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Mercedes Sosa, voz, grito, leyenda

MS_tripticoINTERIORSu voz era la voz de la tierra, la de los indios, la de los desheredados y los parias, la de quien lucha contra la injusticia y toma partido. Por eso ella misma se consideraba cantora y no cantante, porque “cantante es quien canta porque quiere y cantor quien lo hace porque lo necesita” Nunca abandonó sus convicciones, nunca dejó de creer en ese mundo mejor que podemos construir, jamás dejó de luchar por él aunque la amenazaran de muerte, la detuvieran o tuviese que partir al exilio por ello. Cuando le preguntaban por su ideología ella respondía: “creo en la revolución, en una sola, la de los explotados” La gente, el pueblo, creía en ella porque su voz y su vida eran verdad, y por eso, a su pesar, la llamaban “La voz de América”. Su nombre era Mercedes, Mercedes Sosa, aunque todos la conocían como “La Negra”


Nació en Tucumán (Argentina) en 1935, en el seno de una familia obrera descendiente de indígenas diaguitas. En su casa todos la llamaban Marta 6porque esa era el nombre que habían elegido para ella, pero a su padre se le olvidó camino del registro civil, cuando la registró como Haydeé Mercedes. Su infancia fue una infancia de penurias, pero feliz, en torno a una madre que se pasaba el día en la cocina cocinando y trabajando para los suyos no dejando que sus hijos entrasen en la cocina para ayudarla porque, según decía, tenían que tener tiempo para leer. Y ellos leyeron, lo leyeron todo. En su vida siempre estuvo presente la canción. Cuando alguien le preguntó por su pasión por el canto ella respondió que nunca llegó a saber qué había hecho antes, si andar o cantar. Se recordaba a sí misma cantando siempre, y lo siguió haciendo hasta poco antes de su muerte, en 2009. Siempre cantó la música popular y el primer disco que grabó, La voz de la zafra (1962), está considerado como uno de los precedentes de lo que sería conocido como movimiento Nuevo Cancionero, que, nacido en Argentina, se expandió por toda América Latina para reivindicar la música y el folclore populares. Junto a Atahualpa Yupanqui y Jorge Cafrune fue una de las máximas figuras del folclore argentino.

Escuchar cantar a Mercedes es adentrarse en un maravilloso mundo donde todo es esencia y verdad. Pocas File photo of Argentine folk singer Mercedes Sosa is seen in Tucumanvoces ha sido capaces de transmitir las emociones como la de ella. Escuchándola te sientes indio, río o árbol, porque te sabes indio, río y árbol, porque te sabes tierra, porque te sabes humilde y ancestralmente humano. Cantar para Mercedes era algo vital, algo necesario, imprescindible, algo capaz de unirnos a todos y de sacar lo mejor de cada uno de nosotros: “El canto es una ceremonia de amor del artista para con el público. La mayoría de los cantantes cree que el papel del intérprete es conmover al que está enfrente sin importar lo que pasa dentro suyo, entonces se colocan anillos, vestidos raros, se cambian el peinado. ¿Sabe cuál es la mejor ropa de un cantante? Salir a escena con paz. Mucha e infinita paz. Sólo así se transmite algo a un semejante…yo, para cantar, sueño las palabras, yo sueño las palabras… Siempre estudio canto, tomo clases semanales y a menudo dos veces por semana, media hora de ejercicios, para que la voz no envejezca, para que no caiga. Y, además, ya hace años elijo que me dejen sola para grabar, que no estén mostrándome la luz roja de los estudios, ni nada, para poder soñar las canciones mejor, para cantarlas como si fueran mías, para sentir la poesía de los autores…”

16El papel del artista en la sociedad era algo que siempre estuvo claro para ella que, desde los años 60, militó en el partido comunista argentino: “Ningún cantor podrá cambiar las cosas; los tipos que han generado estas canciones son gente de mal vivir y lo que podemos hacer los cantores es cantar esas injusticias, dejar testimonio de lo que nos pasa a nosotros y a la gente… Yo desde mi plataforma trato de decir muchas cosas, porque sé la cantidad de gente a la que puedo llegar, es necesario un compromiso, están pasando cosas tan tristes en todo el mundo…No se puede cantar con miedo. No tuve miedo ni cuando me amenazó la Triple A. Si la mala va a venir no importa, pero no se puede tener miedo al cantar. Vos vivís el momento más glorioso de tu vida cuando cantás; Photo of Mercedes SOSApara un artista no hay instante más elevado, más sublime. Si te matan, ya sabrá el matador el castigo que tendrá, porque un artista sobre el escenario está totalmente indefenso. No hay manera de salir a cantar con un revólver en la mano. Las canciones ayudan a vencer hasta a la muerte. Cuando estaba enferma no podía cantar nada, el dolor era espantoso. No me había quedado ni una melodía que me dé vueltas por la cabeza. Vivir sin música para mí era como la muerte…” Pero, eso sí, la música, por encima de todo, tenía que ser arte, Mercedes nunca creyó en la música como panfleto: “La música revolucionaria que interpreto motiva al pueblo y lo ayuda a despertar, pero hay que saber embellecer la canción. La música es un arte. La música revolucionaria tiene un elevado nivel estético. La belleza musical es del pueblo. Aun cuando nos odien no pueden negar que nuestra música tiene belleza y es revolucionaria. No estoy de acuerdo con el panfleto musical”

Mercedes Sosa2Para Mercedes cantar era lo que le hacía estar en comunión, en un acto de amor, con todos los seres humanos, un acto de amor que le permitía ser una más en esa lucha por hacer de este mundo algo mejor: “La cultura es lo único que puede salvar un pueblo, lo único, porque la cultura permite ver la miseria y combatirla. La cultura permite distinguir lo que hay que cambiar y lo que se debe dejar, como la bondad de la gente, el compartir una empanada, un vino… Lo peor que le puede pasar a uno es no creer en nada. Quien no cree en nada se vuelve extranjero de la vida…Es un enorme error pensar que el gran cambio tiene que venir desde los partidos políticos. Tiene que venir desde cada uno. Los seres humanos tenemos que aprender a respetarnos a nosotros mismos y después respetar a los demás. No sé quién dijo que primero tenemos que aprender a tolerar, pero que mejor que eso es aprender a respetar al otro…”


De su compromiso habla claro una anécdota que vivió en Madrid en los años ochenta y que me contó mi madre, buena amiga suya. Iba a participar 13junto a Luis Eduardo Aute y otros cantautores y poetas en un homenaje a la lucha del pueblo salvadoreño en el que Rafael Alberti leería varios de sus poemas. Todo estaba preparado para aquel acto. El público se acercaba a la sala y los intérpretes para allá iban, caminando, en taxi, en metro o en bus hasta que, uno a uno, dieron media vuelta y regresaron a sus casas. Algunos, como Alberti, ni siquiera fueron a su casa para que no pudieran encontrarles. En aquella época no había móviles, pero sí radios. A través de los transistores y del boca oreja se enteraron de que, a la misma hora que estaba previsto el inicio del acto, Tejero y sus guardia civiles habían tomado el Congreso en su intento de golpe de Estado. El acto se suspendió, desde luego. Aquella fue una noche muy larga para muchos, noche de recuerdos para unos, de miedo para otros y de rabia para los más. Un mes después se puedo celebrar el acto de homenaje al pueblo salvadoreño y Mercedes viajó expresamente con su guitarrista desde París para participar en él.


La humanidad de Mercedes era legendaria. Solidaria como pocas, siempre tenía una mano tendida a quien la pudiera necesitar. Le gustaba ir de gira, 1perderse por nuevas calles y carreteras, descubrir y aprender cosas, conocer otros mundos, otras gentes… Y, por encima de todo, era amiga de sus amigos. Cuando en 1990 murió Rafael Lorente, el que fuera compañero de mi madre durante 24 años, Mercedes vino al homenaje que le rindieron sus amigos. Poetas, cineastas, pintores, actores o músicos quisieron rendir un merecido homenaje a un ser irrepetible y a su compañera. Aquella noche compartí mesa con Mercedes. Yo no la conocía personalmente. Jamás olvidaré su profunda humanidad, esa humanidad que rebosaba por cada poro de su piel, y esa exquisita sensibilidad que la llevaba a ser consciente de todo, a empaparse por todo, a formar parte de todo. Profunda conocedora del dolor y la tristeza, Mercedes siguió telefoneando a mi madre durante muchos años, estuviese en el lugar del mundo donde estuviese, para preguntarle cómo estaba y cantarle, al teléfono, su canción preferida.


Sin embargo sabía guardar esa enorme sensibilidad para sí cuando subía al escenario: “Una vez me dejé llevar por mis emociones en el escenario 19¡Cometí el peor de los errores que pueda cometer un artista! Porque cuando subes al escenario debes ser poderoso, dominar, y no ser juguete de tus sentimientos. Cantaba “Volver a los 17″ y pensé en mi nieta, que la había dejado con 3 años al exiliarme. Ese día ella cumplía 17 años, y…”Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios”, dice la canción. Sí, lloré. “Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando como el musguito en la piedra…”


Mercedes mantuvo su compromiso político con la vida y con el mundo hasta el final. Fue coherente, jamás se vendió, nunca perdió la dignidad y 20siempre, siempre, defendió todo aquello en lo que creía: “Nunca, jamás, he dejado de creer en lo que he creído. Puede ser que las canciones haya cambiado, yo nunca he cambiado… Los años traen sabiduría. Los años traen una gran paciencia, que no es lo mismo que resignación. Para nada estoy resignada, ni pienso que nosotros estuvimos equivocados al pensar que las cosas tienen que cambiar. Pero creo que hay gente que tiene que luchar, es hora de que luchen todos; yo siempre he estado luchando y siempre he estado hablando. Pero tienen que ser mejor repartidas las responsabilidades. No se les puede pedir permanentemente a los cantantes o a los músicos posiciones tan duras. Todos debemos tenerlas, todos”

mercedes-sosa-afiche-1Su muerte asoló a su país y al mundo entero. La mala, como ella la llamaba, acudió puntual a su cita y se la llevó. Pero ella sigue viva en el corazón de todos los que la conocieron, la amaron o simplemente la escucharon. En su funeral el pueblo, su pueblo, tomó la palabra para cantarle a aquella mujer que le había dando tanto.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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