. Pero eso da igual, en la España de hoy todo vale para criminalizar a un chaval y con él a la protesta de quienes lo han perdido todo: el trabajo, sus derechos sociales, su futuro…

Esta es la triste realidad de lo que hay detrás del caso Alfon: la violencia de un Estado contra aquellos de sus ciudadanos a los que les ha despojado de todo y para quienes no tiene nada que ofrecer. Es el miedo del Estado a la defensa de sus derechos de estas personas lo que hace que políticos, jueces y policías orquesten este tipo de montajes policiales contra ciudadanos inocentes que 9únicamente defienden sus, nuestros, derechos. Y el caso de Alfon no es un caso aislado: el caso 4F, reflejado en el documental Ciutat Morta, es otro más, como lo son también los innumerables casos de montajes policiales que suceden en Euskal Herria. El sistema está podrido y la gente mira a otro lado creyendo lo que los medios de comunicación, que son todo menos imparciales, afirman hasta la saciedad divulgando la sensación del “Algo habrá hecho” o del “A mí esto no me puede pasar” Pero la realidad, tozuda siempre, es bien distinta: Ni él ha hecho nada y sí, a ti también te puede pasar. Basta con que uno, dos o tres policías digan una cosa para que tú seas culpable de todo lo que te acusen. De nada valdrá tu testimonio ni las pruebas que aportes. Estás condenado de antemano.

Alberto-Ortega-Garzon-Rodriguez-Alfon_EDIIMA20150623_0494_4¿Cómo es posible que una juez no se sorprenda siquiera de que la policía vigile sin autorización alguna a un ciudadano? ¿Cómo puede ser que la simple palabra de un policía pueda condenar a un ciudadano? ¿Por qué se aplica sistemáticamente la ley antiterrorista con sentencias diferenciadas y tratamiento penitenciario distinto a unos ciudadanos y no se aplica a otros? ¿Cómo es posible que el Tribunal Supremo ratifique esa sentencia y lo haga en solo 5 meses cuando lo normal es que tarde más de un año en los demás casos? ¿Por qué dictó el Supremo orden de busca y captura automática en lugar de dar un plazo de algunos días para que el condenado se presentara voluntariamente, que es el procedimiento normal? ¿Por qué ingresan a Alfon en régimen FIES 5, es decir, de aislamiento, en Soto del Real, impidiéndole que su familia pueda hacerle llegar ropa o dinero hasta semanas después? Estamos acostumbrados a ver a los verdaderos criminales de este país campar a sus anchas por las calles sin haber devuelto un solo duro de lo que han robado o, en el mejor de los casos, ingresar en prisión el día que 4eligen, en la cárcel que eligen y portando una lustrosa maleta con todas sus pertenencias… A Alfon le detuvieron y le encarcelaron con lo puesto. Mientras le llevaban en el coche hacia comisaría le golpearon y le insultaron… Hasta 56 de los 60 funcionarios de prisiones de Alcalá de Guadaira han firmado un escrito denunciando el trato de favor que recibe en la cárcel Isabel Pantoja en contra de las reiteradas mentiras de la dirección de esa prisión empeñada en negar la evidencia…En España la justicia no es igual para tod@s y tener una ideología política es un crimen por el que puedes ser condenado a prisión. Y nos dicen que aquí no hay presos políticos y que este es un Estado de derecho…Hasta Naciones Unidas y los tribunales europeos amonestan a España por su sistemática no investigación de las miles de denuncias de tortura presentadas en los últimos años.

Alfon va a pedir el amparo del Tribunal Constitucional, aunque, tal y como está la justicia en España donde es todo menos independiente, no es muy optimista con respecto a su resolución. Pero lo hace porque es trámite obligado para poder alfon4recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo donde, quizá, pueda ser juzgado con la imparcialidad que aquí no ha tenido. No va a pedir el indulto porque para hacerlo tendría que declararse culpable de un delito que no ha cometido: llevar la bolsa aquel fatídico 14 de noviembre. Es un tema de principios y, sobre todo, de dignidad.

España es el país de la UE con una de las menores tasas de criminalidad y, sin embargo, el que tiene un mayor número de presos. La explicación es sencilla: las penas, aquí, son mucho más duras que en el resto de países de nuestro entorno. ¿Cómo explicar, pues, que dentro de tres días entre en vigor una nueva ley, la llamada ley mordaza, que especialmente criminaliza la protesta y la pobreza, endureciendo mucho más las penas? Estamos frente a la descomposición del Estado, de un sistema injusto y corrupto que ha prevalecido durante décadas y que, por primera vez, se enfrenta a una reacción popular que, lo quieran o no, acabará poniendo fin a esta situación. Casos como el de Alfon no eran casos aislados, hay más de cien sindicalistas y manifestantes que están en espera de juicio a los que la fiscalía pida condenas que van alfon-ateneo-680x365desde los cuatro a los ocho años de cárcel. Con la ley mordaza serán no ya cientos, sino miles, quienes se enfrenten al monopolio de la violencia que detenta el Estado y que, sin duda, empleará a fondo para mantener los privilegios de los más favorecidos. La guerra, porque te hayas enterado o no, nos han declarado la guerra, esa nueva guerra que sustituye balas y bombas por deudas y desempleo, será larga, dura y desigual, pero la victoria estará siempre del lado de los que tienen la razón y están dispuestos a defenderla. Es la hora de la desobediencia civil, de colectivizar la protesta, de tomar las calles y hacernos oír en las instituciones, de no tirar la toalla, de seguir avanzando con la cabeza alta tendiendo la mano a quien la necesita, hora de no callar, de seguir en pie, de no vivir de rodillas, esa apasionante hora que nos llama a tod@s por nuestro nombre. ¡No más Alfons, no más 4Fs, no más montajes policiales, no más miedo!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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