Cine/Teatro General

Algunas notas sobre la interpretación

mascaras-del-teatro31341506726Estaba frente a la cámara cuando gritaron “Acción” Él sabía que aquel era su plano, un plano corto en el que tenía que transmitir la desesperación total y la angustia de su atormentado personaje. Aquel fue uno de mis primeros rodajes y no tenía texto, mi papel era el de su representante sindical, y simplemente tenía que hacerle un gesto con la cabeza para que empezase a confesar a los abogados que le interrogaban lo que había pasado. Yo esperaba el encuentro con su mirada para darle la señal que él aguardaba. El tiempo parecía que se había detenido, pero eso a él no le importaba. No hacía nada. Parecía que no hacía nada. Sus ojos, fijos en la mesa, parecían estar lejos, muy lejos de allí, escrutando solo él sabía qué. Y, de repente, alzó la mirada, clavó sus penetrantes ojos en los míos y, tras mi señal, empezó a decir su texto. Susurraba las palabras, parecía que las arrastraba. Llegué a pensar que se había equivocado y que no se estaba esforzando ni dando lo mejor de sí mismo porque debía creer que todavía estábamos ensayando. Una a una todas las palabras fueron saliendo de su boca. Christian Bale 3Finalmente alguien dijo ¡Corten! Todos nos levantamos de la mesa y abandonamos el set para relajarnos, pero él ni se inmutó. Imbuido en sus pensamientos, siguió sentado a la mesa en silencio. Vi que el director estaba repasando la toma en el “combo”, ese monitor en el que se pasan las secuencias rodadas para comprobar que todo ha ido bien. No resistí la tentación y, tras pedirle permiso, me senté junto a él para ver la secuencia. Me quedé alucinado. La fuerza que había en aquella secuencia era brutal. En sus ojos vi el terror y la desolación de su personaje, todas las emociones estaban allí, toda la verdad estaba allí. Su voz, aquella voz que parecía haberse limitado a arrastrar las palabras durante la toma, sonaba auténtica, real, tenía todos los matices y era capaz de transmitir a la perfección el estado de ánimo de su personaje. Aquel día entendí lo que los actores y directores quieren expresar cuando dicen “Menos es más”. Con movimientos casi imperceptibles, con un hilo de voz que apenas era un susurro, aquel actor había rodado una de las secuencias más intensas que he visto en mi vida. No son muchos los que pueden rodar algo así, y, además, hacerlo en una sola toma. Él es uno de ellos, uno de los más grandes. Su nombre es Christian Bale, y el de la película que rodaba The machinist.

Estudi Nancy Tuñón y Jordi OliverA la mañana siguiente, sin dudarlo, me apunté en una escuela de interpretación. Sabía que nunca llegaría a hacer algo así, pero quería, necesitaba, saber cómo lo había hecho. Allí estudié durante tres años y, desde entonces, me dedico profesionalmente a la interpretación. Era algo inevitable: me atrapó por completo. Las dificultades que presenta la interpretación son muchas y variadas, aunque hay tres o cuatro de las que jamás me olvidaré: la dificultad de superar el sentimiento de ridículo, el miedo a “vivir” y a expresar emociones, las limitaciones de mi algo ya tronado cuerpo y, sobre todo, la sempiterna duda del actor: “¿Sirvo para esto?” Poco a poco fui superando miedos y dificultades, y enamorándome sin remedio de algo que, cuando te toca, ya no te 5abandona jamás. Recuerdo que, al principio, hacía alguna escena o alguna improvisación en clase y las profesoras, invariablemente, me decían: “Bueno, no ha estado mal, quizá para cámara serviría…” Aquel comentario repetido una y otra vez me desconcertaba por completo. ¿Cómo que no habría estado mal para cámara? Yo estaba convencido de que había hecho una interpretación enorme, llena de verdad, y que había transmitido todo lo que había sentido. Cuando las profesoras y mis compañeros de clase comentaban lo que habían visto, el sentimiento de frustración se apoderaba siempre de mí. ¿Cómo es posible que no hayan visto esto? ¿De verdad no han sentido todo lo que yo he sentido? ¿No se han dado cuenta de todo lo que he hecho? Los años de formación y, especialmente, la experiencia en rodajes y sobre los escenarios son los que han ido respondiendo a aquellas preguntas. La interpretación es algo tremendamente subjetivo, tu percepción sobre ella incluso más, y tu forma de acercarte a ella mucho, muchísimo más. Cada actor tiene su propio método.

Lo que a unos les va bien a otros les destroza y, marlona la inversa, lo que para unos no sirve a otros les permite dar lo mejor de sí mismos. Es la experiencia, tu propia experiencia sobre las tablas o frente a una cámara, la que te enseñará cuál es tu método. Hay quienes se sienten más atraídos por el trabajo de Stanislavsky y sus variantes, en el que el proceso interpretativo debe partir desde el interior del actor: es tu propia emoción la que provocará el estado que necesitas para “vivir” la escena. Hay quienes, por el contrario, optan por técnicas como la de Meisner donde el estímulo, la “chispa” que provoque la reacción, debe venir del exterior, de lo que nos dan los demás o lo que nos rodea, y hay quienes centran su trabajo actoral en el propio cuerpo, con técnicas como la de Lecoq, etc. Cada actor debe investigar sobre sí mismo, buscar su propio método, y ese es un proceso constante, continuo y que no acaba jamás, porque los actores, los verdaderos actores, cuando no están trabajando, están estudiando y formándose permanentemente.

Lo que sí debe tener presente todo actor, tenga el método que tenga, son las diferencias entre actuar en teatro o hacerlo frente a una cámara. Debe conocer a fondo las diferentes técnicas que exige cada medio.

4Al Pacino definía muy bien la diferencia: en el teatro el actor es el funambulista que pasea sobre el alambre a diez metros de altura; en el cine hace exactamente lo mismo, pero a un palmo del suelo. Esa es una de las grandes diferencias: la interpretación, la técnica interpretativa, es la misma: mantenerse sobre el alambre, pero el riesgo no: en el teatro siempre estás muy cerca de que ocurra lo más sublime o lo más estrepitoso. Todo puede suceder, mientras que en el cine la posibilidad de repetir la toma, de escoger un plano determinado, de editarlo, etc. limita mucho el riesgo.

En teatro es todo tu cuerpo el que trabaja, porque el espectador lo está viendo en todo momento. Tus gestos debe poder captarlos el espectador que está sentado en la última fila, por lo que no puedes centrar tu interpretación en pequeños matices que desaparecen a los ojos del espectador que está sentado a partir de la cuarta fila. Sin actor_Javier_Gutierrezembargo, ser “grande” en escena no significa sobreactuar o ilustrar lo que interpretas, sino todo lo contrario, debes “vivirlo” de verdad. Con la voz ocurre otro tanto: si hablas como lo haces normalmente los espectadores no tardarán en empezar a gritarte “No se oye” Tienes que “proyectar” la voz. Eso no significa gritar ni mucho menos declamar como solía hacerse décadas atrás. Tienes que tener la sensación de que tu voz sale desde tu estómago, de que respiras por la “barriga” y no por los pulmones, y tienes que focalizar dónde diriges la voz. Solo así conseguirás darle matices a tu voz y que el espectador de la última fila pueda escucharlos. Si, por ejemplo, cuando tu personaje tiene que hablar en escena susurrando su texto no vocalizas bien y exhalas mucho aire, el espectador de la quinta fila no te escuchará. A él tiene que llegarle un susurro, pero un susurro audible y entendible.

1Ahora bien, si interpretamos de esta manera frente a una cámara el resultado será desastroso. Todo parecerá sobreactuado y producirá la sensación de que lo que está pasando no es algo real, que no hay verdad en la interpretación. No solo hay diferencias en la interpretación entre teatro y cine, sino también entre cine y televisión ya que, aunque puedan ser medios más parecidos, también presentan muchas diferencias que los actores deben conocer. En cine, donde el lenguaje audiovisual ha generalizado la utilización de primeros y de primerísimos primeros planos, la interpretación debe centrarse en los ojos y en la voz, en los pequeños matices, en los detalles, en todo aquello que Christian Bale domina tan bien. Un primer plano en una pantalla de cine puede hacer que tu ojo mida dos metros. Cualquier movimiento, por pequeño que sea, provocará una reacción en el espectador. Si centras tu actuación en los ojos, todo lo que te está pasando será captado inmediatamente por el espectador. Y si, por el contrario, los mueves demasiado o miras fuera de cuadro (más allá de lo que el espectador está viendo), le desconcertarás. En las escenas de acción Javi Gutiérrez, La isla mínimapasa algo parecido. Si tienes que acercarte corriendo y pasar junto a la cámara, si lo haces como lo harías realmente, el espectador verá una mancha indefinible que atraviesa la pantalla. En esos casos debes correr de verdad cuando estás lejos de cámara, y aminorar el paso conforme te acercas a ella, pero debes hacerlo sin que el espectador aprecie que has disminuido tu velocidad.

Con la voz pasa exactamente lo mismo: la técnica actual permite jugar con ella buscando el más mínimo matiz que será captado por el micrófono. Recuerdo que hace unos meses un director andaluz me comentó que se había quedado impresionado por la profesionalidad de un actor británico con el que acababa de rodar una película. Aquel director estaba acostumbrado a rodar los planos cortos de una secuencia al principio y los planos generales al final. Muchos lo hacen así, aunque la mayoría prefiere hacerlo al tvblog_aguilarojacontrario. Aquel actor, informado de que primero se iban a rodar los planos cortos, le preguntó al director. ¿Qué tipo de micrófono utilizarás en los planos generales? El director lo consultó con el sonidista y le dijo qué modelo emplearían. “Ah, bien” le contestó el actor “entonces en esta secuencia hablaré así para que no tengas problemas con el micro cuando rodemos los planos generales” Realmente es una anécdota que me impresionó muchísimo porque clarifica hasta dónde puede llegar el trabajo del actor. Cuando ves en cine, teatro o televisión a actores que ni siquiera vocalizan bien y que no hay manera de entender lo que están diciendo y los comparas con la exquisitez y profesionalidad de este actor británico, te llevas las manos a la cabeza.

La televisión, por contra, no se centra solo en los ojos y la voz, sino que en ella sueles trabajar de medio cuerpo para arriba porque en el lenguaje televisivo abundan mucho más los planos medios que en el cinematográfico. La naturalidad suele ser aquí uno de los mayores atributos de la interpretación, cosa que no ocurre en el teatro. Tanto en cine como en televisión es fundamental que el actor sepa en cada momento qué tipo de tiempo-costuras-serie-lista-estreno_TINIMA20120930_0050_5plano se está rodando, si es corto, medio o general, cuál es su cámara cuando se graba con más de una, cómo ponerse para no tapar la luz a su compañero o “buscar” la luz cuando se la están tapando a él, respetar las marcas para que no haya problemas de foco, mantener el “raccord” o continuidad de sus gestos o acciones para que después se pueda montar bien la secuencia (por ejemplo, si bebe durante una secuencia, debe recordar exactamente cuándo ha dado un trago, en qué frase y qué palabra lo daba, para repetirlo exactamente igual en todas las tomas, etc.). En teatro también se deben respetar las marcas para no salirse de la zona iluminada, pero la precisión con la que se debe hacer no es tan milimétrica como la que debe tener un actor cuando está rodando un plano corto, ya que ahí el foco de la cámara es tremendamente sensible.

2Las diferencias de cada medio son enormes no solo a nivel de interpretación, sino a nivel de elementos técnicos, y el actor debe conocerlas. Los ensayos, por ejemplo, son algo totalmente diferente en el teatro, el cine y la televisión. En el teatro son varias las semanas que pasas ensayando y estudiando el texto. En cine, cuando se puede, también se suele ensayar mucho. En televisión, sin embargo, se ensaya mucho menos, sobre todo en las series diarias donde no hay tiempo prácticamente para nada que no sea grabar o estudiar. El estudio de los textos es otra de las grandes diferencias que hay en cada medio. Así, mientras el estudio de un texto teatral exige un intenso trabajo previo de “mesa” en el que se analizan pormenorizadamente las características de cada personaje, el desarrollo de las escenas, etc., y el texto ya memorizado se “fija” con las acciones que hacen los actores en escena, en cine las secuencias casi nunca se graban cronológicamente, por lo que cada día repasas los textos que tienes al día siguiente y que, si has tenido suerte porque había al-pacino-marisa-tomei-wilde-salome-teatropresupuesto, conoces bien porque las habías ensayado antes del inicio del rodaje. En televisión todo es mucho más rápido y efímero: es tal la cantidad de textos que tienes que estudiar (sobre todo si hablamos de series diarias, en las que puedes estar grabando entre 30 y 40 páginas cada día) y la falta de tiempo para ensayos y trabajo previo de “mesa” que tu cerebro se acostumbra a estudiar esas 20, 30 o 40 páginas que te tocan cada día y las olvida al día siguiente. La memoria del actor de televisión es de pez mientras que la del de teatro es de elefante.

En televisión no se suelen repetir mucho las tomas y se trabaja con “retomes” (si, por cualquier causa, una secuencia se ha cortado antes de su finalización, se retoma desde ahí hasta el final en lugar de repetir la secuencia entera). En cine los retomes son más excepcionales y suelen repetirse las tomas enteras. El único denominador común que quieren todos los directores, tanto de cine como de tv, es que los actores, al darse cuenta de que se han equivocado o de que han farfullado su texto, no corten la toma. Son los directores quienes deben cortar una toma, no los actores.Así que, si alguna vez te das cuenta en plena toma de que te has equivocado con el texto o no lo has dicho bien, sigue hasta el final o hasta que el director grite “Corten”

Ana NietoLa aparición del fenómeno microteatro ha supuesto la adaptación de la forma de interpretar a un espacio nuevo que está a medio camino entre el teatro y el cine. Es teatro, sin duda, pero permite los matices del cine. Tener al público a un palmo de distancia permite jugar de una manera mucho más sutil a como lo haces en un escenario porque eres consciente de que todo lo que hagas, por pequeño que sea, será captado por el espectador. Y eso afecta tanto a la expresión corporal como a la voz. Si la cámara lo capta todo y no te permite “mentir”, el microteatro no se queda atrás: el más mínimo error, la duda más pequeña es captada inmediatamente por el espectador. Y, a la inversa, el matiz más sutil que engrandece la interpretación nunca pasa desapercibido.

Valgan estas notas como reflexión y aproximación a ese fascinante mundo que es la interpretación, el vivir otras vidas, sea en el medio que sea. No 6hay uno mejor que otro, simplemente son diferentes porque cada uno tiene sus particularidades y sus técnicas. Cada actor prefiere un medio u otro. En mi caso, como en el de tantos otros, me decanto por el teatro porque es el único medio en el que el actor es el “amo” de su interpretación, a diferencia de lo que ocurre cuando trabajas para la cámara ya que tu interpretación depende de la toma que elijan, de cómo la monten… a veces sabes que has hecho una secuencia maravillosa pero al final los planos que montan son los de tu compañero y tú casi ni apareces. Pero en el teatro ¡Ah! ¡Ahí el actor es el rey!

Estas notas aparecieron en el artículo que con el título “El arte de la interpretación” publiqué en el número de Marzo de la revista “Fans”. Si las he reproducido aquí es porque considero que pueden ser de utilidad a tod@s l@s que os acercáis a la web de “Clandestino de actores” ¡Ojalá sea así!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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