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BIRDMAN, una profunda lección de espiritualidad

Birdman-movie-poster¿Qué hay detrás del teatro?, ¿Qué se esconde dentro de la personalidad de un actor?, ¿Qué nos empuja a querer vivir tantas vidas, a afrontar tantos retos?, ¿Somos un ego y un puñado de huesos o somos algo más?, ¿Es simple deseo de mostrarnos o necesidad de expresar lo que llevamos dentro?, ¿Dónde está la verdad en nuestra mentira?, ¿Somos un puñado de narcisistas egocentristas o, por el contrario, de personas cuya sensibilidad nos arrastra a darnos a los demás?, ¿Actuar es un trabajo o es un arte?, ¿Qué buscamos cuando elegimos un modelo de vida marcado la inmensa mayoría de las veces por la inseguridad y la precariedad?, ¿Qué es lo que sentimos sobre un escenario que nos impulsa a renunciar a una vida más cómoda o, cuando menos, no tan insegura?, ¿Se limita nuestra vida a lo que vivimos en el escenario?, ¿Tras encarnar personajes fascinantes, somos capaces de aceptarnos como somos en la vida real?, ¿El actor nace o se hace?, ¿ Puede un actor vivir en su mundo ignorando la realidad que le rodea?, ¿Cómo nos afecta la fama?, ¿De verdad anhelamos el prestigio o solo la popularidad?, ¿Existe un “método” o cada uno tenemos el nuestro?, ¿Hasta dónde estamos dispuestos a arriesgar para seguir nuestros sueños?, ¿El miedo al fracaso no coarta nuestra libertad?, ¿Qué buscamos siendo actores…?

Todas estas preguntas son las que subyacen en esa verdadera obra maestra que es BIRDMAN, de Alejando G. Iñárritu. Ambientada en un teatro 2neoyorkino y centrada en las vicisitudes de un actor que años atrás fue famoso por interpretar películas de superhéroes y que ahora se plantea demostrarse a sí mismo y a los demás que es un buen actor, esta película nos narra, en tono de comedia negra, muchas más cosas de las que aparenta. Como bien señala Iñárritu, “esta es la historia de todos nosotros”, especie de Quijotes que tenemos que aprender a sobrevivir en un difícil, por no imposible, equilibrio entre nuestras elevadas ambiciones y la innoble realidad que nos rodea. Es una película que trata Birdman le film 3sobre el ego, sobre nuestro eterno combate con ese ego que se empeña en protagonizar, cuando no robar, nuestras vidas. Iñárritu, experto meditador que suele retirarse algunas semanas al año a practicar la meditación, conoce perfectamente lo que es el ego y la forma de tratarlo y superarlo. No me extrañaría que hubiese encontrado el prodigioso final de su película, precisamente, practicando la meditación. Sin duda, la profunda espiritualidad de Iñárritu impregna cada fotograma de esta película que, tras la aparente crítica al mundo de los actores, es una invitación en toda regla a que reflexionemos sobre la espiritualidad de nuestra vida, los valores que la conforman, el inexorable paso del tiempo o el sinsentido de la mayoría de las cosas que nos empeñamos en hacer y que nos impiden vivir nuestra verdadera vida. BIRDMAN es un espejo en el que todos deberíamos mirarnos. El primer fotograma de la película en el que vemos a Michael Keaton levitando en su camerino mientras practica la meditación, es toda una declaración de intenciones sobre la espiritualidad, el mundo del teatro y el humor que serán los ejes de la película. Difícil decir más con menos.

birdman-2Desde esta óptica, la película nos plantea otras lecturas muy profundas, como la transitoriedad de las cosas, por importantes que creamos que son, o nuestra visión egocéntrica del mundo. La discusión del protagonista con su hija en la que ella le canta las cuarenta y le abre los ojos es antológica, como lo es también la relación y la antagónica forma de ver y vivir el teatro de los personajes que encarnan Michael Keaton y Edward Norton, sencillamente magistrales. Es a través del protagonista y de su relación con las personas que le rodean (hija, productor, exmujer, amante…) como vivimos, más que vemos, la terrible angustia vital que supone jugárselo todo a una carta para conseguir ser reconocido, respetado y admirado por los demás. Esta es otra de las profundas claves espirituales que nos plantea esta película: la inutilidad de buscar nuestra felicidad en los demás, de necesitar el aplauso, la palmadita en la espalda o el beneplácito de los otros para sentirnos felices. Aunque lo consiguiéramos, será una sensación fugaz a la que seguirá un imponente vacío, como bien metalocus-Birdman_o_la_inesperada_virtud_de_la_ignorancia-06-1200señala Iñárritu: “Yo estaba interesado en examinar los combates con el ego, la idea de que el éxito que uno alcance, independientemente de que sea económico o de prestigio, siempre es una ilusión. Es transitorio. Cuando uno persigue las cosas que cree que quiere y hace posible que el público dé validez a sus aspiraciones, cuando por fin lo consigue, no tarda en descubrir que esa alegría es fugaz”

BIRDMAN también es una película que nos habla de sentimientos y de cómo las decisiones que tomamos, especialmente en la esfera de lo sentimental, nos afectan y afectan a los que nos rodean. El drama del protagonista de esta historia es confundir amor con admiración. Solo cuando se da cuenta de lo efímera y absurda que es la admiración, debe aprender a amar a los birdman2_minidemás y a sí mismo. Es desde el dolor, maestro entre los maestros, desde donde aprende a amar. Es ese proceso de búsqueda, de enfrentarse con nuestros propios miedos, con nuestro ego o con lo que los demás pensarán de mí, lo que hace que esta historia, pese a centrarse tan concretamente en el mundo de la interpretación, sea una historia universal, una historia en la que todas las personas pueden verse reflejadas: “Moderna definición de logro: la gente quiere ser famosa inmediatamente, no como resultado del conjunto de una obra desarrollado a lo largo de los años. En un segundo la gente consigue 800.000 “me gusta” o seguidores y, para algunos, eso constituye un logro en sí mismo; pero es un engaño. La inmediatez de los medios sociales puede fácilmente distorsionar la realidad de una persona- especialmente Riggan, el protagonista de esta película- que tiene que satisfacer las expectativas de aquello en lo que birdman-floatsconsiste ser famoso. Y todo esto es nuevo para él; dar ese paso es difícil. Esta es la historia de un hombre que trata de demostrar que él es más que eso, más que el tipo popular “que gusta”. Pero en el mundo actual, donde la ironía es el rey, cualquiera que desee ser concienzudo u honesto, es crucificado. Es un mundo absurdo y surrealista. Al final, simplemente traté de narrar de una forma divertida los desastres de nuestra naturaleza, a fin de conciliar, si no los defectos o fallos del mundo con nuestra naturaleza, al menos con la forma como los enfocamos y vivimos con ellos”

De nuevo otra de las claves espirituales de BIRDMAN, la de la gestión de nuestras emociones. El dolor no lo podemos evitar, pero sí el sufrimiento. Si un ciego nos pisa y nos rompe un pie, tendremos dolor, pero no sufriremos porque sabemos que no ha habido mala intención. Si, por el contrario, el pie nos lo rompe un joven intencionada o no intencionadamente, además del dolor puede Screen-Shot-2014-11-06-at-12.59.38-PM-590x395aparecer el sufrimiento: si nos centramos en atribuirle intencionalidad en su acción generaremos rabia e ira que lo único que harán será hacernos sufrir. La intencionalidad que adjudicamos a las acciones de los demás es el origen de nuestro sufrimiento. Por eso, saber diferenciar dolor de sufrimiento y evitar presuponer intencionalidad en los actos de los demás, son los primeros pasos para aprender a gestionar nuestras emociones.

¿Y cómo nos cuenta Iñárritu esta historia tan profunda y espiritual? Desde el sentido del humor y con un lenguaje audiovisual que rompe todos los cánones aceptados hasta ahora. En comedia estamos acostumbrados a un ritmo trepidante, tanto de interpretación (diálogos que se pisan, reacciones rápidas, etc.) como de planteamiento y montaje de las escenas (sucesión rápida de planos y contra planos, etc.) Iñárritu, por el contrario, elige estructurar la película y rodarla como si fuese un plano secuencia ininterrumpido. Rodada con la steady siguiendo permanentemente a los actores, en realidad está dividida en secuencias muy largas (algunas de hasta quince páginas, es decir, de hasta quince minutos), que, en edición, se han montado aprovechando planos que permiten dar una apariencia de continuidad a la secuencia (aprovechando que la cámara pasa pegada a la espalda de uno de los actores y la pantalla se vuelve negra, acercando la cámara a una puerta para lograr el mismo efecto, etc.) La fotografía y la planificación de BIRDMAN son de lo mejor que he visto en mi vida. Una verdadera gozada.

Rodar secuencias así no es fácil para nadie: todos los que intervienen tienen que estar profundamente comprometidos con lo que hacen. Es una planificación que requiere de muchos más ensayos que la normal y que no permite recursos como “retomar” la secuencia desde un momento determinado hasta el final, o montar los planos tomados por otra cámara porque solo hay una, la que sigue a la acción. La presión para todos, pero especialmente para los actores, es mucho mayor ya que cortar la secuencia implica volver a hacerla desde el principio. Por contra, es muy gratificante para los actores poder “vivir” la secuencia como si se tratase de una escena de teatro, pasando por todos los “estados” de la secuencia cronológicamente. Y los actores de BIRDMAN disfrutaron rodando esas secuencias que, a pesar de estar muy ensayadas y medidas para coordinar a la perfección  los movimientos de la cámara, les permitieron, incluso, improvisar durante las tomas. Eso es algo que solo está alcance de verdaderos monstruos de la interpretación como todos ellos. Por experiencia sé que cuando te enfrentas a un plano secuencia largo la presión de todo el equipo se va acumulando conforme la toma va avanzando, porque un fallo de cualquiera tira por tierra todo lo hecho hasta ese momento. Iñárritu es un director que sabe perfectamente lo que quiere y al que le gusta afrontar nuevos retos. Su química con los actores es total y sabe sacar lo mejor de cada uno de ellos. Las anécdotas de este rodaje son muchas. Una que refleja perfectamente el ambiente del rodaje fue la competición que Michael Keaton y Edward Norton hicieron durante todo el mes que estuvieron rodando en la que perdía quien más tomas pifiaba por equivocarse con el texto.

Otro de los aciertos de esta película es la localización donde se rodó. Prácticamente está toda rodada en el teatro Saint James de Broadway, uno de birdman-tracast-pic-blos teatros con más historia y solera de Nueva York. La sucesión de estas secuencias largas montadas como si realmente se tratara de un plano secuencia, nos adentra en la realidad del teatro desde todos los ámbitos y perspectivas: invadimos los camerinos de los actores donde les vemos maquillarse y atravesar la frontera que separa a actor de personaje; les seguimos por unos estrechos e interminables pasillos claustrofóbicos que les llevan a vestuario, a cajas, al escenario o a la calle, donde les vemos vivir todas sus miserias, como en esa magistral escena rodada con público real de Michael Keaton paseando casi desnudo por las calles de 7N.Y., en una preciosa metáfora de cómo se sienten los actores fuera del escenario, desprotegidos de la máscara de sus personajes, enfrentados, desnudos, a su público; también subimos con ellos a una terraza, espacio de libertad, en la que se viven historias de amor, anhelos o sueños; nos subimos con ellos al escenario y compartimos la representación como si fuésemos uno más; salimos puntualmente a la calle, casi nunca alejándonos de la manzana donde está el teatro, donde los actores nos hacen vivir cómo son ellos percibidos por el público; visitamos un café donde, escondida tras la esquina de la barra habita la crítica teatral que, desde su amargo dry martini y el divismo y el ego más desorbitados, nos llevará a la gloria más excelsa o nos hundirá en la más absoluta de las miserias…

La acción transcurre en tres días, los tres días previos al estreno de la obra, y nosotros, como espectadores, nos vemos sumergidos en la vorágine de 4los preparativos, los nervios, los problemas y las emociones que preceden a los grandes acontecimientos. Somos un actor más que vive, junto a los de la película, su estreno más importante. Y si la dirección de Iñárritu es verdaderamente genial, la interpretación de todos los actores y las actrices de BIRDMAN es formidable. Siempre están en el límite, arriesgándolo todo, dándolo todo, porque en eso consiste el arte de actuar: en darse a los demás. El duelo interpretativo entre Keaton y Norton es antológico; la profunda ternura y aparente fragilidad del personaje encarnado por Emma Stone te llega a lo más hondo; el personaje del productor creado por Zach Galifianakis es sencillamente perfecto, como lo son también las creaciones que hacen Naomi Watts, Amy Ryan o Andrea Riseborough. BIRDMAN es toda una lección de cine, del mejor cine, y de interpretación, de la mejor interpretación.

9Son tantas las cosas que destacaría de esta película… No quiero dejar de señalar tres de ellas: por un lado la excelente banda sonora de Antonio Sánchez. Magistralmente integrada en la película, destaca la impresionante presencia de esa batería que nos acompaña preparándonos para el siguiente plano o aparece en medio de una escena como un personaje más. En esos maravillosos e imprevisibles contrastes a los que nos invita esta película, escuchamos frente a esa batería tan potente, la infinita nostalgia de la música de Mahler o las excelentes composiciones que el músico mallorquín Joan Valent ha escrito para BIRDMAN. Por otro lado unos efectos especiales realmente impresionantes que nos adentran en el imaginario del protagonista y nos hacen volar muy alto en una feroz crítica a esa marea de películas que nos inunda y que está matando al cine. Y, finalmente, destacar uno de los mejores guiones que he visto en muchos años que, sin flojear ni un solo instante, y que es capaz de transmitirnos toda la grandeza que hay en el corazón de quienes son el alma del cine, del verdadero cine: los contadores de historias.

Debemos agradecer la valentía y el coraje de Iñárritu al traernos esta historia que interpela hasta lo más hondo nuestra actitud frente a la vida, y el Screen-Shot-2014-06-12-at-4.54.24-PMhaberlo hecho de una forma tan arriesgada y magistral: “Yo siempre dije que, cumplidos los cuarenta, no merece la pena hacer nada que no dé verdadero miedo. Y BIRDMAN me asustaba hasta los tuétanos. Era un terreno nuevo y yo estaba, sin duda, lejos de lo que me era familiar” Esta película se ha hecho gracias al compromiso y el empeño de todo un equipo que sabía que estaba enfrentándose a un reto apasionante y totalmente nuevo, un reto que podía llevarles a la gloria o al más esplendoroso de los fracasos. Ellos aceptaron ese reto, se subieron al fino alambre sobre el vacío al que Iñárritu les invitó y lo hicieron siendo plenamente conscientes de lo que planteaba la película: que su éxito, de lograrlo, sería fugaz y efímero. Pocas muestras tan grandes de amor y generosidad se han dado en un mundo, el nuestro, que prima la seguridad, la admiración y la rentabilidad sobre todo lo demás.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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