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Colibríes, cambiarnos a nosotros mismos para cambiar el mundo

A Héctor Colomé, actor, compañero y amigo

coberta_sechanger_OK.inddPierre Rabhi suele contar un cuento amerindio que dice que un día se produjo un incendio en un bosque. Los animales, asustados, empezaron a correr. Solo importaba huir, salvarse a cualquier precio. El fuego, arrasándolo todo, era cada vez más grande. En su huida los animales se cruzaron con un pequeño colibrí que les preguntó qué pasaba. En cuanto le informaron del incendio, sin dudarlo ni un instante, el pequeño colibrí fue al río y llenó su pico de agua. Voló hasta el centro del incendio y dejó caer el agua. De vuelta hacia el río los animales se reían de él y le preguntaban por qué hacía aquello si sabía que no iba a servir de nada. “Para haber hecho mi parte”, les respondió el colibrí. En un mundo como el nuestro, devastado por ese pavoroso incendio de la especulación, la avaricia, el egoísmo y la falta de valores, ser colibrí es más necesario que nunca. Nuestro futuro, el del planeta y el de la humanidad, depende de que seamos colibríes, de que hagamos nuestra parte. Tenemos que aprender a ver las cosas desde otra perspectiva, una perspectiva que nos permita resolver los problemas en lugar de esperar a que los resuelvan otros. Si pensamos en el calentamiento global, tenemos que entender que no nos enfrentamos a un irresoluble y enorme problema de contaminación, sino a siete mil millones de pequeños problemas de contaminación. Si no cambiamos nuestra forma de ver las cosas, si no pasamos a la acción directa, si seguimos confiando y esperando a que políticos, técnicos o instituciones solucionen el problema, nuestro futuro y el del planeta se verán irremediablemente abocados a la destrucción. Somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, los responsables de lo que está pasando, y somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, quienes tenemos la solución a ese y a todos los problemas. El sistema nos hace creer que las respuestas, las soluciones, están fuera de nuestro alcance y nos lleva a dejar la solución a nuestros problemas en manos de quienes los provocaron. Todo nos parece tan complejo, tan grande, que nos resulta ajeno.

Pierre-Rabhi-paysan-philosophe-pionnier-du-retour-a-la-terre_imagePanoramique500_220Muchos son los que dicen “yo paso de política”. Con eso juega el sistema, con que todos “pasemos de política”. Es su mejor arma para perpetuarse indefinidamente. Pero la realidad es muy diferente. Hoy, en este mundo globalizado, todo es política. Si compras unos calzoncillos estás haciendo política: la haces cuando los compras de marca o no de marca, cuando los compras hechos aquí o en China, cuando los compras en la tienda de la esquina o en El Corte Inglés… Tu decisión, lo quieras o no, está favoreciendo un sistema económico, un determinado modelo de vida, un sistema político. Hay quienes se vanaglorian de ser “pasotas” y lo llevan por Matthieu-Ricard-et-Christophe-Andre-une-conference-organisee-par-Psychologies-Magazine_imagePanoramique500_220bandera. Ni siquiera se han dado cuenta de que la palabra pasota no es más que la contracción de las palabras pasivo e idiota. Lo importante es ser conscientes de que la solución a los problemas está en nosotros, y, desde luego, actuar en consecuencia. Somos lo que hacemos y, por ello, no hacer, es dejar de ser y negarnos a nosotros mismos.

La historia nos ha demostrado que los sistemas pueden cambiar, pero mientras no cambien los humanos, mientras no cambiemos nosotros, de poco o nada servirá. Como bien dice Pierre Rabhi, “podéis comer con alimentos biológicos, calentaros con energía solar y explotar a vuestro vecino. No es incompatible. Mi enfoque está animado por el amor a la vida y la voluntad de proteger la belleza sagrada de la naturaleza”


>¿Por qué ese afán en disociar el cambio de uno mismo con el cambio del mundo? ¿Por qué esa visión de que quien dedica su vida a profundizar en matthieu_ricardsu interior es una especie de autista social que da la espalda a los problemas que le rodean? ¿Por qué ese empeño en asociar espiritualidad con religión o meditación con aceptación, renuncia y pasividad? La experiencia nos demuestra que la realidad es exactamente la contraria: cuanto más profundizamos en conocernos a nosotros mismos más conscientes nos hacemos de nuestra pertenencia al mundo, al todo, y más podemos avanzar en el camino del altruismo y la compasión (no entendida como esa despreciable acepción de tener pena de alguien, sino con su verdadero significado: tener pena con alguien, sufrir con él, acercarnos a él, compartir su dolor) Es solo desde ese amor universal, desde el altruismo, desde donde verdaderamente podremos cambiar el mundo. No es un tema de ideologías, sino de sensibilidad, de sentir que formamos parte del todo, que somos ese todo, y de entender que yo no puedo ser libre o feliz mientras haya alguien que no lo es. A ese primer colibrí, le siguió otro, y a ese otros más, y hoy son millones los colibríes que están yendo al río a por agua. Raramente salen en las noticias, pero son millones los colibríes que están cambiando este mundo. El cambio social, la revolución que tanto necesita este sistema que nos aliena, nos oprime y nos explota, es solo una cuestión de tiempo y de número: el tiempo que necesitemos para que el número de colibríes alcance una masa crítica que, por fin, lo cambie todo.

“Acción y meditación, cambiarse a sí mismo para cambiar el mundo” es un libro que plantea a fondo esta cuestión, y lo hace no solo desde una imagesvertiente teórica, sino mostrándonos cómo se está haciendo aquí y ahora, dándonos direcciones de experiencias fascinantes que están teniendo lugar cerca, muy cerca, de nosotros a las que podemos acercarnos para conocerlas y, si queremos, colaborar con ellas. Es un conjunto de cuatro visiones complementarias de cuatro sabios que, desde hace decenios, han apostado por el cambio de uno mismo para cambiar el mundo. Christophe André, médico humanista, psiquiatra, que lleva años trabajando la meditación como terapia de los trastornos ansiosos y fóbicos; Jon Kabat-Zinn, doctor en biología molecular y profesor de medicina en la Universidad de Massachusetts que hace ya treinta años introdujo la meditación mindfulness (aprender a estar presentes en nuestro aquí y nuestro ahora) en la terapia del estrés, cuyo modelo está implantado hoy en más de 700 hospitales de todo el mundo; Matthieu Ricard, doctor en genética molecular que abandonó el Instituto Pasteur para irse a vivir en el Himalaya, practicar la meditación y, años después, ordenarse monje budista. Desde hace años es el traductor al francés del Dalai Lama y dirige la asociación humanitaria Karuna-Shechen, que ha llevado a cabo más de un centenar de proyectos educativos y de ayuda humanitaria en Tíbet, Bután y Nepal; y, finalmente, Pierre Rabhi, agricultor, escritor y pensador francés de origen argelino que abandonó la ciudad para ser uno de los pioneros de la agricultura biológica, que apoya un modelo de sociedad más respetuoso con los seres humanos y la Tierra, un modelo de desarrollo de prácticas agrícolas accesibles para todos, especialmente para los más desprotegidos, preservando el medio ambiente. Pierre Rabhi ha formado a más de cien mil agricultores biológicos en África.

Rabhi1Cada uno de ellos aborda en el libro una de las cuatro patas sobre las que se apoya la mesa con la que, desde nosotros mismos, podemos cambiar el mundo. Christophe André analiza y desmenuza con toda clase de experimentos y pruebas realizadas en el ámbito científico y universitario los mecanismos de alienación que ejerce la sociedad con las personas que la componen: desde la manipulación informativa, pasando por la publicidad, a la influencia de la prisa como agente que nos aparta de la actitud y la práctica altruistas; Jon Kabat-Zinn, mostrándonos el camino de la meditación mindfulness como alternativa a hacernos conscientes de esa manipulación y acercándonos a los mecanismos interiores que tenemos para defendernos de ella; Matthieu Ricard iniciándonos en la práctica de la meditación contemplativa potenciando nuestra visión basada en el altruismo y la compasión; y, finalmente, Pierre Rabhi, invitándonos a adentrarnos en una serie de prácticas que nos permitirán alcanzar nuestra propia soberanía, nuestra independencia del modelo consumista orientado al crecimiento que él combate desde lo que denomina la “sobriedad feliz”

Son muchas las maneras que tenemos de intentar cambiar el mundo. Sin embargo, pocos pensarán que una de las más importantes y necesarias es 1la de buscar nuestro verdadero yo, ese yo interior ajeno a manipulaciones y capaz de dar y amar. Podemos tener ideales revolucionarios, soñar con la utopía y luchar por ella, pero si no entendemos que la verdadera utopía capaz de cambiar el mundo vive dentro de nosotros, los resultados de esas luchas serán pobres y escasos, cuando no estériles. Una sociedad, un sistema, no puede cambiarse desde arriba, sino porque los miembros que lo forman provoquen el cambio desde abajo. Es desde la acción individual, desde el responsabilizarnos de nuestra existencia, desde donde verdaderamente podemos cambiar el sistema. Es un tema de educación, de desarrollo personal, de crecimiento, no de imposición ni, mucho menos, de ciego seguimiento a un líder o a una bandera. Entender que meditation2formamos parte del todo y que cambiándonos a nosotros estamos contribuyendo a cambiarlo todo es el primer paso que este camino nos invita a dar. La meditación, en todas sus variantes, es una herramienta fundamental para dar este paso. La meditación no depende de ideologías o creencias, como la acción no depende de culturas o géneros. Acción y meditación son los pilares sobre los que se está construyendo esa revolución que ya asoma, ese cambio de era y de sistema que colocará al ser humano y a la naturaleza como centro de nuestro universo. La meditación nos ayuda a vivir nuestro aquí y nuestro ahora, y la acción a ser soberanos de nuestras decisiones y ayudar a que otros también lo sean. Cuando salgo a la calle, cuando me siento a charlar tranquilamente alrededor de una taza de café, cuando practico la meditación o, simplemente, cuando doy un abrazo, siento que no estoy solo, que son muchos los colibríes que, día a día y noche a noche, están cambiando este mundo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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