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San Romero de América

super-martirioÓscar Romero era un tipo normal, tirando a conservador, uno de esos que casi parecen pedir perdón por haber nacido. Nunca llamaba la atención. Era callado y gris, la típica persona que jamás dará problemas. Por eso le eligieron como arzobispo de El Salvador, la capital de un país asolado por la violencia y la injusticia, de un país donde unas pocas familias millonarias se apoyan en el ejército para masacrar a los pobres, a los nadies… La ceremonia de su investidura es brutal. El aplauso al discurso del monseñor saliente atruena la catedral durante diez minutos. El suyo no recibe ni un solo aplauso. El silencio es un cuchillo helado capaz de cortarlo todo. Ni los curas ni los campesinos le quieren como arzobispo porque saben que callará, que mirará a otro lado, que estará junto a los oligarcas y el ejército. Solo un amigo, un humilde cura, no pierde la esperanza en él: Rutilio Grande, un jesuita que lleva años luchando con los campesinos contra un poder cada vez más asfixiante. Rutilio es su gran amigo de siempre y el único que cree en él. Son muy diferentes, Rutilio aboga por la teología de la liberación y él no, pero eso no les separa. Sus primeros días al frente del arzobispado son un ejercicio de no ofender, de no hacer algo de lo que pueda arrepentirse, de no crear conflictos ni enemistades…

Pero las injusticias siguen, los crímenes siguen, el dolor sigue. Es imposible no ver la realidad. La persecución de los curas revolucionarios por parte del Gobierno es atroz. Las detenciones, los atropellos y las expulsiones del país son constantes. El ejército y los escuadrones de la muerte, formados por mercenarios al servicio de los oligarcas salvadoreños, imponen la ley. Apenas tres semanas después de la investidura de Monseñor Romero como arzobispo, Rutilio Grande es asesinado 2015_04_monsenor-romero3_cred_hoacjunto a dos campesinos por los escuadrones de la muerte. Es ese hecho el que hace que Romero despierte, que tome conciencia de lo que pasa a su alrededor, que tome partido. Y lo toma. A partir de ese momento su enfrentamiento con el Gobierno y el ejército es total. Sus homilías empiezan a denunciar la injusticia, a hablar de la dignidad de los seres humanos, a defender a los pobres… y son seguidas por radio por todo el pueblo salvadoreño que ve en aquel arzobispo aparentemente apocado y gris a un hombre que es capaz de arriesgarlo todo por darles voz, por denunciar lo que ellos no pueden, por gritar lo que a ellos les silencian.

Sus enfrentamientos con el Gobierno y los militares son constantes. Poniendo en juego su propia vida, no duda en ponerse frente a los fusiles para defender a los pobres, a los suyos… Es detenido, amenazado, perseguido… Pero él no cede. Él sigue en pie haciendo que sus homilías se conviertan en la voz del pueblo y que todo el país se paralice para escucharlas por la radio. Él es la esperanza de un pueblo, de su pueblo. Los asesinatos son cada vez más numerosos, como lo son también las detenciones y las torturas. La 3crueldad es extrema y el odio del Gobierno y el ejército a los curas es cada vez mayor. El lema “Sé patriota, mata a un cura” se apodera de los cuarteles. Romero sigue viviendo en una humilde habitación de un hospital regentado por monjas. El lujo y el boato nunca fueron con él. Era un hombre de pueblo que había mamado la austeridad. La situación se hacía cada día más tensa. En sus homilías denunciaba los atroces crímenes del ejército, la cobarde complicidad del gobierno estadounidense que financiaba y vendía armas al Gobierno salvadoreño… Y el pueblo, su pueblo, cada día creía más en él, le amaba más. Las amenazas de muerte eran continuas, pero él seguía allí, en pie, defendiendo a los suyos. Su figura también se va abriendo paso a nivel internacional y pasa a ser un referente en la lucha en favor de los desposeídos. La Universidad Católica de Lovaina le nombra doctor honoris causa. Su discurso es un canto al compromiso y a lo que considera que debe ser la Iglesia:

“…Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por romero-con-el-puebloun par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. […]

Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres. […]

san-romero-de-americaEl mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales. Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana”.

El 23 de marzo de 1980 su homilía va dirigida al ejército, a los soldados, instándoles a que no obedezcan órdenes injustas, a que dejen de matar a su propio pueblo. Es una de las homilías más desgarradoras que se han escuchado jamás.

A la mañana siguiente un francotirador de los escuadrones de la muerte le dispara mientras está ofreciendo la misa en la pequeña iglesia del hospital Cartel Romerodonde vive. Romero cae fulminado. Le han asesinado. Él no quería morir, pero mucho menos dejar de cumplir con su compromiso y su deber. Fueron solo tres años los que estuvo al frente de la iglesia salvadoreña, solo tres años de lucha, tres años que , como los de Aquel otro,cambiaron la historia de ese pequeño país y del mundo. Hoy, tras décadas de entorpecer y retrasar el proceso, la Iglesia le ha beatificado. Desbloquear su proceso de beatificación fue una de las primeras decisiones que tomó el Papa Francisco. Desde hoy Monseñor Romero es una mártir oficial de la Iglesia católica. De la anglicana lo lleva siendo desde hace muchos años. Del pueblo salvadoreño desde el mismo día que lo mataron. Para ellos, para muchos, Monseñor Romero es, como dijo el obispo Pere Casaldáliga, San Romero de América. Pocos días antes de su muerte le habían preguntado si no le daba miedo morir. Él había contestado que sí, que le daba miedo, pero que Dios estaría a su lado cuando llegara ese momento. Y también dijo una frase que resultó ser profética: “Si muero, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

El poema que le dedicó el obispo Casaldáliga refleja lo que Monseñor Romero significa para su pueblo y para todas las personas que creemos que otro mundo no solo es posible, sino que es ya imprescindible:

SAN ROMERO DE AMÉRICA, PASTOR Y MÁRTIR NUESTRO
“El ángel del Señor anunció en la víspera…

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

oscar_romero_morte2_17_paolineEstamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.

7Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares…
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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