Cine/Teatro General

Dignitas teatro

desarmar (1)¿Es el teatro un mero entretenimiento, pasatiempo o simple exhibición de emociones y belleza? El teatro de la escucha es una de las muchas corrientes teatrales que entiende que el teatro es más, mucho más que eso, que sabe que el teatro es una herramienta de transformación social, de denuncia de la injusticia, un espejo de almas, un altavoz de los nadies, de los sin voz, un hacedor de preguntas, una permanente invitación a que el espectador busque sus propias respuestas, un espacio sagrado y único de libertad… Creada hace ya más de veinte años, esta tendencia teatral propone investigar la realidad, estudiarla y analizarla para poner en el centro a los relegados a la periferia de la sociedad, a los suburbios de nuestro mundo… DIGNITAS TEATRO es un colectivo formado por tres jóvenes actrices que trabajan el teatro de la escucha desde los dos montajes que tienen actualmente en marcha: “desArMAR”, sobre el perdón, y “Réquiem por los inocentes”, una obra en la que el teatro gestual, de texto o la danza se arropan con el réquiem de Mozart para denunciar la injusticia de los últimos, los ninguneados, los millones de seres humanos anónimos que mueren a diario, los inocentes…

Conocí a DIGNITAS TEATRO el año pasado cuando nos propusieron representar “desArMAR” en la parroquia de San Carlos Borromeo, Entrevías. 5Coincidió cuando estábamos organizando el primer encuentro de víctimas de ETA y de los GAL en Madrid e inmediatamente decidimos incluirlo en el encuentro. No pudo haber mejor introducción. “DesArMAR”, como todos los montajes de DIGNITAS TEATRO, está basado en hechos reales, en concreto en la historia de un maestro palestino al que los israelíes mataron a su hijo y en la de dos mujeres, una tutsi y otra mejicana, que fueron violadas y que, en los tres casos, fueron capaces de encontrar el camino hacia el perdón, ese difícil y duro camino donde solo cabe el amor y la generosidad. El acto de perdonar es un acto individual, nunca colectivo, y debe ser espontáneo, libre y sincero, un acto por el que no se reciba nada a cambio. Esa es su grandeza. Sin embargo, para las víctimas, como las que a continuación intervinieron en el encuentro, el perdón no es lo más importante, lo verdaderamente imprescindible es que se reconozca el dolor sufrido, el daño causado. Es partir de ese dolor, de ser capaces de ponernos en la piel del otro para sentir y compartir su dolor, cuando se puede construir algo nuevo y superar la rabia, el odio y el sufrimiento. Ponernos en el lugar del otro no es ocupar su lugar para intentar 6cambiarlo, sino entrar en su dolor para comprenderlo y asumirlo como propio. Del mismo modo que dar voz a los sin voz no es hablar por ellos, sino cederles nuestro espacio, nuestra voz, para que ellos mismos puedan hablar. Eso es lo que hace DIGNITAS TEATRO. Las tres actrices participaron activamente en el encuentro con las víctimas de ETA y de los GAL. Me emocionó profundamente escuchar meses después en su “Requiem por los inocentes” una frase que Axun Lasa, la hermana de Joxean Lasa, secuestrado, torturado, asesinado y enterrado en cal viva por guardias civiles en el que fue el primer atentado reivindicado por los GAL, dijo aquel día. Fue una frase que no olvidaré jamás porque es toda una lección de vida y un desgarrado canto a la esperanza: “La muerte me enseñó a amar”

La forma de trabajar del teatro de la escucha se apoya mucho en el teatro gestual y en los símbolos. Es un teatro ritual donde todo es símbolo, donde todo tiene un profundo significado. La continua generación de imágenes es otra de sus 7características, imágenes fuertes, potentes, imágenes nacidas para no borrarse nunca de nuestra memoria. Ver una obra de DIGNITAS TEATRO es adentrarse en un mundo de belleza y poesía, es unirte a ese ancestral canto a la libertad y a la justicia que es el teatro, es ser un inocente, una última, una ninguneada, un nadie… Trabajan desde la esencia. Sobre escenarios vacíos van incorporando elementos que nos transportan, que nos invitan a soñar, que nos hacen volar… El escenario está vacío, pero todo está allí. Su teatro es un teatro que te llega a lo más hondo, que va hasta allí donde tú eres, donde todo ser humano es, ese no lugar donde habitan sueños y verdades, valores siempre amados aunque hoy injustamente olvidados…

SONY DSCEl teatro de DIGNITAS es amor, es un canto a la vida, un desgarrado grito de esperanza de que este mundo se puede cambiar, de que, juntos, lo vamos a cambiar. Es un teatro político, comprometido, valiente. Su teatro es lo que ves y lo que existe más allá de lo que ves, la verdadera esencia del teatro. Es la emoción que te provoca, el sentimiento que te inspira, la pregunta que te lanza para que tú y solo tú busques tu respuesta. Cuando a Voltarie le dijeron que el alma no existía porque, al descuartizar un cadáver, no se la podía ver, él, tranquilamente, respondió: “Trocead el cadáver de vuestra madre cuando muera, tampoco encontraréis el amor, pero no me negaréis que existe”. Eso es DIGNITAS TEATRO: teatro del alma, teatro del amor, teatro de la vida…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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