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Javier Mas, el pastor de las cuerdas

LEONARD COHENA los nueve años, en su Zaragoza natal, empezó a tocar la bandurria que le había regalado su abuelo. ¿Por qué la bandurria? Porque la guitarra era muy grande. Y, pegado a esa bandurria, empezó a recorrer el mundo. La tentación de Londres para un adolescente de los años sesenta era muy grande como para resistirse a ella. Y allí fue, a cantar por bares y calles las canciones de sus ídolos: Bob Dylan, Albert King, Simon&Garfunkel, Leonard Cohen…

Amamantado por la música popular, hijo del rock&roll y amante sin remedio del blues, Javier fue acercándose a las diferentes músicas que se tocan por todo el mundo y él, sin renunciar jamás a sus raíces, fue conociéndolas, amándolas y mimetizándose con ellas en algo que para otros podría ser fusión pero para él no es más que música, porque la 2música, la verdadera música, nada sabe de tiempos o fronteras. Tras haberse enamorado del flamenco a través de su buen amigo Raimundo Amador cuando los dos todavía tenían espinillas, y de haber tocado con y para muchos músicos, pasó veinticinco años acompañando a María del Mar Bonet en todos sus conciertos. Fue ella quien le descubrió Grecia, la música árabe, el Mediterráneo en estado puro… Hasta que, hace ya seis años, un día descolgó un teléfono que le cambió su vida: era Leonard Cohen. Le dijo que quería que le acompañase en su vuelta a los escenarios. Desde entonces no ha parado de dar vueltas al mundo frente a millones de espectadores acompañando a Cohen como solo Javier sería capaz de hacerlo: con su guitarra de doce cuerdas, el archilaúd y, cómo no, su bandurria.

Profundamente inquieto y extremadamente sensible, Javier ha transformado su existencia en una constante búsqueda de nuevos horizontes para eso JavierMasque lleva tan dentro y que ha guiado todos y cada uno de los pasos de su vida: “Soy autodidacta. Con los años, cada vez fui tocando más a mi estilo. Me ha costado decir que no a ciertos proyectos, nunca sabes si te va a faltar el dinero… pero lo he hecho. El objetivo era vivir de la música” Es un genio, un virtuoso de las cuerdas, y lo es porque todo lo que toca lo hace desde el corazón. Se impregna, se deja invadir por la música que le rodea y, en un mágico proceso alquímico que solo él sabe realizar, la hace suya. Ritmos griegos, árabes, magrebíes o subsaharianos conviven en las cuerdas de Javier con el blues más norteamericano y salvaje o el rock más auténtico. ¿Cómo lo hace? ¡Viviéndolo!

Si es verdad que, cuando pasamos los cincuenta, somos nosotros quienes esculpimos nuestro rostro, no me cabe duda de que Javier es, en el buen sentido de la palabra como diría Machado, un hombre bueno. Pocas caras reflejan tanta bonhomía y humildad como la de Javier Mas. María del Mar Bonet, a quien me une una gran con Amaralamistad, me lo confirma cada vez que Javier sale a colación en nuestras charlas. Son tantas las anécdotas que me cuenta de él… Y en todas habita ese buen corazón y esa sencillez de los verdaderamente grandes. Sobre su amor a la bandurria me contó que una vez, durante una gira que hacían con Milton Nascimento, cuando estaban en alguna ciudad castellanoleonesa, tuvieron que desalojar a toda prisa el local donde estaban haciendo la prueba de sonido porque había habido una amenaza de bomba. Todos salieron corriendo a la calle cuando, al momento, Javier exclamó: “¡La bandurria!” María del Mar le dijo que ni se atreviera a entrar allí, pero Javier ya había entrado para salir, poco después, con su bandurria…

Aunque, quizá, la anécdota más hermosa que recuerdo de las innumerables que me contó María del Mar, sea la que les pasó hace unos años cuando María del Mar Bonetestaban de gira por Grecia. Acababan de dar un concierto maravilloso en no sé qué isla perdida del Mediterráneo y tenían algunos días de descanso que todos decidieron pasar en aquella paradisíaca isla. Todos menos Javier, que, inquieto como siempre, quiso refugiarse en su soledad y eligió irse a pasar aquellos días a una diminuta isla que había enfrente. Cogió el primer barquito que salió para allá cargado con su guitarra y una mochila. Al desembarcar se le acercó un niño que solo hablaba griego y que, insistentemente, le cogía del pantalón indicándole que le siguiera. Javier le siguió y aparecieron en la casa del niño que, al parecer, le estaba ofreciendo alojamiento y comida. De repente, como venido de tiempos inmemoriales, apareció un viejo que bien podría haber sido uno de los compañeros de Ulises en el Argos. Resultó ser el abuelo del niño. Y resultó que, también solo hablaba griego. De nada sirvió el inglés que Javier intentó esgrimir pero, en ese lenguaje universal que todas las personas tienen cuando se quieren entender, el viejo señaló la guitarra que Javier llevaba colgada al hombro y le indicó que aguardase. Segundos después el viejo apareció con un violín en sus manos. Los dos se miraron y empezaron a reír. Javier sacó la guitarra de su funda y se sentó junto al viejo que, violín al hombro, empezó a tocar. La simbiosis fue total. Aquellas dos almas unidas por la música se reconocieron al instante. Durante la semana que pasó allí Javier no cruzaron ni una sola palabra. No les hizo falta para decírselo todo. De vuelta con el grupo, Javier contó su historia a María del Mar y a los demás músicos. Uno de ellos, Dimitri Psonis, fantástico percusionista griego que toca el buzuki como pocos y que también acompañó a María del Mar durante muchos años, se ofreció a traducirle las cartas que Javier quisiera escribirle al viejo del violín. A la primera carta le llegó una devuelta, y a aquella otras muchas más, en una intensa correspondencia que han mantenido a lo largo de los años.

acordeosLa irrupción de Leonard Cohen en la vida de Javier fue fruto no de la casualidad, sino de la causalidad. Javier había aceptado la propuesta que Alberto Manzano, traductor de Cohen en España y gran amigo del cantautor canadiense, le había hecho en 2007 para que se encargase de la dirección musical de una serie de conciertos en homenaje a Cohen que quería que hiciesen varios cantantes nacionales (Luis Eduardo Aute, Cristina Rosenvinge, Santiago Auserón, Gerard Quintana, Jabier Muguruza, etc.) y Constantino Romero recitando varios poemas, junto a artistas internacionales como Jackson Browne, Perla Batalla (que había acompañado a Cohen haciendo los coros durante varios años), Adam, el propio hijo del canadiense, o Anjani Thomas, su compañera por aquel entonces. Javier preparó varios arreglos para todos los cantantes y el homenaje tuvo mucho éxito. Anjani le hizo escuchar agradecerle el trabajo que había hecho y para pedirle que le enviase los arreglos: “Fue una cosa bastante casual. Me había mandado un mail antes diciendo que le habían gustado mucho los arreglos que había hecho para el disco homenaje de 2007. Me decía que le habían gustado mucho y que si se los podía enviar. Luego me llamó, sería por Navidad de aquel mismo año. Acordes con Leonard CohenEra por la noche y estaba a punto de irme a la cama.

Me quedé sorprendido y la verdad es que le confundí con un amigo africano que también tiene la voz grave. Le dije que era un poco tarde y ya me dijo que era él. Empezamos a hablar y me dijo que quería volver a actuar y me preguntó si estaría dispuesto a acompañarle. Tenía que arreglar problemas con los managers y preparar la gira. Un año después me llamó y ya concretamos los detalles pero la primera llamada me pilló totalmente por sorpresa…” Para Javier recibir aquella llamada era como un sueño porque Cohen había sido uno de sus artistas preferidos, ya desde sus años de adolescente cuando se fue a vivir a Londres: “Su música me gustó muchísimo y empecé a tocar esas canciones y a traducirlas para entender las letras. Así aprendí inglés. Entre esos discos estaba ‘Songs from a room’, que me encantaba. Me sabía muchas canciones de aquel disco y que luego cuando he tocado con él me ha hecho mucha ilusión porque yo tenía 15 años cuando hacía sus canciones…”

La humildad de Cohen queda patente en un momento de la conversación telefónica que Javier nunca olvidará: “Me dijo que necesitaba que le LEONARD COHENayudara a volver a tocar la guitarra, porque hacía quince años que no la tocaba, cuando en realidad no le hacía ninguna falta, es un gran guitarrista que toca la guitarra de una forma muy personal”. La de Javier tampoco se quedó atrás cuando, desde lo más hondo de su corazón, le dijo: “Si no funciona, si no hay química, no te preocupes. Me volveré contento por haber participado”.

Organizar aquella primera gira con Cohen no fue tarea fácil y la incorporación de Javier tampoco. El sindicato de músicos norteamericanos, muy fuerte y corporativista, exige que los músicos extranjeros a los que vaya a contratar una compañía norteamericana hagan algo que ningún músico norteamericano pueda hacer. La ventaja para Javier es que la mayor parte de los arreglos que hizo para Cohen son con la guitarra de doce cuerdas, el archilaúd y su sempiterna bandurria, que en Estados Unidos no saben ni lo que es, así que finalmente consiguió que le dieran un visado con el que puede tocar en todo el mundo.

Leonard-Cohen-en-su-concierto-_54352257506_54028874188_960_639Los primeros ensayos, en Los Angeles, fueron muy intensos. Javier comentaba que todos los músicos eran excepcionales y que el ritmo de trabajo era agotador: los ensayos duraban nueve horas en los que todos, incluido Cohen, tocaban con la máxima intensidad. Empezaron con “Dance me to the end of love”, en la que Javier tocó los arreglos que había hecho para aquella canción en el disco “Acordes con Leonard Cohen”. Javier nunca olvidará aquel momento: “Al final me acerqué a él. Le pregunté si yo molestaba”. Cohen le miró, sonrió y le contestó “Toca lo que te salga del corazón, tú tienes que hacer arte mientras yo canto…”

cohen3_optOtro de los momentos que Javier no olvidará jamás es cuando, en el primer concierto de la gira de repente Cohen se arrodilló delante suyo: “Yo sentí vergüenza, bastante vergüenza. Aquello me llamó mucho la atención. Ten en cuenta que es mayor que yo… Cuando se puso de rodillas a cantarme le miré con cara de “no me hagas esto”. Luego en el descanso se lo dije, le dije que me daba vergüenza y le dije que no lo hiciera más. Leonard me dijo que le hacía ilusión hacerlo. Eso lo hizo en el primer concierto, en Canadá, cuando empezamos la gira. Yo ya le dije que no lo hiciera más pero me puso cara de pillo y me dijo que no, que le gustaba hacerlo y desde entonces lo hace cada concierto. Ya me he acostumbrado y me inspira, ahora le respondo con la guitarra cuando me canta una estrofa. No está mal”. Sí, realmente no está nada mal para aquel chava que se fue a Londres con su guitarra para cantar canciones de Cohen por las calles.

La adaptación de Javier a ese nuevo mundo no ha sido fácil ya que las dimensiones de todo eso son enormes, pero siempre busca su momento para javier_img_4833_0componer su propia música, esa voz interior que le ha enseñado a domar las cuerdas, todas las cuerdas: “Intento combinar el mundo del acompañamiento, he trabajado muchos años con María del Mar, Manolo García, Raimundo o Kiko, con mi música instrumental. Mi música es una música poco comercial, pero sigo haciendo mis cosas. En los viajes me agoto y tengo que aprovechar las vacaciones. Hacemos tandas de cuatro meses de viajes que son bastante intensas y acabo agotado. Aquí en España hacemos giras pero volvemos a casa cada semana, pero allí, como el mercado es el mundo entero, las giras son de enero a mayo y hay que llevar ropa de todo tipo. Ellos están acostumbrados y hay que aprender a descansar. Jackson Browne me dio algunos consejos porque si sales por la noche no aguantas…”

El ejemplo de Javier Mas, es el de todos los grandes: ama lo que hace, jamás renuncia a sí mismo, no se deja llevar por modas o cantos de sirena, javiermas (1)nunca pierde su humildad ni su sencillez y, sobre todo, es capaz de volar muy alto sin olvidar nunca dónde tiene sus raíces. Recuerdo que hace ya bastantes años, le comenté que iba a ir a un concierto de Springsteen en el Palau Sant Jordi yb él me dijo que también iría porque le había invitado el afinador que usaba Bruce en aquel concierto, a quien Javier conocía bien. Siempre he soñado con conocer a Bruce. No soy mitómano, pero Bruce es Bruce. Cuando, al acabar el concierto intenté colarme para saludarle y no me dejaron, me crucé con Javier, que llevaba un pase de backstage. Le comenté la envidia que me daba ya que él podría pasar tras el escenario y conocer a Bruce. Me miró y sonrió. No me dijo nada. Luego me enteré de que había estado todo el concierto sentado en una tribuna cualquiera como un espectador más. Ni siquiera intentó pasar al backstage o a camerinos. Había venido a ver el concierto, a escuchar a Bruce. Con eso le bastaba.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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