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Pepe Mujica, humilde, sabio, revolucionario…

2Siendo Presidente de Uruguay, renunció al palacio presidencial y a casi todo su sueldo para seguir viviendo en su humilde casa de toda la vida y repartir su sueldo en proyectos de ayuda para los que menos tienen. Siendo Presidente de Uruguay era más frecuente verle conduciendo su destartalado volkswagen escarabajo de toda la vida que en coche oficial. Siendo Presidente de Uruguay, decidió que las políticas sociales básicas como sanidad o educación, no fueran las del partido al que él representaba, sino las de un consenso entre todos los partidos convirtiéndolas en políticas de Estado y no de partido, como lo son en la mayoría de las democracias occidentales. Y, lo más importante, siendo Presidente de Uruguay, hizo oír su voz en todo el mundo recordándonos que vivir es otra cosa. Caso inaudito en la historia de la política mundial por su honestidad, sobriedad, generosidad y sabiduría, Pepe Mújica ha demostrado que otra forma de hacer política es MUJICA (1)posible, que otra forma de vivir es imprescindible. Nadie como él ha sido capaz de romper con todos los dogmas y el boato que acompaña a los políticos. Jamás renunció a su origen humilde, a su forma de ser. Esa es su grandeza: no haber dejado nunca de ser él mismo y de defender sus ideales hasta las últimas consecuencias. Hablar de Mújica es hablar de coherencia y compromiso, la coherencia consigo mismo, el compromiso con los demás, y también es hablar de generosidad y sabiduría, la generosidad del que lo da todo y la sabiduría del que sabe que vivir no es más que dar. Defensor a ultranza de la libertad, de los derechos humanos, del decrecimiento económico, de la sostenibilidad del planeta… Todo en él rezuma autenticidad, verdad y bondad, porque Mújica es, como diría Machado, un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Comprometido desde siempre con las causas en las que creía, dispuesto a sacrificar hasta la vida por ayudar a los demás, por hacer de este mundo 12algo mejor, no dudó en abrazar la lucha política desde muy joven. Lo hizo afiliándose al Partido Comunista y, más tarde, convirtiéndose en guerrillero dentro del movimiento Tupamaro. Fueron más de 15 los años que pasó en prisión, once de ellos como rehén del gobierno uruguayo amenazado de muerte si continuaba la acción armada de los tupamaros. Mújica, como Mandela, aprendió mucho en la cárcel. Se conoció a sí mismo, afianzó sus creencias y su forma de ver y de vivir la vida. Por eso fue capaz de perdonar cuando fue puesto en libertad, de no buscar venganzas o revanchismos, sino de apostarlo todo por la búsqueda del diálogo y la paz. Y lo hizo en todos los campos de su vida, empezando por tender nuevos puentes con la vecina Argentina pese a ser tachado de antipatriótico por tender la mano al “sempiterno enemigo” de Uruguay.

Escuchar hablar a Mújica es redescubrir a los clásicos, volver adonde nunca debíamos dejado de estar, a ese no lugar donde tenemos consciencia de lo que significa ser un ser humano. De su boca salen frases tremendamente profundas y sencillas que, como él reconoce, no son de él, sino de Séneca o de Epicuro. Amante de los clásicos, siempre ha sabido que la solución a nuestros problemas, a todos nuestros problemas, fue escrita hace miles de años. No somos nuevos, y nuestros 8problemas tampoco lo son. Desde que el hombre es hombre hemos padecido las mismas penurias y desazones, las mismas angustias, las mismas violencias, los mismos conflictos… que ahora los vistamos con un poco más de tecnología no cambia su esencia en absoluto. Por eso escuchar la voz de Mújica, esa voz pausada y profunda, es como regresar al manantial de la sabiduría que, a veces, resuena en nuestro interior recordándonos que no son lo mismo las cosas urgentes que las importantes, que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita, que no es más feliz quien más recibe, sino quien más da. Esas verdades perennes, esas ancestrales verdades que nos invitan a sentir nuestra pertenencia a la Naturaleza, al Todo, son las que, en su voz, se adentran hasta lo más profundo de nuestras conciencias. Permitimos que entren, no oponemos la menor resistencia, porque las reconocemos como nuestras, porque sabemos que siempre han estado ahí y que son esa voz que siempre oímos cuando podemos, al fin, escuchar el silencio.

mujica-aulli2Los años de prisión le enseñaron el valor de la vida y del tiempo. Consciente de que, a sus ochenta años, no es mucho ya lo que le queda por vivir, ha decidido apartarse de la política activa para dedicarse a lo que más ama: los suyos y todo aquel que le pueda necesitar. La irresistible personalidad de este hombre que jamás será viejo contagia de alegría e ilusión a todo el que se acerca a él. No deja indiferente. Su huella se adentra, lenta e inexorablemente, en todos los que le han conocido. Él sabe que son otros los que ahora deben continuar el camino que él señaló, por eso, generosamente, se aparta a un lado para dejarles pasar. Pertenece a un diminuto país de poco más de tres millones de habitantes que, en la segunda mitad del siglo XX ha dado la concentración más alta de genios por metro cuadrado del mundo: pepe_mujica_y_el_papa_1jun2013Pepe Mújica, Mario Benedetti, Eduardo Galeano… seres irrepetibles, seres imprescindibles, seres con conciencia universal que han sido, y son, faros en este perdido mundo en el que nos encontramos. Viendo cómo está este país donde los corruptos se perpetúan en el poder porque los votantes les aúpan a ello, donde los ideales mueren de inanición en las alcantarillas de las conciencias, donde la mediocridad, la estulticia y el egoísmo están acabando con todo, y viendo la cosecha de genios y sabios que ha dado ese pequeño país del Sur, cada vez me resulta más tentadora la letra de aquel viejo cuplé que cantaba: “Al Uruguay, guay, yo me voy, voy, porque temo naufragar…”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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