Cine/Teatro General Literatura

Lo que el viento se llevó

Lo_que_el_viento_se_llev-698273371-largeSe acaban de cumplir 75 años del estreno de la que, para muchos, es la mejor película de la historia del cine. Puede que no sea la mejor pero, sin duda, es la película más vista de la historia y de la que todos guardamos alguna de sus impactantes imágenes o muchas de sus inolvidables frases. ¿Cómo olvidar aquel “Señorita Escarlata”, el “Ya lo pensaré mañana” , el “Juro por Dios que jamás volveré a pasar hambre”, o el “Francamente, querida, me importa un bledo”?, ¿Cómo no recordar las impresionantes escenas del incendio de Atlanta, de los miles de heridos tumbados en el suelo de la estación de ferrocarril, o la silueta de Escarlata O´Hara sobre la colina recortada sobre el primer atardecer en color de la historia del cine? “Lo que el viento se llevó” es una obra de arte que adapta fantásticamente bien una novela excepcional, que cuenta con unos personajes dibujados como pocas veces se hace en el cine, con unos actores que están en estado de gracia, una fotografía deslumbrante, una música fabulosa y, por encima de todo ello, una actriz, la maravillosa Vivien Leigh, capaz de hacernos amar a un ser aparentemente egoísta y despreciable que ve como todo su mundo se derrumba sin remedio a su alrededor y saca fuerzas de donde no parecía que las hubiera para sobreponerse a todo y a todos y salir adelante, siempre adelante.

La propia génesis de la película fue una odisea. Margaret Mitchell era una periodista de Atlanta que, cosa rara en su época, tenía columna propia en gone-with-the-wind-gone-with-the-wind-4371303-1024-768uno de los principales diarios. Una inoportuna fractura de tobillo la dejó postrada en cama durante varias semanas. Apasionada por la historia, y concretamente por la de la guerra de secesión, devoró todos los libros que le trajo su marido. Fue siguiendo su consejo que se puso a escribir su propia novela sobre aquella historia que ella conocía tan bien. En 1929 ya la tenía prácticamente acabada, pero no se decidió a mandarla a ninguna editorial. La guardó en un cajón. Fue seis años después, en 1935, cuando un conocido editor Harold Macmillan Lathan, visitó Atlanta buscando nuevos talentos literarios. Conoció a Mitchell y le pidió que le enviase el manuscrito. Ella dudó, pero finalmente accedió a enviarle las más de mil páginas que dormían en el cajón. Fascinado por la novela, la compró obligando a Mitchell a escribir el único capítulo que le faltaba al libro: el primero.

10Margaret Mitchell, que ganaría un Pulitzer por aquel libro, aguardaba impaciente la publicación de su primera novela. Cuando la primera edición aún estaba en imprenta, alguien le dio a leer las galeradas a uno de los productores más inteligentes y persistentes de Hollywood: David O. Zelznick que, sin dudarlo, compró los derechos para llevarla a la pantalla haciendo una oferta que nadie podía rechazar: 50.000 dólares, una cifra jamás pagada por los derechos de una novela. En cuanto se publicó aquel libro fue un fenómeno editorial que fue de boca en boca por todo el país. Se vendieron millones de ejemplares y lideró la lista de los libros más vendidos durante meses. El hecho de que hablara de la guerra de Secesión norteamericana, de la caída del Sur y de su modelo de vida, que apareciera tras la Gran depresión que la población norteamericana había vivido con la crisis del 29, que lo hiciera desde la óptica de una mujer, Escarlata O´Hara, que rompía en mil pedazos el modelo de la mujer de la época, que tuviese apasionadas historias de amores imposibles y que hubiera descrito a sus personajes de una manera en la que todo lector podía identificarse con lo que les sucedía a lo largo de la historia, fueron algunas de las claves que explican su éxito.

David O. Zelznick buscó a los mejores guionistas para adaptar la novela. Aunque en los títulos de crédito solo aparece el nombre de Sidney Howard, 8fueron varios los guionistas que trabajaron en aquella adaptación, algunos tan conocidos como F. Scott Fiztgerald, y el propio O. Zelznick. La elección del director estaba muy clara: O. Zelznick quería a George Cukor, considerado por muchos como el mejor director de actrices de la historia.

Todo el mundo hablaba de aquella novela. Y David O. Zelznick tuvo la audacia de jugárselo todo a una carta montando la primera gran campaña publicitaria de lanzamiento de una película. La gente estaba ansiosa por conocer detalles. La formidable complejidad de la historia creaba un mundo de expectativas. Pronto empezó a jugar con la identidad de los 20personajes: ¿Quién sería Rhett Butler, quién Melania, quién Ashley y, sobre todo, quién encarnaría en la pantalla a Escarlata? Tras muchas intrigas internas entre los grandes estudios que proponían que Rhett fuese Errol Flynn o Gary Cooper (que rechazó el papel augurando públicamente que “Lo que el viento se llevó” iba a ser el mayor fracaso de la historia del cine), se decantó por el favorito del público: Clark Gable. Conseguir que aceptase no fue fácil. Estaba en trámites de divorcio para casarse con Carole Lombard y si la película tenía éxito la cifra que tendría que pagar a su mujer podría ser astronómica y Gable consiguió que los estudios accediesen a pagar los costes de su divorcio. Pero esa no era la única dificultad que Gable encontró para acceder a interpretar a Buttler. En pantalla tenía que llorar, que mostrar debilidad, algo impensable para los galanes de la época. Finalmente le convencieron de que lo hiciera y él aceptó.

Para el personaje de Ashley no hubo dudas: Leslie Howard era el favorito para encarnarlo desde el primer momento. De hecho la película se planteó 7como un lanzamiento descomunal de Gable y Howard. El papel de Melania fue a parar a Olivia de Havilland de una manera mucho más curiosa. Tras hacer un casting muy extenso a las principales actrices de la época, Joan Fontaine, una de las candidatas, salió gritando del estudio cuando supo que la rechazaban: “Para hacer un papel de pánfila como este a quien tendrían que haber llamado es a mi hermana”. La nunca disimulada animadversión que la Fontaine sentía por su hermana fue precisamente la que decantó la elección definitiva de la actriz: Olivia de Havilland.

Pero quedaba la elección más difícil: el papel de Escarlata. Fueron muchas las actrices que se negaban a hacer un papel de mujer egoísta y consentida capaz de todo para salirse con la suya, y muchas más las que se morían de ganas de hacerlo. Más de mil cuatrocientas actrices, entre las que se encontraban muchas de las grandes de la época, pasaron el casting. Pero Escarlata no aparecía. Tras más de dos años de preproducción, y sin actriz para Escarlata, el rodaje empezó en diciembre de 1938 se empezaron a rodar las primeras escenas. Una de ellas, la del incendio de Atlanta, en la que se quemaron decorados de otras películas como King Kong, se rodó con planos generales con otra actriz. Fue durante el rodaje de aquella escena cuando el 18hermano de O. Zelznick se presentó en el rodaje con Laurence Olivier y la que por aquel entonces era su amante, una desconocida actriz inglesa llamada Vivien Leigh. En cuanto la vio O. Zelznick supo que estaba frente a escarlata. Cuando, en enero, empezaron a rodar el resto de la película, se rodaron los planos cortos de Vivien Leigh en la escena del incendio.

Que O. Zelznick hubiera dado el papel de la sureña por excelencia a una actriz británica fue algo que muchas de las actrices norteamericanas que habían hecho el casting no se lo perdonaran nunca. Una anécdota refleja perfectamente lo que aquello significó para muchas: Bette Davis, que había sido rechazada para el papel de Escarlata tuvo un encontronazo histórico con Vivien Leigh en una recepción que O. Zelznick había organizado para 12promocionar la película. En la célebre escena donde Vivien Leigh jura que nunca más volverá a pasar hambre tenía que comerse un par de rábanos crudos y, antes de decir la histórica frase, debía vomitar. A Vivien no había forma de que le saliera el ruido del vómito por lo que fue Olivia de Havilland quien lo hizo. Lo que vemos en pantalla es la escena interpretada por Vivien Leigh y, superpuesto, el sonido del vómito que grabó Olivia de Havilland. La Davis, herida en su orgullo como estaba, no dudó en espetarle a Olivia de Havilland delante de Vivien Leigh: “Querida Melania, me han dicho que tuviste que rodar tú la escena y jurar ante Dios que no volverías a pasar hambre… ¿Fue Melania o Escarlata? Tengo entendido que no te correspondía a ti, pero la habrías rodado de maravilla, como siempre…” Gable, que presenció aquel desplante, atajó la situación cortándola por lo sano: “Señorita Davis, estoy seguro de que usted hubiera vomitado mejor que nadie… ¿no cree?” Esta anécdota, o desmiente la diferencias que hubo en el rodaje entre Gable y Leigh, o denota que la inquina que Gable sentía por la Davis todavía era mayor que la que sentía por Escarlata. Cuentan las malas lenguas que Gable, cada vez que tenía que besar en escena a Vivien Leigh, se tomaba una cebolla. Otros dicen que lo que Leigh no soportaba de los besos de Gable era su dentadura postiza. Sea lo que sea lo que hubiese entre ellos, lo cierto es que, en pantalla, han sido una de las parejas con más química de la historia del cine.

Las dificultades del rodaje de “Lo que el viento se llevó” no se limitaron a las que hubo entre los miembros del reparto. Gable, disgustado por el énfasis 21que Cukor ponía en la dirección de actrices, no paró hasta que O. Zelznick le echó y le sustituyó por su amigo Victor Fleming. Havilland y Leigh no querían quedarse sin Cukor, que siguió dirigiéndolas en la sombra durante todo el rodaje. A Cukor la sustitución, tras dos años preparando el rodaje, le dolió mucho y él, reconocido homosexual, empezó a divulgar las sombras de los inicios de Gable en Hollywood como gigoló bisexual. A Havilland y Leigh el cambio de director no les hizo ninguna gracia. La diferencia de estilo de dirección entre Fleming y Cukor era brutal. Cukor era cálido, detallista, mientras Fleming era de esos directores que casi no hablan con los actores en el rodaje. Cuentan que una vez, tras rodar lo_que_viento_se_llevo_senorita_escarlatauna escena, Leigh quiso que le aclarase algo sobre su personaje en una de las escenas. Fleming, maleducado como pocos, le espetó “Métase el guion por su británico trasero” La tensión durante el rodaje hizo que el propio Fleming tuviera que dejarlo y ser sustituido por Sam Wood. En los títulos de la película solo aparece el nombre de Fleming, que además ganó el Oscar por esta película que, precisamente, competía contra otra que también había dirigido él aquel año: El mago de Oz.

Olivia de HavilandEl rodaje duró 125 días. Intervinieron 50 actores y más de dos mil cuatrocientos figurantes. Se rodaron 170.000 metros de película de los que se montaron finalmente 6.500, que son los de las casi cuatro horas que dura la película. Para alguna de las escenas, como la del plano panorámico del derrotado ejército confederado en la estación de Atlanta, utilizaron muñecos que intercalaron entre los figurantes. Todo en aquel rodaje fue épico y grandioso, como lo fue también la banda sonora que compuso Max Steiner que, recordando lo agotador de aquel rodaje, reconoció que solo durmió quince horas durante las cuatro semanas en las que estuvo trabajando para componer la música de la película.

El éxito de la película fue arrollador. Su estreno en la ciudad de Atlanta fue un hito en la historia de la ciudad y del cine. Se declaró día festivo para que Lo-que-el-viento-se-llevó-22todo el mundo pudiera disfrutar del evento. Las entradas se vendieron a un precio 40 veces superior al normal. Todo fue un éxito, excepto el arraigado racismo sureño que hizo que Hattie MacDaniel, la entrañable niñera negra de Escarlata que ganaría el Oscar por su papel en esta película siendo la primera actriz de color en conseguirlo, no pudiese asistir al estreno por el hecho de ser negra. En España la película no pudo verse hasta once años después de su estreno debido a la censura. Aún así, la amenaza de excomunión para quienes la vieran, creó más de un dilema a los amantes del cine de una época en la que, además del censor franquista, era la iglesia la que decidía qué películas podían verse en España. De hecho la 5célebre frase de Gable “Frankly, my dear, I don´t give a damn”, que podría traducirse como un “Francamente, querida, me importa un carajo”, en la versión española siempre se escuchó como “Francamente, querida, me importa un bledo”

Si “Lo que el viento se llevó” es una epopeya, no cabe duda de que llevarla al cine fue otra más grande aún. Solo el empecinamiento de un hombre como David O. Zelznick hizo que rodarla fuera posible. Para conseguirlo tuvo que romper todos los moldes, sortear todos los obstáculos y vencer todas las dificultades. Pero lo consiguió, y a él le debemos poder ver una de las películas más fascinantes de la historia del cine. Es una película que, como “Ben-Hur”, suelen reponer en televisión todos los años, y es una película que, cada año, no dejo de ver con ilusión porque siempre encuentro cosas nuevas, detalles que me habían pasado inadvertidos. Cada vez que veo a Vivien Leigh dando vida a escarlata O´Hara me acuerdo de aquellos argentinos que, escuchando un viejo disco de Gardel, dicen “Che, este Carlitos cada año canta mejor”

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar