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TRIBUEÑE: “Regreso al hogar”

Fuerademenu_tribueñe1“Durante siglos la humanidad ha estado construyendo un wáter. Ya es hora de tirar de la cadena” Con estas impactantes palabras la actriz y directora Irina Kouberskaya nos introduce en los motivos que la han llevado a dirigir el último montaje de la sala Tribueñe: Regreso al hogar, de Harold Pinter. Un texto desolador y brutal que nos adentra en la miseria del ser humano de hoy, en el globalizado vacío de una existencia basada en la barbarie, el egoísmo y la estulticia de un patriarcado que agoniza devorándose a sí mismo. Pinter ubica la historia en los bajos fondos londinenses, en el seno de una familia compuesta exclusivamente por hombres que esconden su debilidad y su decadencia tras la violencia y la prepotencia sin límite de quienes se creen en posesión de la verdad, de quienes monopolizan la verdad… de quienes nunca conocerán la Verdad. Y esa familia de los bajos fondos londineneses somos nosotros, calladas almas que perdieron el mundo que podía haber sido para naufragar en el vano y cruel presidio que, con nuestras manos o con nuestro cómplice silencio, hemos ayudado a construir. “Con estos personajes – dice Kouberskaya- y los violentos conflictos tanto verbales como físicos a los que vamos a asistir, el autor pretende agredirnos, conmocionarnos, para que nos demos cuenta de la pérdida del alma por parte del ser humano en esta sociedad” La simbiosis que hay en este “Regreso al hogar” entre autor y directora es de las que pocas veces se alcanzan. Se nota que es un proyecto largos años soñado y acariciado por su directora. Ver los textos de Harold Pinter a través de la poética y de las imágenes de Irina Kouberskaya te lleva al convencimiento de que la obra que estás viendo es de Harold Kouberskaya y de Irina Pinter.

Solo una tercera voz podría añadirse a las de Irina y Pinter para acompañarnos en este viaje hacia el fondo del alma humana que es esta versión de “Regreso al hogar”: la de Tom Waits y su “Jersey girl”

Dice Irina al referirse a esta obra: “Harold Pinter retrata una sociedad oscura en un caleidoscopio de personajes huérfanos y desamparados que viven 1517480_621906261265582_1452970247212605788_nen una prepotencia quebradiza. Suburbios londinenses, cinco hombres y una mujer son los agonistas de esta sórdida historia. Los grandes dramaturgos siguen siendo actuales porque el ser humano no ha sido capaz de desterrar el entramado de obsesiones que encarcelan su mente. Como decía Nietzsche “El arte es capaz de dar la vuelta a esas repulsivas ideas en torno al carácter espantoso y absurdo de la existencia y transformarlas en representaciones que permitan al hombre vivir lo sublime, entendido como sujeción artística de lo terrible, y lo cómico, donde este asco suscitado por lo absurdo se descarga artísticamente”. Eso es lo que hemos intentado” Pocas veces mejor empleada la palabra agonista para definir a los personajes a través de los que se nos cuenta una historia ya que, en este caso, además de esa primera acepción, también cumple con la segunda del diccionario de la Real Academia de la Lengua: persona que se halla ante la agonía de la muerte.

Y si la dirección de Irina es soberbia, la puesta en escena, en permanente movimiento y fluyendo en esa eterna cascada de imágenes poéticas que ea3df-RegresoPanor--micapueblan su particular universo, no se queda atrás, como tampoco lo hace la interpretación de un elenco de actores que, impregnados de esa sangre Tribueñe que corre por sus venas, dan en todo momento todo lo que llevan dentro. Desde el esperpento o la finísima sutilidad de algunos de sus gestos, son capaces de poner, a través de sus personajes, un espejo en el que, inevitablemente, nos vemos reflejados. Todos estamos allí, en la fragilidad de sus miserias, en sus sueños rotos, en el oscuro sinsentido de la existencia de los que no se atreven a amar… El protagonismo que Irina ha querido darle a uno de los personajes, Joey, el joven con discapacidad intelectual que vive en el escenario de Tribueñe muchas más vidas que las que Pinter le dio en sus líneas, es la tabla de salvación a la que nosotros, sempiternos náufragos de lo que podíamos haber sido, nos aferramos para no sucumbir. La sensualidad del único personaje femenino de la obra es el viento que empuja nuestra desarbolada barca 10407120_598232483632960_3885267123966328328_npor ese océano misterioso y oscuro de quienes han perdido toda esperanza. Ella, con un pasado que la estigmatiza a los ojos de la sociedad, es la única que verdaderamente es libre, que es capaz de tomar voluntaria y conscientemente sus propias decisiones. Ella es presente y es futuro, ese presente y ese futuro que todos ellos perdieron al haberse quedado viviendo en un pasado que nunca existió. La visión de Irina de este excepcional texto de Pinter aporta un enfoque totalmente nuevo y revolucionario a lo que hasta ahora se había hecho con él: el de la mujer “Soy mujer, soy una mujer directora, no trato de parecerme a los hombres en la manera de dirigir y no he podido evitar elevar este “Regreso al hogar” a términos mitológicos como si fuera un retorno a la primera Eva y los primeros ‘Adanes’, donde Ruth adquiere el papel de redentora del animalario en que se ha convertido esta familia. Esta mujer, prostituta en su pasado, toma conciencia de lo que debe ser para estos cuatro hombres y decide tomar la responsabilidad de salvarles desde la comprensión”

Realmente estamos frente a un montaje excepcional, y al pensar en esa maravillosa simbiosis que se da entre autor y directora, entre Pinter e Irina, no 6a014e6089cbd5970c01bb07b5d398970dhe podido dejar de acordarme de la sabias palabras con las que Eusebio Calonge, de esa otra joya escénica que es La Zaranda, define el hecho teatral, el verdadero milagro del teatro: “Un texto es un mapa del que hay que ir borrando sus límites en los ensayos, para descubrir juntos lo inabarcable del territorio. Dejamos que esas decisiones las tome el teatro, que el personaje, no el actor, sea el que se vista, que la poética sea la que establezca su lenguaje escénico. Recuerdo siempre a Heidegger: “lo poético no necesita de lo estético” La poética habla hacia dentro, no hace falta discutir, cuando aparece todos la sentimos. Hay una convicción inmediata de la escena. Es lo que nosotros llamamos verdad. La dramaturgia solo es una herramienta para desentrañar ese silencio poético, esa verdad. Que la obra sea verdad quiere decir que en descargaella se expresa algo vivo. Un silencio hondo que se hace audible en la acción dramática… El teatro es una herramienta más que tiene Dios para comunicarse con los hombres, no tiene origen humano, eso es lo que siento cuando la convicción en la escena se da como una revelación que nos asombra. “Su origen no lo sé, pues no lo tiene”, dice San Juan de la Cruz. En el rito el hablar se convierte en una forma de acción, es decir, la voz forma parte de lo corpóreo, ese es el mayor vínculo con el teatro, donde se establece una escritura para ser vista. Pero el ritual establece una comunicación vertical en la que participa la comunidad a la que se dirige. Para eso no solo necesita un público que asista sino que, además, debe ser comulgante, es decir, partícipe de la verdad que la obra transmite. No es pues un estilo, ni algo que depende de la elección estética de una compañía, ese rito se crea contadas veces…”10896999_624500251006183_9207263958950533370_n

Tribueñe, como La Zaranda, ha sabido no encontrar, sino crear, el camino que lleva a que ese rito se dé en sus representaciones. Asistir a cualquiera de sus montajes es adentrarse en el universo místico y esotérico en el que intuyes, sientes y eres, en ese ancestral mundo en el que, desde antes incluso de que el hombre fuera hombre, habita la trascendencia. El teatro de Tribueñe es un teatro sin respuestas porque el teatro, el buen teatro, nunca te las dará, tan solo te invitará a que te atrevas a buscarlas dentro de ti, en lo más profundo, en ese no lugar donde habitan y las puedes encontrar.

No dejes de ver esta poética y por ello brutal apuesta por el Pinter más puro, por la esencia del teatro, por ese rito al que, como desde sus “Bodas de sangre”, o esa excepcional antología de textos rusos que es “Navegando por ideas escondidas”, te llama Tribueñe porque, como escribió Chejov “Solo el desarrollo de la conciencia individual hallará los misterios del ser humano antes que finalice el ensayo de su vida”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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