General Literatura

Rosalía de Castro, en todo estás y en tí es todo

2Pocos supieron como tú del dolor, de la pérdida, de la ausencia, de la muerte… y lo convertiste en poesía. Tú fuiste poesía. Fueron muchas las veces que tuviste que dejar tu tierra, muchas las que a los tuyos enterraste, muchas, demasiadas, las noches sin luna de tu soledad. Pasear por las mojadas calles de Santiago es reencontrarte, es revivirte, porque en todo estás y tú eres todo. Estás en las piedras, en el camino, en el agua que cae, en las frías estrellas que mueren cada amanecer, en los ojos de las personas con las que me cruzo, en la desolada luz de una solitaria farola, en la lejana gaita que llora tu recuerdo, en las cartas que de lejos vienen, en la niebla de la mañana que cubre los campos, en la fría agua que baña los manantiales, en las hojas que se lleva el viento, en los claveles, en esos claveles sangrientos con olor a saudade y a violín que te regaló García Lorca… No conociste a tu padre, a dos hijos enterraste, y tuviste que dejar atrás la tierra que te vio nacer. Nunca te lo pusieron fácil, nadie quiso, pero tú aprendiste a volar, solo te hizo falta una pluma, esa con la que escribiste los versos más bellos. Y en tu vuelo, en ese vuelo trágico y hermoso, nos enseñaste a volar. Mujer que mujer se sabía, poeta en un mundo de hombres y gallega, a muerte gallega. Cuando a tu lengua consideraban un dialecto triste, pobre y caduco, tú supiste engrandecerla, reivindicarla y hacerla inmortal, porque sabías que la belleza, la verdadera belleza, habita en la esencia, en lo auténtico, en eso que llevamos en las venas y que, suene como suene, entiende todo el que es capaz de amar.

No tuviste una infancia alegre. Tu padre, el desliz de un clérigo, te negó no tres, sino una y mil veces. Tu partida de bautismo habla de padres incógnitos y de una tal María Francisca Martínez, que actuó como madrina. Era la criada de tu madre. Nacida de la mentira y del dolor, supiste transformar tu vida en un bello canto del amor que te negaron. Fue tu sensibilidad la que te amamantó en versos y sueños, y fue tu carácter el que tan firmes raíces echó en tu tierra.

“Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
rosalia-de-castroAhí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?”

A dos hijos tuviste que enterrar. Uno te dolió. Nació muerto. El otro te mató. En un descuido cayó de una mesa cuando aún no había cumplido los tres…

“Era apacible el día
y templado el ambiente,
y llovía, llovía
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!
1Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos;
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos,
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amoroso afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
Mas… es verdad, ha partido
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá”

Conocedora como pocos del alma humana, siempre supiste que felicidad o alegría son aves pasajeras y que su estancia es breve pues largo es su viaje. Inútil es retener lo inasible, estéril coger el viento entre las manos… pero cuántos y qué intensos instantes de felicidad te dio la caricia de ese aire, el leve roce del viento. Siempre supiste que eras nube y que eras árbol. No querías más. Con eso te bastaba. Por eso defendiste siempre tus cielos y tus bosques. Fuiste nube, y fuiste árbol. Nosotros tan solo la sombra con la que suavemente acaricias los prados.
“Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto
en tierra cayeron
encinas y robles!;
y a los rayos del alba risueña,
¡qué calva aparece
la cima del monte!
rosalia-de-castro (1)Los que ayer fueron bosques y selvas
de agreste espesura,
donde envueltas en dulce misterio
al rayar el día
flotaban las brumas,
y brotaba la fuente serena
entre flores y musgos oculta,
hoy son áridas lomas que ostentan
deformes y negras
sus hondas cisuras.
Ya no entonan en ellas los pájaros
sus canciones de amor, ni se juntan
cuando mayo alborea en la fronda
que quedó de sus robles desnuda.
Sólo el viento al pasar trae el eco
del cuervo que grazna,
del lobo que aúlla”

En tu canto viven los ausentes, todos los ausentes. Conoces su lengua, esa que habla de sueños y derrotas. En tu voz son ellos los que hablan. Y tú, verso y viento, nos recuerdas que todavía estamos aquí, que tenemos que vivir, que podemos amar… Tu canto es un canto a la vida, un profundo canto a la vida que, como el arroyo, no puede volverse atrás. Versos preñados de símbolos, símbolos que anuncian vida, vida que, como las hojas a las que cantas, lentamente muere cada día, minuto a minuto, segundo a segundo… Aprovéchala intensamente, disfrútala mientras dura, pareces decirnos en cada uno de tus versos, entrégate y ama cuanto puedas, pues de ti y solo de ti depende que el instante que vives hoy sea el mejor que has vivido o el mejor que te queda.

“Candente está la atmósfera;
explora el zorro la desierta vía;
insalubre se torna
del limpio arroyo el agua cristalina,
y el pino aguarda inmóvil
los besos inconstantes de la brisa
Imponente silencio
agobia la campiña;
sólo el zumbido del insecto se oye
4en las extensas y húmedas umbrías,
monótono y constante
como el sordo estertor de la agonía.
Bien pudiera llamarse, en el estío,
la hora del mediodía,
noche en que al hombre, de luchar cansado,
más que nunca le irritan
de la materia la imponente fuerza
y del alma las ansias infinitas.
Volved, ¡oh, noches del invierno frío,
nuestras viejas amantes de otros días!
Tornad con vuestros hielos y crudezas
a refrescar la sangre enardecida
por el estío insoportable y triste…
¡Triste… lleno de pámpanos y espigas!
Frío y calor, otoño o primavera,
¿dónde…, dónde se encuentra la alegría?
Hermosas son las estaciones todas
para el mortal que en sí guarda la dicha;
mas para el alma desolada y huérfana
no hay estación risueña ni propicia”

“Vosotros, que lograsteis vuestros sueños,
¿qué entendéis de sus ansias malogradas?
Vosotros, que gozasteis y sufristeis,
¿qué comprendéis de sus eternas lágrimas?
rosalia_img1_2726_0Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos
son como niebla que disipa el alba,
iqué sabéis del que lleva de los suyos
la eterna pesadumbre sobre el alma!”

“Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
De las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran
recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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